CAMPUS PLURALES Y VITALES, NO HEGEMÓNICOS Y LETALES
Hernando Llano Ángel.
Los anuncios del presidente
Abelardo de la Espriella sobre los límites constitucionales y legales de la Autonomía
Universitaria, más allá de su acostumbrado histrionismo, tienen un inmenso
mérito y son políticamente pertinentes. Contribuyen a situar en el centro del
debate las tensas relaciones entre el poder y la violencia y su correspondiente
expresión estatal entre democracia y autoritarismo. Entre el poder del
conocimiento, la deliberación y la investigación, consubstanciales a la Autonomía
Universitaria y, de otra parte, las estigmatizaciones y consignas beligerantes,
antesalas de las confrontaciones violentas, que atentan contra el pluralismo
ideológico, la deliberación y la inteligencia al restringir y hasta anular la
libertad de pensar, investigar y dudar.
¿Pluralismo deliberante o
beligerante?
Es circunstancial y coyuntural
que dichas consignas sean lanzadas desde la izquierda, el centro o la derecha
del espectro político, cuando su contenido y alcance promueven la exclusión del
contradictor e incluso su exilio del Campus. En esos casos se atenta contra la
Autonomía y su existencia. Entonces el Campus, tanto en las aulas, las plazas,
cafeterías y espacios recreativos deja de ser un campo abierto para la
deliberación y la argumentación y tiende a convertirse en un campo para la
beligerancia y la confrontación. El Poder
del debate y los argumentos es desplazado por el de la Violencia y los llamados a la acción directa. Entonces la primera
víctima que cae es precisamente la autonomía para pensar, dudar y decidir,
consubstanciales a toda universidad. Cae a manos del llamado a la intrépida
acción violenta, que poco tolera el ejercicio de pensar y mucho menos el de dudar,
pues se considera la poseedora de la verdad. Tal es el mayor desafío para la Autonomía
desde el interior de las universidades públicas.
¿Las “U” Privadas de deliberación?
Un desafío que no se presenta en
la mayoría de las universidades privadas, donde no hay lugar a esa intensidad
de las controversias, pues sus estudiantes y la comunidad académica comparten
en forma casi unánime y homogénea ciertas visones del mundo y la política.
Literalmente, allí no se debaten ideas, sino que se comulgan y celebran, que es
lo propio en las universidades confesionales políticas o religiosas. Todo lo
contrario, sucede en las universidades públicas, donde lo que tiende a
predominar es el pluralismo y la controversia, como expresión misma de los
diversos intereses, conflictos y valores existentes en la sociedad. Por eso
históricamente el Campus de las públicas siempre ha sido disputado por grupos
políticos militantes y beligerantes que se autoproclaman voceros de la verdad,
la libertad y la justicia, reivindicando cada uno ser la auténtica vanguardia
del pueblo. Es lo propio de cierto canibalismo de izquierda, que luego se
proyecta en las disputas interminables de sus líderes y seguidores, que muchos
de ellos veneran como figuras sagradas en el ámbito internacional y nacional. Trotskistas
contra Estalinistas, Leninistas contra Maoístas, Revolucionarios contra
Mamertos y una historia de nunca acabar, para no especular sobre lo que sucede
en la actualidad nacional.
¿Las “U” Públicas bloqueadas para la Deliberación?
Hasta llegar al presente, donde
esa miríada de grupos hace del Campus y sus estudiantes no solo una cantera
para la “revolución”, sino además una densa red de relaciones que combina desde
el tráfico de estupefacientes con el adoctrinamiento fanático y sectario. En
ese clima se bloquea el Poder estudiantil y académico para
la deliberación de las mayorías, cada vez más inconformes, dispersas y
atemorizadas, para imponerse el de la Violencia de minorías organizadas
que, ante la falta de argumentos, apelan a la beligerancia explosiva de la
acción directa con sus “papas bombas” y el vandalismo desbordado. A estos
grupos se les responde en algunas universidades públicas con ironía corrosiva,
propia del talento inolvidable de Jaime Garzón, con consignas y pintadas como
la de: “No nací PARAmilitar”. De esta forma se repudia el ejercicio y el
compromiso político asumido desde la beligerancia armada y se opta por la
argumentada deliberación universitaria y ciudadana, sin la cual no hay
Autonomía y menos posibilidades de una paz democrática. De allí que la
Autonomía este amenazada tanto desde el interior como desde el exterior del
Campus. Especialmente si el Tigre opta por ingresar a las universidades con la
Fuerza pública, pues ella no bastará para generar más deliberación, sino todo
lo contario, más confrontación violenta, que dejará probablemente más
“estudiantes heroicos” caídos y también más policías incriminados y
criminalizados por el uso excesivo de la fuerza.
Desafíos
a la Autonomía Universitaria
Así, desde el interior de las
universidades desaparece el espacio propio para la Autonomía Universitaria,
pues ya no hay lugar para argumentar y disentir, sino para estigmatizar y
excluir. El debate es sustituido por el combate. Basta una consigna contundente
y emotiva contra el adversario, acusándolo de mamerto, paraco, traidor o tira
infiltrado, para acallarlo, chiflarlo y expulsarlo de la Asamblea y del Campus,
si logra abandonarlo a tiempo. Recuerdo que, en mi fugaz paso de estudiante de
filosofía por Univalle, la consigna imperante era “a la derecha duro y a la cabeza”. Las
Asambleas Generales dejaban de ser, entonces, ágoras para tomar decisiones y se
convertían en la antesala de un combate desbordado y generalizado sobre la
avenida Pasoancho o la Panamericana. Ahora parece que, desde la presidencia de
la República, la consigna es exactamente la contraria: “a la izquierda duro, a
destriparla”, si cumple el Tigre con su “máxima coherencia”. Tales son
los mayores desafíos contra la Autonomía Universitaria y la misma paz política,
no solo en el Campus, sino especialmente en los campos de Colombia, por
ausencia de autonomía para pensar y decidir democráticamente desde la cúpula
del Estado y el interior de las universidades públicas.
Autonomía territorial de Colombia en juego
Esa autonomía está puesta en
cuestión, porque el Tigre y su manada están convencidos de que la autoridad
reside fundamentalmente en su capacidad para imponerse por la fuerza y la
violencia, contando para ello con el “Escudo de las Américas”, el apoyo de
Donald Trump, convertido en el “Señor de las Guerras” y en los milagros de su
“Cristo Rey”, que invoca como si fuera un aliado para contar con su poder de
fuego celestial. Semejante fórmula de gobernabilidad necropolítica y belicista
coincide, paradójicamente, con la de los grupos armados ilegales que cometen
sus crímenes también convencidos de que “el poder nace de la punta del fusil”.
Una fórmula que, peligrosa y temerariamente, ahora miles de ciudadanos emularán
con el porte personal de armas de fuego, persuadidos que su seguridad dependerá
más de su capacidad para disparar primero que de la acción legal de la
autoridad. Frente a esa pérdida acelerada de autonomía de nuestro poder secular,
ciudadano y democrático, el horizonte de la “Patria Milagro” puede diluirse en
el control y la disposición de la autonomía territorial y la riqueza de toda
Colombia a favor de terceros Estados y minorías corporativas empresariales, interesadas
en la extracción y depredación de los minerales críticos y las tierras raras de
Pachamama. Para intentar contenerlo y evitarlo, solo contamos con la autonomía
de nuestra capacidad para pensar, deliberar y actuar concertada y
civilizadamente, que es lo propio del poder democrático frente al autocrático,
teocrático y tecno cibernético del Tigre. De lo contrario, nos llevará y comerá
el Tigre, con su tridente de la Espada, Cristo Rey y Donald Trump, reforzados
ahora con la asesoría exitosa del NUBANK de David Vélez para el desarrollo de
la IA y próximamente las megacárceles y criptomonedas que le recomendará Nayib
Bukele. Pero, no me tomen en serio, estos son los delirios de un nostálgico que
reclama extrema autonomía para pensar, expresarse y actuar porque añora un
mundo que nunca existió, pues creyó en la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, la Carta de las Naciones Unidas, el Estado Social de derecho y, por
supuesto, la Autonomía Universitaria.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario