viernes, octubre 30, 2026

ES EL RÉGIMEN, NO LA CORRUPCIÓN (II

 

 

ES EL RÉGIMEN, NO LA CORRUPCIÓN (II)

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De allí que la mayor paradoja del régimen sea precisamente que las elecciones propician una metamorfosis política teratológica, pues transforman la virtuosa democracia en una corrupta cacocracia. El más claro ejemplo de lo anterior es Donald Trump.

Hernando Llano Ángel.

El régimen político, obviamente, es mucho más que las instituciones formales y sus gobernantes electos, aunque en todas partes aparezcan como sus representantes visibles y protagónicos. Pero, en la realidad de la vida cotidiana, el régimen es el conjunto de mediaciones, tanto las institucionales, formales y legales, como las informales y más o menos ilegales, que en últimas determinan quiénes gobiernan, cómo lo hacen, qué intereses sirven y a quiénes terminan favoreciendo con sus políticas y decisiones. Es, por tanto, un conjunto muy vasto y complejo de relaciones, que va desde los aspectos más visibles, apareciendo el Estado con todos sus rituales e instancias de representación como el más perceptible y ostentoso, hasta las relaciones más invisibles, simbólicas y prosaicas que sostenemos en los ámbitos políticos y sociales. Esas relaciones las vivimos, la mayoría de las veces, sin ser conscientes de ellas, pero son las que terminan configurando y consolidando el régimen en su conjunto, los gobernantes electos y sus decisiones políticas. El régimen está presente en expresiones personales y coloquiales de muchas personas que dicen: “mi filiación política es de derecha, izquierda o centro”. Pero también en otra más común: “soy apolítico, pues no creo en los políticos, todos son corruptos”. Como si ser miembro, afiliado o militante de un partido, movimiento político o ideología fuera un legado familiar que se transmitiera por la sangre de padres a hijos (filiación), en lugar de una decisión consciente y voluntaria, que se afirma afiliándose o desafiliándose de un partido, movimiento o ideología diferente al de los padres. Pero, aún más lejana de la realidad, es la expresión soy apolítico, pues nadie puede vivir sin aire, sin agua y por donde transitar, todo lo cual depende directamente de las decisiones políticas que tomemos o dejemos de tomar. Dichas expresiones hacen parte sustancial de todos los regímenes políticos y definen precisamente su existencia, instituciones, gobernantes y la calidad de vida de los miembros en una sociedad.

Jaime Garzón y el edificio Colombia

Todo ese entramado de relaciones de lo público con lo privado y personal es el régimen político. Así nos lo revelaba Jaime Garzón cada fin de semana con humor y lucidez, infiltrándose en el edificio “Colombia” con su pléyade de personajes del País Nacional: Heriberto de la Calle, Néstor Eli, Dioselina Tibaná y el compañero John Lenin, que con sus peroratas develaban la impostura y falsedad de los protagonistas del País Político, encarnados por el sempiterno Godofredo Cínico Caspa[i]. Ese Godofredo es hoy superado por la desfachatez ultramontana de quien gobierna desde Bogotá y otras sucursales presidenciales, realiza espectaculares giras dantescas entre cadáveres y regaña en Pereira a damnificados en medio de escombros del terremoto, comportamientos más propios de un sádico cómico que de un jefe de Estado. Todo ello sucede gracias a las elecciones, pues ellas son la institución formal y la gran tramoya que oculta tras bastidores, casi a la perfección, las otras instituciones informales que definen la gobernabilidad efectiva.

Tras la Tramoya Electoral

Esas instituciones son una miríada de poderes que van desde el respetable entramado financiero y empresarial que articula discreta y legalmente a los poderes de facto de economías más o menos ilegales, como el contrabando, el narcotráfico, la minería, la trata de personas y demás recursos procedentes de bandas criminales, hasta los millones deVotos promovidos por persuasivos y fanáticos pastores cristianos que definen en las urnas a los ganadores. De allí que la mayor paradoja del régimen sea precisamente que las elecciones generan una metamorfosis política teratológica, pues transforman la virtuosa democracia en una corrupta cacocracia, gobernada por los más diestros personajes que suelen ganarlas en casi todo el mundo. El más claro ejemplo de lo anterior es Donald Trump, cuya gobernabilidad está en vilo y dependerá del resultado de la elección el próximo 3 de noviembre, que lo puede dejar gravemente convaleciente con su amada MAGA y todas sus argucias, incluidas la “Doctrina Donroe” y su “Escudo de las Américas”. Quizá el triunfo de Lula sobre su protegido Bolsonaro sea una premonición de su próxima derrota frente a los demócratas.

Régimen Electofático

Por eso, el régimen que actualmente predomina en muchas latitudes se caracteriza por la realización de elecciones en donde los poderes de facto, aquellos que escapan al escrutinio, la deliberación y el juicio ciudadano –aupados por las redes sociales y la IA-- definen quiénes ganan, cómo gobiernan y al servicio de qué sectores de la sociedad. Por todo ello, debería llamárselo Régimen Electofáctico en lugar de democrático y cuenta para su gobernabilidad con un Estado cacocrático que sustituye el Estado de derecho, como acontece bajo las administraciones de Trump, Netanyahu, Putin y sus emuladores de extrema derecha en nuestro subcontinente. Obviamente, lo hacen como expertos prestidigitadores, guardando las apariencias, a punta de decretos y medidas especiales, invocando incluso la voluntad popular y también la divina, pues todos se consideran predestinados para salvar sus naciones y la humanidad entera. Son amigos y defensores a ultranza de las elecciones, porque saben bien que ganándolas se revisten de aparente legitimidad democrática, pero prescinden de ella desde sus palacios gubernamentales o cuando son derrotados, alegando fraude. Por eso, se puede afirmar, que son elecciones contra la democracia y su real existencia.

Elecciones contra la democracia

Ese tipo de elecciones se realizan en nuestro país periódica e ininterrumpidamente desde 1957 y son para la mayoría de colombianos la prueba irrefutable de la existencia de la democracia y por eso la proclaman con orgullo nacionalista como la más estable y profunda del subcontinente, desde el Estado, los medios de comunicación y hasta la Academia. Poco importa que esas “elecciones libres” se realicen siempre bajo la coacción de la violencia directa de grupos armados ilegales, desde la extrema derecha a la izquierda, en vastas regiones rurales o azuzando la violencia simbólica del miedo al “narcoterrorismo”, a la “guerrilla” o el “castrochavismo” -convertidos en temibles fantasmas siempre presentes-- que condicionan de entrada las decisiones de las mayorías. Con mayor razón, cuando aparecen candidatos que periódicamente prometen poner fin a la inseguridad y la criminalidad, liderando una “guerra sin cuartel” contra los criminales y corruptos. Tampoco importa que durante las campañas sean asesinados precandidatos y candidatos, variando solo la importancia de los mismos y la de sus partidos, para que se hable de magnicidios. Ni hablar de la práctica mercantil de la compra-venta de votos y conciencias. Y, mucho menos, de los costos de las campañas electorales de los candidatos ganadores y los compromisos adquiridos con sus generosos financiadores, que luego cumplirán lealmente desde el gobierno, favoreciendo sus intereses corporativos, empresariales y hasta criminales, en desmedro de los generales, como manda la Constitución desde el artículo primero. Por todo lo anterior no es una exageración afirmar que el régimen es la corrupción, mucho más que un asunto de algunos partidos o la personalización maniquea e hipócrita de los adversarios de turno, de la que siempre hacen gala en campaña todos los candidatos y juran solemnemente erradicar con grandilocuentes consignas como “No más tolerancia con la corrupción”, “No más casa por cárcel” y de ñapa “No más impuestos”. Ya es hora de dejar tanta ingenuidad y reconocer que el problema de fondo no es la corrupción sino propiamente ese régimen electofáctico con su Estado cacocrático.

Cacocratas gobernando

Por eso, una vez están gobernando, hacen todo lo contrario y dan así continuidad a la impostura de sus campañas, llenas de promesas demagógicas, con el beneplácito de sus electores, que bien saben serán irrealizables y, sin embargo, votaron por ellos, con tal de derrotar a sus contrincantes, a quienes consideran enemigos y una amenaza para sus intereses y vidas. De esta forma, casi imperceptible, la democracia se corrompe desde las campañas electorales y se convierte, gracias a los votos de la mayoría, en una auténtica cacocracia, pues se sustenta en el robo, más o menos consentido, de las ilusiones, necesidades, intereses y expectativas de millones de electores. Electores cuya mayoría va a las urnas a ganar, pensando exclusivamente en sus propios intereses y aquejados por sus miedos o alentados por odios y prejuicios con la ayuda de la IA, sin considerar para nada las consecuencias. Consecuencias que, para la vida de todos, es decir, la vida pública, representan candidatos cuyo pasado es más que cuestionable y de la noche a la mañana aparecen transfigurados como incorruptibles salvadores de la Nación, la Patria y la Democracia. Los ejemplos abundan, pero el más representativo en esta crisis histórica y global de la democracia es, sin duda, Donald Trump, que en las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre enfrentará su mayor desafío, pues su MAGA cada día hace a los norteamericanos más pequeños, desesperados, frustrados, irascibles, menos grandes y poderosos, como les prometió que sucedería con su America First.

Corrupción y cacócratas regionales

Ese contexto explica la predilección de Trump por sus mascotas regionales, el “Tigre” en Colombia y la conversa capitalista Delcy Rodríguez en Venezuela, así como su apoyo incondicional al candidato de la extrema derecha en Brasil, Flavio Bolsonaro, derrotado en segunda vuelta por Lula, conteniendo así el avance de su Doctrina Donroe y su banda de depredadores de tierras raras, minerales críticos y petróleo por toda Sudamérica. Por eso, cabe preguntarse si el incorruptible Tigre los emulará y pronto desvinculará el Estado colombiano de la Corte Penal Internacional, después de su respaldo a la ocupación ilegal de los altos del Golán por Israel, condenada por la ONU y la comunidad internacional y del traslado de la embajada colombiana a Jerusalén. En tal caso, entraríamos a formar parte de la que podríamos llamar la Internacional más corrupta y criminal de la historia reciente. La Internacional Caco-Teocrática-Ciber-Bélica (ICTCB)[ii]. Teocrática, pues la trinca de Trump, Netanyahu y Putin, está respaldada por pastores y jerarcas de sus correspondientes iglesias y diferentes credos, que los presentan como profetas salvadores de sus naciones. Y Ciberbélica, ya que cuenta con la ayuda invaluable de la IA y sus portentosos conglomerados cibernéticos como puntas de lanza en sus guerras hibridas y depredadoras.  

 Teocracia y Transhumanismo

Jerarcas y pastores que en sus sermones y rituales los alaban y ponderan ante sus feligreses como líderes invencibles de sus naciones y de su grey. Les aseguran que en la batalla final de Armagedón vencerán a sus enemigos y herejes, poco importa que perezca media humanidad, pues el bien siempre triunfa sobre el mal: “los buenos siempre somos más”, sobre todo ahora que disponen de plataformas digitales insuperables, robots, drones y misiles indetectables para derrotar a la legión malévola del wokismo internacional. Claro, eso solo será posible en MAGA si son leales a sus líderes republicanos y se comportan como buenos y obedientes ciudadanos-feligreses en las urnas el próximo 3 de noviembre. Solo así estarán protegidos por ICE y el Escudo de las Américas de esas hordas infrahumanas del mal que amenazan con invadir su país. Porque una vez esas hordas ingresen a sus territorios, reclamarán en todas partes y todos los días igualdad de derechos y dignidad, invocarán una tal Declaración Universal de Derechos Humanos, una inaplicable Carta de Naciones Unidas, una ineficiente y costosa ONU, reducto de miles de burócratas y abogados incompetentes, que nada saben de geopolítica y menos de negocios internacionales. Para colmo, ahora pretenden, con su “corrupta” Corte Penal Internacional, limitar la soberanía de la trinca de la ICTCB, investigar y juzgar la conducta impecable de cada uno de sus integrantes y desconocer que ellos están más allá de todo efímero Derecho Internacional como nuevos emperadores y depredadores del mundo. No se puede tolerar tanta osadía y desafío a la ICTCB y su soberano derecho al despojo y la impunidad, fundamentos del nuevo orden internacional necropolítico y escatológico. Menos atender la llamada de científicos lunáticos y de anacrónicos líderes que le temen a la IA, esa “Superinteligencia” de Trump. Tampoco cabe escuchar a los apocalípticos ecologistas y a los nuevos predicadores de una imaginaria “Magnifica Humanitas”, todos ellos enemigos del transhumanismo[iii], que nos convertirá en seres superiores, “posthumanos” incorruptibles, gracias a la IA y las nuevas biotecnologías.

 

 



LA INTERNACIONAL NECROPOLÍTICA Y ESCATOLÓGICA (“CacoTeoCiberBélica”)

 

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Hernando Llano Ángel.

Todo parece indicar que estamos frente a una nueva Internacional, integrada por Estados Unidos, Israel y Rusia, para asegurar sus vastas zonas de influencia con el propósito de dominar y ocupar dichos territorios, someter a sus habitantes, depredar sus recursos y expoliar sus riquezas en beneficio propio. Estados Unidos, con Trump y su doctrina Donroe, reclama exclusivamente para MAGA todo el hemisferio occidental, desde Alaska hasta la Patagonia. Rusia, con Putin y su “operación especial,” el Donetsk y el control de toda Ucrania. Israel, con Netanyahu y el sionismo de ultraderecha, la Franja de Gaza, los altos del Golán y todo Medio Oriente. Lo hacen bajo coartadas que van desde la afirmación de la soberanía de sus Estados y la seguridad de sus habitantes, pasando por la evocación de sus gloriosos pasados hasta la proclamación de sus “Destinos Manifiestos”, contra supuestos temibles enemigos que –según ellos y sus cómplices-- amenazan sus respectivas existencias. Aunque dichos Estados tienen intereses diferentes y específicos en sus correspondientes áreas de influencia, comparten en común la Hybris[i] del nacionalismo imperial y otras cuatro dimensiones que son la esencia de sus regímenes, ambiciones y agresiones en curso. Al integrar esas dimensiones en un solo término surge un neologismo disonante: “Internacional CacoTeoCiberBélica” (ICTCB), casi impronunciable, pero cercano a la realidad geopolítica actual y la encrucijada en que se encuentran, como es la consolidación de sus hegemonías o el declive progresivo de sus poderes en sus correspondientes áreas de influencia. Dicha Internacional, por sus recursos de poder, alcances y la Hybris propia de la trinca que la lidera, puede significar un punto de quiebre y no retorno para el planeta y toda la humanidad. Por eso, conviene explicitar cada uno de sus componentes.

1-      CACO, es el acrónimo de CACOCRACIA, que significa el gobierno de los más viles, corruptos y astutos, aquellos capaces de robar la confianza de sus ciudadanos para gobernarlos con destreza e impunidad, ganando elecciones mediante la manipulación algorítmica de sus miedos, prejuicios e intereses en las plataformas y las redes sociales. Así lo han logrado y hacen con eficacia: Trump, Netanyahu y Putin en sus respectivas naciones. Esta característica, combinada con el marketing electoral y la demoscopia, definen hoy las campañas electorales en el ciberespacio y no en las plazas públicas. Así quedó demostrado en nuestro caso con el triunfo del “Tigre” De la Espriella sobre el filósofo Cepeda. Y tal parece que puede suceder, bajo la creciente injerencia de Trump, X y Facebook[ii], a favor de Flavio Bolsonaro y contra Lula Da Silva el próximo 25 de octubre en Brasil. De esta forma, bajo los rituales propios de las elecciones, triunfan los cacócratas y luego reclaman toda la legitimidad para gobernar, desmantelando el Estado de Derecho y apelando al carisma del triunfador. Lo hacen a través de órdenes ejecutivas, el control y dominio del legislativo, con decretos express, para reprimir protestas sociales, y hasta con estados de excepción, argumentando emergencias de orden económico, público o hasta climatológicas. Es el colapso virtual de la democracia y el ascenso real de la cacocracia, como lo vimos en la posesión presidencial de Trump rodeado de los máximos propietarios, gestores y administradores de las plataformas, la IA, el entramado cibernético y computacional estadounidense: Elon Musk (Tesla y SpaceX), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Tim Cook (Apple), entre los más destacados. En nuestro caso, con invitados más anodinos y en un escenario pintoresco, alternando la fanfarria espectacular del “Arena USC” con el campo de maniobras militares del Cantón Pichincha en Cali, acompañado de liturgias y pastores, rememorando la alianza nefasta de la conquista de la Cruz con la Espada y finalizando con su grito estentóreo de “Viva Cristo Rey”. Sin duda, una esperpéntica posesión, más propia de un “Tigre” que la de un jefe de Estado, constitucionalmente secular y democrático, pero social y culturalmente casi premoderno, que todavía espera milagros de la política y sus gobernantes.

 

2-      TEO, acrónimo de TEOCRACIA, que aporta a la trinca de la ICTCB nada menos que el poder de las creencias religiosas con el respaldo de las principales Iglesias y de sus máximos jerarcas, quienes apoyan incondicionalmente a cada uno de los anteriores cacócratas, revistiéndolos de dimensiones hagiográficas. Por eso sus seguidores y electores los adoran como líderes providenciales, casi sagrados, porque les prometen milagros: proteger sus vidas y familias, tradiciones nacionales, propiedades, prosperidad y hasta imaginarios imperiales. De esta forma, millones de creyentes no solo van a los templos a orar y pagar sus diezmos, sino que acuden a las urnas como leales deVotos para garantizar el triunfo y la reelección de sus salvadores. Así ha sucedido con Trump y Putin y es lo que está por verse con Netanyahu en las próximas elecciones generales del 27 de octubre en Israel. Más difícil parece tenerlo Flavio Bolsonaro el domingo 25, pues cuenta con la oposición del Pastor derechista Otoni de Paula, quien lo acusa de ser “un evangélico por conveniencia” y denuncia que “todos nosotros fuimos secuestrados por el bolsonarismo. El bolsonarismo nos robó nuestras banderas”, “Flavio representa un riesgo real para la imagen de la Iglesia [evangélica]” [iii].

La teocracia en las urnas

Por eso no hay que olvidar que toda religión y culto, con sus Iglesias, pastores, jerarcas y rituales, descansa sobre dogmas y creencias incuestionables que garantizan un orden cierto de mando y obediencia y además promete a sus creyentes la salvación eterna. De allí su influencia decisoria en la vida política, por eso sus feligreses van a las urnas con la misma fe incuestionable que a sus iglesias y confesionarios. Sucede todo lo contrario en la vida política democrática y secular, cuyo orden es siempre incierto y disputado. Depende más de la razón y los argumentos, de la deliberación en lugar de la fe y la devoción. Entonces los electores seculares van a las urnas como ciudadanos y no como millones de creyentes que llegan con sus votos ya definidos e inmodificables. En parte, por ello, la derecha cuenta con una ventaja apreciable en las elecciones sobre la izquierda. Una izquierda siempre asociada con prejuicios insuperables como su ateísmo, anticlericalismo y el wokismo que la sitúa a la siniestra de Dios Padre y más cerca del diablo, del infierno y su derrota en las urnas. Lo corrobora en Brasil el Pastor Gustavo Knauer: “Hoy, decidimos el presidente de Brasil porque votamos en bloque, ya que el sentimiento de pertenencia al grupo es mayor que entre católicos”. Por eso el grito de “Cristo Rey” del presidente en actos oficiales tiene una resonancia tan contraria al espíritu democrático, al principio constitucional y secular de nuestro Estado, y debería reservarlo solo al ámbito religioso, familiar o personal. Pero así acontece con todos los gobernantes de ultraderecha y algunos de izquierda que tardíamente se apropian de la protección divina para sus fines. Así lo expresó Trump en su discurso de posesión presidencial: “Hace sólo unos meses, en un hermoso campo de Pensilvania, la bala de un asesino me atravesó la oreja. Pero sentí entonces, y creo aún más ahora, que mi vida fue salvada por una razón. Fui salvado por Dios para hacer a América grande de nuevo. Muchas gracias. Muchísimas gracias”. Y Abelardo De la Espriella, replicando su ejemplo como un Trump tropical, también invocó a la divinidad en su discurso de posesión, solo que con mucha más fe: “Y el que está de rodillas delante de Dios jamás será vencido porque el Creador batallará por él”.  Expresión temeraria y más propia de un fanático religioso, pues significaría que ya cuenta con un ejército divino y celestial, propio de una “Patria Milagro” y que va a prescindir de “El Escudo de las Américas” y la ayuda militar de MAGA para derrotar a sus enemigos, ya que el “creador batallará por él”. Obviamente, no es así, pues si algo sabe el “Tigre”, desde su juventud como promotor de la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), es el rol determinante jugada por las armas y de la coalición entre las AUC y el Ejército en la lucha contrainsurgente.

3-       CIBERNÉTICA, según los expertos, “proviene de la antigua palabra griega κυβερνητικός (kibernētikos, '(bueno para) gobernar', en el sentido de dirigir o conducir), que hace referencia al arte del timonel”, lo que nos permite comprender la radical oposición de Trump a la regulación de la IA, que él denomina “Superinteligencia”, pues así tendría sus manos libres para obrar discrecionalmente y tomar ventaja sobre su más amenazante competidor, la República Popular China. Trump y sus asesores saben bien que en el presente y futuro las guerras se ganarán más en el espacio cibernético que en los campos de batalla, como sucede ahora entre Rusia y Ucrania. Por eso las advertencias de los creadores y desarrolladores de la IA no son apocalípticas. Como bien lo describe Giuliano Da Empoli en el capítulo 8 de su novela, El Mago del Kremlin, un relato más cercano a la realidad del poder de Putin que a la ficción literaria: “Imaginemos ahora que el poder ya no necesite la colaboración humana. Que su seguridad --y su fuerza—estén garantizados por instrumentos sin posibilidad de resolverse contra él. Un ejército de sensores, de drones, de robots capaces de golpear en cualquier momento, sin el menor titubeo. Eso sería por fin el poder en su forma más absoluta”.

 

4-      BELICISMO CIBERNÉTICO, de hecho, ya está sucediendo en la confrontación entre Rusia y Ucrania; en la forma devastadora como el poder militar Israelí arrasó con la vida de más de 70 mil palestinos y convirtió la Franja de Gaza en una topografía del terror apenas comparable a la llevada a cabo por el nazismo contra sus antepasados; en el magnicidio del ayatolá Alí Jamenei perpetrado por Israel y Estados Unidos y también en la respuesta de Irán a dichas agresiones terroristas, pues el mayor número de víctimas en todos estos conflictos siempre son los civiles indefensos. Guardando las proporciones, ya sucede en nuestro territorio a microescala, por la capacidad letal de los drones utilizados por las organizaciones armadas ilegales y la respuesta de la Fuerza Pública con sus bombardeos, que pronto serán realizados con aeronaves no tripuladas y drones de mayor potencia, proporcionados por MAGA y el Escudo de las Américas. Con toda razón, Da Empoli advierte: “El problema de las máquinas no es que terminen rebelándose contra el hombre, sino que cumplan las órdenes al pie de la letra”. Justo lo que implacablemente puede hacer la IA. En ese caso no sería una “Superinteligencia”, sino una Inteligencia Abismal, que puede convertir este hermoso y vital planeta en un tenebroso y mortífero infierno, la cuarta característica de la ICTCB, es su dimensión BÉLICA, necropolítica y escatológica. Una trinidad letal, pues convierte la política en guerra y muerte, en necropolítica, con consecuencias escatológicas en la doble acepción del término, “relativo a las postrimerías de ultratumba” y a lo “fecal, excrementicio, soez e indecente”, rasgos identitarios de Trump, Netanyahu y Putin, junto a todos sus aliados y cómplices en el mundo. Entre ellos, los 14 jefes de los Estados del hemisferio occidental que se plegaron a MAGA: Argentina, Bolivia, Costa Rica, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago. No figura, oficialmente, Venezuela, pues ya es un protectorado de facto de MAGA.

La Paz ¿Una amante pérfida o exigente e incomprendida?

 

La Paz ¿Una amante pérfida o exigente e incomprendida?

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Hernando Llano Ángel.

Perfidia es mucho más que un hermoso y desesperado bolero sobre una amante infiel y un amor traicionado. Puede ser, también, la balada desesperada y postrera de nuestra esquiva paz política nacional. Una paz que no logramos alcanzar porque ella sea como esa amante pérfida e infiel o, por el contrario, por desconocer su compleja y exigente personalidad. En este último caso, por querer someterla violentamente para que complazca nuestros deseos y vivir seguros, satisfaciendo todas nuestras expectativas y despojándonos de nuestras inseguridades y miedos. Por la forma como nos relacionamos con ella, pero sobre todo por la diversidad de pretendientes insatisfechos que la asedian y persiguen, es muy probable que la paz no sea pérfida e infiel, sino más bien que lo sean quienes desean poseerla y dominarla. Muchos de ellos quieren poseerla en forma exclusiva y absoluta, solo para su disfrute, como si fuera su propiedad privada. No reconocen que uno de sus rasgos identitarios es la libertad y su rechazo a ser poseída en forma excluyente, satisfaciendo solo a unos pocos amantes. Menos comprenden que se brinde a todos por igual, sin por ello ser frívola y estar disponible al mejor postor, como una vulgar prostituta. Incluso, algunos prevalidos por su posición social, privilegios y cultura, se creen predestinados a llevarla al altar y convertirla en una esposa sumisa y fiel, que les proporcionará una descendencia hermosa y feliz por generaciones sin fin.

La PAZ privada

Así, la paz termina siendo una amante deseada por todos, disputada permanentemente, hasta convertirse en una propiedad privada que termina siendo defendida con la guerra. Es más, se la define hasta la muerte en los campos de batalla. Exagerando, podría decirse que termina siendo víctima de un feminicidio cometido por amantes crueles, posesivos y depredados, que intentan justificar su crimen con los más inverosímiles argumentos: “amor a la patria”, “defensa de la democracia”, “el Estado de derecho”, la “libertad” y hasta “Cristo Rey”. Entonces la amada y deseada paz es sacrificada en muchos altares y campos porque sus innumerables amantes y pretendientes son incapaces de amarla sin poseerla en forma exclusiva y excluyente. Solo desean que los ame a ellos en la medida de sus intereses personales y sociales. Para algunos, complaciéndolos generosamente, cuidando y conservando sus propiedades, privilegios y familias eternamente. Por eso, confunden la paz con la seguridad, la revisten con trajes camuflados y la protegen con ejércitos de escoltas, pues consideran que es la única forma de conservar su fidelidad, así sea eliminando potenciales pretendientes, que la asedian constantemente.

La PAZ raptada

Para otros, que son mucho más numerosos y ella no les proporciona ni siquiera una mirada por estar despojados de atributos económicos, ser demasiado pobres y hasta considerados feos e inferiores, la paz se convierte en una obsesión tan oprobiosa como deseada, por la que están dispuestos a morir y hasta matar con tal de poseerla algún día. Entonces grupos radicales, cansados de su desprecio y soberbia, la pretenden en forma más o menos violenta, la acosan y amenazan, hasta llegan a raptarla, secuestrarla y violarla. En estos casos, la paz también termina ultrajada, extorsionada y muchas veces desaparecida en nombre de la “justicia social” y la “soberanía nacional”.

La PAZ extraviada

Por esa disputa insensata, a pesar del Acuerdo de Paz firmado hace 16 años entre el Estado y las Farc-Ep, es que la PAZ POLÍTICA sigue extraviada, pues no hemos podido comprender que ella es una amante exigente y se resiste radicalmente a ser poseída en forma exclusiva y excluyente, bien sea por minorías o mayorías políticas, así reclamen más derecho que los demás con títulos de abolengo o propiedad, racial o incluso de superioridad moral, invocando alguna ideología, creencia religiosa o hasta la misma democracia. Y ello no puede suceder porque la PAZ POLÍTICA es hija legítima de la democracia, del respeto a la dignidad e igualdad de oportunidades y derechos de todas las personas, sin importar su condición social, credo religioso, etnia, nacionalidad, género o diversidad sexual, así hoy algunos gobernantes y conversos de última hora se consideren superiores a todos los demás y pretendan a punta de prejuicios, odios y escudos, con sus armas de destrucción masiva y egolatrías vergonzosas, poseerla en forma violenta y abusiva en nombre de la seguridad nacional. Olvida semejante manada de ególatras soberbios e ignorantes que la PAZ es el derecho a la libertad y la igualdad, imprescindibles para la fraternidad humana y por lo tanto jamás tolerará estar sometida al dictado de un amante, sea una nación, una clase, una ideología o un gobernante, así cuente con la mayor fuerza militar del mundo y el auxilio de la IA o la “Superinteligencia”, propia de quienes personalmente carecen incluso de empatía y se comportan como fieras depredadoras de toda la humanidad.