Hernando Llano Ángel.
Todo parece indicar que estamos
frente a una nueva Internacional, integrada por Estados Unidos, Israel y Rusia,
para asegurar sus vastas zonas de influencia con el propósito de dominar y
ocupar dichos territorios, someter a sus habitantes, depredar sus recursos y expoliar
sus riquezas en beneficio propio. Estados Unidos, con Trump y su doctrina
Donroe, reclama exclusivamente para MAGA todo el hemisferio occidental, desde Alaska
hasta la Patagonia. Rusia, con Putin y su “operación especial,” el Donetsk y el
control de toda Ucrania. Israel, con Netanyahu y el sionismo de ultraderecha, la
Franja de Gaza, los altos del Golán y todo Medio Oriente. Lo hacen bajo
coartadas que van desde la afirmación de la soberanía de sus Estados y la
seguridad de sus habitantes, pasando por la evocación de sus gloriosos pasados hasta
la proclamación de sus “Destinos Manifiestos”, contra supuestos temibles enemigos
que –según ellos y sus cómplices-- amenazan sus respectivas existencias. Aunque
dichos Estados tienen intereses diferentes y específicos en sus
correspondientes áreas de influencia, comparten en común la Hybris[i]
del nacionalismo imperial y otras cuatro dimensiones que son la esencia de sus
regímenes, ambiciones y agresiones en curso. Al integrar esas dimensiones en un
solo término surge un neologismo disonante: “Internacional CacoTeoCiberBélica” (ICTCB), casi impronunciable,
pero cercano a la realidad geopolítica actual y la encrucijada en que se
encuentran, como es la consolidación de sus hegemonías o el declive progresivo
de sus poderes en sus correspondientes áreas de influencia. Dicha
Internacional, por sus recursos de poder, alcances y la Hybris propia de la
trinca que la lidera, puede significar un punto de quiebre y no retorno para el
planeta y toda la humanidad. Por eso, conviene explicitar cada uno de sus
componentes.
1-
CACO,
es el acrónimo de CACOCRACIA, que significa el gobierno de los más viles,
corruptos y astutos, aquellos capaces de robar la confianza de sus ciudadanos para
gobernarlos con destreza e impunidad, ganando elecciones mediante la
manipulación algorítmica de sus miedos, prejuicios e intereses en las plataformas
y las redes sociales. Así lo han logrado y hacen con eficacia: Trump, Netanyahu
y Putin en sus respectivas naciones. Esta característica, combinada con el
marketing electoral y la demoscopia, definen hoy las campañas electorales en el
ciberespacio y no en las plazas públicas. Así quedó demostrado en nuestro caso con
el triunfo del “Tigre” De la Espriella sobre el filósofo Cepeda. Y tal parece
que puede suceder, bajo la creciente injerencia de Trump, X y Facebook[ii],
a favor de Flavio Bolsonaro y contra Lula Da Silva el próximo 25 de octubre en
Brasil. De esta forma, bajo los rituales propios de las elecciones, triunfan los
cacócratas y luego reclaman toda la legitimidad para gobernar, desmantelando el
Estado de Derecho y apelando al carisma del triunfador. Lo hacen a través de
órdenes ejecutivas, el control y dominio del legislativo, con decretos express,
para reprimir protestas sociales, y hasta con estados de excepción, argumentando
emergencias de orden económico, público o hasta climatológicas. Es el colapso virtual
de la democracia y el ascenso real de la cacocracia, como lo vimos en la
posesión presidencial de Trump rodeado de los máximos propietarios, gestores y
administradores de las plataformas, la IA, el entramado cibernético y
computacional estadounidense: Elon Musk (Tesla y SpaceX), Jeff Bezos (Amazon),
Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Tim Cook (Apple), entre los
más destacados. En nuestro caso, con invitados más anodinos y en un escenario
pintoresco, alternando la fanfarria espectacular del “Arena USC” con el campo
de maniobras militares del Cantón Pichincha en Cali, acompañado de liturgias y
pastores, rememorando la alianza nefasta de la conquista de la Cruz con la
Espada y finalizando con su grito estentóreo de “Viva Cristo Rey”. Sin duda, una
esperpéntica posesión, más propia de un “Tigre” que la de un jefe de Estado, constitucionalmente
secular y democrático, pero social y culturalmente casi premoderno, que todavía
espera milagros de la política y sus gobernantes.
2- TEO, acrónimo de TEOCRACIA, que aporta a la trinca de la ICTCB
nada menos que el poder de las creencias religiosas con el respaldo de las
principales Iglesias y de sus máximos jerarcas, quienes apoyan incondicionalmente
a cada uno de los anteriores cacócratas, revistiéndolos de dimensiones
hagiográficas. Por eso sus seguidores y electores los adoran como líderes
providenciales, casi sagrados, porque les prometen milagros: proteger sus vidas
y familias, tradiciones nacionales, propiedades, prosperidad y hasta
imaginarios imperiales. De esta forma, millones de creyentes no solo van a los
templos a orar y pagar sus diezmos, sino que acuden a las urnas como leales deVotos
para garantizar el triunfo y la reelección de sus salvadores. Así ha sucedido
con Trump y Putin y es lo que está por verse con Netanyahu en las próximas
elecciones generales del 27 de octubre en Israel. Más difícil parece tenerlo
Flavio Bolsonaro el domingo 25, pues cuenta con la oposición del Pastor
derechista Otoni de Paula, quien lo acusa de ser “un evangélico por conveniencia”
y denuncia que “todos nosotros fuimos
secuestrados por el bolsonarismo. El
bolsonarismo nos robó nuestras banderas”, “Flavio representa un riesgo
real para la imagen de la Iglesia [evangélica]” [iii].
La teocracia en las urnas
Por eso no
hay que olvidar que toda religión y culto, con sus Iglesias, pastores, jerarcas
y rituales, descansa sobre dogmas y creencias incuestionables que garantizan un
orden
cierto de mando y obediencia y además promete a sus creyentes la
salvación eterna. De allí su influencia decisoria en la vida política, por eso
sus feligreses van a las urnas con la misma fe incuestionable que a sus
iglesias y confesionarios. Sucede todo lo contrario en la vida política
democrática y secular, cuyo orden es siempre incierto y disputado.
Depende más de la razón y los argumentos, de la deliberación en lugar de la fe
y la devoción. Entonces los electores seculares van a las urnas como ciudadanos
y no como millones de creyentes que llegan con sus votos ya definidos e
inmodificables. En parte, por ello, la derecha cuenta con una ventaja
apreciable en las elecciones sobre la izquierda. Una izquierda siempre asociada
con prejuicios insuperables como su ateísmo, anticlericalismo y el wokismo que
la sitúa a la siniestra de Dios Padre y más cerca del diablo, del infierno y su
derrota en las urnas. Lo corrobora en Brasil el Pastor Gustavo Knauer: “Hoy, decidimos el presidente de Brasil porque votamos en bloque, ya que el sentimiento de pertenencia al grupo es
mayor que entre católicos”. Por eso el grito de “Cristo Rey” del presidente
en actos oficiales tiene una resonancia tan contraria al espíritu democrático,
al principio constitucional y secular de nuestro Estado, y debería reservarlo
solo al ámbito religioso, familiar o personal. Pero así acontece con todos los
gobernantes de ultraderecha y algunos de izquierda que tardíamente se apropian de
la protección divina para sus fines. Así lo expresó Trump en su discurso de
posesión presidencial: “Hace sólo unos
meses, en un hermoso campo de Pensilvania, la bala de un asesino me atravesó la
oreja. Pero sentí entonces, y creo aún más ahora, que mi vida fue salvada por
una razón. Fui salvado por Dios para
hacer a América grande de nuevo. Muchas gracias. Muchísimas gracias”. Y
Abelardo De la Espriella, replicando su ejemplo como un Trump tropical, también
invocó a la divinidad en su discurso de posesión, solo que con mucha más fe: “Y el que está de rodillas delante de Dios
jamás será vencido porque el Creador
batallará por él”. Expresión
temeraria y más propia de un fanático religioso, pues significaría que ya cuenta
con un ejército divino y celestial, propio de una “Patria Milagro” y que va a
prescindir de “El Escudo de las Américas” y la ayuda militar de MAGA para
derrotar a sus enemigos, ya que el “creador batallará por él”.
Obviamente, no es así, pues si algo sabe el “Tigre”, desde su juventud como
promotor de la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), es el rol determinante
jugada por las armas y de la coalición entre las AUC y el Ejército en la lucha
contrainsurgente.
3- CIBERNÉTICA,
según los expertos, “proviene de la
antigua palabra griega κυβερνητικός (kibernētikos, '(bueno para) gobernar', en
el sentido de dirigir o conducir), que hace referencia al arte del timonel”,
lo que nos permite comprender la radical oposición de Trump a la regulación de
la IA, que él denomina “Superinteligencia”,
pues así tendría sus manos libres para obrar discrecionalmente y tomar ventaja
sobre su más amenazante competidor, la República Popular China. Trump y sus
asesores saben bien que en el presente y futuro las guerras se ganarán más en
el espacio cibernético que en los campos de batalla, como sucede ahora entre
Rusia y Ucrania. Por eso las advertencias de los creadores y desarrolladores de
la IA no son apocalípticas. Como bien lo describe Giuliano Da Empoli en el
capítulo 8 de su novela, El Mago del Kremlin, un relato más
cercano a la realidad del poder de Putin que a la ficción literaria: “Imaginemos ahora que el poder ya no
necesite la colaboración humana. Que su seguridad --y su fuerza—estén
garantizados por instrumentos sin posibilidad de resolverse contra él. Un
ejército de sensores, de drones, de robots capaces de golpear en cualquier
momento, sin el menor titubeo. Eso sería por fin el poder en su forma más
absoluta”.
4- BELICISMO CIBERNÉTICO, de hecho, ya
está sucediendo en la confrontación entre Rusia y Ucrania; en la forma
devastadora como el poder militar Israelí arrasó con la vida de más de 70 mil
palestinos y convirtió la Franja de Gaza en una topografía del terror apenas
comparable a la llevada a cabo por el nazismo contra sus antepasados; en el magnicidio
del ayatolá Alí Jamenei perpetrado por Israel y Estados Unidos y también en la
respuesta de Irán a dichas agresiones terroristas, pues el mayor número de
víctimas en todos estos conflictos siempre son los civiles indefensos.
Guardando las proporciones, ya sucede en nuestro territorio a microescala, por
la capacidad letal de los drones utilizados por las organizaciones armadas
ilegales y la respuesta de la Fuerza Pública con sus bombardeos, que pronto
serán realizados con aeronaves no tripuladas y drones de mayor potencia,
proporcionados por MAGA y el Escudo de las Américas. Con toda razón, Da Empoli advierte:
“El problema de las máquinas no es que
terminen rebelándose contra el hombre, sino que cumplan las órdenes al pie de la letra”. Justo lo que implacablemente
puede hacer la IA. En ese caso no sería una “Superinteligencia”, sino una Inteligencia
Abismal, que puede convertir este hermoso y vital planeta en un tenebroso y
mortífero infierno, la cuarta
característica de la ICTCB, es su dimensión BÉLICA, necropolítica y escatológica. Una trinidad letal, pues
convierte la política en guerra y muerte, en necropolítica, con consecuencias
escatológicas en la doble acepción del término, “relativo a las postrimerías de ultratumba” y a lo “fecal, excrementicio, soez e indecente”,
rasgos identitarios de Trump, Netanyahu y Putin, junto a todos sus aliados y
cómplices en el mundo. Entre ellos, los 14 jefes de los Estados del hemisferio
occidental que se plegaron a MAGA: Argentina, Bolivia, Costa Rica, Colombia,
Chile, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú,
República Dominicana, Trinidad y Tobago. No figura, oficialmente, Venezuela,
pues ya es un protectorado de facto de MAGA.
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