Petro y Trump, de la confrontación a la concertación.
Después de la
conversación telefónica que sostuvieron por cerca de una hora el pasado
miércoles 7 de enero, Trump reconoció a Petro como un jefe de Estado honorable
en su Truth Social y Petro a Trump como un hombre “pragmático que hace lo que
piensa, como yo”. Ya era hora.
Hernando Llano Ángel.
Según el mensaje del presidente
Trump en su Truth Social, en la primera semana de febrero recibirá en la Casa
Blanca al presidente Petro. Será un encuentro en la doble acepción del término.
Primero como reconocimiento mutuo de su condición de jefes de Estado y segundo
como contradictores legítimos en torno a problemáticas eminentemente
“intermésticas”, como lo son el narcotráfico y los recursos energéticos no renovables
y estratégicos.
Después de la conversación
telefónica que sostuvieron por cerca de una hora el miércoles 7 de enero, Trump
reconoció a Petro como un jefe de Estado honorable en su Truth Social y Petro a
Trump como un hombre “pragmático que hace lo que piensa, como yo”, según su
entrevista para el New York Times[i]. Han dejado de insultarse y
deslegitimarse, como gamberros de barrio y han empezado a comportarse como
jefes de Estado. Ya era hora. Pues ambas problemáticas, el narcotráfico y los
recursos energéticos, requieren abordajes y tratamientos simultáneos en el
orden internacional y doméstico (“interméstico) para su adecuada regulación. Es
la única forma de combatir con eficacia las organizaciones criminales dedicadas
al tráfico de estupefacientes y también definir la lucha por los recursos
energéticos como el petróleo y los minerales estratégicos, llamados tierras
raras, que están en el centro de la disputa por el nuevo orden geopolítico[ii]
planetario entre las grandes potencias.
Las adicciones de Maga: Petróleo y drogas ilícitas
Por eso Trump, con su delirio
imperial de America First y su grave complejo Maga-Céntrico, pues pretende que
todo el mundo gire a su alrededor, precisa contar con la complicidad de la
cacocracia militarista que controla Venezuela para asegurarse así su portentosa
reserva petrolera y la enorme riqueza de minerales críticos por explorar y
explotar que alberga su territorio. Pues si algo está fuera de duda es que
Trump, en tanto mercader imperial, sabe muy bien que los negocios y las
billonarias inversiones para la grandeza de su amada Maga requieren ante todo
un clima de paz, seguridad y estabilidad en lugar del caos incierto y violento
que predomina en toda guerra internacional o conflicto armado interno.
Por eso su afinidad con Putin y
su impaciencia con Zelensky a quien sugirió “que era mejor hacer las
concesiones de tierras ahora, antes de que Rusia gane más territorio en
batalla”. De allí también su interés en concertar con Delcy Rodríguez y la
cúpula político-militar de Maduro ese clima de tranquilidad para la llegada de
las Maga-empresas petroleras y energéticas. Al igual que sus amenazas de
intervenciones militares en Colombia y México, principales proveedores de
cocaína y fentanilo, drogas que utiliza Trump como un comodín para intimidar e
intentar controlar a sus gobernantes, Petro y Sheinbaum, en beneficio de Maga.
Para manejar esas dos grandes e irrefrenables adicciones de su amada Maga, el
petróleo y los estupefacientes, Trump persigue, utilizando insultos, Fake News
y su Truth Social, la colaboración en modo de sumisión de Venezuela, Colombia y
México.
¿De la confrontación a la concertación?
Tal es el trasfondo del encuentro
de Petro con Trump, lo que paradójicamente puede conducirlos de la
confrontación a la concertación. Así lo mencionó Petro en su entrevista con
reporteros de este Diario Global[iii]: “pero, por ejemplo, en el narcotráfico,
no tenemos ninguna distancia”, incluso sugirió la posibilidad de contar con su
apoyo para combatir grupos guerrilleros, pues dijo: “En realidad yo no les
reconozco ese estatus porque son grupos que se han dedicado a la codicia”, así
como insinuó que podría avanzarse por la vía de la negociación, como lo está
haciendo con el llamado “Ejército Gaitanista de Colombia” o “Clan del Golfo”:
“Hay algo en lo que sí puede ayudar Trump y es que la fiscalía es la que
tendría que asumir las negociaciones y no ha querido hacerlo por miedo. Pero
negociar con un grupo delincuencial lo hace Estados Unidos todo el tiempo.
Estados Unidos negocia con los señores capos que nosotros extraditamos”. Si en
el encuentro de febrero ambos logran acuerdos en este terreno, que es el
prioritario para Trump, entonces éste deberá reconocer que sus graves
acusaciones contra Petro, sindicándolo de “narcotraficante”, “capo” y
“enfermo”, haciéndose eco de las infamias de la oposición de derecha y de la
estulticia sectaria de sus millones de seguidores en las redes sociales que lo
tildan de sucesor de Pablo Escobar, no tienen fundamento alguno. Y, sin duda,
Petro consolidaría así su coherencia política y personal en sus denuncias y
lucha como congresista contra los grupos narcoparamilitares, que permitieron
depurar el Congreso de aproximadamente 60 parapolíticos[iv] a quienes, antes de
ir a la cárcel, les pedía el presidente Álvaro Uribe Vélez que votaran sus
proyectos en el Congreso, entre ellos su reelección para el período 2006-2010.
La mayor paradoja de Petro
En tal caso, Petro también
estaría ante la mayor paradoja de su vida política, pues pasaría de ser el jefe
de Estado que con mayor vehemencia ha desafiado a Trump, incluso en Nueva York,
llamando a los soldados norteamericanos a desobedecer sus órdenes para no
incurrir en crímenes de guerra, a contar con su apoyo invaluable en la lucha
contra la codicia de organizaciones que han fusionado la rebelión con el
narcotráfico, haciendo fracasar estruendosamente su principal bandera política,
“la Paz Total”. Una bandera hoy raída y convertida en un caos letal en muchas
regiones y municipios de Colombia bajo control de organizaciones criminales. De
darse tal viraje en las relaciones con Trump y además contar con la
coordinación de sus agencias de inteligencia y la DEA para dar golpes certeros contra laboratorios
y un eventual sometimiento del “Clan del Golfo” a la justicia, todo ello, le
permitiría a Petro no solo desvirtuar la campaña virulenta y falaz de la
oposición en su contra, sino que además situaría el debate electoral por la
Presidencia en un terreno favorable para las llamadas fuerzas progresistas y
adverso, curiosamente, a los sectores políticos más cercanos a Trump que buscan
y esperan contar con su apoyo, como lo hizo en Honduras con Nasry Asfura y en
Argentina con Javier Milei, los candidatos ganadores. Por lo tanto ese
encuentro, de realizarse y no cancelarse intempestivamente, puede resultar
histórico y estaríamos frente a la última y mayor paradoja de todas, como es
que el poder criminal y deletéreo del narcotráfico, presente en todos los
intersticios de la economía, las campañas políticas exitosas de innumerables
candidatos, los mayores y más terribles crímenes políticos de nuestra historia
reciente, sería la fuerza con mayor capacidad para transformar nuestra realidad
política, económica y social, como aconteció al catalizar el proceso
constituyente y la Constitución del 91, con su artículo 35 que entonces
prohibía la extradición de Colombianos por nacimiento. Lo anterior puede
suceder, siempre y cuando Petro y Trump pasen de la confrontación a la
concertación. Ojalá ambos tengan en cuenta este sabio consejo de Max Weber y
moderen su peligrosa adicción a X y Truth Social, antes y sobre todo después de
su encuentro “face to face”: “Por eso el político tiene que vencer cada día y
cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad, enemiga
mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura
frente a sí mismo”. Porque si algo tienen en común los dos es su vanidad
desmesurada, que los arrastra a las amenazas e insultos mutuos, en desmedro de
sus funciones y causas como jefes de Estado.
[ii]https://elpais.com/america-colombia/2026-01-05/la-geopolitica-de-los-mercaderes-imperiales.html
[iv] https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/
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