GANÓ EL TIGRE ¿REINARÁ LA LEY DE LA SELVA? (II)
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Hernando Llano Ángel.
Continuaré comentando el fastuoso
discurso de celebración del Tigre en “La
Ventana al Mundo”, abordando su concepción de la democracia, la cual jura
defender, para comprender su alcance y lo que podemos esperar durante los
próximos 4 años. Lo primero que resalta es la extrema incoherencia entre sus
discursos de campaña, en los que fustigaba como enemigos irreconciliables a
quienes piensan diferente y proponen otra visión de Colombia –amenazando
incluso con destriparlos-- y su discurso de celebración, donde parece haber
comprendido el sentido vital y pluralista de la democracia y declara que no
tiene enemigos: “en democracia no existen
enemigos irreconciliables. Existen compatriotas que piensan diferente y que
tienen exactamente los mismos derechos”.
¿Un tigre domesticado?
Extrema incoherencia que,
obviamente, no se resuelve en el discurso, sino en la realidad y en el trato
que recibirán sus opositores y críticos, permitiéndoles no solo disentir sino
actuar en defensa de los derechos sociales de las mayorías y también de las minorías.
Y es en esta tensión en donde se disputan dos visiones y prácticas de la
democracia que resultan difícilmente compatibles. De una parte, la democracia
republicana y, de otra, la democracia liberal que, por la pugnacidad,
populismo, discurso autoritario y militarista del Tigre, “Firmes por Colombia”, puede derivar en el eufemismo de la llamada “democracia
iliberal”, que debería sublevar y sonrojar a todo auténtico liberal,
pues sin garantías plenas para el ejercicio de las libertades públicas no
existe democracia alguna. ¿Será que la franja presidencial lo domesticará y
dejará de ser ese fiero tigre destripador de la campaña?
¿Democracia o mercadocracia?
De un lado, tenemos la visión de
la democracia republicana, que postula la cuestión social y la justicia como
igualdad de oportunidades, cuya esencia es el Estado Social de derecho y, de
otra parte, la visión liberal que reduce la democracia a una defensa a ultranza
de la propiedad privada y sus garantías para la competencia en el mercado,
haciendo del Estado de derecho su baluarte principal. Es claro que la
Constitución del 91 desde su artículo 1 consagró la democracia en clave
republicana. Por ello nos dice que Colombia es una república que está fundada
en “el respeto de la dignidad humana, en
el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”. A
renglón seguido, en el artículo 2, señala como fines esenciales del Estado: “servir a la comunidad y promover la
prosperidad general”, entre otros, como “defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial
y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”. Por
otra parte, el artículo 13 explícitamente nos dice que “el Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de los
grupos discriminados o marginados”. Y, como si fuera poco, el artículo 53
promueve la defensa de los trabajadores en términos prevalentes, pues señala que
se debe reconocer “la situación más favorable al trabajador en caso de duda
en la aplicación e interpretación de las fuentes formales de derecho y la primacía de la realidad sobre las
formalidades establecidas por los sujetos de las relaciones laborales”.
En una palabra, que la justicia social no puede ser burlada por las argucias
leguleyas de tinterillos para la protección de los intereses patronales. Por
último, en relación con el sagrado derecho de la propiedad privada, el artículo
58 no deja duda que: “la propiedad es una función social que implica
obligaciones. Como tal, le es inherente una función ecológica. El Estado protegerá y promoverá las formas asociativas y solidarias de propiedad” y
que “por motivos de utilidad pública o de
interés social definidos por el legislador, podrá haber expropiación mediante
sentencia judicial e indemnización previa. Esta se fijará consultando los
intereses de la comunidad y del afectado”.
Democracia es equidad social
Con toda razón, en algún ensayo
sobre la democracia, el maestro Estanislao Zuleta escribió que un “auténtico demócrata es aquel que está con
quienes tienen más necesidades y menos posibilidades”, pues un
ciudadano sin derechos vitales a un trabajo digno, un ingreso justo, salud,
educación, la propiedad de su terruño o una modesta vivienda, siempre estará a
merced y subordinado, sometido casi como un siervo, a quienes disponen y
acumulan esos derechos para su propio beneficio. Tal es la igualdad real o
social que debería promover la igualdad formal o legal, que todos tenemos en la
letra de la Constitución, pero que no existe en la realidad cotidiana de la
vida, que es en donde se juega realmente la democracia. Obviamente, no se trata
de la igualdad en los resultados medidos en términos de la misma prosperidad y
riqueza para todos, pero sí de la igualdad de oportunidades en la vida para
todos y todas, sin puntos de partida donde unos pocos acumulan privilegios y
ventajas insuperables que se perpetúan por generaciones. Y solo mediante la
intervención del Estado Social de derecho ello es posible, pues el mercado no
conoce de equidad social sino de competencia entre desiguales, cuyas
diferencias aumentan en proporción casi directa a la supuesta neutralidad,
seguridad y estabilidad jurídica brindada por el Estado de derecho liberal.
La mercadocracia depredadora del Tigre
Y resulta que, si uno lee con
atención el discurso del Tigre, más allá de la música, sus himnos gloriosos,
fuegos pirotécnicos y rugidos victoriosos, encuentra que su democracia se agota
en la mercadocracia y, lo que es más grave, en una compañía ilimitada con MAGA para
la explotación de las riquezas y la biodiversidad de nuestra Nación, entregadas
a su generosa voracidad. ¿En dónde quedará el principio constitucional social
de la propiedad y su función ecológica? Citemos algunos bellos pasajes, con
loas a la igualdad y prosperidad de todos, que no dejan de ser muy
preocupantes, como el siguiente dirigido a los votantes de Cepeda: “sus derechos, aun cuando no hayan votado por mí, serán respetados”. ¿Acaso podría ser de otra forma? Luego,
en un derroche de lirismo, afirma: “Nos
dijeron que era imposible construir una
nación de propietarios, de oportunidades y de progreso para todos. Pues esta noche el pueblo colombiano ha
respondido con una sola voz: sí se puede tener una Patria Milagro en el
gobierno del Tigre”. Lo cual significa que el Tigre deberá cumplir y
profundizar la titulación de tierras para millones de campesinos, despojados de
sus parcelas tanto por los paramilitares de las AUC que asesoró, como por
grupos guerrilleros que se disputaban esos territorios y economías ilícitas.
Entonces daría así pleno cumplimiento al ACUERDO DE PAZ entre el ESTADO y las
extintas Farc-EP. Acuerdo que, junto a la JEP, abomina y prometió erradicar,
como la coca, de la “Patria Milagro”. Quizá lo que quiso decir fue “una nación para propietarios”, pero no escuchó bien en su audífono en
medio de tanta algarabía.
¿Un tigre estafador?
Pero, si llegaré a realizar ese
milagro de “construir una patria de propietarios”, además de brindar “oportunidades
y progreso para todos”, habrá estafado y robado la confianza a millones
de sus electores, pues ese era el centro del programa progresista de Iván
Cepeda y del Pacto Histórico. Sin duda, no sucederá, como una muestra más de su
extrema incoherencia, cuyo nombre en política es demagogia. Y la principal
consecuencia de la demagogia es la ingobernabilidad que genera por no cumplir
tantas promesas irrealizables, como le sucedió a el “gobierno del cambio”. Pero
continuemos con esa “Patria Milagro”: “Sí
podemos recuperar el orden, sí podemos reconstruir
la República, sí podemos gobernar con CERO
CORRUPCIÓN, sin lugar para la politiquería”. Lo cual quiere decir que
no dará cuotas en su gabinete a los que siempre han gobernado con corrupción y
politiquería, bajo diferentes siglas como “Cambio Radical”, “Centro
Democrático”, “La U”, partidos liberal y conservador con representación en el
Congreso y a los cuales durante su campaña repudió y hasta llamó delincuentes. Pero
ya anunció a Rodrigo Lara Restrepo como futuro ministro del interior, quien
fuera director de Cambio Radical, curiosamente el partido político con el mayor
número de congresistas condenados por parapolítica, 14 en total[i],
por el delito de concierto agravado para delinquir en asocio con las AUC,
mediante el constreñimiento de miles de electores. A eso llama el Tigre “cero
corrupción y sin politiquería”. Un discípulo aventajado del expresidente
Álvaro Uribe Vélez, que prometió lo mismo. Sin duda, con esa criminal alianza
esos congresistas condenados de Cambio Radical participaron entonces en la refundación de la Patria, como la
llamaban las AUC, y ahora el Tigre llama “reconstruir la República”. En este
caso, parece haber extrema coherencia. Pero la pregunta obvia es ¿Será así como
se defiende la democracia?
¿De cuál democracia nos habla el
Tigre?
La respuesta la encontramos en
sus aliados internacionales, quienes son en la actualidad los más eficaces
depredadores y demoledores del Estado de derecho y la democracia liberal:
Estados Unidos de Norteamérica e Israel. Por eso lo anunció con máxima
incoherencia: “Vamos a fortalecer nuestras relaciones con todos los países que
respetan la democracia, no tendremos relaciones con los países que no respetan
la libertad y el estado de derecho. Seremos un socio serio, un aliado leal y
una voz firme en defensa de la libertad en el continente”. Por eso ya
anunció su ingreso al “Escudo de las
Américas”[ii]y
un supuesto “Plan Patriota”, para en
90 días acabar con el narcoterrorismo y las economías ilícitas. Asistiremos,
entonces, a una especie de Apocalypse Now con bombardeos teledirigidos desde
MAGA, abrazos y felicitaciones de Trump con el Tigre en el despacho oval y
saludo patriótico de “Firmes por
Colombia” e intercambio de gorras. Hasta de pronto Trump le ofrece a su
compatriota y copartidario republicano, el Tigre Abelardo, extender su
nacionalidad a toda Colombia y así coronar su doctrina Donroe[iii]
con el estado número 52, el primero en Suramérica: “¡Firmes por la Patria!”.
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