La Paz ¿Una amante pérfida o exigente e incomprendida?
Hernando Llano Ángel.
Perfidia es mucho más que un
hermoso y desesperado bolero sobre una amante infiel y un amor traicionado.
Puede ser, también, la balada desesperada y postrera de nuestra esquiva paz
política nacional. Una paz que no logramos alcanzar porque ella sea como esa
amante pérfida e infiel o, por el contrario, por desconocer su compleja y
exigente personalidad. En este último caso, por querer someterla violentamente
para que complazca nuestros deseos y vivir seguros, satisfaciendo todas
nuestras expectativas y despojándonos de nuestras inseguridades y miedos. Por
la forma como nos relacionamos con ella, pero sobre todo por la diversidad de
pretendientes insatisfechos que la asedian y persiguen, es muy probable que la
paz no sea pérfida e infiel, sino más bien que lo sean quienes desean poseerla
y dominarla. Muchos de ellos quieren poseerla en forma exclusiva y absoluta,
solo para su disfrute, como si fuera su propiedad privada. No reconocen que uno
de sus rasgos identitarios es la libertad y su rechazo a ser poseída en forma
excluyente, satisfaciendo solo a unos pocos amantes. Menos comprenden que se
brinde a todos por igual, sin por ello ser frívola y estar disponible al mejor
postor, como una vulgar prostituta. Incluso, algunos prevalidos por su posición
social, privilegios y cultura, se creen predestinados a llevarla al altar y
convertirla en una esposa sumisa y fiel, que les proporcionará una descendencia
hermosa y feliz por generaciones sin fin.
La PAZ privada
Así, la paz termina siendo una
amante deseada por todos, disputada permanentemente, hasta convertirse en una propiedad
privada que termina siendo defendida con la guerra. Es más, se la define hasta
la muerte en los campos de batalla. Exagerando, podría decirse que termina
siendo víctima de un feminicidio cometido por amantes crueles, posesivos y depredados,
que intentan justificar su crimen con los más inverosímiles argumentos: “amor a
la patria”, “defensa de la democracia”, “el Estado de derecho”, la “libertad” y
hasta “Cristo Rey”. Entonces la amada y deseada paz es sacrificada en muchos
altares y campos porque sus innumerables amantes y pretendientes son incapaces
de amarla sin poseerla en forma exclusiva y excluyente. Solo desean que los ame
a ellos en la medida de sus intereses personales y sociales. Para algunos,
complaciéndolos generosamente, cuidando y conservando sus propiedades,
privilegios y familias eternamente. Por eso, confunden la paz con la seguridad,
la revisten con trajes camuflados y la protegen con ejércitos de escoltas, pues
consideran que es la única forma de conservar su fidelidad, así sea eliminando
potenciales pretendientes, que la asedian constantemente.
La PAZ raptada
Para otros, que son mucho más
numerosos y ella no les proporciona ni siquiera una mirada por estar despojados
de atributos económicos, ser demasiado pobres y hasta considerados feos e
inferiores, la paz se convierte en una obsesión tan oprobiosa como deseada, por
la que están dispuestos a morir y hasta matar con tal de poseerla algún día.
Entonces grupos radicales, cansados de su desprecio y soberbia, la pretenden en
forma más o menos violenta, la acosan y amenazan, hasta llegan a raptarla,
secuestrarla y violarla. En estos casos, la paz también termina ultrajada,
extorsionada y muchas veces desaparecida en nombre de la “justicia social” y la
“soberanía nacional”.
La PAZ extraviada
Por esa disputa insensata, a
pesar del Acuerdo de Paz firmado hace 16 años entre el Estado y las Farc-Ep, es
que la PAZ POLÍTICA sigue extraviada, pues no hemos podido comprender que ella
es una amante exigente y se resiste radicalmente a ser poseída en forma
exclusiva y excluyente, bien sea por minorías o mayorías políticas, así reclamen
más derecho que los demás con títulos de abolengo o propiedad, racial o incluso
de superioridad moral, invocando alguna ideología, creencia religiosa o hasta
la misma democracia. Y ello no puede suceder porque la PAZ POLÍTICA es hija
legítima de la democracia, del respeto a la dignidad e igualdad de
oportunidades y derechos de todas las personas, sin importar su condición
social, credo religioso, etnia, nacionalidad, género o diversidad sexual, así
hoy algunos gobernantes y conversos de última hora se consideren superiores a
todos los demás y pretendan a punta de prejuicios, odios y escudos, con sus
armas de destrucción masiva y egolatrías vergonzosas, poseerla en forma
violenta y abusiva en nombre de la seguridad nacional. Olvida semejante manada
de ególatras soberbios e ignorantes que la PAZ es el derecho a la libertad y la
igualdad, imprescindibles para la fraternidad humana y por lo tanto jamás
tolerará estar sometida al dictado de un amante, sea una nación, una clase, una
ideología o un gobernante, así cuente con la mayor fuerza militar del mundo y
el auxilio de la IA o la “Superinteligencia”, propia de quienes personalmente
carecen incluso de empatía y se comportan como fieras depredadoras de toda la
humanidad.
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