viernes, octubre 30, 2026

ES EL RÉGIMEN, NO LA CORRUPCIÓN (II

 

 

ES EL RÉGIMEN, NO LA CORRUPCIÓN (II)

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De allí que la mayor paradoja del régimen sea precisamente que las elecciones propician una metamorfosis política teratológica, pues transforman la virtuosa democracia en una corrupta cacocracia. El más claro ejemplo de lo anterior es Donald Trump.

Hernando Llano Ángel.

El régimen político, obviamente, es mucho más que las instituciones formales y sus gobernantes electos, aunque en todas partes aparezcan como sus representantes visibles y protagónicos. Pero, en la realidad de la vida cotidiana, el régimen es el conjunto de mediaciones, tanto las institucionales, formales y legales, como las informales y más o menos ilegales, que en últimas determinan quiénes gobiernan, cómo lo hacen, qué intereses sirven y a quiénes terminan favoreciendo con sus políticas y decisiones. Es, por tanto, un conjunto muy vasto y complejo de relaciones, que va desde los aspectos más visibles, apareciendo el Estado con todos sus rituales e instancias de representación como el más perceptible y ostentoso, hasta las relaciones más invisibles, simbólicas y prosaicas que sostenemos en los ámbitos políticos y sociales. Esas relaciones las vivimos, la mayoría de las veces, sin ser conscientes de ellas, pero son las que terminan configurando y consolidando el régimen en su conjunto, los gobernantes electos y sus decisiones políticas. El régimen está presente en expresiones personales y coloquiales de muchas personas que dicen: “mi filiación política es de derecha, izquierda o centro”. Pero también en otra más común: “soy apolítico, pues no creo en los políticos, todos son corruptos”. Como si ser miembro, afiliado o militante de un partido, movimiento político o ideología fuera un legado familiar que se transmitiera por la sangre de padres a hijos (filiación), en lugar de una decisión consciente y voluntaria, que se afirma afiliándose o desafiliándose de un partido, movimiento o ideología diferente al de los padres. Pero, aún más lejana de la realidad, es la expresión soy apolítico, pues nadie puede vivir sin aire, sin agua y por donde transitar, todo lo cual depende directamente de las decisiones políticas que tomemos o dejemos de tomar. Dichas expresiones hacen parte sustancial de todos los regímenes políticos y definen precisamente su existencia, instituciones, gobernantes y la calidad de vida de los miembros en una sociedad.

Jaime Garzón y el edificio Colombia

Todo ese entramado de relaciones de lo público con lo privado y personal es el régimen político. Así nos lo revelaba Jaime Garzón cada fin de semana con humor y lucidez, infiltrándose en el edificio “Colombia” con su pléyade de personajes del País Nacional: Heriberto de la Calle, Néstor Eli, Dioselina Tibaná y el compañero John Lenin, que con sus peroratas develaban la impostura y falsedad de los protagonistas del País Político, encarnados por el sempiterno Godofredo Cínico Caspa[i]. Ese Godofredo es hoy superado por la desfachatez ultramontana de quien gobierna desde Bogotá y otras sucursales presidenciales, realiza espectaculares giras dantescas entre cadáveres y regaña en Pereira a damnificados en medio de escombros del terremoto, comportamientos más propios de un sádico cómico que de un jefe de Estado. Todo ello sucede gracias a las elecciones, pues ellas son la institución formal y la gran tramoya que oculta tras bastidores, casi a la perfección, las otras instituciones informales que definen la gobernabilidad efectiva.

Tras la Tramoya Electoral

Esas instituciones son una miríada de poderes que van desde el respetable entramado financiero y empresarial que articula discreta y legalmente a los poderes de facto de economías más o menos ilegales, como el contrabando, el narcotráfico, la minería, la trata de personas y demás recursos procedentes de bandas criminales, hasta los millones deVotos promovidos por persuasivos y fanáticos pastores cristianos que definen en las urnas a los ganadores. De allí que la mayor paradoja del régimen sea precisamente que las elecciones generan una metamorfosis política teratológica, pues transforman la virtuosa democracia en una corrupta cacocracia, gobernada por los más diestros personajes que suelen ganarlas en casi todo el mundo. El más claro ejemplo de lo anterior es Donald Trump, cuya gobernabilidad está en vilo y dependerá del resultado de la elección el próximo 3 de noviembre, que lo puede dejar gravemente convaleciente con su amada MAGA y todas sus argucias, incluidas la “Doctrina Donroe” y su “Escudo de las Américas”. Quizá el triunfo de Lula sobre su protegido Bolsonaro sea una premonición de su próxima derrota frente a los demócratas.

Régimen Electofático

Por eso, el régimen que actualmente predomina en muchas latitudes se caracteriza por la realización de elecciones en donde los poderes de facto, aquellos que escapan al escrutinio, la deliberación y el juicio ciudadano –aupados por las redes sociales y la IA-- definen quiénes ganan, cómo gobiernan y al servicio de qué sectores de la sociedad. Por todo ello, debería llamárselo Régimen Electofáctico en lugar de democrático y cuenta para su gobernabilidad con un Estado cacocrático que sustituye el Estado de derecho, como acontece bajo las administraciones de Trump, Netanyahu, Putin y sus emuladores de extrema derecha en nuestro subcontinente. Obviamente, lo hacen como expertos prestidigitadores, guardando las apariencias, a punta de decretos y medidas especiales, invocando incluso la voluntad popular y también la divina, pues todos se consideran predestinados para salvar sus naciones y la humanidad entera. Son amigos y defensores a ultranza de las elecciones, porque saben bien que ganándolas se revisten de aparente legitimidad democrática, pero prescinden de ella desde sus palacios gubernamentales o cuando son derrotados, alegando fraude. Por eso, se puede afirmar, que son elecciones contra la democracia y su real existencia.

Elecciones contra la democracia

Ese tipo de elecciones se realizan en nuestro país periódica e ininterrumpidamente desde 1957 y son para la mayoría de colombianos la prueba irrefutable de la existencia de la democracia y por eso la proclaman con orgullo nacionalista como la más estable y profunda del subcontinente, desde el Estado, los medios de comunicación y hasta la Academia. Poco importa que esas “elecciones libres” se realicen siempre bajo la coacción de la violencia directa de grupos armados ilegales, desde la extrema derecha a la izquierda, en vastas regiones rurales o azuzando la violencia simbólica del miedo al “narcoterrorismo”, a la “guerrilla” o el “castrochavismo” -convertidos en temibles fantasmas siempre presentes-- que condicionan de entrada las decisiones de las mayorías. Con mayor razón, cuando aparecen candidatos que periódicamente prometen poner fin a la inseguridad y la criminalidad, liderando una “guerra sin cuartel” contra los criminales y corruptos. Tampoco importa que durante las campañas sean asesinados precandidatos y candidatos, variando solo la importancia de los mismos y la de sus partidos, para que se hable de magnicidios. Ni hablar de la práctica mercantil de la compra-venta de votos y conciencias. Y, mucho menos, de los costos de las campañas electorales de los candidatos ganadores y los compromisos adquiridos con sus generosos financiadores, que luego cumplirán lealmente desde el gobierno, favoreciendo sus intereses corporativos, empresariales y hasta criminales, en desmedro de los generales, como manda la Constitución desde el artículo primero. Por todo lo anterior no es una exageración afirmar que el régimen es la corrupción, mucho más que un asunto de algunos partidos o la personalización maniquea e hipócrita de los adversarios de turno, de la que siempre hacen gala en campaña todos los candidatos y juran solemnemente erradicar con grandilocuentes consignas como “No más tolerancia con la corrupción”, “No más casa por cárcel” y de ñapa “No más impuestos”. Ya es hora de dejar tanta ingenuidad y reconocer que el problema de fondo no es la corrupción sino propiamente ese régimen electofáctico con su Estado cacocrático.

Cacocratas gobernando

Por eso, una vez están gobernando, hacen todo lo contrario y dan así continuidad a la impostura de sus campañas, llenas de promesas demagógicas, con el beneplácito de sus electores, que bien saben serán irrealizables y, sin embargo, votaron por ellos, con tal de derrotar a sus contrincantes, a quienes consideran enemigos y una amenaza para sus intereses y vidas. De esta forma, casi imperceptible, la democracia se corrompe desde las campañas electorales y se convierte, gracias a los votos de la mayoría, en una auténtica cacocracia, pues se sustenta en el robo, más o menos consentido, de las ilusiones, necesidades, intereses y expectativas de millones de electores. Electores cuya mayoría va a las urnas a ganar, pensando exclusivamente en sus propios intereses y aquejados por sus miedos o alentados por odios y prejuicios con la ayuda de la IA, sin considerar para nada las consecuencias. Consecuencias que, para la vida de todos, es decir, la vida pública, representan candidatos cuyo pasado es más que cuestionable y de la noche a la mañana aparecen transfigurados como incorruptibles salvadores de la Nación, la Patria y la Democracia. Los ejemplos abundan, pero el más representativo en esta crisis histórica y global de la democracia es, sin duda, Donald Trump, que en las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre enfrentará su mayor desafío, pues su MAGA cada día hace a los norteamericanos más pequeños, desesperados, frustrados, irascibles, menos grandes y poderosos, como les prometió que sucedería con su America First.

Corrupción y cacócratas regionales

Ese contexto explica la predilección de Trump por sus mascotas regionales, el “Tigre” en Colombia y la conversa capitalista Delcy Rodríguez en Venezuela, así como su apoyo incondicional al candidato de la extrema derecha en Brasil, Flavio Bolsonaro, derrotado en segunda vuelta por Lula, conteniendo así el avance de su Doctrina Donroe y su banda de depredadores de tierras raras, minerales críticos y petróleo por toda Sudamérica. Por eso, cabe preguntarse si el incorruptible Tigre los emulará y pronto desvinculará el Estado colombiano de la Corte Penal Internacional, después de su respaldo a la ocupación ilegal de los altos del Golán por Israel, condenada por la ONU y la comunidad internacional y del traslado de la embajada colombiana a Jerusalén. En tal caso, entraríamos a formar parte de la que podríamos llamar la Internacional más corrupta y criminal de la historia reciente. La Internacional Caco-Teocrática-Ciber-Bélica (ICTCB)[ii]. Teocrática, pues la trinca de Trump, Netanyahu y Putin, está respaldada por pastores y jerarcas de sus correspondientes iglesias y diferentes credos, que los presentan como profetas salvadores de sus naciones. Y Ciberbélica, ya que cuenta con la ayuda invaluable de la IA y sus portentosos conglomerados cibernéticos como puntas de lanza en sus guerras hibridas y depredadoras.  

 Teocracia y Transhumanismo

Jerarcas y pastores que en sus sermones y rituales los alaban y ponderan ante sus feligreses como líderes invencibles de sus naciones y de su grey. Les aseguran que en la batalla final de Armagedón vencerán a sus enemigos y herejes, poco importa que perezca media humanidad, pues el bien siempre triunfa sobre el mal: “los buenos siempre somos más”, sobre todo ahora que disponen de plataformas digitales insuperables, robots, drones y misiles indetectables para derrotar a la legión malévola del wokismo internacional. Claro, eso solo será posible en MAGA si son leales a sus líderes republicanos y se comportan como buenos y obedientes ciudadanos-feligreses en las urnas el próximo 3 de noviembre. Solo así estarán protegidos por ICE y el Escudo de las Américas de esas hordas infrahumanas del mal que amenazan con invadir su país. Porque una vez esas hordas ingresen a sus territorios, reclamarán en todas partes y todos los días igualdad de derechos y dignidad, invocarán una tal Declaración Universal de Derechos Humanos, una inaplicable Carta de Naciones Unidas, una ineficiente y costosa ONU, reducto de miles de burócratas y abogados incompetentes, que nada saben de geopolítica y menos de negocios internacionales. Para colmo, ahora pretenden, con su “corrupta” Corte Penal Internacional, limitar la soberanía de la trinca de la ICTCB, investigar y juzgar la conducta impecable de cada uno de sus integrantes y desconocer que ellos están más allá de todo efímero Derecho Internacional como nuevos emperadores y depredadores del mundo. No se puede tolerar tanta osadía y desafío a la ICTCB y su soberano derecho al despojo y la impunidad, fundamentos del nuevo orden internacional necropolítico y escatológico. Menos atender la llamada de científicos lunáticos y de anacrónicos líderes que le temen a la IA, esa “Superinteligencia” de Trump. Tampoco cabe escuchar a los apocalípticos ecologistas y a los nuevos predicadores de una imaginaria “Magnifica Humanitas”, todos ellos enemigos del transhumanismo[iii], que nos convertirá en seres superiores, “posthumanos” incorruptibles, gracias a la IA y las nuevas biotecnologías.

 

 



LA INTERNACIONAL NECROPOLÍTICA Y ESCATOLÓGICA (“CacoTeoCiberBélica”)

 

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Hernando Llano Ángel.

Todo parece indicar que estamos frente a una nueva Internacional, integrada por Estados Unidos, Israel y Rusia, para asegurar sus vastas zonas de influencia con el propósito de dominar y ocupar dichos territorios, someter a sus habitantes, depredar sus recursos y expoliar sus riquezas en beneficio propio. Estados Unidos, con Trump y su doctrina Donroe, reclama exclusivamente para MAGA todo el hemisferio occidental, desde Alaska hasta la Patagonia. Rusia, con Putin y su “operación especial,” el Donetsk y el control de toda Ucrania. Israel, con Netanyahu y el sionismo de ultraderecha, la Franja de Gaza, los altos del Golán y todo Medio Oriente. Lo hacen bajo coartadas que van desde la afirmación de la soberanía de sus Estados y la seguridad de sus habitantes, pasando por la evocación de sus gloriosos pasados hasta la proclamación de sus “Destinos Manifiestos”, contra supuestos temibles enemigos que –según ellos y sus cómplices-- amenazan sus respectivas existencias. Aunque dichos Estados tienen intereses diferentes y específicos en sus correspondientes áreas de influencia, comparten en común la Hybris[i] del nacionalismo imperial y otras cuatro dimensiones que son la esencia de sus regímenes, ambiciones y agresiones en curso. Al integrar esas dimensiones en un solo término surge un neologismo disonante: “Internacional CacoTeoCiberBélica” (ICTCB), casi impronunciable, pero cercano a la realidad geopolítica actual y la encrucijada en que se encuentran, como es la consolidación de sus hegemonías o el declive progresivo de sus poderes en sus correspondientes áreas de influencia. Dicha Internacional, por sus recursos de poder, alcances y la Hybris propia de la trinca que la lidera, puede significar un punto de quiebre y no retorno para el planeta y toda la humanidad. Por eso, conviene explicitar cada uno de sus componentes.

1-      CACO, es el acrónimo de CACOCRACIA, que significa el gobierno de los más viles, corruptos y astutos, aquellos capaces de robar la confianza de sus ciudadanos para gobernarlos con destreza e impunidad, ganando elecciones mediante la manipulación algorítmica de sus miedos, prejuicios e intereses en las plataformas y las redes sociales. Así lo han logrado y hacen con eficacia: Trump, Netanyahu y Putin en sus respectivas naciones. Esta característica, combinada con el marketing electoral y la demoscopia, definen hoy las campañas electorales en el ciberespacio y no en las plazas públicas. Así quedó demostrado en nuestro caso con el triunfo del “Tigre” De la Espriella sobre el filósofo Cepeda. Y tal parece que puede suceder, bajo la creciente injerencia de Trump, X y Facebook[ii], a favor de Flavio Bolsonaro y contra Lula Da Silva el próximo 25 de octubre en Brasil. De esta forma, bajo los rituales propios de las elecciones, triunfan los cacócratas y luego reclaman toda la legitimidad para gobernar, desmantelando el Estado de Derecho y apelando al carisma del triunfador. Lo hacen a través de órdenes ejecutivas, el control y dominio del legislativo, con decretos express, para reprimir protestas sociales, y hasta con estados de excepción, argumentando emergencias de orden económico, público o hasta climatológicas. Es el colapso virtual de la democracia y el ascenso real de la cacocracia, como lo vimos en la posesión presidencial de Trump rodeado de los máximos propietarios, gestores y administradores de las plataformas, la IA, el entramado cibernético y computacional estadounidense: Elon Musk (Tesla y SpaceX), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Tim Cook (Apple), entre los más destacados. En nuestro caso, con invitados más anodinos y en un escenario pintoresco, alternando la fanfarria espectacular del “Arena USC” con el campo de maniobras militares del Cantón Pichincha en Cali, acompañado de liturgias y pastores, rememorando la alianza nefasta de la conquista de la Cruz con la Espada y finalizando con su grito estentóreo de “Viva Cristo Rey”. Sin duda, una esperpéntica posesión, más propia de un “Tigre” que la de un jefe de Estado, constitucionalmente secular y democrático, pero social y culturalmente casi premoderno, que todavía espera milagros de la política y sus gobernantes.

 

2-      TEO, acrónimo de TEOCRACIA, que aporta a la trinca de la ICTCB nada menos que el poder de las creencias religiosas con el respaldo de las principales Iglesias y de sus máximos jerarcas, quienes apoyan incondicionalmente a cada uno de los anteriores cacócratas, revistiéndolos de dimensiones hagiográficas. Por eso sus seguidores y electores los adoran como líderes providenciales, casi sagrados, porque les prometen milagros: proteger sus vidas y familias, tradiciones nacionales, propiedades, prosperidad y hasta imaginarios imperiales. De esta forma, millones de creyentes no solo van a los templos a orar y pagar sus diezmos, sino que acuden a las urnas como leales deVotos para garantizar el triunfo y la reelección de sus salvadores. Así ha sucedido con Trump y Putin y es lo que está por verse con Netanyahu en las próximas elecciones generales del 27 de octubre en Israel. Más difícil parece tenerlo Flavio Bolsonaro el domingo 25, pues cuenta con la oposición del Pastor derechista Otoni de Paula, quien lo acusa de ser “un evangélico por conveniencia” y denuncia que “todos nosotros fuimos secuestrados por el bolsonarismo. El bolsonarismo nos robó nuestras banderas”, “Flavio representa un riesgo real para la imagen de la Iglesia [evangélica]” [iii].

La teocracia en las urnas

Por eso no hay que olvidar que toda religión y culto, con sus Iglesias, pastores, jerarcas y rituales, descansa sobre dogmas y creencias incuestionables que garantizan un orden cierto de mando y obediencia y además promete a sus creyentes la salvación eterna. De allí su influencia decisoria en la vida política, por eso sus feligreses van a las urnas con la misma fe incuestionable que a sus iglesias y confesionarios. Sucede todo lo contrario en la vida política democrática y secular, cuyo orden es siempre incierto y disputado. Depende más de la razón y los argumentos, de la deliberación en lugar de la fe y la devoción. Entonces los electores seculares van a las urnas como ciudadanos y no como millones de creyentes que llegan con sus votos ya definidos e inmodificables. En parte, por ello, la derecha cuenta con una ventaja apreciable en las elecciones sobre la izquierda. Una izquierda siempre asociada con prejuicios insuperables como su ateísmo, anticlericalismo y el wokismo que la sitúa a la siniestra de Dios Padre y más cerca del diablo, del infierno y su derrota en las urnas. Lo corrobora en Brasil el Pastor Gustavo Knauer: “Hoy, decidimos el presidente de Brasil porque votamos en bloque, ya que el sentimiento de pertenencia al grupo es mayor que entre católicos”. Por eso el grito de “Cristo Rey” del presidente en actos oficiales tiene una resonancia tan contraria al espíritu democrático, al principio constitucional y secular de nuestro Estado, y debería reservarlo solo al ámbito religioso, familiar o personal. Pero así acontece con todos los gobernantes de ultraderecha y algunos de izquierda que tardíamente se apropian de la protección divina para sus fines. Así lo expresó Trump en su discurso de posesión presidencial: “Hace sólo unos meses, en un hermoso campo de Pensilvania, la bala de un asesino me atravesó la oreja. Pero sentí entonces, y creo aún más ahora, que mi vida fue salvada por una razón. Fui salvado por Dios para hacer a América grande de nuevo. Muchas gracias. Muchísimas gracias”. Y Abelardo De la Espriella, replicando su ejemplo como un Trump tropical, también invocó a la divinidad en su discurso de posesión, solo que con mucha más fe: “Y el que está de rodillas delante de Dios jamás será vencido porque el Creador batallará por él”.  Expresión temeraria y más propia de un fanático religioso, pues significaría que ya cuenta con un ejército divino y celestial, propio de una “Patria Milagro” y que va a prescindir de “El Escudo de las Américas” y la ayuda militar de MAGA para derrotar a sus enemigos, ya que el “creador batallará por él”. Obviamente, no es así, pues si algo sabe el “Tigre”, desde su juventud como promotor de la Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), es el rol determinante jugada por las armas y de la coalición entre las AUC y el Ejército en la lucha contrainsurgente.

3-       CIBERNÉTICA, según los expertos, “proviene de la antigua palabra griega κυβερνητικός (kibernētikos, '(bueno para) gobernar', en el sentido de dirigir o conducir), que hace referencia al arte del timonel”, lo que nos permite comprender la radical oposición de Trump a la regulación de la IA, que él denomina “Superinteligencia”, pues así tendría sus manos libres para obrar discrecionalmente y tomar ventaja sobre su más amenazante competidor, la República Popular China. Trump y sus asesores saben bien que en el presente y futuro las guerras se ganarán más en el espacio cibernético que en los campos de batalla, como sucede ahora entre Rusia y Ucrania. Por eso las advertencias de los creadores y desarrolladores de la IA no son apocalípticas. Como bien lo describe Giuliano Da Empoli en el capítulo 8 de su novela, El Mago del Kremlin, un relato más cercano a la realidad del poder de Putin que a la ficción literaria: “Imaginemos ahora que el poder ya no necesite la colaboración humana. Que su seguridad --y su fuerza—estén garantizados por instrumentos sin posibilidad de resolverse contra él. Un ejército de sensores, de drones, de robots capaces de golpear en cualquier momento, sin el menor titubeo. Eso sería por fin el poder en su forma más absoluta”.

 

4-      BELICISMO CIBERNÉTICO, de hecho, ya está sucediendo en la confrontación entre Rusia y Ucrania; en la forma devastadora como el poder militar Israelí arrasó con la vida de más de 70 mil palestinos y convirtió la Franja de Gaza en una topografía del terror apenas comparable a la llevada a cabo por el nazismo contra sus antepasados; en el magnicidio del ayatolá Alí Jamenei perpetrado por Israel y Estados Unidos y también en la respuesta de Irán a dichas agresiones terroristas, pues el mayor número de víctimas en todos estos conflictos siempre son los civiles indefensos. Guardando las proporciones, ya sucede en nuestro territorio a microescala, por la capacidad letal de los drones utilizados por las organizaciones armadas ilegales y la respuesta de la Fuerza Pública con sus bombardeos, que pronto serán realizados con aeronaves no tripuladas y drones de mayor potencia, proporcionados por MAGA y el Escudo de las Américas. Con toda razón, Da Empoli advierte: “El problema de las máquinas no es que terminen rebelándose contra el hombre, sino que cumplan las órdenes al pie de la letra”. Justo lo que implacablemente puede hacer la IA. En ese caso no sería una “Superinteligencia”, sino una Inteligencia Abismal, que puede convertir este hermoso y vital planeta en un tenebroso y mortífero infierno, la cuarta característica de la ICTCB, es su dimensión BÉLICA, necropolítica y escatológica. Una trinidad letal, pues convierte la política en guerra y muerte, en necropolítica, con consecuencias escatológicas en la doble acepción del término, “relativo a las postrimerías de ultratumba” y a lo “fecal, excrementicio, soez e indecente”, rasgos identitarios de Trump, Netanyahu y Putin, junto a todos sus aliados y cómplices en el mundo. Entre ellos, los 14 jefes de los Estados del hemisferio occidental que se plegaron a MAGA: Argentina, Bolivia, Costa Rica, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago. No figura, oficialmente, Venezuela, pues ya es un protectorado de facto de MAGA.

La Paz ¿Una amante pérfida o exigente e incomprendida?

 

La Paz ¿Una amante pérfida o exigente e incomprendida?

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Hernando Llano Ángel.

Perfidia es mucho más que un hermoso y desesperado bolero sobre una amante infiel y un amor traicionado. Puede ser, también, la balada desesperada y postrera de nuestra esquiva paz política nacional. Una paz que no logramos alcanzar porque ella sea como esa amante pérfida e infiel o, por el contrario, por desconocer su compleja y exigente personalidad. En este último caso, por querer someterla violentamente para que complazca nuestros deseos y vivir seguros, satisfaciendo todas nuestras expectativas y despojándonos de nuestras inseguridades y miedos. Por la forma como nos relacionamos con ella, pero sobre todo por la diversidad de pretendientes insatisfechos que la asedian y persiguen, es muy probable que la paz no sea pérfida e infiel, sino más bien que lo sean quienes desean poseerla y dominarla. Muchos de ellos quieren poseerla en forma exclusiva y absoluta, solo para su disfrute, como si fuera su propiedad privada. No reconocen que uno de sus rasgos identitarios es la libertad y su rechazo a ser poseída en forma excluyente, satisfaciendo solo a unos pocos amantes. Menos comprenden que se brinde a todos por igual, sin por ello ser frívola y estar disponible al mejor postor, como una vulgar prostituta. Incluso, algunos prevalidos por su posición social, privilegios y cultura, se creen predestinados a llevarla al altar y convertirla en una esposa sumisa y fiel, que les proporcionará una descendencia hermosa y feliz por generaciones sin fin.

La PAZ privada

Así, la paz termina siendo una amante deseada por todos, disputada permanentemente, hasta convertirse en una propiedad privada que termina siendo defendida con la guerra. Es más, se la define hasta la muerte en los campos de batalla. Exagerando, podría decirse que termina siendo víctima de un feminicidio cometido por amantes crueles, posesivos y depredados, que intentan justificar su crimen con los más inverosímiles argumentos: “amor a la patria”, “defensa de la democracia”, “el Estado de derecho”, la “libertad” y hasta “Cristo Rey”. Entonces la amada y deseada paz es sacrificada en muchos altares y campos porque sus innumerables amantes y pretendientes son incapaces de amarla sin poseerla en forma exclusiva y excluyente. Solo desean que los ame a ellos en la medida de sus intereses personales y sociales. Para algunos, complaciéndolos generosamente, cuidando y conservando sus propiedades, privilegios y familias eternamente. Por eso, confunden la paz con la seguridad, la revisten con trajes camuflados y la protegen con ejércitos de escoltas, pues consideran que es la única forma de conservar su fidelidad, así sea eliminando potenciales pretendientes, que la asedian constantemente.

La PAZ raptada

Para otros, que son mucho más numerosos y ella no les proporciona ni siquiera una mirada por estar despojados de atributos económicos, ser demasiado pobres y hasta considerados feos e inferiores, la paz se convierte en una obsesión tan oprobiosa como deseada, por la que están dispuestos a morir y hasta matar con tal de poseerla algún día. Entonces grupos radicales, cansados de su desprecio y soberbia, la pretenden en forma más o menos violenta, la acosan y amenazan, hasta llegan a raptarla, secuestrarla y violarla. En estos casos, la paz también termina ultrajada, extorsionada y muchas veces desaparecida en nombre de la “justicia social” y la “soberanía nacional”.

La PAZ extraviada

Por esa disputa insensata, a pesar del Acuerdo de Paz firmado hace 16 años entre el Estado y las Farc-Ep, es que la PAZ POLÍTICA sigue extraviada, pues no hemos podido comprender que ella es una amante exigente y se resiste radicalmente a ser poseída en forma exclusiva y excluyente, bien sea por minorías o mayorías políticas, así reclamen más derecho que los demás con títulos de abolengo o propiedad, racial o incluso de superioridad moral, invocando alguna ideología, creencia religiosa o hasta la misma democracia. Y ello no puede suceder porque la PAZ POLÍTICA es hija legítima de la democracia, del respeto a la dignidad e igualdad de oportunidades y derechos de todas las personas, sin importar su condición social, credo religioso, etnia, nacionalidad, género o diversidad sexual, así hoy algunos gobernantes y conversos de última hora se consideren superiores a todos los demás y pretendan a punta de prejuicios, odios y escudos, con sus armas de destrucción masiva y egolatrías vergonzosas, poseerla en forma violenta y abusiva en nombre de la seguridad nacional. Olvida semejante manada de ególatras soberbios e ignorantes que la PAZ es el derecho a la libertad y la igualdad, imprescindibles para la fraternidad humana y por lo tanto jamás tolerará estar sometida al dictado de un amante, sea una nación, una clase, una ideología o un gobernante, así cuente con la mayor fuerza militar del mundo y el auxilio de la IA o la “Superinteligencia”, propia de quienes personalmente carecen incluso de empatía y se comportan como fieras depredadoras de toda la humanidad.

 

 

 

miércoles, septiembre 30, 2026

COLOMBIA: ¿UNA NACIÓN CARGADA DE TIGRE?

 

Colombia ¿Una Nación cargada de Tigre?

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Hernando Llano Ángel.

La expresión “cargado de tigre”, como toda metáfora, puede tener muchos significados, pero el primero que acude a la mente es el de la ferocidad felina con todos sus atributos: rugidos intimidatorios, zarpazos mortales, ataques sorpresivos con dentelladas desgarradoras y depredadoras. Por eso es pertinente preguntarse si Colombia es una nación cargada de tigre, más ahora que quien la preside y gobierna se considera un auténtico tigre y llama manada a quienes le siguen. Semejante metáfora es apropiada, sin duda, para el reino animal y salvaje, en donde lo que prevalece es la ley del más fuerte, la ley de la selva, pero no lo es para el mundo político, cuyo nacimiento histórico se explica precisamente por el tránsito del llamado “estado de naturaleza” al “estado civil”, donde la ley convenida y la civilidad sustituyen la del más fuerte, violento y salvaje. Es lo propio del Estado de Derecho moderno, alumbrado por una pléyade de pensadores contractualistas, filósofos y juristas, tan célebres y antagónicos, como Hobbes, Locke, Rousseau, Diderot y Montesquieu, a los que se sumaron en América todos los padres de las modernas Constituciones, junto a rebeldes e ilustrados libertadores como Simón Bolívar y Bernardo O´Higgins, forjadores de nuestras Naciones, liberadas del dominio imperial europeo. Por todo ello, no deja de ser preocupante que, transcurridos casi cuatro siglos de esas epopeyas políticas civilizadoras, hoy lo que predomine en el mundo sean gobernantes que apelan al salvaje oeste y a feroces animales como símbolos de su poder y gobernabilidad. Se me dirá que exagero, pues solo se trata de metáforas, pero no hay que olvidar que las “metáforas matan”, pues en política se empieza por llamar “alimaña”, “cucaracha”, “culebra” y “rata” al adversario que se quiere eliminar, neutralizar, destripar o dar de baja, deshumanizándolo totalmente.

Metáforas políticas letales

Con dichas metáforas empiezan todas las guerras. Es más, incluso la filosofía política no está a salvo, pues tiene un repertorio de sentencias, como “Homo homini lupus”, el “hombre es un lobo para el hombre”, con fundamento en la cual numerosos autócratas y dictadores justifican arbitrariedades y brutalidades para arrasar con el Estado de derecho, legitimar sus guerras contra los terroristas y hasta promover la defensa de la “libertad” y la “democracia” contra izquierdistas y comunistas, que deben ser aniquilados y destripados. Lo más grave es que se citan como artículos de fe, dogmas imposibles de cuestionar y son utilizadas para actuar con la mejor buena conciencia y convicción absoluta, porque son tomadas fuera de contexto. Es lo que acontece con esa sentencia atribuida a Hobbes, tomada de su obra “De Cive”, que precisamente es la piedra angular para salir del estado de naturaleza e ingresar al “Estado Civil”, es decir, al universo de la política y su obra más conocida: “Leviatán, o La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil”. Sentencia de la que abusan los dictadores y autócratas, con el respaldo de incautos y temerosos electores, para hacer del Estado una lanza mortal, utilizada sin límite y a su discreción, en lugar de un escudo protector de los derechos fundamentales, principal responsabilidad y sentido del Estado de derecho y sus transitorios gobernantes, sometidos a la Constitución y la legalidad, que los abogados retóricamente llaman el “imperio de la ley”.

Riesgos mortales de manadas armadas

Tal es el mayor riesgo en que se incurre cuando un presidente, más aún siendo abogado, se identifica con un tigre y no como jefe de Estado, que además ruge e invoca a “Cristo Rey” para vencer a los criminales. Todavía es peor y más peligroso, cuando ese Tigre promueve que la manada pueda portar armas de fuego, pues renuncia a la regulación y control exclusivo de esa fuerza letal por parte del Estado y sus autoridades competentes. Al respecto, el Tigre debería tener en cuenta la experiencia de lo que sucede en Estados Unidos, ya que también tiene esa ciudadanía, donde “millón y medio de norteamericanos han perdido la vida a balazos desde 1968: más muertes que la suma de todas las muertes sufridas en guerra por este país desde que se disparó el primer tiro de la Revolución Norteamericana”, según lo documenta Paul Auster en su libro Un país bañado en sangre en la página 170. Con mayor razón en nuestro caso, pues Colombia “es el país con la red más densa de crimen organizado del mundo. Entre los 165 países analizados por Global Initiative against Transnational Organized Crime, GITOC (2023), es el país que tiene más mafias y más redes criminales”, de acuerdo con cita de Eduardo Lora en su libro Los Colombianos somos así, en la página 235. Ello explica porque Santa Marta, Riohacha y sus alrededores[i] estuvieron sitiados por casi tres días por la acción armada y la intimidación terrorífica de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, pese al rápido y numeroso despliegue de la Fuerza Pública, bajo el mando del Tigre con pistola al cinto. Los límites de dichos operativos pueden ser analizados y comprendidos, según lo resaltan la investigadora Laura Bonilla, subdirectora de PARES y el abogado Carlos Villamizar, en magnífica entrevista de Cecilia Orozco EN LA RAYA, que pueden ver en  https://www.facebook.com/watch/live/?ref=watch_permalink&v=1437739161755244. De no tenerse en cuenta dichos límites, entonces es probable que prevalezca la ley de la selva en vastas regiones de Colombia, pues la legitimidad que precisa el Estado no proviene tanto de la violencia y la fuerza, sino sobre todo de la confianza y el apoyo de sus ciudadanos. Esa es la legitimidad democrática que surge del cumplimiento de esta sentencia de Séneca: "homo, sacra res homini", que se ha traducido como «el hombre es algo sagrado para el hombre» y no de la preferida por quienes reducen la política a la fuerza y la violencia, “Homo homini lupus” y todavía creen, tanto desde la institucionalidad como de la ilegalidad, que el “poder nace de la punta del fusil” o del porte personal y legal de armas para disparar primero, sustituyendo rápidamente a la Fuerza Pública. En ese caso, Colombia no solo estaría cargada de tigre, sino llena de hienas que se disputan salvajemente el control del territorio, sus riquezas y la vida de sus moradores.

CAMPUS PLURALES Y VITALES, NO HEGEMÓNICOS Y LETALES

 

 

CAMPUS PLURALES Y VITALES, NO HEGEMÓNICOS Y LETALES

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Hernando Llano Ángel.

Los anuncios del presidente Abelardo de la Espriella sobre los límites constitucionales y legales de la Autonomía Universitaria, más allá de su acostumbrado histrionismo, tienen un inmenso mérito y son políticamente pertinentes. Contribuyen a situar en el centro del debate las tensas relaciones entre el poder y la violencia y su correspondiente expresión estatal entre democracia y autoritarismo. Entre el poder del conocimiento, la deliberación y la investigación, consubstanciales a la Autonomía Universitaria y, de otra parte, las estigmatizaciones y consignas beligerantes, antesalas de las confrontaciones violentas, que atentan contra el pluralismo ideológico, la deliberación y la inteligencia al restringir y hasta anular la libertad de pensar, investigar y dudar.

¿Pluralismo deliberante o beligerante?

Es circunstancial y coyuntural que dichas consignas sean lanzadas desde la izquierda, el centro o la derecha del espectro político, cuando su contenido y alcance promueven la exclusión del contradictor e incluso su exilio del Campus. En esos casos se atenta contra la Autonomía y su existencia. Entonces el Campus, tanto en las aulas, las plazas, cafeterías y espacios recreativos deja de ser un campo abierto para la deliberación y la argumentación y tiende a convertirse en un campo para la beligerancia y la confrontación. El Poder del debate y los argumentos es desplazado por el de la Violencia y los llamados a la acción directa. Entonces la primera víctima que cae es precisamente la autonomía para pensar, dudar y decidir, consubstanciales a toda universidad. Cae a manos del llamado a la intrépida acción violenta, que poco tolera el ejercicio de pensar y mucho menos el de dudar, pues se considera la poseedora de la verdad. Tal es el mayor desafío para la Autonomía desde el interior de las universidades públicas.

¿Las “U” Privadas de deliberación?

Un desafío que no se presenta en la mayoría de las universidades privadas, donde no hay lugar a esa intensidad de las controversias, pues sus estudiantes y la comunidad académica comparten en forma casi unánime y homogénea ciertas visones del mundo y la política. Literalmente, allí no se debaten ideas, sino que se comulgan y celebran, que es lo propio en las universidades confesionales políticas o religiosas. Todo lo contrario, sucede en las universidades públicas, donde lo que tiende a predominar es el pluralismo y la controversia, como expresión misma de los diversos intereses, conflictos y valores existentes en la sociedad. Por eso históricamente el Campus de las públicas siempre ha sido disputado por grupos políticos militantes y beligerantes que se autoproclaman voceros de la verdad, la libertad y la justicia, reivindicando cada uno ser la auténtica vanguardia del pueblo. Es lo propio de cierto canibalismo de izquierda, que luego se proyecta en las disputas interminables de sus líderes y seguidores, que muchos de ellos veneran como figuras sagradas en el ámbito internacional y nacional. Trotskistas contra Estalinistas, Leninistas contra Maoístas, Revolucionarios contra Mamertos y una historia de nunca acabar, para no especular sobre lo que sucede en la actualidad nacional.

¿Las “U” Públicas bloqueadas para la Deliberación?

Hasta llegar al presente, donde esa miríada de grupos hace del Campus y sus estudiantes no solo una cantera para la “revolución”, sino además una densa red de relaciones que combina desde el tráfico de estupefacientes con el adoctrinamiento fanático y sectario. En ese clima se bloquea el Poder estudiantil y académico para la deliberación de las mayorías, cada vez más inconformes, dispersas y atemorizadas, para imponerse el de la Violencia de minorías organizadas que, ante la falta de argumentos, apelan a la beligerancia explosiva de la acción directa con sus “papas bombas” y el vandalismo desbordado. A estos grupos se les responde en algunas universidades públicas con ironía corrosiva, propia del talento inolvidable de Jaime Garzón, con consignas y pintadas como la de: “No nací PARAmilitar”. De esta forma se repudia el ejercicio y el compromiso político asumido desde la beligerancia armada y se opta por la argumentada deliberación universitaria y ciudadana, sin la cual no hay Autonomía y menos posibilidades de una paz democrática. De allí que la Autonomía este amenazada tanto desde el interior como desde el exterior del Campus. Especialmente si el Tigre opta por ingresar a las universidades con la Fuerza pública, pues ella no bastará para generar más deliberación, sino todo lo contario, más confrontación violenta, que dejará probablemente más “estudiantes heroicos” caídos y también más policías incriminados y criminalizados por el uso excesivo de la fuerza.

 Desafíos a la Autonomía Universitaria

Así, desde el interior de las universidades desaparece el espacio propio para la Autonomía Universitaria, pues ya no hay lugar para argumentar y disentir, sino para estigmatizar y excluir. El debate es sustituido por el combate. Basta una consigna contundente y emotiva contra el adversario, acusándolo de mamerto, paraco, traidor o tira infiltrado, para acallarlo, chiflarlo y expulsarlo de la Asamblea y del Campus, si logra abandonarlo a tiempo. Recuerdo que, en mi fugaz paso de estudiante de filosofía por Univalle, la consigna imperante era “a la derecha duro y a la cabeza”. Las Asambleas Generales dejaban de ser, entonces, ágoras para tomar decisiones y se convertían en la antesala de un combate desbordado y generalizado sobre la avenida Pasoancho o la Panamericana. Ahora parece que, desde la presidencia de la República, la consigna es exactamente la contraria: “a la izquierda duro, a destriparla”, si cumple el Tigre con su “máxima coherencia”. Tales son los mayores desafíos contra la Autonomía Universitaria y la misma paz política, no solo en el Campus, sino especialmente en los campos de Colombia, por ausencia de autonomía para pensar y decidir democráticamente desde la cúpula del Estado y el interior de las universidades públicas.

Autonomía territorial de Colombia en juego

Esa autonomía está puesta en cuestión, porque el Tigre y su manada están convencidos de que la autoridad reside fundamentalmente en su capacidad para imponerse por la fuerza y la violencia, contando para ello con el “Escudo de las Américas”, el apoyo de Donald Trump, convertido en el “Señor de las Guerras” y en los milagros de su “Cristo Rey”, que invoca como si fuera un aliado para contar con su poder de fuego celestial. Semejante fórmula de gobernabilidad necropolítica y belicista coincide, paradójicamente, con la de los grupos armados ilegales que cometen sus crímenes también convencidos de que “el poder nace de la punta del fusil”. Una fórmula que, peligrosa y temerariamente, ahora miles de ciudadanos emularán con el porte personal de armas de fuego, persuadidos que su seguridad dependerá más de su capacidad para disparar primero que de la acción legal de la autoridad. Frente a esa pérdida acelerada de autonomía de nuestro poder secular, ciudadano y democrático, el horizonte de la “Patria Milagro” puede diluirse en el control y la disposición de la autonomía territorial y la riqueza de toda Colombia a favor de terceros Estados y minorías corporativas empresariales, interesadas en la extracción y depredación de los minerales críticos y las tierras raras de Pachamama. Para intentar contenerlo y evitarlo, solo contamos con la autonomía de nuestra capacidad para pensar, deliberar y actuar concertada y civilizadamente, que es lo propio del poder democrático frente al autocrático, teocrático y tecno cibernético del Tigre. De lo contrario, nos llevará y comerá el Tigre, con su tridente de la Espada, Cristo Rey y Donald Trump, reforzados ahora con la asesoría exitosa del NUBANK de David Vélez para el desarrollo de la IA y próximamente las megacárceles y criptomonedas que le recomendará Nayib Bukele. Pero, no me tomen en serio, estos son los delirios de un nostálgico que reclama extrema autonomía para pensar, expresarse y actuar porque añora un mundo que nunca existió, pues creyó en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Carta de las Naciones Unidas, el Estado Social de derecho y, por supuesto, la Autonomía Universitaria.

MÁS CIVILES RESCATISTAS Y MENOS HÉROES MILITARES

 

 

Más civiles rescatistas y menos héroes militares

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Hernando Llano Ángel.

Los gobernantes como Donal Trump y Abelardo de la Espriella que viven dando discursos apologéticos a los militares, a quienes llaman respectivamente “salvadores de MAGA” y “héroes de la Patria Milagro”, los halagan con su firme saludo militar, deberían acompañarlos de vez en cuando al campo de batalla y demostrar así su valentía. Ambos podrían demostrarnos que son algo más que tigres de papel. Lamentablemente ninguno de los dos prestó servicio militar a su amada Patria y no sabrían cómo combatir y defenderla.  Además, el Tigre se precia de su civilidad y legalidad que le demandan hoy tareas más complejas, como las finanzas públicas, atender las visitas de altos dignatarios de otros Estados, las relaciones internacionales y las calamidades domésticas que exigen su presencia ubicua en toda Colombia cada minuto. Por todo ello, delega en los profesionales de la violencia, los militares, esa labor heroica e ingrata de combatir feroces y desalmados enemigos, que amenazan con desintegrar la nación y como presidente lamenta solo poder acompañarlos cuando exhiben esos cuerpos de apátridas sin vida, felicitándolos por la labor cumplida y estimulándolos con su grito de “Viva Cristo Rey” a elevar el número de bajas para bien de la “Patria Milagro”.

El oficio de “Neutralizar”

Por eso confía a la Fuerza Pública esa misión heroica de combatir, disparar y matar, que en lenguaje oficial y de los noticieros hoy llaman neutralizar. Neutralizar es un eufemismo más apropiado, pues permite reconciliar --vaya ironía más letal-- a los pacifistas neutrales que exigen el fin de conflicto armado con los beligerantes belicistas situados en su vórtice, que desde hace más de medio siglo están a un tiro de ponerle fin. Mientras tanto, los civilistas gobernantes, como De la Espriella y su más admirado antecesor, Álvaro Uribe Vélez, se resguardan en un sofisticado entramado de normas e incisos para quedar a salvo de toda responsabilidad por sus órdenes mortales. Una vez estas son impartidas y cumplidas por los Generales y la alta oficialidad, los presidentes quedan exentos de toda responsabilidad. Los malos del paseo, entonces, resultan ser los militares, pero sobre todo los subalternos que dispararon y se excedieron en el cumplimiento de sus funciones. Es una tradición que viene desde la más rancia civilidad, como bien lo expresó Alberto Lleras Camargo en el Teatro Patria en 1958 ante la oficialidad de las Fuerzas Militares, ad portas de ser el primer presidente del Frente Nacional: “Es muy peligroso que se desobedezca una orden, que, por insensata que parezca, ejecutada por cien o mil hombres con rigurosa disciplina puede conducir a la victoria o minimizar el desastre… La preparación militar requiere, pues, que el que dé las órdenes haya aprendido a darlas sin vacilar, y tenga, hasta donde es posible, todo previsto, y que el que las recibe las ejecute sin dudas ni controversias”.

El Palacio del Horror, no del Honor Militar.

Quizá esta tradición de obediencia ciega, poco civilista y menos democrática, explique acontecimientos tan brutales y criminales como los del Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985. Una tradición de la que también participaron quienes portaban uniformes en las filas de la insurgencia, pues no de otra forma se puede comprender un asalto tan delirante y terrorífico como el ejecutado por el M-19, con un desenlace todavía más cruento y letal, precipitado por quienes constitucional y legalmente deberían haber actuado cumpliendo principios, normas y límites fijados por la Constitución y el Derecho Internacional Humanitario, que aprendieron en su formación en las academias militares. En ambos bandos, tanto el estatal, precedido por Belisario Betancur, como comandante de las Fuerzas Armadas y la contraparte insurgente del M-19, bajo el mando de Alfonso Jacquin, no hubo rastro de honor militar, pues fueron responsables del asesinato de cerca de 100 civiles inermes y la desaparición de al menos una docena. Es peor aún que 31 años después continúe imponiéndose un relato de heroísmo por cada parte, en lugar de reconocer sin ambages los horrores cometidos. Ello está presente en la memoria colectiva que se divide entre los defensores a ultranza de los guerrilleros asaltantes por su osadía y, de otra parte, la valentía de los militares que los derrotaron y aniquilaron, así fuera con tiros de gracia y desapariciones, como la de Irma Franco Pineda. Lo más deplorable de esta memoria belicista, es que hoy continúa viva, como se aprecia en el paseo presidencial del Tigre en medio de cadáveres de “narcoterroristas neutralizados” y su grito triunfal de “Firmes por la Patria” y “Viva Cristo Rey”. A esto se añaden ingredientes todavía más radicales e incontrolables como la fe y el patriotismo para la prolongación y degradación del conflicto armado, a los que se suman la inestimable ayuda de Maga, el Escudo de las Américas y la inteligencia de agencias y asesores del Estado israelí.

¿Un orden terrorista?

Por eso no solo es absurda e indignante la orden del presidente De la Espriella para que la Cancillería y la Embajada de Colombia asuman la defensa del coronel retirado Alfonso Plazas Vega en los Estados Unidos, ante hechos tan criminales, vergonzosos y dolorosos como la salida con vida del Palacio de Justicia del magistrado auxiliar del Consejo de Estado, Carlos Horacio Uran. Salida de la cual hay registro fílmico y más de un testimonio de periodistas que lo conocían y lo vieron caminando herido, apoyado en soldados, para luego ser encontrado su cuerpo sin vida y con signos de tortura en el interior del Palacio de Justicia. Una orden presidencial, justificada además con el pretexto de defender a “un héroe de la Patria”, lo que apenas es comparable con que se hubiera tolerado nacionalmente que, por iniciativa del presidente Petro, se realizará un homenaje de desagravio al M-19 por su acción terrorista, en aras de la reconciliación nacional. No se puede llegar a semejantes extremos de cinismo y negación de la realidad, cuando ya el Estado colombiano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como responsable de dichos crímenes. Negarlo es volver a validar la absurda explicación del entonces coronel en ejercicio, Plazas Vega, al decir “que estaba manteniendo la democracia” y la independencia de las ramas del poder público, mientras el Palacio de Justicia ardía y la cúpula del Poder Judicial estaba siendo decapitada. De llevarse a cabo esa defensa en nombre del Estado, podría significar, ni más ni menos, la continuidad y repetición de hechos semejantes, arguyendo de nuevo la defensa del Estado de derecho y la democracia, pero en la práctica afianzando un orden de terror oficial y de impunidad absoluta.

¿De la “Patria Milagro” al Oeste salvaje?

En tal caso, no cabría hablar de “Patria Milagro” sino más bien de un “Oeste Salvaje” por la exaltación de héroes que no honraron sus uniformes, ya que los mancillaron con crímenes inexcusables, como sucedió con miles de falsos positivos y las desapariciones del Palacio de Justicia, respaldados por inmunes e impunes presidentes que ostentan sin mérito el calificativo de civilistas y demócratas. Todo ello, hay que reconocerlo, gracias a los votos y el respaldo de millones de “ciudadanos de bien”, la impostura y complicidad de una tramoya de gremios empresariales e incluso la inteligencia de destacados ensayistas y académicos que ponderan la supuesta tradición civilista y democrática de la Fuerza Pública y del Ejecutivo, como lo hizo Eduardo Pizarro en reciente entrevista con Patricia Lara para le revista CAMBIO. Por eso, para impedir que ello siga sucediendo, necesitamos más ciudadanos comprometidos con el rescate de la democracia y la civilidad y menos “héroes militares” condenados a morir y matar en una guerra interminable como la emprendida contra las drogas, prolongada y dinamizada por millones de consumidores y adictos en todo el mundo. Requerimos más inteligencia civil y menos brutalidad militar. Más autonomía y soberanía nacional, en lugar de dependencia y sumisión a mandatarios de Estados genocidas, como el estadounidense y el israelí.

Más civiles rescatistas sin armas

Especialmente, precisamos de esos miles de ciudadanos que respondieron al devastador terremoto en forma solidaria, con acciones valerosas, esas sí heroicas, sin más armas que sus manos y su arrojo para salvar ciento de vidas de los escombros. Sería algo demasiado lamentable que, por miedo o peor aún en nombre de prejuicios, fanatismos políticos o religiosos, la defensa de sus intereses económicos o incluso en nombre de Cristo Rey, muchos de esos héroes civiles anónimos crean ahora que su seguridad dependerá de tener un arma de fuego y corran a comprarla al flexibilizarse su porte y eventualmente procedan a “neutralizar”, con la mejor buena conciencia y en nombre de su “legítima defensa”, a quienes consideren sus agresores o posibles enemigos. Valdría la pena que mejor comprarán el libro Un país bañado en sangre de Paul Auster en el que nos informa, en la página 170, que “millón y medio de norteamericanos han perdido la vida a balazos desde 1968: más muertes que la suma total de todas las muertes sufridas en guerra por este país desde que se disparó el primer tiro de la Revolución Norteamericana”, precisamente por la facilidad con que compran, portan y disparan sus armas muchos ciudadanos de bien y sus jóvenes hijos.

 

 

domingo, septiembre 06, 2026

COLOMBIA, MÁS ALLÁ DE LA "PAZ TOTAL" Y LA "PATRIA MILAGRO"

 

COLOMBIA, MÁS ALLÁ DE LA “PAZ TOTAL” Y LA “PATRIA MILAGRO”

Hernando Llano Ángel.

Si sometemos a un análisis somero la viabilidad política de metas gubernamentales como la “Paz Total” y la “Patria Milagro”, llegaremos a la conclusión de que son inalcanzables e irrealizables. Es así, porque son causas y metas que no pertenecen al mundo de la viabilidad política, sino al de la propaganda electoral, la ensoñación ideológica y los delirios personales de sus inspiradores y asesores. Resultan eficaces para llegar a la presidencia de la República, pero nefastas para gobernar. Ambas metas están más cercanas de la demagogia que de la responsabilidad de un estadista. Por ejemplo, la “Paz Total”, se corresponde más con una cosmovisión religiosa que con la política terrenal. Es una meta política más cercana al reino de los cielos que a este “valle de lágrimas”. Resultó ser, pues, una propuesta Metapolítica, próxima a ese reino celestial de paz bucólica, armoniosa y total, donde brilla la luz perpetua en lugar de las penumbras y tinieblas de la política terrenal. Esa “Paz Total” solo reinará cuando nuestras almas ya estén desprovistas de las tentaciones y los apetitos insaciables de nuestros pecaminosos cuerpos, fuente inagotable de conflictos y disputas, que hacen imprescindible la política, el Estado y las leyes. Sabiamente lo escribió Madison en el número 51 de El Federalista: “Si los hombres fueran ángeles, el Estado no sería necesario”. Y, con mayor razón, en nuestro caso el Estado es más que necesario, es imprescindible, pues miles de hombres están armados hasta los dientes para controlar economías ilícitas, desafiar a las autoridades o cogobernar, si se les permite, haciendo transacciones de paz y seguridad para los negocios a cambio de aceptables niveles de impunidad para sus hombres. Es en dichas circunstancias cuando surgen fórmulas como la “Patria Milagro”, en sustituto de la “Paz Total”, que no pudo lograr su cometido porque careció de un principio de realidad enunciado por Hobbes hace cerca de 4 siglos en el Leviatán: no hay Tratados de Paz sin el peso, el respaldo y amenaza de la Espada. En nuestro caso, dada la precariedad de la espada del Estado colombiano, el Tigre espera contar con la poderosa espada de Trump y sus ejércitos salvadores, acompañados con el “Escudo de las Américas” y la inteligencia de agencias israelíes, para imponer una Paz Americana, seguro a un alto precio, como lo está haciendo en Venezuela.

“Paz Total” y “Patria Milagro”, tan lejanas y cercanas.

Ese principio de realidad hobbesiano no lo tuvo en cuenta desde el comienzo de su gobierno el expresidente Gustavo Petro y cuando lo hizo, ya era demasiado tarde y la “Paz Total” terminó siendo un horror fatal que dejó al menos 65 menores de edad muertos en bombardeos contra campamentos guerrilleros, según reporte de Medicina Legal[i]. Paradójicamente, esa “Paz Total” tan bien intencionada, que partía de un supuesto falso, la buena voluntad de numerosos grupos armados interesados en hacer tránsito a la vida civil y dejar la guerra, terminó engendrando su antítesis, la “Patria Milagro” y una especie de presidente teratológico-converso, que se cree un Tigre enviado por Cristo Rey para salvar a Colombia del narcoterrorismo. Por eso la “Paz total” está tan cercana de la “Patria Milagro”, pero también tan lejana. Así lo ha anunciado el Tigre desde el día de su posesión, en medio de una ceremonia que fusionó la fe con la fuerza, recordándonos esa alianza sangrienta entre la Cruz y la Espada, que se rompió transitoriamente con el nacimiento de la República, pero que luego se prolongó durante todo el siglo XIX y hasta nuestros días. Solo que ahora lo hace bajo formas más discretas y complejas, pero no menos sangrientas, mezclando los intereses legales e ilegales con los valores más excelsos, como la codicia con la fe y la violencia con la seguridad.

Una santidad felina y belicosa

De la Espriella lo reafirmó con fe y fuerza ante las tropas en el campo de maniobras del Cantón Pichincha en Cali: “Quien está de rodillas ante Dios, nunca será vencido”. Pero la verdad, es que el Tigre bien sabe que con la fe no solo se gana la guerra, aunque la utilice para ello, si antes no se postra de rodillas ante Trump, como Señor supremo de la Guerra, con toda la parafernalia de su complejo industrial militar y modernas tecnologías para derrotar el narcoterrorismo. Por eso, como un César triunfante y pleno de buena conciencia, ahora recorre como un Tigre depredador los cuerpos exhibidos de bandidos dados de baja, entre los cuales ya figuran por lo menos 4 menores de edad. A ese ritmo, en pocos meses superará el número de bajas de la “paz Total”. Ese exhibicionismo tanático lo complementa con la figura paternal de un presidente que auxilia a niños enfermos y prodiga ayudas generosas a familias damnificadas del terremoto, proyectando así una síntesis perfecta de vengador y salvador. Para asegurarse esa aureola de converso y hombre piadoso, realiza actos de consagración de su gobierno a la virgen de Fátima en la plaza de Bolívar y entrega “la Nación a Cristo” [ii]. Todas estas puestas en escena, cotidiana e intensamente difundidas por los noticieros y la gran prensa, difuminan por completo su pasado de pagano y de sibarita hedonista, exhibido en forma orgullosa y ostentosa en su entrevista con María Elvira Arango en su programa “Los Informantes”, realizado hace siete años, que puede verse en el enlace[iii] que aparece al final.

Una conversión milagrosa

Para completar esa conversión milagrosa, el penalista que ayer defendía delincuentes de cuello blanco y criminales de guerra en tránsito a la vida civil a través de la Fundación Iniciativas para la Paz (FIP)[iv], cuyo bufete en Miami además está siendo investigado por presunto lavado de fortunas ilegales[v], ahora se convierte en un perseguidor implacable del crimen con la ayuda de los dos Estados más belicosos y sus respectivos gobernantes, incursos en procesos por corrupción, crímenes de guerra y genocidio, como lo son Trump y Netanyahu. Estamos, pues, a punto de un milagro extraordinario, más que fantástico, ahora los gobergánsteres que presiden Estados genocidas se embarcan en guerras hibridas contra narcoterroristas en nombre de la seguridad, la libertad, la defensa de la democracia y hasta los más sagrados valores y creencias cristianas. Desdicen de las Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que consideran la matriz de una decadente cultura Woke que debe ser erradicada, mediante una batalla cultural implacable contra quienes reivindican fantasmagorías como el Derecho Internacional, la soberanía de los Estados y la autodeterminación de los pueblos, junto a la igual dignidad de todos los seres humanos.

El Armagedón de la “Patria Milagro”

Y en el vórtice de este Armagedón en que miden sus fuerzas Estados y gobernantes cacocráticos contra maléficos izquierdistas y terroristas, se encuentra la “Patria Milagro”, convertida en un laboratorio de guerra híbrida y de batalla cultural mediática campal, atrapada en una estrategia que combina el fanatismo religioso con el extremismo antidemocrático de una manada de fanáticos, convencidos de encarnar la batalla final donde el bien derrotará para siempre el mal. Poco importa que entonces sobrevivan solo los asesinos victoriosos y sus numerosos cómplices. Esa manada es continuamente animada por piadosos pastores y rabinos, que celebran una conversión monstruosa, la fusión de un Tigre con un profeta armado, que invoca a Cristo-Rey para ganar la “guerra contra las drogas” y el crimen. Esa guerra tras la cual está la adicción incontenible de Trump con su doctrina Donroe y su cohorte de asociados y cómplices para expoliar todas las riquezas y recursos que necesita para su amada MAGA y America First, como ya empezó a hacerlo con el petróleo de Venezuela. Por todo ello, Colombia debería situarse mucho más allá de la “Paz Total”, que ya sabemos es inalcanzable mientras persistan las economías ilegales en simbiosis con las legales, en un complejo entramado de Cambalache nacional e internacional donde “resulta que es lo mismo ser derecho que traidor¡¡ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador! ¡Todo es igual!”. Basta verlo en la ejemplar sociedad de Trump con Alejandro Betancourt[vi] en Venezuela.

Más allá de la “Patria Milagro”

Pero, con mayor razón, Colombia debería estar mucho más allá de la “Patria Milagro”, que puede terminar siendo una especie de “Patria Maga”, totalmente malograda y abusada por quien solo aspira a “perforar, perforar y perforar” sus intimidades, además de fumigar, fumigar y fumigar sus bosques tropicales y sumarla a sus conquistas como depredador insaciable de sus riquezas, bellezas, población y soberanía. Así lo está haciendo con éxito en Venezuela, contando con la valiosa e incondicional colaboración de Delcy Rodríguez, su hermano y demás cómplices. Y espera continuar su saga extractivista en la “PATRIA MILAGRO”, pues cuenta con la ambición y fiereza del Tigre, otra más de sus mascotas del Sur, respaldado por un establecimiento impaciente para volver a realizar “Business as usual” con el concurso entusiasta de un contingente de “Defensores de la Patria”, cuya idea de soberanía se agota en la seguridad para sus negocios y el aumento sostenido de sus ganancias, que evoca los tres huevitos empollados por Uribe. Huevitos que podrían terminar siendo los empollados por la víbora de la guerra, como lo advierte Isaías 59.5: “Incuban huevos de víbora y tejen telas de araña. El que come de sus huevos muere, y si uno los aplasta sale una víbora”.