domingo, marzo 08, 2026

LA TRAMOYA ELECTORAL

 

LA TRAMOYA ELECTORAL

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/la-tramoya-electoral/

https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-03-02/la-tramoya-electoral.html

 

En campaña los candidatos descienden de sus pedestales y curules de congresistas para volver a ser ciudadanos corrientes, se esfuerzan por ser iguales a nosotros en la búsqueda desesperada de votos.

Hernando Llano Ángel.

(Artículo para EL PAÍS, el periódico global, edición América-Colombia, marzo 2026)

Las elecciones son la tramoya perfecta de la democracia liberal y el sufragio universal su llave maestra, aquella que supuestamente cambia el escenario y el decorado del poder estatal, promoviendo el ingreso de nuevos actores protagónicos en los aposentos del poder, el Congreso y la Casa de Nariño. La inmensa mayoría de ciudadanos llegan convencidos a las urnas de que basta con depositar su voto en ellas para que todo cambie y sus vidas mejoren sustancialmente. Le confieren un poder casi mágico al tarjetón y todavía más al simple acto de marcar sobre él y tachar con una “X” a su candidato ganador. Si su partido y candidato triunfan es como si se hubieran ganado el baloto, festejan ruidosamente y hasta desprecian a los vencidos, tratándolos como unos pobretones despojados del poder. Hacen del tarjetón un fetiche y creen que por ganar las elecciones ya están en el poder, van a gobernar y hacer realidad todas sus aspiraciones y sueños, pues están convencidos que en la democracia manda la mayoría, sin respetar los derechos de las minorías y mucho menos las críticas de la oposición. Sus elegidos por lo general no llegan a gobernar sino a vengarse, a tomar revancha y apropiarse el Estado como un botín para repartirlo entre sus copartidarios y numerosas redes clientelistas. Incluso hacen campaña prometiendo derogar leyes y revertir las reformas sociales del anterior gobierno por considerarlas populistas e improvisadas.

Democracia de “Barras bravas”

En resumen, tienen una noción de barras bravas de la democracia, acompañada de mascotas furiosas, consignas patrióticas y belicosas con gestos y saludos militares. Con esa puesta en escena niegan por completo el espíritu civilista y deliberativo de la democracia, que para ellos es puro discurso y la desprecian por falta de carácter, de cojones y “verraquera”. Les gusta es mandar y que los obedezcan, a eso reducen el poder, porque les cuesta demasiado trabajo pensar y persuadir. Lo de ellos es la beligerancia, no la deliberación. La confrontación, no la concertación. La imposición, no la conciliación. Sus consignas para volver al Congreso o llegar por primera vez son muy “originales”: prometen acabar con la corrupción, trabajar sin descanso y con transparencia, promover la justicia y el bien común. Aunque durante su permanencia por varias legislaturas en el Congreso no hayan rendido cuentas a la ciudadanía de sus ejecutorias y su desempeño haya sido penumbroso, cuando no vergonzoso por sus ausencias y falta de debates. Poco importa que, hasta hace pocas semanas, los que hoy aspiran a la reelección, se hubiesen opuesto furiosamente a la reforma laboral y pensional. Y, que una vez el Ejecutivo decretó el salario vital, hubiesen puesto el grito en el cielo, descalificándolo por populista.

Cambio de Identidad

Ahora, en su búsqueda desesperada de votos, todo ha cambiado. Pareciera que fueran aliados del gobierno, pues la mayoría de los que ayer eran furibundos opositores hoy son partidarios de la “cuestión social” y ponderan el salario vital. Pero donde es más visible y hasta risible su cambio de identidad política y comportamiento es en la forma como se relacionan con el ciudadano común, al que ahora saludan de la mano, se toman selfies con él, escuchan atentamente y agradecen sus sugerencias, que prometen serán incorporadas en sus proyectos de ley. Han descendido de sus pedestales y curules de congresistas para volver a ser ciudadanos corrientes, de a píe, y se esfuerzan por ser iguales a nosotros y hasta se lamentan e indignan por el alto costo de la vida, pues sus menguados ingresos de congresistas ya casi no les alcanzan para cubrir sus gastos. Se han despojado de todo el protocolo de su poder de congresistas, ya no tenemos que pedirles citas, pues nos atienden inmediatamente en calles, plazas, el transporte público y en un arrebato de demócratas integrales y eruditos nos recuerdan la definición de Abraham Lincoln en 1863 en su famoso “Discurso de Gettysburg”: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

¿De cuál democracia me hablas?

Pero una vez son electos y llegan a sus curules, su rol de demócratas integrales y ciudadanos corrientes desaparece. Ahora son Honorables Congresistas, muy ocupados, a quienes hay que solicitar citas con meses de antelación, pues no tienen tiempo para atender tanta gentuza inoportuna, esa legión de vagos que no los deja tranquilos y menos atender como es debido las reuniones de trabajo en selectos clubes y congresos gremiales con sus generosos patrocinadores: banqueros, comerciantes, empresarios, ganaderos y sacrificados lideres agroindustriales, de quienes solo depende la prosperidad de Colombia. Ya la democracia no es el “gobierno del pueblo”, sino el gobierno de los plutócratas. Menos es el gobierno ejercido por el pueblo, pues quienes toman las decisiones y gobiernan son los políticos electos, los que tienen la “preparación” y saben “administrar muy bien lo público, transparentemente”, como si fuera su empresa privada y hacen del Estado un mercado para subastarlo entre cacocratas. Por último, menos es el gobierno para el pueblo, pues eso sería el horror del populismo, la oclocracia y no el gobierno para la seguridad jurídica y la estabilidad de los negocios, como es lo propio de la democracia liberal. Si lo leído hasta aquí le suena demasiado panfletario, propio de un académico izquierdista y hasta “mamerto”, le recuerdo el aparte final del artículo 1 de nuestra Constitución Política que dice: “Colombia está fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general y, en cuanto el compromiso y las obligaciones constitucionales de los congresistas, el artículo 133 nos dice que “Los miembros de cuerpos colegiados de elección directa representan al pueblo, y deberán actuar consultando la justicia y el bien común. El elegido es responsable políticamente ante la sociedad y frente a sus electores del cumplimiento de las obligaciones propias de su investidura”. Pero en su ejercicio son contados los congresistas que cumplen esos dos artículos constitucionales, porque obedecen a la tramoya que define sus comportamientos y decisiones. Una tramoya que está conformada por conglomerados económicos que financian sus partidos y campañas, como lo demuestra la siguiente investigación de Cuestión Pública[i]: “Entre 2010 y 2025, los bancos de Sarmiento Angulo, El GEA, el Grupo Bolívar y los Gilinski aportaron o prestaron $33.843 millones para campañas al Congreso (si se suman las elecciones locales, esta cifra asciende a 110.367 millones); es decir, 7 de cada 10 pesos destinados por los principales conglomerados económicos a candidatos al Congreso se entregaron a través de sus bancos. Según los datos analizados por Cuestión Pública, los principales beneficiarios de estos préstamos y aportes fueron los partidos tradicionales. El 91% de los recursos, es decir, $31 mil millones aproximadamente, fue a parar a cinco partidos: el Centro Democrático ($9 mil millones), el Partido Liberal ($7 mil millones), el Partido de la U ($6 mil millones), Cambio Radical ($4 mil millones) y el Partido Conservador ($4 mil millones). Los otros tres mil millones fueron para el Partido Verde (un poco más de mil millones); el Polo Democrático ($300 millones aproximadamente), entre otros”. Conviene leer la investigación completa en el portal de CUESTIÓN PÚBLICA: https://cuestionpublica.com/. Si lo hace y conoce mejor esa sofisticada tramoya de los conglomerados económicos, los llamados supercacaos, usted podrá decidir si bota su voto una vez más respaldando esos candidatos patrocinados o, por el contrario, vota informada y responsablemente por quienes considere que al menos cumplirán esos dos artículos de la Constitución. Claro que también puede votar en blanco o simplemente no votar, porque probablemente comparta esta radical y anarquista sentencia que se atribuye a José María Vargas Vila: “Quien vota, elige un amo”.


[i] https://cuestionpublica.com/por-la-plata-baila-el-perro-o-el-candidato/?utm_source=cuestionp.beehiiv.com&utm_medium=newsletter&utm_campaign=quien-pone-la-plata-en-la-politica-y-a-que-partidos-va-nueva-investigacion&_bhlid=ffa0820bade1d453cde840a7ea429fc62e2887cb

 

POLÍTICA EXCENTRICA Y CIUDADANÍA CÉNTRIPETA

 

 POLÍTICA EX-CÉNTRICA Y CIUDADANÍA CENTRÍPETA

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/politica-ex-centrica-y-ciudadania-centripeta-2/

https://elpais.com/america-colombia/2026-02-23/politica-excentrica-y-ciudadania-centripeta.html

Al fin de cuentas, la política es la actividad que pone en juego, para bien o mal de todos, nuestra condición humana y su impredecible capacidad de acción, libertad y corruptibilidad.

Hernando Llano Ángel.

Al ser la política fundamentalmente una actividad ubicua y por eso toparnos con ella en todas partes al mismo tiempo, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, ella carece propiamente de un centro. Su dinámica es más centrífuga que centrípeta, ella se dispersa y proyecta en todos los ámbitos de la vida social y personal. Desde los más públicos hasta los más íntimos. Con mayor razón en los tiempos que corren donde no queda un vericueto sin su presencia en el espacio físico y en el cibernético con su infinidad de redes sociales, que invaden y buscan continuamente “hackear” nuestras mentes. Por eso quienes se definen como políticos de centro y se obsesionan en forma narcisista por convertirse en su epicentro, dedicándose a fustigar a los extremos, tildándolos de extrema derecha o extrema izquierda -según su propia visión e intereses- tienen demasiadas dificultades para ser escuchados y persuadir a los electores. De alguna forma son víctimas de su anacrónica imagen de la política. Todavía la piensan y sitúan en una especie de plano cartesiano con coordenadas precisas, donde es posible distinguir claramente la derecha de la izquierda, el centro con sus gradaciones de centro derecha, centro izquierda y los extremos antagónicos que se disputan el electorado.  A ello agregan en el plano internacional los puntos cardinales de norte y sur, este y oeste. Son incapaces de pensar la política como una correlación de fuerzas que define precisamente el plano en donde ella se desarrolla, así como los diversos lugares y puntos conflictivos, siempre contingentes, donde se desenvuelven sus protagonistas y actores. De suerte que los que ayer se reclamaban de derecha, hoy se mueven hacia la izquierda y viceversa, según sean sus objetivos y aspiraciones electorales. Lo vemos en las actuales campañas electorales, pues ahora resulta que para todos los candidatos la cuestión social y el empleo digno es una de sus máximas preocupaciones, obviamente después de la seguridad. Los que ayer fustigaban el salario vital, hoy salen a defenderlo. Y los que promovían la “Paz Total” hoy la fustigan como un fracaso letal.

Pero la Política no es Topografía

Pero la política no es topografía, su dinámica vertiginosa e impredecible es más afín con la física cuántica que con la geometría cartesiana. En todo caso, no es susceptible de ser fijada y representada sobre un plano cartesiano y mucho menos ser situada en un punto exacto de intersección entre la abscisa “X” (seguridad) y la ordenada “Y” (cuestión social). La política es una actividad demasiado viva y dinámica para ser sometida a la precisión geométrica y menos aún a la lógica matemática, como bien parece saberlo Roy que no conoce barreras en la búsqueda de votos e ignorarlo Fajardo, atrapado en su lógica matemática e imagen de profesor virtuoso que da clases de moralidad a todos los demás candidatos.  Al fin de cuentas, la política es la actividad que pone en juego, para bien o mal de todos, nuestra condición humana y su impredecible capacidad de acción, libertad y corruptibilidad. Si bien es cierto nuestra libertad está cada día más condicionada por los algoritmos y es más susceptible de ser manipulada por la IA y el vértigo de las Fake News en las redes sociales, aún conservamos nuestra capacidad de pensar críticamente y resistirnos a ese oscuro entramado de las elites tecnocráticas, fusionadas con las oligárquicas de la política, que están sustituyendo la democracia por la Infocracia, según lo advirtió Byung-Chul Han en su breve ensayo “Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia”.

Pensar críticamente y deliberar públicamente

Pero mientras seamos capaces de hacer elecciones éticas a partir de nuestra reflexión crítica y la deliberación pública, seremos nosotros quienes definamos qué significa ser de derecha, centro, izquierda o sus extremos y no permitir que solo sean los políticos o la IA quienes nos encasillen en esas categorías según sus ideologías, doctrinas, prejuicios, odios, fobias, intereses y, sobre todo, su obsesión demagógica y megalómana por ganar las elecciones. Más aun en este tiempo de la IA, que pretende definir por nosotros lo que queremos, pensamos y elegimos hasta conducirnos al centro más peligroso de todos, el agujero negro de las decisiones tomadas a partir de las pasiones más devastadoras y letales de la política: el miedo, el odio y la codicia, camufladas bajo doctrinas que se alimentan de ideas supremacistas de orden racial, nacional y de clase, como está sucediendo en Estados Unidos con el credo de MAGA y AMERICA FIRST. Lo más preocupante es que esa parece ser una tendencia exitosa en gran parte del planeta. Porque esa elite tecnopolítica y los asesores de marketing electoral sabe bien cómo deslumbrar y cautivar a las mayorías con consignas altisonantes que promueven líderes demagógicos con supuestas soluciones para todos nuestros problemas que nos conducirán a un “mundo feliz”. Un mundo sin inseguridad, violencia, desempleo, pobreza, enfermedades, así terminen cortándonos la cabeza para salvarnos y ellos llegar al Congreso y la casa de Nariño. Es casi inverosímil que ese carnaval de ilusiones se repita cada cuatro años y que lo celebren quienes más lo sufren, para luego consolarse diciendo “todos los políticos son iguales” o son “los mismos con las mismas”, pero vuelven y votan por ellos.

Dígannos al menos un par de verdades

Pero resulta que la mayoría de esos políticos, salvo muy contadas excepciones que casi siempre pierden las elecciones, se han pasado toda su vida sin resolver esos graves problemas, dedicados a prolongarlos y agudizarlos. Seguramente por ello ahora aspiran volver una vez más al Congreso e incluso hasta la Presidencia de la República. Son profesionales de la simulación y la incompetencia, cuando no de la contemporización y la celebración de acuerdos clandestinos con la codicia de poderosos grupos empresariales, financieros y criminales, que tras bambalinas “AVALAN” y financian sus costosas campañas electorales. Valdría la pena que en lugar de contarnos cómo nos van a salvar y hacer felices a todos, esos candidatos y candidatas nos dijeran un par de verdades, eso sí antes de las elecciones. Como, por ejemplo: 1) Cuánto valen sus campañas y sus innumerables vallas que oscurecen el horizonte de nuestras ciudades y campos, sus multitudinarias concentraciones populares, sus ágapes y correrías por todo el país, 2) Quiénes los están financiando[i] y, como todos son tan “transparentes, correctos y honestos”, también nos contarán cuáles son los acuerdos a los que han llegado con sus generosos patrocinadores. Si al menos conociéramos públicamente este par de verdades podríamos ir a las urnas con los ojos abiertos y sabríamos hasta qué punto lo que dicen y prometen tiene alguna veracidad o es pura demagogia, para no ir a botar nuestro voto.

Responsabilidad ciudadana

Claro que si somos  ciudadanos y nos reconocemos como el epicentro del poder político, no solo como electores situados en la periferia de banderías partidistas, deberíamos responder ese par de preguntas consultando portales como la Registraduría, https://www.registraduria.gov.co/, y otros que hacen seguimiento a las campañas como la MOE, https://moe.org.co/, PARES, https://www.pares.com.co/, Foro Nacional por Colombia, https://foro.org.co/, Ideas para la Paz, https://ideaspaz.org/, Indepaz, https://indepaz.org.co/, además de numerosas y valiosas revistas digitales como Razón Pública, https://razonpublica.com/, La Silla Vacía, https://www.lasillavacia.com/, Cuestión Pública, https://cuestionpublica.com/ y la Revista Raya https://www.revistaraya.com/ , entre muchos otros medios digitales no matriculados partidistamente, comprometidos con el rigor analítico y la información a la ciudadanía. Gracias a su consulta y lectura podríamos formarnos un juicio ciudadano responsable y así deliberar públicamente sobre la idoneidad, competencia y decencia de los miles de candidatos y candidatas en campaña, para ir más allá de ese perfil de patriotas, defensores y salvadores de Colombia que todos ellos exhiben sin pudor alguno frente a las cámaras de televisión, entrevistas radiales y vallas publicitarias. Entonces al votar en forma responsable, informada y consciente les demostraríamos que ellos no son el centro de la política, que somos los ciudadanos quienes estamos en el epicentro del poder público y definiremos con nuestro voto quiénes y qué políticas estarán en el centro de la actividad gubernamental, sin dejarnos confundir por esos espejismos de derecha, centro, izquierda y sus extremos tras los cuales ocultan bien sus ambiciones políticas y las de sus patrocinadores, induciendo a millones de cándidos electores a botar su voto en los próximos comicios del 8 de marzo, 31 de mayo (primera vuelta presidencial) y seguramente en la segunda vuelta el 21 de junio.

 

ELECCIÓN PRESIDENCIAL Y MUNDIAL DE FÚTBOL

 

ELECCIÓN PRESIDENCIAL Y MUNDIAL DE FÚTBOL

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Algunos políticos ganan no con la mano de Dios que le ayudó a Maradona y Argentina para derrotar a Inglaterra en el mundial de México de 1986, sino con la mano del “diablo” y jugaditas fuera de lugar.

Hernando Llano Ángel.

En medio de la incertidumbre que corroe a estas elecciones, lo más seguro es que tendremos repechaje, es decir, segunda vuelta, para definir el próximo 21 de junio quien llegará a la Casa de Nariño. Y llegará al “poder” no a gobernar sino más bien a transar intereses con los poderes decisorios, tanto los legales como ilegales, que tras bastidores ya le han marcado los límites a la cancha de la gobernabilidad presidencial. Unos límites que no conocemos, pero que sabemos están fijados y acordados con sus generosos aportantes y numerosos socios, copartidarios y aliados. No ha existido ninguna campaña presidencial, al menos desde 1990, que previamente no haya adquirido compromisos para devolver en contrataciones públicas, concesiones y burocracia el pago de esas contribuciones. De allí, que cada presidente termine su mandato tan agobiado y desprestigiado. Por eso, valdría la pena que contáramos en las campañas electorales con un VAR, como en el mundial, que anulará a tiempo todas esas jugaditas ilegales y clandestinas con las cuales muchos candidatos y sus partidos ganan las elecciones. Aunque, a decir verdad, al menos para algunos trámites de las contiendas electorales sí funciona, como lo acaba de demostrar la Registraduría Nacional al anular y no avalar el 62% de los casi cinco millones de firmas presentadas por Abelardo de la Espriella como precandidato en nombre de “un grupo significativo de ciudadanos”. Si como precandidato comete semejante osadía, engaña y defrauda así la confianza ciudadana, la pregunta obvia es ¿Hasta dónde podrá llegar siendo presidente? Si llega a la Casa de Nariño, habrá que reconocer que será gracias a millones de “significativos ciudadanos” para quienes la ilegalidad, la picardía y la trampa es fuente de legitimidad presidencial. Entonces estaríamos ante la máxima expresión de la cacocracia en nombre de “la salvación nacional”, “firmes por Colombia” y “defensores por Colombia”. Sin duda, como lo anuncia el propio Abelardo, muchos correrán el riesgo de que se “los coma el tigre”, su mascota de campaña, especialmente aquellos que no se comen su cuento de “salvar a Colombia”, como sí lo hizo con Alex Saab, el testaferro de Maduro hoy en aprietos. Aunque también es probable que millones de sus entusiastas seguidores queden defraudados y su confianza burlada, como le sucedió a David Murcia Guzmán (DMG), según su entrevista con Daniel Coronell[i].

En las campañas presidenciales no hay VAR

Lo lamentable es que el VAR, que seguro impedirá en el mundial de fútbol que una selección gane con jugadas ilegales o dudosas, no existe en las campañas presidenciales en curso o solo funciona cuando ya el partido ha terminado. Siempre nos enteramos demasiado tarde que el ganador en la contienda electoral ha llegado a la Casa de Nariño en “virtud” de muchas jugaditas ilegales, siendo la más frecuente y leve violar los topes fijados para la financiación de las campañas (un fuera de lugar), como al parecer sucede en el actual o, mucho peor, de recibir el apoyo, obviamente en el “camerino” y antes de jugarse la final, de poderes de facto ilegales y criminales, que van desde el narcotráfico (proceso 8.000), los grupos de autodefensa y la guerrilla, hasta los muy legales como Odebrecht o el generoso AVAL de grupos financieros. Es decir, ganan no con la mano de Dios que le ayudó a Maradona y Argentina para derrotar a Inglaterra en el mundial de México de 1986, sino con la mano del “diablo”, como lo han hecho muchos candidatos y por eso después gobiernan impunemente, con más pena que gloria. Para completar el panorama de ese desleal y turbio juego del poder político, cada cuatro años vuelven los mismos partidos políticos con sus mismas alineaciones de jugadores profesionales. Candidatas y candidatos sonrientes en costosas vallas publicitarias, muy diestros y hasta siniestros para la promesa y la demagogia y así ganan de nuevo sus curules en el Congreso, en fuera de lugar. Sucede así porque tienen una hinchada numerosa de fanáticos y clientelas leales, muy agradecidas, que los reeligen por prebendas, afinidades, intereses compartidos y necesidades acuciantes. Pero también ganan porque un número significativo de electores carece de información y no utiliza o tiene atrofiado el VAR de su memoria y del juicio ciudadano. Van a las urnas a botar su voto y marcan el tarjetón como si fuera un baloto, esperando acertar con el ganador. Ya tenemos 16 aspirantes a la presidencia, en la liga menor que se definirá el próximo 8 de marzo en las tres consultas, y tres jugadores en la liga mayor: Cepeda, Abelardo y Fajardo, que los esperan para el picado del 31 de mayo, en primera vuelta. Y la final será el 21 de junio, en la segunda y definitiva vuelta presidencial.

Los partidos de verdad 

Pero estoy seguro que la inmensa mayoría de colombianas y colombianos estaremos pendientes de otros partidos donde la Selección Colombia y sus jugadores nos demostrarán en el mundial todo lo contrario de los partidos políticos y sus mediocres jugadores y candidatos, pues sus victorias son fruto de su trabajo, talento, juego limpio y goles inobjetables. Porque a la Selección Colombia se llega por mérito propio y no por adulación y jugaditas sucias o compromisos tras bambalinas con el cuerpo técnico y sus directores. Se está en la cancha de fútbol porque se ha demostrado competencia y calidad humana. Su presencia en la selección es gracias a sus jugadas a la vista de todos en la cancha de fútbol. Es una alineación y participación ganada con absoluta transparencia y destreza, por el compromiso de cada jugador con el equipo y el juego colectivo, no a su narcisismo por ser la estrella ganadora. Sin duda, en la cancha de fútbol predomina la meritocracia alcanzada con disciplina, sudor y sacrificio, como nos lo demuestran los “Luchos” en el Bayern y el Sporting de Lisboa.  Todo lo contrario de lo que sucede en la arena política y sus Partidos, donde reina por lo general la intriga y la adulación, propias de la cacocracia y la mediocridad. El miércoles 17 de junio será el debut de la selección contra Uzbekistán a las 10 de la noche, con posibilidades ciertas de ganar, lo que nos deparará seguramente alegría para llegar el 21 de junio a las urnas, donde decidiremos con nuestro voto una disputada final entre dos candidatos, sin que tengamos la seguridad de ganar o perder, pues solo lo sabremos cuatro años después. Y el 27 de junio Colombia enfrentará un desafío mayor ante Portugal a las 7 de la noche. Pero más allá del resultado, habremos visto que si bien el fútbol y la política son juegos que convocan la pasión de multitudes, también sus diferencias son considerables.

“Reglas ciertas y resultados inciertos”

En el fútbol siempre hay reglas ciertas que un árbitro hace cumplir, ahora con mayor precisión y acierto gracias a la tecnología del VAR. En cambio, en nuestra política las reglas son cada vez más inciertas, carecemos de un árbitro confiable y no existe el VAR para evitar el triunfo de jugadores deshonestos y en fuera de lugar. Es verdad que los resultados en ambos juegos son más o menos inciertos, pero en el fútbol vemos todos cómo se gana o pierde, los jugadores están expuestos a la vista de millones de espectadores, a su exaltación o rechifla, en la cancha la visibilidad y transparencia de sus jugadas es absoluta, desde sus aciertos hasta sus errores, su juego limpio y sucio. Todo lo contrario, sucede en la política, por eso los candidatos hablan tanto de transparencia, honestidad y juego limpio, porque sus jugadas cruciales suelen ser ocultas y en la penumbra. Mientras más se precian de ser honestos, virtuosos y transparentes más impostores y farsantes suelen ser. Son la puesta en escena de la simulación.

Triunfos en camerinos ocultos

Ganan en las elecciones como certamen público, pero sus triunfos se tejen en camerinos ocultos, con apoyos más o menos vergonzosos y maniobras clandestinas. Pero, sin duda, la mayor y más importante diferencia es que en la cancha de fútbol no se tolera la violencia y menos la eliminación física del contrario, por eso los jugadores irascibles y agresivos son expulsados inmediatamente. Disputan el juego como adversarios y no como enemigos y al final del partido, por más enconado que haya sido, los técnicos y jugadores se despiden y reconocen el resultado. Lo contrario suele suceder en nuestra arena política, donde el contrincante cuando no es excluido del juego al aplicarle arbitrariamente las reglas, como lo hizo el Consejo Nacional Electoral contra el precandidato Iván Cepeda y a favor de Daniel Quintero, corre el riesgo de ser eliminado físicamente, como sucedió con Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, en anteriores comicios presidenciales. Ya el ELN ha amenazado de muerte a De la Espriella, según su versión. Esperemos que esa saga espectral y letal no se repita en las próximas elecciones, pues la sombra del precandidato Miguel Uribe Turbay todavía se proyecta, aunque su padre no aparezca en la llamada “Consulta amplia por Colombia”. Una consulta que demuestra así ser lo contrario, según las denuncias de la senadora María Fernanda Cabal y su esposo José Félix Lafaurie. Ojalá tuviéramos presente, tanto en los partidos de nuestra selección en el mundial, pero sobre todo en los próximos comicios electorales este palio del DHAMMAPADA: “El que vence engendra odio, el que es vencido sufre. Con serenidad y alegría se vive si se superan victoria y derrota”. Porque el fútbol y la política deberían ser juegos vitales, no mortales, como los convierten los fanáticos de las barras bravas y facciones sectarias con supuestos salvadores de la Patria.

  

 

ELECCIONES ESPECTRALES Y LETALES

 

 

ELECCIONES ESPECTRALES Y LETALES

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Hernando Llano Ángel.

En Colombia las elecciones suelen ser espectrales, letales, fantasmagóricas y hasta escatológicas. Así aconteció con la candidatura de César Gaviria Trujillo a la Presidencia en 1989, proclamada desde el cementerio central de Bogotá por Juan Manuel Galán, en el sepelio de su padre donde le entregó sus banderas a Gaviria: la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y la búsqueda de la paz política. Esas elecciones estuvieron precedidas por los magnicidios de otros dos candidatos presidenciales, plenos de juventud y vitalidad: Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, que representaban la posibilidad de una Colombia renaciente, diferente, más allá de la anquilosada, violenta y moribunda legada por los dos partidos tradicionales, ya carcomidos por su contemporización con el narcotráfico.

Sacrificios inútiles

Pero el sacrificio de estos tres candidatos terminó siendo en vano, pues el “Bienvenidos al futuro” de Gaviria comenzó con la prohibición constitucional de la extradición de colombianos por nacimiento (artículo 35, después derogado), el aborto prematuro del Estado Social de derecho de la Constitución del 91 en el altar de su “apertura económica” y, para colmo, la paz como un “derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” (artículo 22) la convirtió en una declaratoria de guerra integral contra las Farc-Ep. Para completar la traición a Galán, promovió por decreto las nefastas cooperativas de seguridad Convivir, embrión de los posteriores grupos narcoparamilitares. Esa dimensión espectral y violenta de las elecciones no ha cambiado, pese a la firma del Acuerdo de Paz hace ya casi una década. Sin embargo, las elecciones se siguen efectuando, como si nada grave sucediera, para conservar así la mascarada de ser la democracia “más estable y profunda” de Latinoamérica.

Riesgos espectrales y mortales

Según el reciente informe de la Misión de Observación Electoral (MOE), “Mapas y Factores de Riesgo Electoral – Elecciones nacionales 2026”[i], y su directora nacional, Alejandra Barrios: “este estudio identificó que, para las elecciones nacionales de 2026, hay 170 municipios con algún nivel de riesgo electoral donde coinciden factores indicativos de fraude y violencia en el país. De estos, 81 están en riesgo extremo, 51 en riesgo alto y 38 en riesgo medio”. Pero como acontece desde hace 67 años, estas elecciones se realizarán sin novedad. Los candidatos ganadores celebrarán y se afirmará una vez más, con bombos y platillos, el valor y la resiliencia de la democracia colombiana, sin deparar que unas elecciones en tales circunstancias carecen de los requisitos mínimos propios de la legitimidad democrática: libertad para el ejercicio del voto por todos los electores y garantías de seguridad y legalidad para todos los candidatos. Tras estas elecciones siguen agazapados múltiples poderes de facto que determinarán sus resultados, con su combinación letal de plata y plomo. Poco importa que miles de votos procedan de regiones y municipios donde la intimidación y el control de los grupos armados ilegales impiden la libre participación y elección de sus ciudadanos o la compraventa de votos sea una práctica consuetudinaria. Y el número de votos que aportan dichos municipios no es insignificante según el informe de la MOE: “Excluyendo a Bogotá por sus dinámicas urbanas específicas, los 170 municipios en riesgo tienen 4.564.177 personas habilitadas para votar, lo que representa el 11 % del censo electoral”. “Estos datos permiten dimensionar la magnitud territorial y operativa que enfrenta el Estado para mitigar los riesgos que identificó el grupo técnico que elaboró el estudio y garantizar el ejercicio del derecho al voto de la ciudadanía”, aseguró Diego Rubiano, coordinador del Observatorio Político Electoral de la Democracia de la MOE.

Consultas “inter-persona-listas

A la anterior singularidad electoral colombiana, habría que sumar las circunstancias tan insólitas en que se celebrarán el próximo 8 de marzo las llamadas consultas interpartidistas para la selección de los candidatos presidenciales que se enfrentarán el próximo 31 de mayo en primera vuelta. Para empezar, son consultas que de interpartidistas tienen muy poco, pues son más disputas interpersonales en busca de una generosa reposición de votos. Por cada voto que obtenga un precandidato o precandidata tendrá derecho a recibir COP 8.613 de reposición por sus gastos de campaña. En semejante mercado electoral se encuentra gran parte de la corrupción del régimen y el despilfarro de nuestros impuestos de la que son cómplices y beneficiarios todos los candidatos a la Presidencia y el Congreso. Candidatos que no cesan de hablar durante sus campañas de transparencia y prometen un Estado austero en beneficio de todos los colombianos. Tal incoherencia e hipocresía valdría la pena ser castigada y no votar en ninguna de esas consultas interpersonales. En la realidad no son consultas entre partidos, más bien son consultas entre “personas-listas”, que no van tanto por los votos, sino más bien por el botín en pesos que pueden obtener para reponer los gastos en que incurrieron en la recolección de miles de firmas de ciudadanos incautos que los avalaron, persuadiéndolos con el cuento de que ellos son antipolíticos, técnicos y empresarios, que van a salvar a Colombia de la corrupción y la politiquería de los partidos, como lo hizo el candidato Álvaro Uribe Vélez en el 2002 con el respaldo de miles de firmas de ciudadanos. Y no olvidemos en que culminó esa cruzada contra la corrupción y la politiquería: en el mayor número de altos funcionarios condenados, cerca de una veintena del círculo presidencial, incluso más que los de este “gobierno del cambio”, un Congreso infectado de parapolíticos y en miles de ejecuciones extrajudiciales, con la mano firme y el corazón grande de la “seguridad democrática”. Un legado que ahora pretende reeditar Abelardo de la Espriella, de nuevo sin partido y con firmas ciudadanas, cuyas credenciales contra la corrupción y la politiquería son exitosas, especialmente como abogado del testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab, quien ahora parece estar requiriendo en Caracas de nuevo su valiosa defensa. No debería Abelardo desperdiciar semejante oportunidad, al menos así sería coherente con su mayor vocación y ambición, como abogado penalista defensor de la pulcritud y corrección de clientes como David Murcia de la pirámide DMG y Alex Saab, eslabón clave en el entramado financiero de ese paraíso inconmensurable de corrupción bolivariana, ahora coadministrado por Trump con Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello y Padrino. Pero Abelardo tiene razón, en la Casa de Nariño puede hacer mejores negocios y con socios más poderosos, “Defensores de la Patria”, que la “defienden” con el crecimiento de su propio patrimonio. Ya entregó Abelardo cerca de cinco millones de firmas de ciudadanos a la Registraduría que avalan su ambición, perdón, aspiración presidencial, que son la “materialización de un anhelo para salvar y reconstruir el país”[ii].

Consultas para todos los gustos, excepto una

El próximo 8 de marzo los ciudadanos, como en un restaurante, tendrán a disposición un menú de consultas y deberán decidir por la que más le apetezca. Cada consulta se la ingenia para parecer más democrática que las de sus contrincantes. La verdad, ese tarjetón de Consulta, atiborrado de precandidatos y precandidatas sonrientes, en total son 16, terminará por confundir y hasta difuminar el apetito del elector. Incluso hay una consulta con nueve precandidatos que tiene el desparpajo de apropiarse el nombre de Colombia, como si fuera de su propiedad, a pesar de haber excluido de la misma al padre del sacrificado senador y precandidato Miguel Uribe Turbay. Tal es el talante democrático de ese mosaico de nueve candidatos que se autoproclama “La Gran Consulta por Colombia”. Hay consultas para casi todos los gustos. Se le tiene “La Consulta de las Soluciones”, que nos ofrece a todos nuestros problemas una pareja de candidatos y la más insólita, “El Frente por la Vida”, con cinco precandidatos que no incluye al del Pacto Histórico, Iván Cepeda, que obtuvo 1.533.284 votos en la consulta del pasado 26 de octubre, pero sí a Daniel Quintero que solo obtuvo 144.677, pero no fue inhabilitado por el Consejo Nacional Electoral a pesar de haber participado en la misma consulta. Así queda demostrado que ese Consejo aplica la ley electoral como un comodín y selecciona los candidatos según los intereses partidistas de sus miembros, eliminando de entrada al más temido rival. Con esa discrecional decisión se completa la otra dimensión espectral de estas elecciones, la de la exclusión selectiva del hasta ahora precandidato presidencial más representativo en las urnas y en las encuestas de opinión. Solo cabe tener la esperanza de que en las elecciones presidenciales del 31 de mayo Cepeda pueda participar y no aparezca otra decisión arbitraria del Consejo Nacional Electoral que se lo impida o, peor aún, que la polarización sectaria, violenta y criminal no lo permita.

¿Elecciones letales?

Porque asistiremos a las elecciones más asediadas y bajo las amenazas de tres cabezas que están en el tarjetón de la Paz total, o quizá letal, del gobierno: “Chiquito malo” del Ejército Gaitanista de Colombia; “Mordisco” de las disidencias de las Farc y “Pablito” del ELN, considerados por el presidente como “traquetos” y por Trump como narcoterroristas. Unas campañas que discurren entre urnas y tumbas, pues según informe de Indepaz, durante los primeros 31 días del 2026 se cometieron doce masacres que dejaron 63 víctimas y convirtieron a enero en el mes con más masacres desde 2023[iii]. Y la MOE ya reporta cifras preocupantes sobre amenazas y violencia contra liderazgos políticos y sociales: “De los 134 hechos de violencia contra personas con liderazgo político, social y comunal, 59 fueron asesinatos o atentados. Además, alerta por un “preocupante aumento de los secuestros”, que alcanzaron su nivel más alto desde 2016 con 13 registros, la mayoría ocurridos en zonas rurales. Además, 43 de los 134 hechos se concentraron en tres departamentos: Cauca, Norte de Santander y Huila”. ¿Se transformarán, una vez más, las urnas en tumbas?

 

 

 

miércoles, febrero 04, 2026

Más allá de "Mejor Conversemos"

 

 

MÁS ALLÁ DE “MEJOR CONVERSEMOS”

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/mas-alla-de-mejor-conversemos/

https://elpais.com/america-colombia/2026-02-02/mas-alla-de-mejor-conversemos.html

Enhorabuena CARACOL televisión está promoviendo la campaña “Mejor Conversemos”, que pretende “enfrentar la polarización que atraviesa el país”. Es una poderosa campaña en compromiso con la ciudadanía, justo en medio de un debate electoral asediado por todos los flancos.

Hernando Llano Ángel.

Enhorabuena CARACOL televisión está promoviendo la campaña “Mejor Conversemos[i], que pretende “enfrentar la polarización que atraviesa el país”. Es una campaña dirigida a todos los colombianos y colombianas y nos emplaza a conversar, es decir, a reconocernos en medio de nuestras múltiples e inevitables diferencias, para poder alcanzar acuerdos sin eliminarnos, descalificarnos y condenarnos a un odio perenne. En ese sentido, es una poderosa campaña que promueve la democracia, justo en medio del debate electoral. Porque, y no está demás repetirlo hasta la saciedad, la “democracia es aquella forma de gobierno que permite contar cabezas en lugar de cortarlas”, según la definición mínima de James Bryce[ii], aunque en nuestra historia se haya convertido en todo lo contrario, en una forma de cortar cabezas sin poder contarlas. Así ha pasado, en cada gobierno, incluso el actual, cuya divisa es la Vida y la Paz Total, pues es imposible tener un número preciso de las víctimas mortales durante su gestión, como consecuencia del degradado conflicto armado “interméstico” en que estamos atrapados, prolongado por el combustible inextinguible de las economías ilícitas.

¿Conversarán Petro y Trump?

Tal es el asunto de las economías ilícitas que, al ser simultáneamente doméstico e internacional, debería ser abordado por los presidentes Petro y Trump más allá de sus veleidosas personalidades, pues al buscar cada uno tener razón e imponerse soberbiamente sobre su contradictor, el fracaso estaría asegurado. En ese sentido, deberían aprender el arte de conversar, competencia esencial en todo estadista, en lugar de polemizar agriamente para doblegar y someter a su contrario. Para ello, si el encuentro se realiza sin la presencia de periodistas y el despliegue público de sus megalómanas personalidades, es probable que discurra la conversación en modo dialógico en lugar del dialéctico y polémico, lo cual auguraría acuerdos pragmáticos en torno al control de los cultivos de uso ilícito, la destrucción de laboratorios clandestinos de cocaína –que no fábricas, como las llama Trump— y, seguramente, el aumento de incautaciones, para bien de ambas partes. Pero si discurre en el escenario público, rodeados de cámaras y periodistas, es probable que cada uno se empeñe en demostrar que moral y políticamente es superior al otro, como bochornosamente Trump lo hizo con Zelenski, humillándolo ante el mundo. Entonces ya no conversarían, más bien se insultarían. Y sería un espectáculo deplorable, con consecuencias negativas para todos. En lugar de ser un encuentro entre estadistas, se parecería a la forma como discurre la campaña electoral en la actualidad, donde cada candidato y partido se disputa el título de “salvador de la patria” y se proyecta como el paradigma de rectitud, competencia y honestidad.

El maniqueísmo polarizador de las redes sociales

Es claro que en ese clima de maniqueísmo moral y político es casi imposible conversar, pues la política ya no se desarrolla en el espacio del debate público sino en el de la descalificación subjetiva absoluta del adversario, a quien se le niega las credenciales para debatir y es condenado de antemano como un indeseable y un peligro para la democracia. Todo lo anterior exacerbado por mentiras y tergiversaciones en las redes sociales, donde cada bando defiende su candidato y candidata como la máxima personificación del bien, encarnación de la virtud, defensor de la democracia, campeón de la seguridad y el patriotismo. Desde luego, sería ingenuo pedirles que no polaricen más, pues ellos saben bien que del éxito en denostar y acabar con la respetabilidad y credibilidad de sus adversarios depende su triunfo en las urnas. Incluso el llamado “centro político” incurre en la confusión de la polarización, pues afirma que fuera de él no hay salvación y atribuye a los demás candidatos la polarización. Una falta imperdonable de lógica política, más que de lógica matemática, de la que es maestro Sergio Fajardo. Ante semejante panorama, que cada vez se degradará más, la responsabilidad de los medios de comunicación es inmensa, así como la de cada ciudadano para no dejarse arrastrar por esa vorágine maniqueísta. Una vorágine que busca sustituir la conversación por el insulto, la deliberación por la descalificación y la verdad respaldada en investigaciones, hechos y cifras por un cúmulo de mentiras sustentadas en prejuicios, odios y suspicacias que corren vertiginosas por las cloacas de las redes sociales y las bodegas a sueldo.

Más allá de “Mejor Conversemos”.

Por ejemplo, valdría la pena que, a cada candidato y candidata, en lugar de preguntarle CARACOL por sus propuestas y programas salvíficos, primero le preguntará cuánto ha invertido en su campaña, quiénes son sus financiadores, cuáles son sus redes de apoyo sociales, empresariales, barriales o ciudadanas en donde desarrolla su actividad política y profesional, qué compromisos ha asumido con quienes dice representar y hasta defender. Que no nos digan más que defienden a todo el pueblo colombiano y que si votamos por ellos todos ganamos. En fin, que son la reconciliación y la paz, en lugar del resentimiento y la “lucha de clases”. Así por lo menos tendríamos una información que podríamos verificar si es cierta o falsa. Porque no hay aportantes desinteresados y menos filántropos del “bien común” en ninguna campaña electoral. Entonces cada ciudadano podría depositar su voto con información veraz, no solo contando con sus prejuicios, ignorancia, simpatías y antipatías personales, incluso más allá de sus limitados y comprensibles intereses personales, familiares, empresariales o gremiales. Porque votar no es solo un asunto personal, es una responsabilidad pública, pues nuestra decisión afectará a toda la sociedad. También sería muy valiosa una investigación sobre los perfiles y el pasado de cada candidato y candidata a la presidencia, sus relaciones en el mundo profesional, empresarial, social y político, incluso familiar y personal, pues quien tenga antecedentes de malos tratos y deslealtad con los seres que dice amar, difícilmente podrá afianzar relaciones de confianza y bienestar en el ámbito público.

Lo privado es público en la vida política.

En una figura pública no cabe esa dicotomía absoluta, como un compartimento estanco, entre su vida privada y la pública, como bien lo demuestran Trump y Clinton, tan cercanos a Epstein. Así como los deslices, acosos y abusos sexuales de tantos otros a la derecha, centro e izquierda. Mucho menos, quienes hayan cosechado su éxito profesional o político en la penumbra de relaciones con organizaciones criminales o delictivas, como sucedió con la “parapolítica” y también con grupos insurgentes, que les proporcionaron a sus candidatos miles de votos de electores coaccionados en los territorios bajo el control de sus armas, como las AUC y la extinta Farc-Ep. Pero también es muy importante conocer a quienes se perpetúan, elección tras elección, en el Congreso a punta de redes clientelares, corrupción administrativa, contratación ilícita, dádivas y la compraventa de votos, para convertir el Estado en un botín a su servicio y el de sus financiadores. Al respecto, valdría la pena que CARACOL profundizará esas relaciones, el pasado de esa legión de candidatos y candidatas para el Congreso, que cada cuatro años se reeligen, la mayoría sin apenas trabajar y hoy devengan más de 34 millones y medio de pesos[iii] y se lamentan por haberles eliminado este gobierno la prima especial de servicios de julio equivalente a 16.9 millones.

“Mejor Conversemos” también con otros Medios

Para ello la campaña “Mejor Conversemos” también debería conversar con otros medios de investigación como CONGRESO VISIBLE[iv], supervisión de campañas como la MISIÓN DE OBSERVACIÓN ELECTORAL[v], formación ciudadanía como PARES[vi], FORO POR COLOMBIA[vii], IDEAS PARA LA PAZ[viii] y directores de revistas virtuales como RAZON PÚBLICA[ix] y la SILLA VACÍA[x] para que todos tengamos claro por quiénes votar el próximo 8 de marzo. Para que nuestro voto sea, en efecto, un voto de opinión ilustrado a favor de alguien que merezca nuestra confianza y no tanto un voto de aversión contra alguien y terminemos eligiendo a quien quizá no lo merezca. Que el nuestro sea un voto producto de la deliberación y no de la manipulación. De la conciencia y no del miedo. De la razón y no de la pasión o una emoción personal pasajera. Que sea la expresión de nuestro compromiso con lo público, más allá de una transacción a favor de nuestros intereses y la defensa a ultranza de un statu quo corrupto y decadente. De lo contrario, millones de ciudadanos, en lugar de votar, continuarán botando y perdiendo su conciencia en las urnas, para luego concluir que “todos los políticos son iguales”, siendo ellos mismos quienes irresponsablemente los eligieron. O, peor aún, aquellos que no votan y proclaman orgullosos que se abstienen porque les asquea la política e ignoran así la sabia advertencia de Edmund Burke[xi]: “Los políticos corruptos son elegidos por ciudadanos honestos que no votan”. Toda la razón tenía Bertolt Brecht en su poema: "El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, ni participa en los acontecimientos políticos, es tan burro, que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política[xii].