ÚLTIMO LLAMADO
https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/ultimo-llamado/
Hernando Llano Ángel
Escribo estas líneas al mediodía
de este domingo 21 de junio de 2026, entre la interpelación y el testimonio,
pues seguramente ya en las urnas está decidida la suerte de todos los
colombianos. Una suerte que conoceremos después de las 4 de la tarde. Quedan un
poco más de cuatro horas para saberlo. Interpelar es “preguntar a alguien para
que dé explicaciones sobre algo o para que cumpla una obligación”. Está claro
que quienes ya votaron, cumplieron con su obligación y derecho a definir quién
será el presidente de la República del 7 de agosto de 2026 al 2030. Es
prácticamente imposible conocer las motivaciones, las razones, los intereses y
las necesidades, así como los temores, prejuicios, odios, esperanzas y hasta
constreñimientos, más o menos violentos, que están detrás de cada voto. Entre
estos últimos, desde la coacción casi insuperable de organizaciones armadas
ilegales, hasta el chantaje a numerosos empleados públicos temerosos de perder
su empleo y de miles de trabajadores de empresas privadas, cuya estabilidad
laboral dependerá de la lealtad al candidato y partido de su patrón o
empresario.
El mito de la voluntad ciudadana
Uno de los grandes mitos y
supuestos de la democracia liberal, por estos días desmentido en todas las
latitudes, es el ejercicio libre y soberano de la voluntad de cada ciudadano y
ciudadana frente a las urnas. Entre muchas circunstancias, ya lo sabemos,
porque esa voluntad es fácilmente manipulable por los algoritmos, la IA, la
desinformación que circula vertiginosa por las redes sociales, pero sobre todo
por la habilidad de algunos candidatos para seducir a millones de ciudadanos a
partir de espejismos, miedos, esperanzas, frustraciones, prejuicios y odios,
todo ello reflejado en el llamado marketing electoral, en la publicidad y las
consignas que agitan durante sus campañas. Por eso, la voluntad ciudadana
termina siendo más aquella configurada por los candidatos y sus estrategas de
marketing electoral, que la decisión reflexiva, serena y argumentada de cada
elector expresada en su voto en las urnas. Algo parecido a ese otro gran mito
llamado “Bien Común”, que no preexiste como algo que se encuentre en el
horizonte, sino que se construye difícilmente a partir de disputas, concesiones
y transacciones entre múltiples intereses y valores en conflicto. Por eso es
tan esquivo y muchas veces inexistente, como calamitosamente lo sufren millones
de colombianos con el presupuesto objetivo de ese “bien común” que es la salud
pública, convertida hoy en una calamidad pública. Pero volviendo al tema de las
campañas electorales y sus lemas, ellas configuran y a la vez reflejan el tipo
de voluntad ciudadana que terminan creando, estimulando y expresando en las
urnas. Por eso vale la pena, aunque sea demasiado tarde, realizar una breve
comparación entre los símbolos, figuras y consignas de la campaña de Abelardo, favorito
en las encuestas para ganar en esta segunda vuelta, y deducir de ellas no solo el
tipo de voluntad ciudadana que es configurada, sino sobre todo el tipo de
ciudadano y ciudadana que es llevado a las urnas supuestamente a defender la
Patria.
Abelardo, el Tigre: “Firmes por la Patria”.
El mayor mérito de la campaña de
Abelardo es su agresividad y brutalidad, cuyo trasfondo ha sido el miedo a la
inseguridad y la exacerbación de prejuicios, frustraciones y odios contra la
izquierda, que anunció destripar, para lo cual apela a un patrioterismo militar
que desprecia la civilidad y sus rasgos distintivos, la racionalidad y los
acuerdos, para sustituirla por la fuerza y el grito estridente de “Firmes por
la Patria”, que desprecia los argumentos, las concesiones y transacciones. En
una palabra, su consigna es la quintaesencia del autoritarismo y el
militarismo, adobado y camuflado tras una constelación artificiosa de símbolos
patrios, que no logran ocultar del todo la deformidad teratológica de los “tres
huevitos” de Uribe: “Seguridad, inversión y cohesión social”. Por eso, las
imágenes centrales de su campaña son tan violentas: un tigre que rasga con sus
garras la bandera nacional, rompiéndola en tres franjas. Lo que presagia todo
lo contrario de lo que debería ser el patriotismo, forjar la Unidad Nacional,
como lo ordena la Constitución, dividiéndola en tres franjas o partes difíciles
de remendar y reconciliar, que ignoramos por ahora cuáles pueden ser, pero es
factible presumirlas. Una de ellas, desde luego, es el gran establecimiento,
pues todos los gremios empresariales y grupos económicos lo han respaldado,
tras bambalinas, como también lo han hecho todas las macroempresas electorales
y clientelistas, que se autodenominan partidos políticos, y él se apresura a
rechazar, pero que incondicionalmente le brindarán su apoyo de llegar a la Casa
de Nariño.
Abelardo, el outsider
Sin duda, Abelardo es un excelente
outsider, pues sus triunfos y goles los ha anotado fuera de lugar, jugando con
personajes que en su mayoría han estado también fuera del campo de la
legalidad, brindándoles su asesoría de avezado penalista, “para burlar las
leyes sin violarlas o para violarlas sin castigo” -según la expresión de Gabo
en su Proclama “Por un país al alcance de los niños”—como los paramilitares,
David Murcia Guzmán (DMG) y Alex Saab. Es decir, desde los mayores criminales
de lesa humanidad, pues los “paras” superan en asesinatos, masacres y
desapariciones a las desaparecidas Farc-Ep, hasta los más representativos
estafadores y lavadores de fortunas, por lo cual está en líos judiciales en
Estados Unidos, dada sus penumbrosas relaciones con Alex Saab, testaferro de
Maduro, y de otros implicados con el narcotráfico. Con semejante pasado, es
explicable que haya tomado como mascota al tigre, un furioso felino depredador,
que la única ley que respeta es la del más fuerte –algo que avergonzaría a
cualquier abogado—y con el cual se identifican millones de sus electores,
quienes revelan así una preocupante fascinación y admiración por la fuerza sin
límites de una fiera. Una fiera que incluso podría devorarlos si los confunde
con los corruptos que anuncia Abelardo serán la presa favorita del Tigre.
La ciudadanía no es una manada
También por eso, en sus mítines y
entrevistas, Abelardo se refiere a sus seguidores como una manada que debe seguirlo
incondicionalmente y en forma leal, sin considerarlos ciudadanos e incluso los
invita a marcarlo en el tarjetón con una raya, acción propia de una fuera y no
de un ciudadano. Ninguna escenografía más brutal y vergonzosa para una persona
decente que esa conversión de las elecciones en un circo con fieras, donde es
invitado a votar como un miembro más de una manada irracional,
supuestamente para defender y salvar a la Patria. La pregunta obvia para todos
ellos, sería ¿Convertirán la Patria en una selva donde gobernarán los más brutales
y leales a un Tigre? ¿Cuál sería el
destino de esa Patria en manos de los más violentos y astutos? Conoceremos esas
respuestas en menos de dos horas. En caso de imponerse la manada sobre la
ciudadanía, nos llevará más de cuatro años volvernos a reconocer todos como
colombianos, miembros de una nación democrática, y Colombia quedará mas rasgada
y destrozada que la bandera de la publicidad electoral de El Tigre.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario