COLOMBIA, EN SU LABERINTO POLÍTICO-CRIMINAL
(Artículo publicado en EL PAÍS, el periódico
global, Sección América-Colombia, miércoles 29 julio 2026)
https://elpais.com/america-colombia/2026-07-29/colombia-en-su-laberinto-politico-criminal.html
Hernando Llano Ángel
Resulta casi imposible precisar la fecha desde la cual la política y el
crimen rigen los destinos de Colombia. Pero, al menos desde la Constitución de
1991, sabemos que estamos extraviados en un intrincado y violento laberinto
cuando ambas se fusionaron en el artículo 35 que prohibía la extradición de
colombianos por nacimiento. Ese laberinto político, social y económico está
formado por la yuxtaposición de poderes de facto ilegales con los legales e institucionales,
que cada presidente de turno maneja y oculta difícilmente. De allí la sempiterna
“corrupción”. Es un laberinto en cuyo frontispicio aparece en grandes letras un
luminoso y deslumbrante aviso que nos anuncia: “Bienvenidos a la Democracia”.
Un aviso tan engañoso y efímero como el “Bienvenidos al futuro” que proclamó,
hace ya 35 años, el entonces presidente César Gaviria Trujillo y hoy, con la
llegada de un Tigre a la Casa de Nariño, puede convertirse en un “Bienvenidos a
la selva” y no a esa inverosímil “Patria Milagro” que promete como un profeta
armado y un demagogo redomado.
El laberinto “democrático”
Al ingresar y deambular por los pasadizos secretos y las habitaciones penumbrosas
de ese laberinto “democrático” se corre el riesgo de ser asaltado,
extorsionado, secuestrado, desplazado, torturado, desaparecido y hasta
ejecutado extrajudicialmente en nombre y defensa de la estabilidad y la
seguridad democrática. Ese rutilante aviso democrático adquiere especial
embrujo y un encanto irresistible, casi incuestionable, después de las elecciones,
cuando la mayoría de sus agobiados ciudadanos celebran en forma jubilosa su reincidencia
en las urnas desde 1957. Nos acontece algo parecido a lo que vivimos hace 40
años, cuando un aviso mucho menos ostentoso y casi ilegible, anunciaba a los
visitantes del desaparecido, calcinado y derruido antiguo Palacio de Justicia:
“Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán libertad”. Pero en
su interior sucedió todo lo contrario. Primero, por el asalto y las armas de un
alucinado comando guerrillero del M-19 y luego por el uso incontenible y
desaforado de las armas de la Fuerza Pública, que arrebataron cientos de vidas.
Tampoco las leyes garantizaron la libertad sino la desaparición de más de 12
personas, cuyo destino todavía se ignora. Ha sido precisamente esa extraña
amalgama de las leyes con las armas, las palabras con la violencia y las urnas
con las tumbas, lo que nos ha impedido salir de este tenebroso laberinto
“democrático”.
Minotauros y Medusas
Un laberinto que cada día se hace más lúgubre y escabroso, pues entre sus
desesperados y extraviados ciudadanos, como en una manada, vuelve a resurgir la
idea de que solo a través de la violencia y la fuerza se podrá salir de él, sin
importar el número de lesionados y víctimas mortales que semejante estrategia arroje.
Parece volverse a imponer la brutal fórmula de que una supuesta seguridad
castrense, lo más discrecional posible y sin límites en su ejercicio, como la
desplegada en el Palacio de Justicia, nos permitirá supuestamente eliminar
temibles Minotauros formados por centenares de organizaciones criminales que
nos amenazan y están devorando. Quizá por eso el Tigre quiere posesionarse en
una guarnición militar, desconociendo de entrada la Constitución del 91 y el
principio democrático según el cual el poder emana de la ciudadanía y no de las
armas, como aún creen y predican las anacrónicas y criminales guerrillas. Pero
el resultado de semejante estrategia belicista puede llegar a ser más devastadora
y deplorable que la utilizada en el Palacio de Justicia, afectando a cientos de
miles de colombianos que ocupan las habitaciones más recónditas y lejanas del
centro citadino e institucional del laberinto. Incluso, hasta el mismo centro
del laberinto institucional, que se considera inexpugnable, puede sufrir los
coletazos rabiosos y terroristas de esos Minotauros heridos, atacándolo al azar
como Medusas agónicas con sus numerosas y mortíferas cabezas, como fue el letal
atentado terrorista de las Farc al Club El Nogal en plena “seguridad
democrática”.
Medusas “parainstitucionales”
Vale la pena recordar que esas estrategias ya se utilizaron en el pasado
reciente, combinando precisamente lo legal con lo ilegal y lo legítimo con lo
ilegítimo, como lo hizo el entonces presidente César Gaviria Trujillo con la
creación de las llamadas cooperativas de seguridad Convivir, promovidas en
forma entusiasta por el gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez.
Cooperativas legales que sirvieron de mampara para el surgimiento ilegal de las
AUC, argumentando una supuesta “legítima defensa” frente a las amenazas,
extorsiones, secuestros y asesinatos de las guerrillas. Por eso Carlos Castaño
consideraba las AUC una organización legítima en defensa de la clase media. Entonces
ya no se habló de asesinatos sino de ajusticiamientos de colaboradores de la
guerrilla. Y ésta, a su vez, llamó retenciones y “pescas milagrosas” --que
ironía para el Tigre-- a sus miles de secuestros y convirtió la extorsión generalizada
en “impuesto revolucionario”. Así se hizo la apología a la “justicia privada” pues
resultaba más rápida y “efectiva” que la justicia estatal, limitada y maniatada
por principios e instituciones como la presunción de inocencia y el debido
proceso, que para muchos amparaba a los delincuentes y les garantizaba
impunidad. Incluso se llegó a considerar el linchamiento como un ejercicio de “justicia
por mano propia” ante la inseguridad y hasta se contempló la posibilidad de
armar a los “ciudadanos de bien” contra las hordas delincuenciales, como una
eficaz estrategia de “limpieza social” y de seguridad ciudadana. A tales
extremos podemos volver con propuestas como los frentes de seguridad
ciudadanos, mencionados por el Tigre durante su campaña electoral. Esas
estrategias que combinan todas las formas de lucha en nombre de la seguridad,
con mascotas tan incontrolables como un tigre, saludos militares y llamados a
una manada de entusiastas seguidores en defensa de una imaginaria “Patria
Milagro”, suelen terminar criminalizando la oposición, la protesta pacífica
ciudadana, las críticas y la libertad de opinión, como en el reciente caso del
encarcelamiento del periodista Beto Coral en Estados Unidos y su deportación a
Colombia, al parecer por petición del mismo Tigre, y ahora le está sucediendo a la periodista Ana
Cristina Restrepo, acosada en forma sistemática por cuentas de redes sociales
que apoyan al presidente electo.
El hilo de Ariadna del poder ciudadano
En rechazo a todo lo anterior y para salir de una manera civilizada y lo
menos cruenta posible de este milagroso e infernal laberinto que se avecina, no
queda otra opción que tejer con miles de manos ciudadanas un hilo de Ariadna,
como el del laberinto de Cnosos, que permitió a Teseo salir del mismo, después
de matar el sanguinario Minotauro. Ese hilo de Ariadna no es otro que el poder
ciudadano, definido de manera inequívoca por Hannah Arendt como aquel “donde
palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos
no son brutales, donde la palabra no se emplea para velar intenciones sino para
descubrir realidades y los actos no se usan para violar y destruir sino para
establecer relaciones y crear nuevas realidades”. Exactamente lo contrario hace
el poder político estatal cuando sus gobernantes vacían las palabras de
contenido y las llenan de demagogia como la “Patria Milagro” o con promesas
irrealizables como la “Paz Total”. Pero, sobre todo, cuando establecen
relaciones con poderes de facto criminales, pues estos utilizan la palabra para
velar intenciones y sus actos suelen violar y destruir en lugar de establecer
relaciones para crear nuevas realidades, lo que nos impide salir del laberinto
en que vivimos y morimos. Así nos sucedió con la “seguridad democrática” y sus
miles de falsos positivos, pero también con la “Paz total” y su
contemporización frente a organizaciones criminales. ¿Podrá suceder algo
diferente cuando llega a la Casa de Nariño un presidente “cargado de tigre” que
invoca como horizonte una supuesta “Patria Milagro”? ¿Un gobernante que llama y
trata como una manada a la ciudadanía? ¿Y, además, el mismo dice no ser
político, tiene como santo y seña el saludo militar y quiere jurar su cargo
desde una guarnición militar ante las armas en lugar de hacerlo en el Congreso
y frente a los representantes de la ciudadanía, como manda la Constitución? ¿Será
un gobierno democrático o una autocracia militarista y cacocrática? Más nos convendría a todos que el Tigre
dejara de rugir, amenazar, prometer milagros escatológicos y comenzara por
respetar la Constitución, el Estado Social de derecho y la ciudadanía, sin las
cuales desaparece todo remedo de democracia. Pero, sobre todo, que tuviera
claro que su máxima responsabilidad es gobernar a Colombia y no ser el primer
presidente del partido republicano de Trump, como lo afirmó con orgullo en
campaña, y depender de su tutela, su protección e incierto temperamento de
“gobergánster” con su doctrina Donroe y el Escudo de las Américas, pues toda
esa parafernalia de Maga puede tambalearse e incluso venirse abajo en las
próximas elecciones de noviembre que renovará el Congreso de America First.
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