lunes, marzo 30, 2026

MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES

 

 

MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES (II)

https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-03-25/mas-alla-de-las-formulas-vicepresidenciales-ii.html

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/mas-alla-de-las-formulas-vicepresidenciales-ii/

Hernando Llano Ángel.

Continuando con el análisis de las duplas vicepresidenciales, la de Iván Cepeda y Aída Quilcué se inscribe en el horizonte histórico de la distinción Gaitanista entre el llamado “País político” y el “País Nacional”, que describió así el líder popular en un discurso pronunciado el 20 de abril de 1946 en el Teatro Municipal de Bogotá: “En Colombia hay dos países: el país político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder y el país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desentendidos por el país político. El país político tiene rutas distintas del país nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!”. El próximo mes se cumplirán 80 años de haber formulado Gaitán esa dramática distinción, que advertía no era exclusiva de Colombia, “según lo demuestran las leyes de la sociología”, pero en la que todavía todos continuamos viviendo pues ese divorcio y antagonismo parece insuperable. En él está el origen y epicentro real de la narrativa actual sobre la polarización de la campaña electoral en curso. En tanto una nación no logre reconocer y reconciliar las demandas y conflictos inherentes a la vida social a través de la representación y mediación de la vida política institucional y de la acción justa del Estado, siempre existirá esa tensión y polarización inevitable. Tal situación no se puede superar solo con buena voluntad y discursos más o menos convincentes sobre la necesidad de un supuesto “centro político” que la haría desaparecer, como es la obsesión y principal bandera de más de una dupla presidencial, que busca el respaldo de las mayorías en las urnas el próximo 31 de mayo.

Más allá del “centro político”

Según dichas duplas, profundizar esa polarización entre la derecha del “país político” y la izquierda del “país nacional”, nos arrastraría todavía más al abismo insondable del odio y las justificaciones maniqueas de una “violencia buena” –la institucional— contra una “violencia mala” –la social. La de los “ciudadanos de bien” contra el vandalismo de la “chusma” y la “primera línea”, que esperan agazapadas un pretexto para un nuevo “estallido social”. En el imaginario ciudadano más estigmatizador y primario, la derecha democrática contra la izquierda comunista, en la semántica sectaria de los llamados jefes naturales de los partidos políticos. En el lenguaje de las cloacas de las redes sociales, los “paras” contra los “mamertos”. De allí que las demás duplas, exceptuando la de Abelardo y Restrepo, se disputen con tanto ahínco encarnar ese “centro político”. Para empezar, tenemos a Sergio Fajardo, “soy profesor de lógica matemática”, con su rostro casi suplicante y puro, diciéndonos: “no se dejen polarizar”, acompañado por Edna Bonilla. Ambos representan bien el valor de la educación y postulan la decencia y la deliberación como expresión de su estilo político y gestión de lo público. Continuando con Claudia López y Leonardo Huerta, expresión de carácter y coherencia en su actuación pública contra la criminalidad narco-parapolítica tan afín a Uribe y contra la corrupción administrativa propia del “país político”, que siempre cuenta con el patrocinio de los esforzados y transparentes empresarios favorecidos por la contratación pública. Sin duda, estas dos duplas son las más centristas, frente a las otras siete[i] conformadas por  Luis Gilberto Murillo – Luz Zapata; Miguel Uribe – Luisa Fernanda Villegas; Mauricio Lizcano – Pedro de la Torre; Clara López – María Consuelo del Río; Roy Barreras – Marta Lucía Zamora; Santiago Botero – Carlos Cuevas y Sondra MaCollins – Leonardo Karamque, que compiten por representar a millones de colombianos del  “país nacional” que repudian la corruptela clientelista y patrimonialista, quintaesencia del “país político”. Solo nos queda la dupla de Abelardo y José Manuel Restrepo, con su intimidante tigre y patética pose militar, que reclama el discurso del orden, la seguridad y la supuesta “salvación de la Patria” y saben bien que más allá de la derecha solo tienen amigos. Ese alarmismo electoral oportunista se aprovecha del insondable “agujero negro” abierto entre el “país nacional” y el “país político”, que ninguna de las fórmulas presidenciales, por sí sola, podrá cerrar y menos suturar, pues es una herida histórica con secuelas profundas de sectarismo político, exclusión social, étnica, cultural y regional, muy bien expuestas en la nominal Constitución de 1991. Una democrática y progresista Constitución que no rige en la vida social y mucho menos regula los poderes de facto, más allá de las sesudas jurisprudencias de los magistrados de la Corte Constitucional, frecuentemente desconocidas, como aconteció con la imploración del cese el fuego del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, el nefasto 6 de noviembre de 1985.

Metástasis del “Agujero Negro”

El “agujero negro” entre esos dos países amenaza con perpetuar esa herida abierta que nos desangra y enemista desde hace más de 80 años, ahora agravada por la metástasis cancerosa de las economías ilícitas y sus numerosas y violentas organizaciones criminales, algunas bajo la coartada de la rebelión y otras en coalición con el “país político” y sus voceros más conspicuos, catapultados al Congreso. En el pasado reciente, bajo la exitosa fórmula de la “parapolítica”, con una representación cercana del 35% en el Congreso, según Salvatore Mancuso, entonces gran elector en los territorios bajo su control que a la postre catapultaron a Uribe a la Presidencia. Una herida que, desde luego, se profundizaría mucho más si Abelardo apela al bisturí militar y ni hablar si se la entrega a las garras depredadoras de su tigre. Una herida que, de alguna forma, hoy vuelve a estar en primer plano en las duplas del Pacto Histórico y el Centro Democrático, especialmente en las figuras de Aida Quilcué y Paloma Valencia. La primera, una lideresa indígena, heredera del legado y las luchas sociales comandadas por Manuel Quintín Lame Chantre (187º-1967)[ii], de quien se considera su “nieta política”, al igual que Paloma, “hija política” de Álvaro Uribe. Manuel Quintín Lame, en una olvidada e histórica proclama de 1927, llamaba a los pueblos indígenas, sustrato originario del “país nacional”, a decirle adiós a los partidos conservador y liberal en los siguientes términos: “Esos dos partidos, liberal y conservador, han sido los que han arruinado en todas sus partes las propiedades territoriales y de cultivo de los indígenas naturales de Colombia…Para nosotros los indígenas, tengamos delito o no lo tengamos, están las cárceles abiertas…Queridos hermanos y compañeros indígenas: despidámonos de eso dos viejos partidos, pero sin darles la mano, sin decirles adiós…Por lo tanto es nulo y de valor ninguno los repartos de tierras indígenas que han hecho en todos los departamentos”.

La Paloma “Arco Iris”

Y por el Centro Democrático tenemos a Paloma Valencia Laserna[iii], ahora candidata policroma de centro-derecha, en compañía del “distinto” Oviedo, así se autodenomina él mismo. Paloma es nieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia (1962-1966) y por vía materna, también de Mario Laserna Pinzón, filósofo, catedrático y fundador de la Universidad de los Andes. Sin duda, ambas lideresas tienen un acendrado abolengo con el “país nacional” y el “país político”, respectivamente. Para mayor simbolismo y relación de ellas con esa herida abierta entre los dos países, hay que recordar el protagonismo y la responsabilidad histórica de su abuelo y expresidente, Guillermo León Valencia, con la “operación Soberanía”[iv] que bombardeó a la “república independiente de Marquetalia”, llamada así por su copartidario conservador Álvaro Gómez Hurtado, y que precipitó el mito fundacional de las Farc en mayo de 1964, en ese entonces solo una autodefensa campesina bajo el influjo de los partidos comunista y liberal.

El pasado presente

El resto, hasta hoy, es historia por todos conocida, pero no necesariamente aprendida, pues el Pacto Histórico también está infiltrado por las prácticas clientelistas y corruptas del “país político”, como lo hemos visto con numerosos escándalos, siendo el de la Unidad Nacional para la Gestión del riesgo de Desastres[v] el más conocido. Justamente en las elecciones del próximo 31 de mayo vuelve a presentarse ese pulso entre esos dos países irreconciliables, con la diferencia de que en las elecciones para Congreso del pasado 8 de marzo el “país nacional” con el Pacto Histórico obtuvo como lista  cerrada el mayor número de curules en el Senado, 25, pero de nuevo quedó en minoría frente al “país político”, si sumamos a las 17 curules del Centro Democrático las restantes obtenidas por los partidos liberal, conservador y demás microempresas electorales con sus numerosos testaferros de conglomerados empresariales y financieros, quienes ya tienen su credencial de senadores. Así las cosas, las fórmulas presidenciales del Pacto Histórico y del Centro Democrático son mucho más que una cuestión electoral, pues representan nada menos que el máximo desafió político para una nación, como es superar ese abismo existente entre una esfera política y estatal incapaz de representar los intereses de las mayorías sociales, sin cuya materialización y fusión no será posible la existencia de un auténtico Estado Social de derecho y mucho menos la plena vigencia de la Constitución del 91 y la convivencia democrática con el logro de la paz política. Tal desafío es lo que se definirá el próximo 31 de mayo o el 17 de junio, en segunda vuelta y en pleno mundial de fútbol. Y si tal desafío se asume como un partido eliminatorio del mundial y un juego de suma cero, donde el triunfador desconoce los derechos del vencido y cobrará revancha histórica implacable sobre su contrincante, entonces la gran perdedora será otra vez la democracia, ya sea bajo el nombre y con la camiseta del “País Político” o el “País Nacional”. Solo nos quedaría la esperanza de que la selección Colombia triunfe sobre Portugal en su partido del 27 de junio. Sin duda, ambos resultados son tan vitales como inciertos y nuestra influencia sobre ellos es semejante y muy limitada, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por el fanatismo del triunfalismo y el sectarismo, pues en ese caso todos saldríamos perdiendo y muchos correrían el riesgo de ser expulsados del juego político y hasta físicamente ser eliminados.

MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES (I)

 

 

MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES (I)

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/mas-alla-de-las-formulas-vicepresidenciales/

https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-03-17/mas-alla-de-las-formulas-vicepresidenciales-i.html

Dichas fórmulas son mucho más que un asunto de táctica y estrategia electoral. Ellas tienen encarnadura programática y horizonte de nación.

Hernando Llano Ángel.

La reciente definición de las fórmulas vicepresidenciales es mucho más que una “jugadita electoral”, aunque dicha finalidad esté en el principio de su escogencia y conformación. Dichas fórmulas son mucho más que un asunto de táctica y estrategia electoral. Ellas tienen encarnadura programática y horizonte de nación. De hecho, dichas duplas no solo fueron integradas para llegar a la Casa de Nariño, sino que ellas mismas son la expresión de los cambios sustanciales generados por el Pacto Histórico y la presidencia de Gustavo Petro. Y, sin duda, el principal cambio es haber puesto la llamada “cuestión social” en el centro del debate electoral, disputándole incluso a la seguridad el primer lugar en la agenda de los demás candidatos. Salvo Abelardo con su gesto patético y ridículo del saludo militar y la elección primaria de un tigre como su mascota de campaña. Ambas son enseñas bestiales de la fuerza y la depredación para supuestamente “salvar la Nación”. Enseñas que entusiasman a millones de sus seguidores obnubilados por esa propaganda, semejante a la simbología de Trump con su AMERICA FIRST y su MAGA criminal, junto a la motosierra “libertaria” de Milei para despedazar el sentido social del Estado de derecho. Dichos cruzados de la extrema derecha no solo están desmantelando el frágil Estado de derecho para convertirlo en la punta de lanza de su codicia mercantil y sus delirios de grandeza megalómana, sino que avanzan como locomotoras sin control arrasando con el Derecho Internacional Público.  A ese equipo de gánsteres estatales y su vocación insaciable de mercaderes pretende sumarse Abelardo. Probablemente por ello escogió como compañero de fórmula al exministro de hacienda José Manuel Restrepo para así dar confianza a los conglomerados económicos y difuminar Abelardo su penumbrosa imagen de destacado abogado penalista de un par de delincuentes económicos de cuello blanco, David Murcia y Alex Saab, éste último al parecer ad portas de ser extraditado a Estados Unidos. Cuanta falta le estará haciendo Abelardo en esta encrucijada.

¿Una Paloma multicolor con alas de Arco Iris?

Ni hablar de Paloma con su escogencia de Juan Daniel Oviedo como compañero de fórmula. De un momento a otro, por efecto mágico de la competencia electoral, la blanca y pura Paloma ahora despliega unas alas multicolores de arco iris y su canto se vuelve cósmico, plural y progresista. Se declara defensora de lo distinto y tolerante; justiciera y amiga del salario vital. A su lado, Oviedo, quien parecía líder y símbolo de la irrupción de nuevas ciudadanías y sensibilidades, más allá de la jaula tradicional y patriarcal del llamado Centro Democrático, y quien fuera otrora defensor del Acuerdo de Paz y la JEP, ahora se funde en un abrazo con la hija política predilecta de Uribe, también súbitamente respetuoso de la intimidad y la diversidad sexual. Su conversión “progresista” es más inverosímil que la de esa nueva especie de “Paloma Arco Iris”, pues como presidente la emprendía contra la libertad sexual de los jóvenes a quienes exigía que se “aguantarán el gustico” antes de casarse. A tal punto que la misma Lina, ella tan prudente y discreta como primera dama, lo regañó públicamente y lo reconvino por meterse en la intimidad de los jóvenes. Ahora, en su otoño político patriarcal y electoral, es otro Uribe, pero no deja por ello de expresar sus prejuicios homofóbicos, pues en la misma proclamación de Oviedo envió un mensaje ambiguo y tranquilizador a las familias colombianas diciendo que para el Centro Democrático los “niños y las niñas seguían siendo lo más importante a cuidar”. Quizás recordó sus simpatías por las arengas contra la supuesta ideología de género para torpedear y ganar votos contra el Acuerdo de Paz de la mano de supuestos pastores y predicadores evangélicos, que tan buenos resultados arrojó con miles de votos y devotos manipulados por eso falsos defensores de la moral y las buenas costumbres. ¿Volverán ahora esos “ciudadanos de bien” a votar por Paloma acompañada del “distinto” Oviedo? ¿Promoverán los pastores y líderes de las virtudes patriarcales y familiares el voto por esa singular dupla?  Ya el pulquérrimo exministro del interior de Uribe, Fernando Londoño, lo rechazó así: “No voto por el señor que no sabe si apoya, o no, el aborto; si apoya, o no, a la marihuana. Respeto las tendencias sexuales de todo el mundo. Las respeto, infinitamente, pero que ese hombre sea jefe, que sea el jefe de mis hijos y de mis nietos, no. Eso no lo acepto”.

El lapsus del Patriarca

Ese mensaje de Uribe en defensa de la infancia parece un lapsus fuera de lugar, pues ya esa monstruosa amenaza de las “Far” que se tomaría el poder si se refrendaba el Acuerdo de Paz ni siquiera tiene personería jurídica, pues su partido Comunes no alcanzó en las elecciones el umbral del 3% de votos exigidos para conservarla. Sus cerca de 18.000 niños reclutados y los abusos sexuales a los que muchos fueron sometidos los condenó a la extradición de la competencia electoral y el repudio de la inmensa mayoría de ciudadanos. Pero volviendo al tema, Paloma y Oviedo forman una dupla digna del inteligente y corrosivo humor de Tola y Maruja. Más aún ahora como abanderados de la reconciliación y la fraternidad entre todos los colombianos, con sus mensajes contra el odio y el pasado, llaman a cerrar heridas y formar un solo tejido nacional, cuyo trasfondo no es otro que deslegitimar el trabajo investigativo y judicial de la JEP, para así ocultar la responsabilidad política de Uribe y sus inmediatos colaboradores en miles de ejecuciones extrajudiciales mal llamados “falsos positivos”. Todo ello en nombre de la “Seguridad Democrática”, una bandera tan deleznable como la “justicia social” enarbolada por la extinta Farc-Ep para la comisión de sus crímenes atroces, los que al menos tienen el valor de reconocer. Sucede lo contrario con miles de crímenes de servidores públicos, mucho más infamantes y deleznables, pues arrastraron a muchos oficiales y miembros de la Fuerza Pública a cometerlos en nombre de la “democracia”, la seguridad ciudadana y la obediencia debida, violando flagrantemente la Constitución, las leyes y el honor militar por desconocer el principio básico del Derecho Internacional Humanitario, la distinción entre combatientes y personas civiles protegidas. Pero esa cruzada criminal es incapaz de reconocerla Uribe y sus seguidores, prevalidos de una supuesta superioridad moral de “ciudadanos de bien”, que ahora Oviedo parece también compartir. De alguna manera su rostro jovial y alegre, tan distinto al adusto y desgastado del patriarca, incapaz de sonreír, parece llamado a ocultar y lavar ese rostro tenebroso del pasado reciente.

Oviedo y la vanidad del poder

Por eso no dejar de ser muy preocupante que Oviedo, un hombre en quien confiaron millones de electores por su carácter, civilidad y preparación, se haya dejado seducir por la vanidad y futilidad del poder vicepresidencial, encajando en una táctica electoral oportunista que desdice de su auténtica identidad, valor y talento.  Un valor y talento para ganar con méritos y holgura la próxima elección para la alcaldía de Bogotá. Estoy seguro que un número no insignificante de sus más de millón de votos no lo respaldará en compañía de esa nueva especie de Paloma policroma, tan falsa como inexistente en la ornitología y la vida política, el próximo 31 de mayo. Quizá la mayoría de esos votos no sean endosables. Es muy probable que le quiten ese respaldo que lo convirtió en el “Rara Avis” de la llamada “Consulta Amplia por Colombia”. No cabe en la decisión de personas con un juicio político y moral coherente depositar sus votos por quien los defraudó al aceptar tal nominación. Esos ciudadanos carecen en su mayoría de una tasa de cambio moral al vaivén de cálculos electorales y oportunistas para ganar la Presidencia de la República.

Una dupla coherente

Todo lo contrario, sucede con la dupla del Pacto Histórico conformada por Iván Cepeda y Aída Quilcué, donde lo que hay es una apuesta por la coherencia política y social, desafiando en forma audaz el simple cálculo de la búsqueda de más votos en otros sectores de la sociedad. Algunos avezados analistas y expertos en marketing electoral ya le auguran un fracaso, pues consideran que ha sido una típica y errática decisión de un filósofo, como lo es Iván Cepeda, ajeno por completo a los cálculos propios de un líder político en campaña electoral, guiado por la búsqueda pragmática de un mayor número de votos.  Más aún en una sociedad profundamente racista y clasista, que convirtió a la actual vicepresidente, Francia Márquez, en objeto de burla y desprecio. La derecha ya celebra y Paloma vuela con alegría por esa arriesgada escogencia de Aída Quilcué, que supone le da una ventaja considerable para el próximo 31 de mayo, día en que sufrirá el Pacto Histórico una derrota a manos de duplas tan “profesionales y competentes” como las de Paloma y Abelardo. Duplas que ya cuentan con el respaldo desembozado de los grandes medios de comunicación, que las promueven y celebran ampliamente en sus noticieros de radio, televisión y programas de opinión, con el corifeo de analistas del sentido común con sus prejuicios de clase y raciales. Pero ya no hay espacio para el análisis de las otras duplas en competencia, las que abordaré en la próxima entrega, comenzando con el Pacto Histórico.

sábado, marzo 14, 2026

MUJERES MÁS ALLÁ DE LAS URNAS

 

 

MUJERES MÁS ALLÁ DE LAS URNAS

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/mujeres-mas-alla-de-las-urnas/

https://elpais.com/america-colombia/2026-03-10/mujeres-mas-alla-de-las-urnas.html

 

Este 8 de marzo, el día internacional de las mujeres y de elecciones para Congreso en Colombia y consultas interpartidistas para las presidenciales, las mujeres nos recordarán que en lo público y lo privado han sido quienes más han aportado a la humanidad para recobrar el sentido profundo de la política: la vida, la libertad y la paz.

Hernando Llano Ángel.

Desde luego que las mujeres con su inteligencia, creatividad, libertad, sensibilidad y capacidad transformadora de la realidad están mucho más allá de las urnas. En las urnas no se agotan y mucho menos caben sus aspiraciones y horizontes de sentido, como igual nos acontece a los hombres, cuando estamos empeñados en afianzar con su compañía valores democráticos como la igualdad y la dignidad de todas y todos, más allá de los intereses limitantes de la competencia del mercado y la codicia de unos pocos que a todo le ponen precio, incluso al cuerpo y la intimidad de la mujer.

Pero también es verdad que solo cuando ellas conquistaron su derecho al voto, después de abnegadas y tenaces luchas en las que derramaron sin límite “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”, es que pudieron empezar a ser libres, para afirmar sus identidades y diferencias con los hombres, quienes les impidieron durante milenios su plena humanidad al negarles sus derechos a la libertad y la igualdad política. “Las sufragistas”[i], película dirigida por Sarah Gravon, presenta esa lucha épica de las mujeres británicas que conquistaron su derecho al sufragio en 1928. Porque sin posibilidades reales de elegir, más allá de las constitucionales y legales, no existe libertad política y mucho menos la democracia.

Más allá del voto

Pero no existe libertad del voto cuando se está bajo el dominio y control de un poder patriarcal que le señala a la mujer por quién debe votar, qué debe pensar y hacer. Tampoco cuando prejuicios de orden ideológico o religioso le impiden pensar y decidir por sí misma. Mucho menos cuando se vive bajo amenazas de actores armados. Tampoco el voto es libre cuando se pierde la posibilidad de ejercerlo en la subasta de la compraventa de votos o se restringe sutilmente su ejercicio para conservar un empleo público o privado. En todos esos casos el voto pierde su sentido político y se degrada, se corrompe, pues no puede ejercerse con libertad. Se convierte así en un instrumento de dominación en manos del patriarcado, de minorías violentas, de partidos que controlan la burocracia estatal y de plutócratas que financian candidatos testaferros al servicio de sus intereses en las corporaciones públicas y el poder ejecutivo. Entonces esa igualdad legal de elegir que todas las personas tenemos frente a la urna: “una persona, un voto”, desaparece una vez depositamos nuestro voto en ella. Bien por condicionamientos previos como los anteriores o, posteriormente, cuando nuestros representantes deciden en nombre nuestro y, muchas veces, contra nuestros intereses y valores, pues su lealtad primaria suele estar con sus financiadores y no con nosotros como sus ciudadanos electores.

La metamorfosis democrática

Así pasamos, casi sin darnos cuenta, de la igualdad de poder elegir a la desigualdad de no poder decidir, pues esa competencia y facultad, que es la que más cuenta, la hemos delegado en quien hemos votado. Tal es la mayor debilidad y fuente de desprestigio de la democracia liberal representativa. Nos reconoce plena igualdad legal ante las urnas para elegir, pero nos arrebata casi totalmente la igualdad para poder decidir. Esa igualdad queda en manos de unos pocos, la de los y las elegidas, cuyas decisiones expresadas en leyes y políticas sociales a todos nos afectan a favor o en contra. Así las cosas, la democracia deriva en partidocracia, pues serán las mayorías y minorías que integran los partidos quienes decidirán en el Legislativo y el Ejecutivo. Y si esos partidos son rehenes de empresas y conglomerados privados que generosamente los han financiado, entonces esa democracia se convierte en una plutocracia que gobernará para esos contados patrocinadores y en función de sus limitados intereses, lo cual se conoce desde Aristóteles como oligarquía, el gobierno de unos pocos al servicio de ellos mismos. Pero si además de lo anterior, como sucede en nuestra realidad, también entran en juego numerosos y cuantiosos aportantes ilegales a las campañas políticas, estaríamos frente a la cacocracia, el gobierno de los cacos, los más diestros y siniestros candidatos en robar la confianza ciudadana para ponerla al servicio de sus cómplices e inconmensurables ganancias ilegales y legales, como sucedió con Odebrecht y la UNGD, los casos más recientes. Sin olvidar los anteriores: Agro-ingreso seguro y Reficar, los más cuantiosos de todos.

Desde y más allá del 8 de marzo

Esa terrible y decadente metamorfosis de la democracia es lo que está en juego este 8 de marzo, para mayor ironía en el día internacional de las mujeres. Ironía y a la vez paradoja, pues han sido ellas desde lo público y lo privado quienes colectivamente y como movimiento social más han aportado a la humanidad a recobrar el sentido profundo de la política: la vida, la libertad, la igualdad y la paz. Y lo continúan haciendo en todos los lugares y todo el tiempo, especialmente en Palestina, Irán y Ucrania contra la violencia y la brutalidad patriarcal de mandatarios como Trump, Netanyahu y Putin, para solo nombrar los más destacados, pero también contra credos religiosos, prejuicios, estereotipos y aberraciones como el club de Epstein que pretenden convertirlas en adminículos hermosos de la voluntad y el placer masculino, tanto en oriente como en occidente.

Entre muchas mujeres que se rebelaron contra tal destino, vale la pena recordar dos brillantes y valientes: Marguerite Yourcenar en la literatura y Hannah Arendt en la teoría política. Escuchemos sus lúcidas voces, comenzando con Yourcenar: “Cuando se trata de educación, o de instrucción, estoy por supuesto por la igualdad de los sexos. Si se trata de derechos políticos, no solo de voto, sino de participación en el Gobierno, estoy también más que de acuerdo, aunque dudo que las mujeres puedan, no más que los hombres, mejorar mucho la detestable situación política de nuestro tiempo, a menos que unas y otros, y sus métodos de acción sufran un profundo cambio”. Y Arendt, refiriéndose al significado de pensar, nos dice algo especialmente pertinente en estos tiempos de IA y catástrofes bélicas en curso: “Lo único que puede ayudarnos realmente, en mi opinión, es réfléchir, reflexionar. Y pensar significa siempre pensar críticamente. Y pensar críticamente significa siempre estar en contra. El pensamiento viene siempre, de hecho, a minar todo lo que pueda haber de reglas fijas, de convicciones generales, etc. Todo lo que acontece en el pensamiento está sometido al examen crítico de lo que hay. Es decir, no hay ideas peligrosas, por la sencilla razón de que el propio pensamiento es en sí mismo una empresa peligrosa…En cualquier caso, yo creo que no pensar es todavía más peligroso. No niego con ello que el pensamiento sea peligroso, pero si afirmaría que no pensar es mucho más peligroso aún”. Sin duda, un par de reflexiones totalmente válidas antes de votar o para dejar de hacerlo el próximo domingo 8 de marzo, según sea la mayor o menor capacidad crítica de pensar que tengamos.

No vote sin pensar

Millones, casi sin pensar, lo harán por candidatas y candidatos profundamente retardatarios y patriarcales, que exacerban sentimientos como el miedo, la desconfianza y el odio y ofrecen la fuerza y la seguridad como la solución a todos los problemas. Candidaturas que defienden con fiereza animal una idea de patria que rima más con la defensa de su patrimonio personal y casi nada con la prosperidad de la comunidad y la convivencia nacional. Candidatos que promueven sus aspiraciones al Congreso en vallas donde aparecen en compañía del patriarca Uribe y le juran lealtad filial, pues para ellos la política es ante todo una empresa al servicio de su tradición, su familia y su propiedad. Afortunadamente hay más opciones entre las cuales el pensamiento crítico puede elegir y en últimas hasta decantarse por el voto en blanco, si considera que ninguna candidatura merece su confianza porque no promueve sus objetivos con claridad, coherencia y factibilidad. A fin de cuentas, lo que hay que tener presente antes de votar es que la política vale, tiene sentido y legitimidad más por los medios que utiliza que por los fines que promueve, así como los candidatos merecen o no nuestra confianza por la coherencia entre sus palabras y acciones tanto en el pasado como en el presente. Es lo mínimo que deberíamos tener en cuenta antes de votar.

domingo, marzo 08, 2026

LA TRAMOYA ELECTORAL

 

LA TRAMOYA ELECTORAL

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/la-tramoya-electoral/

https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-03-02/la-tramoya-electoral.html

 

En campaña los candidatos descienden de sus pedestales y curules de congresistas para volver a ser ciudadanos corrientes, se esfuerzan por ser iguales a nosotros en la búsqueda desesperada de votos.

Hernando Llano Ángel.

(Artículo para EL PAÍS, el periódico global, edición América-Colombia, marzo 2026)

Las elecciones son la tramoya perfecta de la democracia liberal y el sufragio universal su llave maestra, aquella que supuestamente cambia el escenario y el decorado del poder estatal, promoviendo el ingreso de nuevos actores protagónicos en los aposentos del poder, el Congreso y la Casa de Nariño. La inmensa mayoría de ciudadanos llegan convencidos a las urnas de que basta con depositar su voto en ellas para que todo cambie y sus vidas mejoren sustancialmente. Le confieren un poder casi mágico al tarjetón y todavía más al simple acto de marcar sobre él y tachar con una “X” a su candidato ganador. Si su partido y candidato triunfan es como si se hubieran ganado el baloto, festejan ruidosamente y hasta desprecian a los vencidos, tratándolos como unos pobretones despojados del poder. Hacen del tarjetón un fetiche y creen que por ganar las elecciones ya están en el poder, van a gobernar y hacer realidad todas sus aspiraciones y sueños, pues están convencidos que en la democracia manda la mayoría, sin respetar los derechos de las minorías y mucho menos las críticas de la oposición. Sus elegidos por lo general no llegan a gobernar sino a vengarse, a tomar revancha y apropiarse el Estado como un botín para repartirlo entre sus copartidarios y numerosas redes clientelistas. Incluso hacen campaña prometiendo derogar leyes y revertir las reformas sociales del anterior gobierno por considerarlas populistas e improvisadas.

Democracia de “Barras bravas”

En resumen, tienen una noción de barras bravas de la democracia, acompañada de mascotas furiosas, consignas patrióticas y belicosas con gestos y saludos militares. Con esa puesta en escena niegan por completo el espíritu civilista y deliberativo de la democracia, que para ellos es puro discurso y la desprecian por falta de carácter, de cojones y “verraquera”. Les gusta es mandar y que los obedezcan, a eso reducen el poder, porque les cuesta demasiado trabajo pensar y persuadir. Lo de ellos es la beligerancia, no la deliberación. La confrontación, no la concertación. La imposición, no la conciliación. Sus consignas para volver al Congreso o llegar por primera vez son muy “originales”: prometen acabar con la corrupción, trabajar sin descanso y con transparencia, promover la justicia y el bien común. Aunque durante su permanencia por varias legislaturas en el Congreso no hayan rendido cuentas a la ciudadanía de sus ejecutorias y su desempeño haya sido penumbroso, cuando no vergonzoso por sus ausencias y falta de debates. Poco importa que, hasta hace pocas semanas, los que hoy aspiran a la reelección, se hubiesen opuesto furiosamente a la reforma laboral y pensional. Y, que una vez el Ejecutivo decretó el salario vital, hubiesen puesto el grito en el cielo, descalificándolo por populista.

Cambio de Identidad

Ahora, en su búsqueda desesperada de votos, todo ha cambiado. Pareciera que fueran aliados del gobierno, pues la mayoría de los que ayer eran furibundos opositores hoy son partidarios de la “cuestión social” y ponderan el salario vital. Pero donde es más visible y hasta risible su cambio de identidad política y comportamiento es en la forma como se relacionan con el ciudadano común, al que ahora saludan de la mano, se toman selfies con él, escuchan atentamente y agradecen sus sugerencias, que prometen serán incorporadas en sus proyectos de ley. Han descendido de sus pedestales y curules de congresistas para volver a ser ciudadanos corrientes, de a píe, y se esfuerzan por ser iguales a nosotros y hasta se lamentan e indignan por el alto costo de la vida, pues sus menguados ingresos de congresistas ya casi no les alcanzan para cubrir sus gastos. Se han despojado de todo el protocolo de su poder de congresistas, ya no tenemos que pedirles citas, pues nos atienden inmediatamente en calles, plazas, el transporte público y en un arrebato de demócratas integrales y eruditos nos recuerdan la definición de Abraham Lincoln en 1863 en su famoso “Discurso de Gettysburg”: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

¿De cuál democracia me hablas?

Pero una vez son electos y llegan a sus curules, su rol de demócratas integrales y ciudadanos corrientes desaparece. Ahora son Honorables Congresistas, muy ocupados, a quienes hay que solicitar citas con meses de antelación, pues no tienen tiempo para atender tanta gentuza inoportuna, esa legión de vagos que no los deja tranquilos y menos atender como es debido las reuniones de trabajo en selectos clubes y congresos gremiales con sus generosos patrocinadores: banqueros, comerciantes, empresarios, ganaderos y sacrificados lideres agroindustriales, de quienes solo depende la prosperidad de Colombia. Ya la democracia no es el “gobierno del pueblo”, sino el gobierno de los plutócratas. Menos es el gobierno ejercido por el pueblo, pues quienes toman las decisiones y gobiernan son los políticos electos, los que tienen la “preparación” y saben “administrar muy bien lo público, transparentemente”, como si fuera su empresa privada y hacen del Estado un mercado para subastarlo entre cacocratas. Por último, menos es el gobierno para el pueblo, pues eso sería el horror del populismo, la oclocracia y no el gobierno para la seguridad jurídica y la estabilidad de los negocios, como es lo propio de la democracia liberal. Si lo leído hasta aquí le suena demasiado panfletario, propio de un académico izquierdista y hasta “mamerto”, le recuerdo el aparte final del artículo 1 de nuestra Constitución Política que dice: “Colombia está fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general y, en cuanto el compromiso y las obligaciones constitucionales de los congresistas, el artículo 133 nos dice que “Los miembros de cuerpos colegiados de elección directa representan al pueblo, y deberán actuar consultando la justicia y el bien común. El elegido es responsable políticamente ante la sociedad y frente a sus electores del cumplimiento de las obligaciones propias de su investidura”. Pero en su ejercicio son contados los congresistas que cumplen esos dos artículos constitucionales, porque obedecen a la tramoya que define sus comportamientos y decisiones. Una tramoya que está conformada por conglomerados económicos que financian sus partidos y campañas, como lo demuestra la siguiente investigación de Cuestión Pública[i]: “Entre 2010 y 2025, los bancos de Sarmiento Angulo, El GEA, el Grupo Bolívar y los Gilinski aportaron o prestaron $33.843 millones para campañas al Congreso (si se suman las elecciones locales, esta cifra asciende a 110.367 millones); es decir, 7 de cada 10 pesos destinados por los principales conglomerados económicos a candidatos al Congreso se entregaron a través de sus bancos. Según los datos analizados por Cuestión Pública, los principales beneficiarios de estos préstamos y aportes fueron los partidos tradicionales. El 91% de los recursos, es decir, $31 mil millones aproximadamente, fue a parar a cinco partidos: el Centro Democrático ($9 mil millones), el Partido Liberal ($7 mil millones), el Partido de la U ($6 mil millones), Cambio Radical ($4 mil millones) y el Partido Conservador ($4 mil millones). Los otros tres mil millones fueron para el Partido Verde (un poco más de mil millones); el Polo Democrático ($300 millones aproximadamente), entre otros”. Conviene leer la investigación completa en el portal de CUESTIÓN PÚBLICA: https://cuestionpublica.com/. Si lo hace y conoce mejor esa sofisticada tramoya de los conglomerados económicos, los llamados supercacaos, usted podrá decidir si bota su voto una vez más respaldando esos candidatos patrocinados o, por el contrario, vota informada y responsablemente por quienes considere que al menos cumplirán esos dos artículos de la Constitución. Claro que también puede votar en blanco o simplemente no votar, porque probablemente comparta esta radical y anarquista sentencia que se atribuye a José María Vargas Vila: “Quien vota, elige un amo”.


[i] https://cuestionpublica.com/por-la-plata-baila-el-perro-o-el-candidato/?utm_source=cuestionp.beehiiv.com&utm_medium=newsletter&utm_campaign=quien-pone-la-plata-en-la-politica-y-a-que-partidos-va-nueva-investigacion&_bhlid=ffa0820bade1d453cde840a7ea429fc62e2887cb

 

POLÍTICA EXCENTRICA Y CIUDADANÍA CÉNTRIPETA

 

 POLÍTICA EX-CÉNTRICA Y CIUDADANÍA CENTRÍPETA

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/politica-ex-centrica-y-ciudadania-centripeta-2/

https://elpais.com/america-colombia/2026-02-23/politica-excentrica-y-ciudadania-centripeta.html

Al fin de cuentas, la política es la actividad que pone en juego, para bien o mal de todos, nuestra condición humana y su impredecible capacidad de acción, libertad y corruptibilidad.

Hernando Llano Ángel.

Al ser la política fundamentalmente una actividad ubicua y por eso toparnos con ella en todas partes al mismo tiempo, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, ella carece propiamente de un centro. Su dinámica es más centrífuga que centrípeta, ella se dispersa y proyecta en todos los ámbitos de la vida social y personal. Desde los más públicos hasta los más íntimos. Con mayor razón en los tiempos que corren donde no queda un vericueto sin su presencia en el espacio físico y en el cibernético con su infinidad de redes sociales, que invaden y buscan continuamente “hackear” nuestras mentes. Por eso quienes se definen como políticos de centro y se obsesionan en forma narcisista por convertirse en su epicentro, dedicándose a fustigar a los extremos, tildándolos de extrema derecha o extrema izquierda -según su propia visión e intereses- tienen demasiadas dificultades para ser escuchados y persuadir a los electores. De alguna forma son víctimas de su anacrónica imagen de la política. Todavía la piensan y sitúan en una especie de plano cartesiano con coordenadas precisas, donde es posible distinguir claramente la derecha de la izquierda, el centro con sus gradaciones de centro derecha, centro izquierda y los extremos antagónicos que se disputan el electorado.  A ello agregan en el plano internacional los puntos cardinales de norte y sur, este y oeste. Son incapaces de pensar la política como una correlación de fuerzas que define precisamente el plano en donde ella se desarrolla, así como los diversos lugares y puntos conflictivos, siempre contingentes, donde se desenvuelven sus protagonistas y actores. De suerte que los que ayer se reclamaban de derecha, hoy se mueven hacia la izquierda y viceversa, según sean sus objetivos y aspiraciones electorales. Lo vemos en las actuales campañas electorales, pues ahora resulta que para todos los candidatos la cuestión social y el empleo digno es una de sus máximas preocupaciones, obviamente después de la seguridad. Los que ayer fustigaban el salario vital, hoy salen a defenderlo. Y los que promovían la “Paz Total” hoy la fustigan como un fracaso letal.

Pero la Política no es Topografía

Pero la política no es topografía, su dinámica vertiginosa e impredecible es más afín con la física cuántica que con la geometría cartesiana. En todo caso, no es susceptible de ser fijada y representada sobre un plano cartesiano y mucho menos ser situada en un punto exacto de intersección entre la abscisa “X” (seguridad) y la ordenada “Y” (cuestión social). La política es una actividad demasiado viva y dinámica para ser sometida a la precisión geométrica y menos aún a la lógica matemática, como bien parece saberlo Roy que no conoce barreras en la búsqueda de votos e ignorarlo Fajardo, atrapado en su lógica matemática e imagen de profesor virtuoso que da clases de moralidad a todos los demás candidatos.  Al fin de cuentas, la política es la actividad que pone en juego, para bien o mal de todos, nuestra condición humana y su impredecible capacidad de acción, libertad y corruptibilidad. Si bien es cierto nuestra libertad está cada día más condicionada por los algoritmos y es más susceptible de ser manipulada por la IA y el vértigo de las Fake News en las redes sociales, aún conservamos nuestra capacidad de pensar críticamente y resistirnos a ese oscuro entramado de las elites tecnocráticas, fusionadas con las oligárquicas de la política, que están sustituyendo la democracia por la Infocracia, según lo advirtió Byung-Chul Han en su breve ensayo “Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia”.

Pensar críticamente y deliberar públicamente

Pero mientras seamos capaces de hacer elecciones éticas a partir de nuestra reflexión crítica y la deliberación pública, seremos nosotros quienes definamos qué significa ser de derecha, centro, izquierda o sus extremos y no permitir que solo sean los políticos o la IA quienes nos encasillen en esas categorías según sus ideologías, doctrinas, prejuicios, odios, fobias, intereses y, sobre todo, su obsesión demagógica y megalómana por ganar las elecciones. Más aun en este tiempo de la IA, que pretende definir por nosotros lo que queremos, pensamos y elegimos hasta conducirnos al centro más peligroso de todos, el agujero negro de las decisiones tomadas a partir de las pasiones más devastadoras y letales de la política: el miedo, el odio y la codicia, camufladas bajo doctrinas que se alimentan de ideas supremacistas de orden racial, nacional y de clase, como está sucediendo en Estados Unidos con el credo de MAGA y AMERICA FIRST. Lo más preocupante es que esa parece ser una tendencia exitosa en gran parte del planeta. Porque esa elite tecnopolítica y los asesores de marketing electoral sabe bien cómo deslumbrar y cautivar a las mayorías con consignas altisonantes que promueven líderes demagógicos con supuestas soluciones para todos nuestros problemas que nos conducirán a un “mundo feliz”. Un mundo sin inseguridad, violencia, desempleo, pobreza, enfermedades, así terminen cortándonos la cabeza para salvarnos y ellos llegar al Congreso y la casa de Nariño. Es casi inverosímil que ese carnaval de ilusiones se repita cada cuatro años y que lo celebren quienes más lo sufren, para luego consolarse diciendo “todos los políticos son iguales” o son “los mismos con las mismas”, pero vuelven y votan por ellos.

Dígannos al menos un par de verdades

Pero resulta que la mayoría de esos políticos, salvo muy contadas excepciones que casi siempre pierden las elecciones, se han pasado toda su vida sin resolver esos graves problemas, dedicados a prolongarlos y agudizarlos. Seguramente por ello ahora aspiran volver una vez más al Congreso e incluso hasta la Presidencia de la República. Son profesionales de la simulación y la incompetencia, cuando no de la contemporización y la celebración de acuerdos clandestinos con la codicia de poderosos grupos empresariales, financieros y criminales, que tras bambalinas “AVALAN” y financian sus costosas campañas electorales. Valdría la pena que en lugar de contarnos cómo nos van a salvar y hacer felices a todos, esos candidatos y candidatas nos dijeran un par de verdades, eso sí antes de las elecciones. Como, por ejemplo: 1) Cuánto valen sus campañas y sus innumerables vallas que oscurecen el horizonte de nuestras ciudades y campos, sus multitudinarias concentraciones populares, sus ágapes y correrías por todo el país, 2) Quiénes los están financiando[i] y, como todos son tan “transparentes, correctos y honestos”, también nos contarán cuáles son los acuerdos a los que han llegado con sus generosos patrocinadores. Si al menos conociéramos públicamente este par de verdades podríamos ir a las urnas con los ojos abiertos y sabríamos hasta qué punto lo que dicen y prometen tiene alguna veracidad o es pura demagogia, para no ir a botar nuestro voto.

Responsabilidad ciudadana

Claro que si somos  ciudadanos y nos reconocemos como el epicentro del poder político, no solo como electores situados en la periferia de banderías partidistas, deberíamos responder ese par de preguntas consultando portales como la Registraduría, https://www.registraduria.gov.co/, y otros que hacen seguimiento a las campañas como la MOE, https://moe.org.co/, PARES, https://www.pares.com.co/, Foro Nacional por Colombia, https://foro.org.co/, Ideas para la Paz, https://ideaspaz.org/, Indepaz, https://indepaz.org.co/, además de numerosas y valiosas revistas digitales como Razón Pública, https://razonpublica.com/, La Silla Vacía, https://www.lasillavacia.com/, Cuestión Pública, https://cuestionpublica.com/ y la Revista Raya https://www.revistaraya.com/ , entre muchos otros medios digitales no matriculados partidistamente, comprometidos con el rigor analítico y la información a la ciudadanía. Gracias a su consulta y lectura podríamos formarnos un juicio ciudadano responsable y así deliberar públicamente sobre la idoneidad, competencia y decencia de los miles de candidatos y candidatas en campaña, para ir más allá de ese perfil de patriotas, defensores y salvadores de Colombia que todos ellos exhiben sin pudor alguno frente a las cámaras de televisión, entrevistas radiales y vallas publicitarias. Entonces al votar en forma responsable, informada y consciente les demostraríamos que ellos no son el centro de la política, que somos los ciudadanos quienes estamos en el epicentro del poder público y definiremos con nuestro voto quiénes y qué políticas estarán en el centro de la actividad gubernamental, sin dejarnos confundir por esos espejismos de derecha, centro, izquierda y sus extremos tras los cuales ocultan bien sus ambiciones políticas y las de sus patrocinadores, induciendo a millones de cándidos electores a botar su voto en los próximos comicios del 8 de marzo, 31 de mayo (primera vuelta presidencial) y seguramente en la segunda vuelta el 21 de junio.

 

ELECCIÓN PRESIDENCIAL Y MUNDIAL DE FÚTBOL

 

ELECCIÓN PRESIDENCIAL Y MUNDIAL DE FÚTBOL

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/elecciones-y-mundial-de-futbol/

https://elpais.com/america-colombia/2026-02-17/eleccion-presidencial-y-mundial-de-futbol.html

Algunos políticos ganan no con la mano de Dios que le ayudó a Maradona y Argentina para derrotar a Inglaterra en el mundial de México de 1986, sino con la mano del “diablo” y jugaditas fuera de lugar.

Hernando Llano Ángel.

En medio de la incertidumbre que corroe a estas elecciones, lo más seguro es que tendremos repechaje, es decir, segunda vuelta, para definir el próximo 21 de junio quien llegará a la Casa de Nariño. Y llegará al “poder” no a gobernar sino más bien a transar intereses con los poderes decisorios, tanto los legales como ilegales, que tras bastidores ya le han marcado los límites a la cancha de la gobernabilidad presidencial. Unos límites que no conocemos, pero que sabemos están fijados y acordados con sus generosos aportantes y numerosos socios, copartidarios y aliados. No ha existido ninguna campaña presidencial, al menos desde 1990, que previamente no haya adquirido compromisos para devolver en contrataciones públicas, concesiones y burocracia el pago de esas contribuciones. De allí, que cada presidente termine su mandato tan agobiado y desprestigiado. Por eso, valdría la pena que contáramos en las campañas electorales con un VAR, como en el mundial, que anulará a tiempo todas esas jugaditas ilegales y clandestinas con las cuales muchos candidatos y sus partidos ganan las elecciones. Aunque, a decir verdad, al menos para algunos trámites de las contiendas electorales sí funciona, como lo acaba de demostrar la Registraduría Nacional al anular y no avalar el 62% de los casi cinco millones de firmas presentadas por Abelardo de la Espriella como precandidato en nombre de “un grupo significativo de ciudadanos”. Si como precandidato comete semejante osadía, engaña y defrauda así la confianza ciudadana, la pregunta obvia es ¿Hasta dónde podrá llegar siendo presidente? Si llega a la Casa de Nariño, habrá que reconocer que será gracias a millones de “significativos ciudadanos” para quienes la ilegalidad, la picardía y la trampa es fuente de legitimidad presidencial. Entonces estaríamos ante la máxima expresión de la cacocracia en nombre de “la salvación nacional”, “firmes por Colombia” y “defensores por Colombia”. Sin duda, como lo anuncia el propio Abelardo, muchos correrán el riesgo de que se “los coma el tigre”, su mascota de campaña, especialmente aquellos que no se comen su cuento de “salvar a Colombia”, como sí lo hizo con Alex Saab, el testaferro de Maduro hoy en aprietos. Aunque también es probable que millones de sus entusiastas seguidores queden defraudados y su confianza burlada, como le sucedió a David Murcia Guzmán (DMG), según su entrevista con Daniel Coronell[i].

En las campañas presidenciales no hay VAR

Lo lamentable es que el VAR, que seguro impedirá en el mundial de fútbol que una selección gane con jugadas ilegales o dudosas, no existe en las campañas presidenciales en curso o solo funciona cuando ya el partido ha terminado. Siempre nos enteramos demasiado tarde que el ganador en la contienda electoral ha llegado a la Casa de Nariño en “virtud” de muchas jugaditas ilegales, siendo la más frecuente y leve violar los topes fijados para la financiación de las campañas (un fuera de lugar), como al parecer sucede en el actual o, mucho peor, de recibir el apoyo, obviamente en el “camerino” y antes de jugarse la final, de poderes de facto ilegales y criminales, que van desde el narcotráfico (proceso 8.000), los grupos de autodefensa y la guerrilla, hasta los muy legales como Odebrecht o el generoso AVAL de grupos financieros. Es decir, ganan no con la mano de Dios que le ayudó a Maradona y Argentina para derrotar a Inglaterra en el mundial de México de 1986, sino con la mano del “diablo”, como lo han hecho muchos candidatos y por eso después gobiernan impunemente, con más pena que gloria. Para completar el panorama de ese desleal y turbio juego del poder político, cada cuatro años vuelven los mismos partidos políticos con sus mismas alineaciones de jugadores profesionales. Candidatas y candidatos sonrientes en costosas vallas publicitarias, muy diestros y hasta siniestros para la promesa y la demagogia y así ganan de nuevo sus curules en el Congreso, en fuera de lugar. Sucede así porque tienen una hinchada numerosa de fanáticos y clientelas leales, muy agradecidas, que los reeligen por prebendas, afinidades, intereses compartidos y necesidades acuciantes. Pero también ganan porque un número significativo de electores carece de información y no utiliza o tiene atrofiado el VAR de su memoria y del juicio ciudadano. Van a las urnas a botar su voto y marcan el tarjetón como si fuera un baloto, esperando acertar con el ganador. Ya tenemos 16 aspirantes a la presidencia, en la liga menor que se definirá el próximo 8 de marzo en las tres consultas, y tres jugadores en la liga mayor: Cepeda, Abelardo y Fajardo, que los esperan para el picado del 31 de mayo, en primera vuelta. Y la final será el 21 de junio, en la segunda y definitiva vuelta presidencial.

Los partidos de verdad 

Pero estoy seguro que la inmensa mayoría de colombianas y colombianos estaremos pendientes de otros partidos donde la Selección Colombia y sus jugadores nos demostrarán en el mundial todo lo contrario de los partidos políticos y sus mediocres jugadores y candidatos, pues sus victorias son fruto de su trabajo, talento, juego limpio y goles inobjetables. Porque a la Selección Colombia se llega por mérito propio y no por adulación y jugaditas sucias o compromisos tras bambalinas con el cuerpo técnico y sus directores. Se está en la cancha de fútbol porque se ha demostrado competencia y calidad humana. Su presencia en la selección es gracias a sus jugadas a la vista de todos en la cancha de fútbol. Es una alineación y participación ganada con absoluta transparencia y destreza, por el compromiso de cada jugador con el equipo y el juego colectivo, no a su narcisismo por ser la estrella ganadora. Sin duda, en la cancha de fútbol predomina la meritocracia alcanzada con disciplina, sudor y sacrificio, como nos lo demuestran los “Luchos” en el Bayern y el Sporting de Lisboa.  Todo lo contrario de lo que sucede en la arena política y sus Partidos, donde reina por lo general la intriga y la adulación, propias de la cacocracia y la mediocridad. El miércoles 17 de junio será el debut de la selección contra Uzbekistán a las 10 de la noche, con posibilidades ciertas de ganar, lo que nos deparará seguramente alegría para llegar el 21 de junio a las urnas, donde decidiremos con nuestro voto una disputada final entre dos candidatos, sin que tengamos la seguridad de ganar o perder, pues solo lo sabremos cuatro años después. Y el 27 de junio Colombia enfrentará un desafío mayor ante Portugal a las 7 de la noche. Pero más allá del resultado, habremos visto que si bien el fútbol y la política son juegos que convocan la pasión de multitudes, también sus diferencias son considerables.

“Reglas ciertas y resultados inciertos”

En el fútbol siempre hay reglas ciertas que un árbitro hace cumplir, ahora con mayor precisión y acierto gracias a la tecnología del VAR. En cambio, en nuestra política las reglas son cada vez más inciertas, carecemos de un árbitro confiable y no existe el VAR para evitar el triunfo de jugadores deshonestos y en fuera de lugar. Es verdad que los resultados en ambos juegos son más o menos inciertos, pero en el fútbol vemos todos cómo se gana o pierde, los jugadores están expuestos a la vista de millones de espectadores, a su exaltación o rechifla, en la cancha la visibilidad y transparencia de sus jugadas es absoluta, desde sus aciertos hasta sus errores, su juego limpio y sucio. Todo lo contrario, sucede en la política, por eso los candidatos hablan tanto de transparencia, honestidad y juego limpio, porque sus jugadas cruciales suelen ser ocultas y en la penumbra. Mientras más se precian de ser honestos, virtuosos y transparentes más impostores y farsantes suelen ser. Son la puesta en escena de la simulación.

Triunfos en camerinos ocultos

Ganan en las elecciones como certamen público, pero sus triunfos se tejen en camerinos ocultos, con apoyos más o menos vergonzosos y maniobras clandestinas. Pero, sin duda, la mayor y más importante diferencia es que en la cancha de fútbol no se tolera la violencia y menos la eliminación física del contrario, por eso los jugadores irascibles y agresivos son expulsados inmediatamente. Disputan el juego como adversarios y no como enemigos y al final del partido, por más enconado que haya sido, los técnicos y jugadores se despiden y reconocen el resultado. Lo contrario suele suceder en nuestra arena política, donde el contrincante cuando no es excluido del juego al aplicarle arbitrariamente las reglas, como lo hizo el Consejo Nacional Electoral contra el precandidato Iván Cepeda y a favor de Daniel Quintero, corre el riesgo de ser eliminado físicamente, como sucedió con Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, en anteriores comicios presidenciales. Ya el ELN ha amenazado de muerte a De la Espriella, según su versión. Esperemos que esa saga espectral y letal no se repita en las próximas elecciones, pues la sombra del precandidato Miguel Uribe Turbay todavía se proyecta, aunque su padre no aparezca en la llamada “Consulta amplia por Colombia”. Una consulta que demuestra así ser lo contrario, según las denuncias de la senadora María Fernanda Cabal y su esposo José Félix Lafaurie. Ojalá tuviéramos presente, tanto en los partidos de nuestra selección en el mundial, pero sobre todo en los próximos comicios electorales este palio del DHAMMAPADA: “El que vence engendra odio, el que es vencido sufre. Con serenidad y alegría se vive si se superan victoria y derrota”. Porque el fútbol y la política deberían ser juegos vitales, no mortales, como los convierten los fanáticos de las barras bravas y facciones sectarias con supuestos salvadores de la Patria.

  

 

ELECCIONES ESPECTRALES Y LETALES

 

 

ELECCIONES ESPECTRALES Y LETALES

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/elecciones-espectrales-y-letales/

https://elpais.com/america-colombia/2026-02-08/elecciones-espectrales-y-letales.html

Hernando Llano Ángel.

En Colombia las elecciones suelen ser espectrales, letales, fantasmagóricas y hasta escatológicas. Así aconteció con la candidatura de César Gaviria Trujillo a la Presidencia en 1989, proclamada desde el cementerio central de Bogotá por Juan Manuel Galán, en el sepelio de su padre donde le entregó sus banderas a Gaviria: la lucha contra el narcotráfico, la corrupción y la búsqueda de la paz política. Esas elecciones estuvieron precedidas por los magnicidios de otros dos candidatos presidenciales, plenos de juventud y vitalidad: Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, que representaban la posibilidad de una Colombia renaciente, diferente, más allá de la anquilosada, violenta y moribunda legada por los dos partidos tradicionales, ya carcomidos por su contemporización con el narcotráfico.

Sacrificios inútiles

Pero el sacrificio de estos tres candidatos terminó siendo en vano, pues el “Bienvenidos al futuro” de Gaviria comenzó con la prohibición constitucional de la extradición de colombianos por nacimiento (artículo 35, después derogado), el aborto prematuro del Estado Social de derecho de la Constitución del 91 en el altar de su “apertura económica” y, para colmo, la paz como un “derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” (artículo 22) la convirtió en una declaratoria de guerra integral contra las Farc-Ep. Para completar la traición a Galán, promovió por decreto las nefastas cooperativas de seguridad Convivir, embrión de los posteriores grupos narcoparamilitares. Esa dimensión espectral y violenta de las elecciones no ha cambiado, pese a la firma del Acuerdo de Paz hace ya casi una década. Sin embargo, las elecciones se siguen efectuando, como si nada grave sucediera, para conservar así la mascarada de ser la democracia “más estable y profunda” de Latinoamérica.

Riesgos espectrales y mortales

Según el reciente informe de la Misión de Observación Electoral (MOE), “Mapas y Factores de Riesgo Electoral – Elecciones nacionales 2026”[i], y su directora nacional, Alejandra Barrios: “este estudio identificó que, para las elecciones nacionales de 2026, hay 170 municipios con algún nivel de riesgo electoral donde coinciden factores indicativos de fraude y violencia en el país. De estos, 81 están en riesgo extremo, 51 en riesgo alto y 38 en riesgo medio”. Pero como acontece desde hace 67 años, estas elecciones se realizarán sin novedad. Los candidatos ganadores celebrarán y se afirmará una vez más, con bombos y platillos, el valor y la resiliencia de la democracia colombiana, sin deparar que unas elecciones en tales circunstancias carecen de los requisitos mínimos propios de la legitimidad democrática: libertad para el ejercicio del voto por todos los electores y garantías de seguridad y legalidad para todos los candidatos. Tras estas elecciones siguen agazapados múltiples poderes de facto que determinarán sus resultados, con su combinación letal de plata y plomo. Poco importa que miles de votos procedan de regiones y municipios donde la intimidación y el control de los grupos armados ilegales impiden la libre participación y elección de sus ciudadanos o la compraventa de votos sea una práctica consuetudinaria. Y el número de votos que aportan dichos municipios no es insignificante según el informe de la MOE: “Excluyendo a Bogotá por sus dinámicas urbanas específicas, los 170 municipios en riesgo tienen 4.564.177 personas habilitadas para votar, lo que representa el 11 % del censo electoral”. “Estos datos permiten dimensionar la magnitud territorial y operativa que enfrenta el Estado para mitigar los riesgos que identificó el grupo técnico que elaboró el estudio y garantizar el ejercicio del derecho al voto de la ciudadanía”, aseguró Diego Rubiano, coordinador del Observatorio Político Electoral de la Democracia de la MOE.

Consultas “inter-persona-listas

A la anterior singularidad electoral colombiana, habría que sumar las circunstancias tan insólitas en que se celebrarán el próximo 8 de marzo las llamadas consultas interpartidistas para la selección de los candidatos presidenciales que se enfrentarán el próximo 31 de mayo en primera vuelta. Para empezar, son consultas que de interpartidistas tienen muy poco, pues son más disputas interpersonales en busca de una generosa reposición de votos. Por cada voto que obtenga un precandidato o precandidata tendrá derecho a recibir COP 8.613 de reposición por sus gastos de campaña. En semejante mercado electoral se encuentra gran parte de la corrupción del régimen y el despilfarro de nuestros impuestos de la que son cómplices y beneficiarios todos los candidatos a la Presidencia y el Congreso. Candidatos que no cesan de hablar durante sus campañas de transparencia y prometen un Estado austero en beneficio de todos los colombianos. Tal incoherencia e hipocresía valdría la pena ser castigada y no votar en ninguna de esas consultas interpersonales. En la realidad no son consultas entre partidos, más bien son consultas entre “personas-listas”, que no van tanto por los votos, sino más bien por el botín en pesos que pueden obtener para reponer los gastos en que incurrieron en la recolección de miles de firmas de ciudadanos incautos que los avalaron, persuadiéndolos con el cuento de que ellos son antipolíticos, técnicos y empresarios, que van a salvar a Colombia de la corrupción y la politiquería de los partidos, como lo hizo el candidato Álvaro Uribe Vélez en el 2002 con el respaldo de miles de firmas de ciudadanos. Y no olvidemos en que culminó esa cruzada contra la corrupción y la politiquería: en el mayor número de altos funcionarios condenados, cerca de una veintena del círculo presidencial, incluso más que los de este “gobierno del cambio”, un Congreso infectado de parapolíticos y en miles de ejecuciones extrajudiciales, con la mano firme y el corazón grande de la “seguridad democrática”. Un legado que ahora pretende reeditar Abelardo de la Espriella, de nuevo sin partido y con firmas ciudadanas, cuyas credenciales contra la corrupción y la politiquería son exitosas, especialmente como abogado del testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab, quien ahora parece estar requiriendo en Caracas de nuevo su valiosa defensa. No debería Abelardo desperdiciar semejante oportunidad, al menos así sería coherente con su mayor vocación y ambición, como abogado penalista defensor de la pulcritud y corrección de clientes como David Murcia de la pirámide DMG y Alex Saab, eslabón clave en el entramado financiero de ese paraíso inconmensurable de corrupción bolivariana, ahora coadministrado por Trump con Delcy Rodríguez, su hermano Jorge, Diosdado Cabello y Padrino. Pero Abelardo tiene razón, en la Casa de Nariño puede hacer mejores negocios y con socios más poderosos, “Defensores de la Patria”, que la “defienden” con el crecimiento de su propio patrimonio. Ya entregó Abelardo cerca de cinco millones de firmas de ciudadanos a la Registraduría que avalan su ambición, perdón, aspiración presidencial, que son la “materialización de un anhelo para salvar y reconstruir el país”[ii].

Consultas para todos los gustos, excepto una

El próximo 8 de marzo los ciudadanos, como en un restaurante, tendrán a disposición un menú de consultas y deberán decidir por la que más le apetezca. Cada consulta se la ingenia para parecer más democrática que las de sus contrincantes. La verdad, ese tarjetón de Consulta, atiborrado de precandidatos y precandidatas sonrientes, en total son 16, terminará por confundir y hasta difuminar el apetito del elector. Incluso hay una consulta con nueve precandidatos que tiene el desparpajo de apropiarse el nombre de Colombia, como si fuera de su propiedad, a pesar de haber excluido de la misma al padre del sacrificado senador y precandidato Miguel Uribe Turbay. Tal es el talante democrático de ese mosaico de nueve candidatos que se autoproclama “La Gran Consulta por Colombia”. Hay consultas para casi todos los gustos. Se le tiene “La Consulta de las Soluciones”, que nos ofrece a todos nuestros problemas una pareja de candidatos y la más insólita, “El Frente por la Vida”, con cinco precandidatos que no incluye al del Pacto Histórico, Iván Cepeda, que obtuvo 1.533.284 votos en la consulta del pasado 26 de octubre, pero sí a Daniel Quintero que solo obtuvo 144.677, pero no fue inhabilitado por el Consejo Nacional Electoral a pesar de haber participado en la misma consulta. Así queda demostrado que ese Consejo aplica la ley electoral como un comodín y selecciona los candidatos según los intereses partidistas de sus miembros, eliminando de entrada al más temido rival. Con esa discrecional decisión se completa la otra dimensión espectral de estas elecciones, la de la exclusión selectiva del hasta ahora precandidato presidencial más representativo en las urnas y en las encuestas de opinión. Solo cabe tener la esperanza de que en las elecciones presidenciales del 31 de mayo Cepeda pueda participar y no aparezca otra decisión arbitraria del Consejo Nacional Electoral que se lo impida o, peor aún, que la polarización sectaria, violenta y criminal no lo permita.

¿Elecciones letales?

Porque asistiremos a las elecciones más asediadas y bajo las amenazas de tres cabezas que están en el tarjetón de la Paz total, o quizá letal, del gobierno: “Chiquito malo” del Ejército Gaitanista de Colombia; “Mordisco” de las disidencias de las Farc y “Pablito” del ELN, considerados por el presidente como “traquetos” y por Trump como narcoterroristas. Unas campañas que discurren entre urnas y tumbas, pues según informe de Indepaz, durante los primeros 31 días del 2026 se cometieron doce masacres que dejaron 63 víctimas y convirtieron a enero en el mes con más masacres desde 2023[iii]. Y la MOE ya reporta cifras preocupantes sobre amenazas y violencia contra liderazgos políticos y sociales: “De los 134 hechos de violencia contra personas con liderazgo político, social y comunal, 59 fueron asesinatos o atentados. Además, alerta por un “preocupante aumento de los secuestros”, que alcanzaron su nivel más alto desde 2016 con 13 registros, la mayoría ocurridos en zonas rurales. Además, 43 de los 134 hechos se concentraron en tres departamentos: Cauca, Norte de Santander y Huila”. ¿Se transformarán, una vez más, las urnas en tumbas?