POLÍTICA EX-CÉNTRICA Y CIUDADANÍA
CENTRÍPETA
https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/politica-ex-centrica-y-ciudadania-centripeta-2/
https://elpais.com/america-colombia/2026-02-23/politica-excentrica-y-ciudadania-centripeta.html
Al fin de cuentas, la política es la actividad que pone en juego, para
bien o mal de todos, nuestra condición humana y su impredecible capacidad de
acción, libertad y corruptibilidad.
Hernando Llano Ángel.
Al ser la política fundamentalmente
una actividad ubicua y por eso toparnos con ella en todas partes al mismo
tiempo, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, ella carece propiamente
de un centro. Su dinámica es más centrífuga que centrípeta, ella se dispersa y
proyecta en todos los ámbitos de la vida social y personal. Desde los más
públicos hasta los más íntimos. Con mayor razón en los tiempos que corren donde
no queda un vericueto sin su presencia en el espacio físico y en el cibernético
con su infinidad de redes sociales, que invaden y buscan continuamente
“hackear” nuestras mentes. Por eso quienes se definen como políticos de centro
y se obsesionan en forma narcisista por convertirse en su epicentro,
dedicándose a fustigar a los extremos, tildándolos de extrema derecha o extrema
izquierda -según su propia visión e intereses- tienen demasiadas dificultades para
ser escuchados y persuadir a los electores. De alguna forma son víctimas de su anacrónica
imagen de la política. Todavía la piensan y sitúan en una especie de plano
cartesiano con coordenadas precisas, donde es posible distinguir claramente la
derecha de la izquierda, el centro con sus gradaciones de centro derecha,
centro izquierda y los extremos antagónicos que se disputan el electorado. A ello agregan en el plano internacional los
puntos cardinales de norte y sur, este y oeste. Son incapaces de pensar la
política como una correlación de fuerzas que define precisamente el plano en
donde ella se desarrolla, así como los diversos lugares y puntos conflictivos,
siempre contingentes, donde se desenvuelven sus protagonistas y actores. De
suerte que los que ayer se reclamaban de derecha, hoy se mueven hacia la
izquierda y viceversa, según sean sus objetivos y aspiraciones electorales. Lo
vemos en las actuales campañas electorales, pues ahora resulta que para todos
los candidatos la cuestión social y el empleo digno es una de sus máximas
preocupaciones, obviamente después de la seguridad. Los que ayer fustigaban el
salario vital, hoy salen a defenderlo. Y los que promovían la “Paz Total” hoy
la fustigan como un fracaso letal.
Pero la Política no es Topografía
Pero la política no es
topografía, su dinámica vertiginosa e impredecible es más afín con la física
cuántica que con la geometría cartesiana. En todo caso, no es susceptible de
ser fijada y representada sobre un plano cartesiano y mucho menos ser situada
en un punto exacto de intersección entre la abscisa “X” (seguridad) y la
ordenada “Y” (cuestión social). La política es una actividad demasiado viva y
dinámica para ser sometida a la precisión geométrica y menos aún a la lógica
matemática, como bien parece saberlo Roy que no conoce barreras en la búsqueda
de votos e ignorarlo Fajardo, atrapado en su lógica matemática e imagen de
profesor virtuoso que da clases de moralidad a todos los demás candidatos. Al fin de cuentas, la política es la actividad
que pone en juego, para bien o mal de todos, nuestra condición humana y su
impredecible capacidad de acción, libertad y corruptibilidad. Si bien es cierto
nuestra libertad está cada día más condicionada por los algoritmos y es más
susceptible de ser manipulada por la IA y el vértigo de las Fake News en las
redes sociales, aún conservamos nuestra capacidad de pensar críticamente y
resistirnos a ese oscuro entramado de las elites tecnocráticas, fusionadas con
las oligárquicas de la política, que están sustituyendo la democracia por la Infocracia, según lo advirtió Byung-Chul
Han en su breve ensayo “Infocracia. La
digitalización y la crisis de la democracia”.
Pensar críticamente y deliberar públicamente
Pero mientras seamos capaces de
hacer elecciones éticas a partir de nuestra reflexión crítica y la deliberación
pública, seremos nosotros quienes definamos qué significa ser de derecha,
centro, izquierda o sus extremos y no permitir que solo sean los políticos o la
IA quienes nos encasillen en esas categorías según sus ideologías, doctrinas,
prejuicios, odios, fobias, intereses y, sobre todo, su obsesión demagógica y
megalómana por ganar las elecciones. Más aun en este tiempo de la IA, que
pretende definir por nosotros lo que queremos, pensamos y elegimos hasta
conducirnos al centro más peligroso de todos, el agujero negro de las
decisiones tomadas a partir de las pasiones más devastadoras y letales de la
política: el miedo, el odio y la codicia, camufladas bajo doctrinas que se
alimentan de ideas supremacistas de orden racial, nacional y de clase, como
está sucediendo en Estados Unidos con el credo de MAGA y AMERICA FIRST. Lo más
preocupante es que esa parece ser una tendencia exitosa en gran parte del
planeta. Porque esa elite tecnopolítica y los asesores de marketing electoral sabe
bien cómo deslumbrar y cautivar a las mayorías con consignas altisonantes que
promueven líderes demagógicos con supuestas soluciones para todos nuestros
problemas que nos conducirán a un “mundo feliz”. Un mundo sin inseguridad,
violencia, desempleo, pobreza, enfermedades, así terminen cortándonos la cabeza
para salvarnos y ellos llegar al Congreso y la casa de Nariño. Es casi
inverosímil que ese carnaval de ilusiones se repita cada cuatro años y que lo
celebren quienes más lo sufren, para luego consolarse diciendo “todos los
políticos son iguales” o son “los mismos con las mismas”, pero vuelven y votan
por ellos.
Dígannos al menos un par de verdades
Pero resulta que la mayoría de esos
políticos, salvo muy contadas excepciones que casi siempre pierden las
elecciones, se han pasado toda su vida sin resolver esos graves problemas, dedicados
a prolongarlos y agudizarlos. Seguramente por ello ahora aspiran volver una vez
más al Congreso e incluso hasta la Presidencia de la República. Son
profesionales de la simulación y la incompetencia, cuando no de la contemporización
y la celebración de acuerdos clandestinos con la codicia de poderosos grupos
empresariales, financieros y criminales, que tras bambalinas “AVALAN” y
financian sus costosas campañas electorales. Valdría la pena que en lugar de
contarnos cómo nos van a salvar y hacer felices a todos, esos candidatos y
candidatas nos dijeran un par de verdades, eso sí antes de las elecciones.
Como, por ejemplo: 1) Cuánto valen sus campañas y sus innumerables vallas que
oscurecen el horizonte de nuestras ciudades y campos, sus multitudinarias
concentraciones populares, sus ágapes y correrías por todo el país, 2) Quiénes
los están financiando[i]
y, como todos son tan “transparentes,
correctos y honestos”, también nos contarán cuáles son los acuerdos a los
que han llegado con sus generosos patrocinadores. Si al menos conociéramos
públicamente este par de verdades podríamos ir a las urnas con los ojos
abiertos y sabríamos hasta qué punto lo que dicen y prometen tiene alguna veracidad
o es pura demagogia, para no ir a botar nuestro voto.
Responsabilidad ciudadana
Claro que si somos ciudadanos y nos reconocemos como el epicentro
del poder político, no solo como electores situados en la periferia de
banderías partidistas, deberíamos responder ese par de preguntas consultando
portales como la Registraduría, https://www.registraduria.gov.co/,
y otros que hacen seguimiento a las campañas como la MOE, https://moe.org.co/, PARES, https://www.pares.com.co/, Foro Nacional
por Colombia, https://foro.org.co/, Ideas
para la Paz, https://ideaspaz.org/,
Indepaz, https://indepaz.org.co/, además
de numerosas y valiosas revistas digitales como Razón Pública, https://razonpublica.com/, La Silla Vacía,
https://www.lasillavacia.com/, Cuestión
Pública, https://cuestionpublica.com/
y la Revista Raya https://www.revistaraya.com/
, entre muchos otros medios digitales no matriculados partidistamente,
comprometidos con el rigor analítico y la información a la ciudadanía. Gracias
a su consulta y lectura podríamos formarnos un juicio ciudadano responsable y así
deliberar públicamente sobre la idoneidad, competencia y decencia de los miles
de candidatos y candidatas en campaña, para ir más allá de ese perfil de
patriotas, defensores y salvadores de Colombia que todos ellos exhiben sin
pudor alguno frente a las cámaras de televisión, entrevistas radiales y vallas
publicitarias. Entonces al votar en forma responsable, informada y consciente
les demostraríamos que ellos no son el
centro de la política, que somos los
ciudadanos quienes estamos en el epicentro del poder público y definiremos
con nuestro voto quiénes y qué políticas estarán en el centro de la actividad gubernamental, sin dejarnos confundir por
esos espejismos de derecha, centro, izquierda y sus extremos tras los cuales ocultan
bien sus ambiciones políticas y las de sus patrocinadores, induciendo a
millones de cándidos electores a botar su voto en los próximos comicios del 8
de marzo, 31 de mayo (primera vuelta presidencial) y seguramente en la segunda
vuelta el 21 de junio.
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