martes, enero 13, 2026

Petro y Trump, de la confrontación a la concertación.

 

Petro y Trump, de la confrontación a la concertación.

https://elpais.com/america-colombia/2026-01-13/petro-y-trump-de-la-confrontacion-a-la-concertacion.html

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/petro-y-trump-de-la-confrontacion-a-la-concertacion/

Después de la conversación telefónica que sostuvieron por cerca de una hora el pasado miércoles 7 de enero, Trump reconoció a Petro como un jefe de Estado honorable en su Truth Social y Petro a Trump como un hombre “pragmático que hace lo que piensa, como yo”. Ya era hora.

Hernando Llano Ángel.

Según el mensaje del presidente Trump en su Truth Social, en la primera semana de febrero recibirá en la Casa Blanca al presidente Petro. Será un encuentro en la doble acepción del término. Primero como reconocimiento mutuo de su condición de jefes de Estado y segundo como contradictores legítimos en torno a problemáticas eminentemente “intermésticas”, como lo son el narcotráfico y los recursos energéticos no renovables y estratégicos.

Después de la conversación telefónica que sostuvieron por cerca de una hora el miércoles 7 de enero, Trump reconoció a Petro como un jefe de Estado honorable en su Truth Social y Petro a Trump como un hombre “pragmático que hace lo que piensa, como yo”, según su entrevista para el New York Times[i]. Han dejado de insultarse y deslegitimarse, como gamberros de barrio y han empezado a comportarse como jefes de Estado. Ya era hora. Pues ambas problemáticas, el narcotráfico y los recursos energéticos, requieren abordajes y tratamientos simultáneos en el orden internacional y doméstico (“interméstico) para su adecuada regulación. Es la única forma de combatir con eficacia las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de estupefacientes y también definir la lucha por los recursos energéticos como el petróleo y los minerales estratégicos, llamados tierras raras, que están en el centro de la disputa por el nuevo orden geopolítico[ii] planetario entre las grandes potencias.

Las adicciones de Maga: Petróleo y drogas ilícitas

Por eso Trump, con su delirio imperial de America First y su grave complejo Maga-Céntrico, pues pretende que todo el mundo gire a su alrededor, precisa contar con la complicidad de la cacocracia militarista que controla Venezuela para asegurarse así su portentosa reserva petrolera y la enorme riqueza de minerales críticos por explorar y explotar que alberga su territorio. Pues si algo está fuera de duda es que Trump, en tanto mercader imperial, sabe muy bien que los negocios y las billonarias inversiones para la grandeza de su amada Maga requieren ante todo un clima de paz, seguridad y estabilidad en lugar del caos incierto y violento que predomina en toda guerra internacional o conflicto armado interno.

Por eso su afinidad con Putin y su impaciencia con Zelensky a quien sugirió “que era mejor hacer las concesiones de tierras ahora, antes de que Rusia gane más territorio en batalla”. De allí también su interés en concertar con Delcy Rodríguez y la cúpula político-militar de Maduro ese clima de tranquilidad para la llegada de las Maga-empresas petroleras y energéticas. Al igual que sus amenazas de intervenciones militares en Colombia y México, principales proveedores de cocaína y fentanilo, drogas que utiliza Trump como un comodín para intimidar e intentar controlar a sus gobernantes, Petro y Sheinbaum, en beneficio de Maga. Para manejar esas dos grandes e irrefrenables adicciones de su amada Maga, el petróleo y los estupefacientes, Trump persigue, utilizando insultos, Fake News y su Truth Social, la colaboración en modo de sumisión de Venezuela, Colombia y México.

¿De la confrontación a la concertación?

Tal es el trasfondo del encuentro de Petro con Trump, lo que paradójicamente puede conducirlos de la confrontación a la concertación. Así lo mencionó Petro en su entrevista con reporteros de este Diario Global[iii]: “pero, por ejemplo, en el narcotráfico, no tenemos ninguna distancia”, incluso sugirió la posibilidad de contar con su apoyo para combatir grupos guerrilleros, pues dijo: “En realidad yo no les reconozco ese estatus porque son grupos que se han dedicado a la codicia”, así como insinuó que podría avanzarse por la vía de la negociación, como lo está haciendo con el llamado “Ejército Gaitanista de Colombia” o “Clan del Golfo”: “Hay algo en lo que sí puede ayudar Trump y es que la fiscalía es la que tendría que asumir las negociaciones y no ha querido hacerlo por miedo. Pero negociar con un grupo delincuencial lo hace Estados Unidos todo el tiempo. Estados Unidos negocia con los señores capos que nosotros extraditamos”. Si en el encuentro de febrero ambos logran acuerdos en este terreno, que es el prioritario para Trump, entonces éste deberá reconocer que sus graves acusaciones contra Petro, sindicándolo de “narcotraficante”, “capo” y “enfermo”, haciéndose eco de las infamias de la oposición de derecha y de la estulticia sectaria de sus millones de seguidores en las redes sociales que lo tildan de sucesor de Pablo Escobar, no tienen fundamento alguno. Y, sin duda, Petro consolidaría así su coherencia política y personal en sus denuncias y lucha como congresista contra los grupos narcoparamilitares, que permitieron depurar el Congreso de aproximadamente 60 parapolíticos[iv] a quienes, antes de ir a la cárcel, les pedía el presidente Álvaro Uribe Vélez que votaran sus proyectos en el Congreso, entre ellos su reelección para el período 2006-2010.

La mayor paradoja de Petro

En tal caso, Petro también estaría ante la mayor paradoja de su vida política, pues pasaría de ser el jefe de Estado que con mayor vehemencia ha desafiado a Trump, incluso en Nueva York, llamando a los soldados norteamericanos a desobedecer sus órdenes para no incurrir en crímenes de guerra, a contar con su apoyo invaluable en la lucha contra la codicia de organizaciones que han fusionado la rebelión con el narcotráfico, haciendo fracasar estruendosamente su principal bandera política, “la Paz Total”. Una bandera hoy raída y convertida en un caos letal en muchas regiones y municipios de Colombia bajo control de organizaciones criminales. De darse tal viraje en las relaciones con Trump y además contar con la coordinación de sus agencias de inteligencia y la DEA  para dar golpes certeros contra laboratorios y un eventual sometimiento del “Clan del Golfo” a la justicia, todo ello, le permitiría a Petro no solo desvirtuar la campaña virulenta y falaz de la oposición en su contra, sino que además situaría el debate electoral por la Presidencia en un terreno favorable para las llamadas fuerzas progresistas y adverso, curiosamente, a los sectores políticos más cercanos a Trump que buscan y esperan contar con su apoyo, como lo hizo en Honduras con Nasry Asfura y en Argentina con Javier Milei, los candidatos ganadores. Por lo tanto ese encuentro, de realizarse y no cancelarse intempestivamente, puede resultar histórico y estaríamos frente a la última y mayor paradoja de todas, como es que el poder criminal y deletéreo del narcotráfico, presente en todos los intersticios de la economía, las campañas políticas exitosas de innumerables candidatos, los mayores y más terribles crímenes políticos de nuestra historia reciente, sería la fuerza con mayor capacidad para transformar nuestra realidad política, económica y social, como aconteció al catalizar el proceso constituyente y la Constitución del 91, con su artículo 35 que entonces prohibía la extradición de Colombianos por nacimiento. Lo anterior puede suceder, siempre y cuando Petro y Trump pasen de la confrontación a la concertación. Ojalá ambos tengan en cuenta este sabio consejo de Max Weber y moderen su peligrosa adicción a X y Truth Social, antes y sobre todo después de su encuentro “face to face”: “Por eso el político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad, enemiga mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura frente a sí mismo”. Porque si algo tienen en común los dos es su vanidad desmesurada, que los arrastra a las amenazas e insultos mutuos, en desmedro de sus funciones y causas como jefes de Estado.

 

[i]https://diario.mx/internacional/2026/jan/10/como-una-llamada-abrupta-entre-trump-y-el-presidente-de-colombia-evito-una-crisis-1101101.html

[ii]https://elpais.com/america-colombia/2026-01-05/la-geopolitica-de-los-mercaderes-imperiales.html

[iii]https://elpais.com/america-colombia/2026-01-09/petro-trump-me-dijo-que-estaba-pensando-hacer-cosas-malas-en-colombia.html

[iv] https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/

 

 

viernes, enero 09, 2026

LA GEOPOLÍTICA DE LOS MERCADERES IMPERIALES

 

LA GEOPOLÍTICA DE LOS MERCADERES IMPERIALES

https://elpais.com/america-colombia/2026-01-05/la-geopolitica-de-los-mercaderes-imperiales.html

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Hernando Llano Ángel.

Con Donald Trump ha quedado suficientemente claro, gracias a su desfachatez narcisista, que vivimos bajo el dominio de los mercaderes imperiales, para quienes la política y la vida misma no son más que negocios y ganancias. Por eso pretenden repartirse, en forma más o menos equitativa, el planeta entre ellos. Trump y su MAGA se quedarían con todo el hemisferio occidental, desde Canadá, Groenlandia, México, ahora Venezuela, hasta la Patagonia, con nuevos socios y empresarios entusiastas como Milei y el recién electo José Antonio Kast en Chile. Todo en nombre de la libertad y la democracia. Putin, podría quedarse con Donbás, convertida en una especie de “zona económica de frontera”, según el ingenio empresarial de Trump. Para Netanyahu toda la Franja de Gaza, haciendo realidad el sueño hotelero de Trump de transformar sus ruinas en “la Riviera del Medio Oriente”. El único que no entra en sus planes es Xi Jinping, quien bien podría ocupar a Taiwán, siguiendo su ejemplo en Venezuela. Así las cosas, tendríamos un orden multipolar de mercaderes de la guerra y de nuevos señores imperiales, para quienes no cuenta la Carta de las Naciones Unidas, solo su voluntad, arsenales y poderío nuclear.

El metalenguaje imperial  

Quizá por eso hay millones de seguidores de Trump en todas las latitudes, incluyendo Europa, que llaman paz a la guerra y libertad a la codicia. Ahora, incluso, la gran prensa llama intervención militar a la agresión imperial, así como Putin llama “operación especial” a la ocupación de Ucrania. Para continuar con ese metalenguaje de los mercaderes imperiales, también llaman captura al secuestro de Maduro y su esposa, Cilia Flores, como si Estados Unidos tuviera una jurisdicción hemisférica, radicada en Nueva York, para capturar y juzgar a quien considere su enemigo. Por eso Milei celebra desde la Argentina, en su cuenta X, el secuestro de Nicolás Maduro con un exultante “La libertad avanza. ¡Viva la libertad carajo!” Se entiende, la libertad de hacer negocios sin respeto alguno por las fronteras y la soberanía de los Estados. Así Milei responde con la lealtad de un cómplice a quien le debe su reciente triunfo electoral.

Fin de la Carta de las Naciones Unidas

El comienzo del 2026 marca, pues, un punto de inflexión al parecer irreversible en la vigencia de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente su artículo 2, numeral 3: “Los Miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia” y 4: “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas [i]”, como bien lo ha demandado la presidenta de México Claudia Sheinbaum. Pero si la Carta ya no tiene vigencia, mucho menos las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos tiene derecho al veto para garantizarse absoluta impunidad.

Un director Imperial Hollywoodense

Trump durante la declaración y extensa rueda de prensa en su residencia personal de Mar a Lago, parecía más un director de Hollywood que un jefe de Estado. Estaba desbordado por el éxito de un secuestro que pretende encubrir como una operación policial de las fuerzas del orden estadounidenses contra un capo del narcoterrorismo, cuando fue una agresión militar imperial que violó todos los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Así la describió a Fox New: “Quiero decir, lo vi literalmente como si estuviera viendo un programa de televisión. Si hubieras visto la velocidad, la violencia – era una cosa increíble,» agregando que los E.E.U.U. habían planeado «hacer esto hace cuatro días, pero el clima no era perfecto, y de repente se abrió y dijimos vamos.» “El equipo hizo un trabajo increíble. Ensayaron y practicaron como nunca se ha visto. Y me lo dijeron militares reales: no hay otro país en la Tierra que pudiera hacer algo así”. Hay que abonarle a Trump su modestia, fueron “militares reales” no de la IA, inventados por su Inteligencia Autocrática. Tan exitoso secuestro sienta un precedente que bien podría emular Putin para ir por Volodímir Zelenski, bajo el cargo de ser un autócrata neonazi, pues su período presidencial expiró el 20 de mayo de 2024 y todavía no ha convocado a elecciones. Aunque cabe la posibilidad que el mismo Trump presione su salida, despidiéndolo como en su famoso programa, por ser tan soberbio y no ceder el Donbás y Crimea a Putin.

Un director adicto al petróleo

Por lo pronto Trump se dispone a gobernar a Venezuela como un campo petrolero más que pondrá a disposición de las compañías norteamericanas: “Nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, invertirán miles de millones de dólares para reparar la infraestructura petrolera, que está en muy mal estado, y comenzar a generar ingresos para el país”[ii].  Vuelve con el mismo estribillo que utilizó cuando le prometió a Netanyahu que “Gaza podría ser la Riviera del Medio Oriente”. Por eso descubrió sobre la mesa la carta que antes había exhibido como una coartada casi perfecta, la guerra contra el narcoterrorismo, para ocultar bien su insaciable y verdadera adicción al petróleo. Una adicción más letal que la misma cocaína si consideramos los efectos devastadores en la crisis climática planetaria. Carta que trasladará ahora, en desarrollo de su “guerra hibrida”, a la Fiscalía y la Justicia norteamericana para procesar a Maduro como el gran capo del llamado “cartel de los Soles”. Claro, sin revelarnos los asteroides de la mafia norteamericana que forman una constelación de capos, casi intocables, encargada de la distribución de cocaína y del disfrute de sus astronómicas ganancias. Toda la razón le asiste a la exvicepresidenta Kamala Harris al decir: “No se trata de drogas ni de democracia. Se trata de petróleo y del deseo de Donald Trump de erigirse en el dictador regional. Si le importara alguno de los dos, no indultaría a un narcotraficante convicto ni marginaría a la legítima oposición venezolana mientras busca acuerdos con los compinches de Maduro”. Ese narcotraficante convicto es el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, a quien indultó al mismo tiempo que perseguía a Maduro por los mismos cargos. Nada inusual en Estados Unidos, pues durante la segunda guerra mundial también se indultó al capo Lucky Luciano por su valiosa información para el desembarco seguro de sus tropas en Sicilia y evitar huelgas en los muelles de Nueva York.

La interminable y rentable guerra contra el narcoterrorismo

Por eso, en su entrevista en Mar a Lago, Trump vuelve y juega con la misma coartada intervencionista e interminable de la guerra contra el narcoterrorismo, pero ahora amenazando el presidente Gustavo Petro: “Me apego a mi primera declaración [en diciembre]: está produciendo cocaína y la está mandando a Estados Unidos. Entonces será mejor que se cuide el trasero”, lo que augura que la campaña presidencial en Colombia en este 2026 será una especie de laboratorio inflamable. Un laboratorio, en todo caso, más impredecible que el controlado en Honduras con la victoria de su pupilo Nasry Asfura y del financiado en Argentina para el triunfo de Milei, pues Trump se la jugará sin escrúpulos con el candidato que le ofrezca mejores oportunidades para hacer “grande de nuevo a Colombia”, como aspira que sea Venezuela, y así tener dos mascotas obedientes al servicio de MAGA.

Transición petrolera cleptocrática

Todo ello, claro está gracias a una transición democrática, con la ayuda del virtuoso empresariado colombiano, que recibirá millonarias inversiones para sus industrias extractivas y depredadoras del medio ambiente. Y, en el caso de Venezuela, con la complicidad de los cacocratas del régimen actual, la vicepresidenta Deisy Rodríguez, el ministro de defensa Vladimir Padrino y Diosdado Cabello, ministro del interior. Así lo reveló en su rueda de prensa: “Marco (Rubio) está trabajando en eso directamente. Acaba de conversar con ella y está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande. Muy simple". Todo lo anterior en desarrollo de su “Corolario Trump”: "Vamos a gobernar Venezuela hasta que haya una transición segura. Durante un tiempo, serán en gran medida las personas que están detrás de mí", refiriéndose a Marco Rubio y el ministro de guerra Pete Hegseth. Si todo le resulta tan simple a Trump, no estaríamos entonces asistiendo a una transición democrática, sino más bien al comienzo de una transacción delincuencial entre gánsteres estatales que intercambian su impunidad por petróleo. Pero si le sale tan mal como el trato con Putin para poner fin en 24 horas la guerra en Ucrania, en lugar de acabar con el “cartel de los soles”, puede ser el comienzo del eclipse de su MAGA. Solo al final, quizá, sabremos si la “estupenda” nobel de Paz, María Corina Machado, podrá administrar con seguridad y lealtad, siempre en beneficio de MAGA y sus copartidarios, las mayores reservas de petróleo del planeta. Un final muy deplorable para los millones de venezolanos que en la diáspora celebran ilusamente el regreso de la libertad a su amada Venezuela. Una oscura y densa libertad llamada petróleo que les niega su soberanía y dignidad.

 

LA PAZ DEMOCRÁTICA, TAN QUERIDA COMO DESCONOCIDA.

 

 La Paz Democrática, tan querida como desconocida

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Hernando Llano Ángel.

Nada más urgente y vital para Colombia en este 2026 que comprometernos todos, como ciudadanía, en forjar una paz democrática, una paz querida, promovida y cuidada por todos. Una paz que sea mucho más que un armisticio, una tregua, un sometimiento a la justicia o incluso un solemne Acuerdo, como en 2016, entre actores armados y el Estado. Eso es lo que parcialmente hasta ahora hemos conocido, sin que se haya garantizado a todos los colombianos, especialmente a los líderes sociales y defensores de derechos humanos sus vidas y el ejercicio libre y no violento de la política, es decir, la democracia. Y esa paz se llama paz política, paz democrática porque nace de la deliberación, la participación y el consentimiento ciudadano, no solo del apaciguamiento transitorio o la desmovilización permanente de los actores armados. Es una paz fraguada en la deliberación, no en la manipulación de líderes políticos en trance electoral o ávidos de protagonismo histórico y vanidad personal, como hasta ahora los hemos conocido.

La Paz Democrática no se negocia

Es una paz como resultado de valores concertados, no tan solo de intereses negociados. Es decir, es una paz sustentada en el respeto, la promoción y garantía de los derechos humanos como expresión de la igual dignidad de todos, en lugar de esa otra paz negociada que defiende privilegios de cuna, el color de piel, intereses minoritarios, sean ellos empresariales, corporativos o sindicales, hegemonías regionales y hasta clientelas y empresas políticas, autodenominadas partidos, con líderes mesiánicos que se proclaman salvadores de la Patria. Esta última no es la paz política, mucho menos la democrática, sino la paz de los políticos y los mercaderes en beneficio de sus clientelas y promotores legales e ilegales. Por eso ahora en campaña muchos de ellos casi no hablan de paz y mucho de seguridad, hasta con tigre incluido, porque están convencidos que la paz se agota en la defensa a ultranza del statu quo, la confianza inversionista, las rentas seguras y más ganancias para los mismos de siempre. Suena igual a la fábula conocida de los tres huevitos, solo que ahora pondrán énfasis, con absoluto cinismo, en la cohesión social y la fraternidad entre empresarios y trabajadores (¡pero sin reajustes exagerados al salario mínimo!), la reconciliación y el abrazo entre todos los colombianos, porque unidos los “ciudadanos de bien” son más y se impondrán sobre los del mal, como lo han hecho desde que gobiernan virtuosamente, sin asomo de corrupción y respetando totalmente los derechos humanos.

Sentido de la Paz Democrática

Por el contrario, la paz democrática recobra y defiende el sentido de lo público, del Estado Social de derecho, de la legalidad y de los intereses generales, en lugar de la apropiación y depredación partidista del presupuesto público mediante el clientelismo, las prebendas y la contratación corrupta con empresarios y organizaciones criminales. Como esto último es lo que ha predominado en nuestra política y el régimen –así lo llamó tardíamente y en forma oportunista Álvaro Gómez Hurtado-- desde tiempos inmemoriales hasta el presente, la paz democrática es casi totalmente desconocida. Por eso hay que dotarla de sentido. No es redundante ni un pleonasmo, todo lo contrario, pues solo mediante el ejercicio responsable de la ciudadanía ella existe. Lo que nos sucede es que tenemos más millones de electores cautivos en redes clientelistas y prebendarías que ciudadanos libres y responsables. Con semejante déficit de ciudadanía es muy difícil forjar y menos consolidar una paz democrática. Pero como dice el refrán popular “querer es poder”.

La democracia es más que elecciones

Para empezar, no hay que confundir la democracia con las elecciones. Si ellas no son libres y se realizan en medio de la coacción y la violencia, el asesinato de precandidatos y candidatos, la intimidación y constreñimiento a los electores, la compraventa de votos, el famoso TLC (techo, ladrillos y cemento) y la financiación ilegal de las campañas, pues simplemente no hay democracia. En ese contexto siempre terminarán ganando los poderes de facto y no la ciudadanía. Se consolidará así un régimen político electofáctico y no uno democrático, bajo la mampara y la tramoya de las elecciones. Pero solo muchos años después, como ha sucedido desde Gaviria hasta hoy, sabremos al final de sus mandatos cómo y en cuánto han violado los topes de financiación sus campañas políticas, quiénes han sido sus promotores legales e ilegales, las oscuras alianzas tejidas tras bastidores para ganar y gobernar, como también sus principales beneficiarios. Es una historia por todos conocida que vale la pena recordar: el magnicidio de Galán; el proceso 8.000 de Samper; el preacuerdo electoral de Pastrana con las Farc para la segunda vuelta; el paramilitarismo y su apoyo a Uribe en las regiones bajo su control; Odebrecht con Santos, la Ñeñepolítica de Duque[i] hasta la violación de los topes electorales de la campaña de Petro y el Pacto Histórico y su presunta financiación ilegal[ii].

La Paz democrática es pública, no privada.

Valga la redundancia, la paz democrática es pública y de todos, con todos y para todos, no es una paz privada entre pocos y para su exclusivo beneficio, seguridad y prosperidad de sus personales negocios. Esa paz expropia a miles sus derechos y dignidad en nombre de la seguridad y la prosperidad de sus inversiones, empresas y fortunas. Quienes la promueven y afirman que la seguridad es el fundamento de la paz, olvidan la sentencia de un prudente pontífice que nos recuerda que “la seguridad de los ricos es la tranquilidad y dignidad de los pobres”. Y por lo general donde predomina el hambre y la negación de los derechos fundamentales más vitales como la salud, el empleo, la vivienda y educación no hay tranquilidad, mucho menos dignidad y legalidad. Tiende a predominar la zozobra, el crimen y la inseguridad. Como gravemente lo expresó Miguel Hernández en su poema “El Hambre”, en versión musicalizada por Serrat: “Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos donde la vida habita siniestramente sola. Reaparece la fiera, recobra sus instintos, sus patas erizadas, sus rencores, su cola”[iii].

La Paz democrática es Política

Lo cual significa que es una paz entre adversarios que se reconocen mutuamente sus intereses, valores e identidades, siempre en disputa y tensión, y por eso renuncian a imponerse sobre el otro como un enemigo a quien se le niega violentamente sus reivindicaciones, valores, derechos, intereses y hasta su identidad existencial. No se los deslegitima con epítetos desde la derecha llamándolos “mamertos” o desde la izquierda “paracos”. Por eso es una paz entretejida todos los días con argumentos, emociones y gestos, muchas veces contradictorios y antagónicos, pero sin llegar al extremo de la exclusión simbólica, luego violenta y hasta su aniquilamiento físico. Será una paz tanto más democrática y ciudadana cuanto más se sustente en la amabilidad y no en la pugnacidad. Y será tanto menos democrática cuanto más estimule la enemistad y la hostilidad. Más política y democrática si promueve la argumentación y la deliberación en busca de acuerdos y no la unanimidad de los consensos, que anulan el derecho a la pluralidad y el disentimiento, sin los cuales no hay vida democrática. En ese sentido es una paz deliberante, civilista y no beligerante, siempre conflictiva y abierta al debate, por eso es la quintaesencia de la política y de la democracia y puede denominarse propiamente Paz Democrática.

La Paz Democrática es conflictiva

Por eso quienes pretenden eliminar el conflicto mediante la violencia, ya sea en nombre de la seguridad y azuzan el miedo desde la derecha o reivindican con furia la justicia social desde la izquierda, son su principal amenaza y vale tenerlos en cuenta para las próximas elecciones. Pero también los partidarios del llamado centro político poco contribuyen a la paz democrática cuando estigmatizan la controversia y la consideran una polarización dañina, pues deliran con una reconciliación plena en una sociedad sin conflictos, que jamás existirá en este mundo terrenal y “valle de lágrimas”. Quizá por lo anterior muchos los consideran tibios, pues no son ni chicha ni limoná. Por el contrario, la Paz Democrática exige posturas radicales en la práctica y no solo en el discurso, como suele suceder en el centro político, a favor de los derechos humanos, el Estado Social de derecho, la justicia como igualdad de oportunidades, la defensa de la pluralidad, la sostenibilidad y protección de la biodiversidad, la vigencia del derecho internacional y no guardar silencio ante su violación imperial. Por todo ello es que la paz democrática es tan querida como desconocida y se encuentra amenazada en estos tiempos antidemocráticos que corren. Es un desafío ciudadano promoverla, defenderla y afianzarla durante todo el 2026, porque ya abundan candidatos y candidatas que nos quieren seducir con cantos de seguridad, patriotismo y fiereza para abusar de ella y sacrificarla de nuevo en campos de batalla. Ansían, sobre todo, tomar revancha desde el Estado contra sectores sociales que reivindican democráticamente sus derechos, estigmatizándolos como “populistas”, “vagos”, “igualados” y hasta “comunistas”. La pregunta es ¿se depositarán en las urnas del 2026 más votos a favor de una paz democrática con libertad y justicia social o sufragios a favor de la guerra y la desigualdad en nombre de la seguridad nacional?