sábado, agosto 24, 2024

DESCIFRANDO LA ESFINGE DE LA POLÍTICA NACIONAL (Tercera parte)

 

DESCIFRANDO LA ESFINGE DE LA POLÍTICA NACIONAL (III)

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/descifrando-la-esfinge-de-la-politica-nacional-iii/

Hernando Llano Ángel.

No deja de ser curioso que Belisario Betancur Cuartas y Álvaro Gómez Hurtado, dos conspicuos líderes conservadores, aparezcan como inspiradores y pioneros de las principales banderas de Gustavo Petro: la “Paz Total” y “Tumbar el régimen[i] . Sobre todo, siendo Petro el primer presidente de izquierda en nuestra historia y un crítico implacable del establecimiento liberal-conservador. Un establecimiento que hoy pervive en medio de la ilegalidad y la impunidad política, camuflado bajo numerosas siglas de empresas electorales semiilegales como “Cambio Radical”, “Centro Democrático” y el “Partido de la U”, con un número apreciable de sus miembros condenados por corrupción y concierto para delinquir[ii], para solo nombrar las organizaciones semipolíticas y delictivas más representativas en ese inextricable entramado personalista de cerca de 30 microempresas electorales disfrazadas de partidos políticos[iii]. Esas banderas, la “Paz Total y Tumbar el Régimen”, las levantaron Betancur y Gómez, sin lograr izarlas durante sus vidas, pero ambos lo intentaron con más buena voluntad que acierto gubernamental y político, respectivamente. Las mismas banderas las enarbola hoy el presidente Petro, al parecer con igual desacierto y desconcierto que el generado por sus antecesores, en gran parte debido a la consolidación del actual régimen electofáctico[iv] y sus teratológicas mutaciones, pues ya casi nos resulta imposible discernir entre lo legal y lo ilegal, lo político y lo criminal, lo legítimo y lo ilegítimo, en fin, la verdad y la mentira, en medio de tanta realidad virtual aumentada y desfigurada por las redes sociales y las cajas de resonancia de la gran prensa al servicio de sus propietarios y anunciantes. Así lo hace con bombos y platillos semanalmente una revista con el auspicio de plutócratas que aúpan a su ambiciosa y vanidosa directora, alucinada con delirios presidenciales. Quizá por ello los protagonistas de nuestra vida política son Álvaro Uribe Vélez, quien prefirió renunciar a su curul de senador para burlar a la Corte Suprema de Justicia y Gustavo Petro Urrego, un presidente-rehén de múltiples escándalos de corrupción y con dudosos aliados como el innombrable Armando Benedetti y exfuncionarios delincuentes como Olmedo López y Sneider Pinilla, quienes forman un insuperable y destemplado trio de corruptos que nos roban desvergonzadamente nuestros impuestos. A pesar de tan desalentador paisaje político nacional vale la pena volver a recordar, así sea someramente, los esfuerzos pioneros de Belisario Betancur por “adecentar el local” de esta República fantasmagórica y tanática.

Belisario Betancur, un presidente trágico

Y nada mejor que citar algunos de los apartes de su discurso de posesión presidencial, pronunciado ante la Plaza de Bolívar, ritual que repitió el presidente Petro, dramatizándolo con la irrupción de la espada del libertador Simón Bolívar. Espada desenvainada para romper simbólicamente el nudo gordiano que mantiene bien amarrada y asegurada la estela de la violencia política y la desigualdad social, enseñas perdurables de la esfinge política que no hemos podido descifrar y expulsar de nuestras vidas y sociedad. En los apartes del discurso de Belisario encontramos destellos de verdades dolorosas e ignominiosas que se niegan a reconocer quienes todavía pretenden seguir gobernando a Colombia como si fuera una ubérrima hacienda que les pertenecerá eternamente. Así los describe en el siguiente pasaje con su lírico y grandilocuente estilo:

He andado una y otra vez por los caminos de mi patria y he visto ímpetus heroicos, pero también gentes mustias porque no hay en su horizonte solidaridad ni esperanza. Ya que para una parte de colombianos: La turbamulta les es ajena pues procede de grupos que les son ajenos; la otra Colombia les es remota u hostil. ¿Cómo afirmar sin sarcasmo la pertenencia a algo de que están excluidos, en donde su voz resuena con intrusa cadencia? Y para los más poderosos o los más dichosos ¿a qué reivindicar algo tan entrañablemente unificador como es la patria, a partir de la discriminación y el desdén?”. De donde concluye: “Hay una relación perversa en la que los dos países se envenenan mutuamente, y esa dialéctica ahoga toda existencia nacional”. Por tanto, afirma: “la prioridad del gobierno es empezar  -y lo recalco, empezar tan sólo a que las dos naciones en combate se cohesionen y se fundan, a que la expresión ciudadano colombiano tenga embrujo de porvenir y no eco fantasmal de irrisión; a que expresemos nuestra colombianidad con orgullo; a que dejemos de ser federación de rencores y archipiélago de egoísmos para ser hermandad de iguales, a fin de que no llegue a decirse de nosotros la terrible expresión del historiador, de haber llevado a nuestra gente a que prefiera la violencia a la injusticia.

Pocas descripciones tan precisas y esclarecedoras sobre el laberinto de violencias e injusticias en que vivimos y morimos extraviados. Sin duda, Petro no solo retoma y forja su proyecto político y el Pacto Histórico con esa “turbamulta ajena, remota y hostil”, sino que procede de sus entrañas, como Gaitán, quien fue asesinado precisamente por aquellos que siempre han gobernado a partir de la “discriminación y el desdén”, cabalgando sobre la ignorancia y las necesidades de una “turbamulta” engañada por el clientelismo y la demagogia electoral que vota por ellos y los eleva a pedestales que nunca merecieron. Como lo resalta Belisario, el antagonismo entre esos dos países, el de los “patricios” y los “plebeyos”, el “País Político contra el País Nacional”, según Gaitán --que se viene expresando en periódicos estallidos sociales como los del 2019 y 2021—“ahoga toda existencia nacional”, pues imposibilita forjar una comunidad política democrática entre iguales y perpetúa, generación tras generación, esa “federación de rencores y archipiélago de egoísmos”. Federación y archipiélago hoy dispersos en diferentes regiones del país por la disputa codiciosa y mortífera de las economías ilegales, simbióticamente fusionadas con el establecimiento político a través de la financiación de sus campañas y empresas electorales, recuérdese el proceso 8.000[v] y el “Ñeñe Hernández”[vi],  pero también por su imbricación con la economía legal mediante el lavado de cuantiosos activos por Bancos matrices del grupo AVAL, según la famosa operación Polar Cap, que reveló en marzo de 1989 un lavado de aproximadamente 412 millones de dólares de Pablo Escobar, Gustavo Gaviria y Jorge Luis Ochoa Vásquez,  por parte de la sucursal del Banco de Occidente en Panamá[vii].  

“Ni una gota más de sangre colombiana”

Irónica y hasta trágica es la otra aspiración de Belisario que hace suya el presidente Petro con su política de Paz Total, tan similar a la bandera blanca que levantó Betancur a todos los grupos armados, no solo a las guerrillas, pero que terminó anegada en sangre. Así lo expresó en su discurso de posesión presidencial:

Levanto una bandera de paz para ofrecerla a todos mis compatriotas. Tiendo mi mano a los alzados en armas para que se incorporen al ejercicio pleno de sus derechos, en el amplio marco de decisión que tomen las Cámaras. Les declaro la paz a mis conciudadanos sin distinción alguna: ¡a esa tarea prioritaria me consagro porque necesitamos esa paz colombiana para cuidarla como se cuida el árbol que convocará bajo sus gajos abiertos a toda la familia nacional!... Una paz sin retaliaciones ni vindictas. Una paz que incorpore a todos los colombianos en la actividad ciudadana y les dé la posibilidad de realizarse económica y socialmente, y de participar en la vida democrática. Una paz que garantice el pleno ejercicio de los derechos y al mismo tiempo demande el cumplimiento de las obligaciones. Una paz que sea fundamento de la seguridad colectiva, que rescate la convivencia y la justicia, que permita establecer una demarcación entre la confrontación política, desviada de sus cauces normales, y cualquiera de las modalidades del delito. Levanto ante el pueblo de Colombia una alta y blanca bandera de paz: la levanto ante los oprimidos, la levanto ante los perseguidos, la levanto ante los alzados en armas, levanto la blanca bandera de la paz ante mis compatriotas de todos los partidos y de los sin partido, de todas las regiones, de todas las procedencias. No quiero que se derrame una sola gota más de sangre colombiana de nuestros soldados abnegados ni de nuestros campesinos inocentes, ni de los obcecados, ni una gota más de sangre hermana. ¡Ni una gota más!

Solo nos cabe esperar que el empeño y la obsesión del presidente Petro con la Paz Total, tan bien intencionada y semejante a la de Belisario, no culmine en otra hecatombe como la del Palacio de Justicia, pues la obcecación criminal de los grupos guerrilleros, sumada a la ambición y codicia del narcotráfico y de numerosos grupos delincuenciales que saquean el oro, las entrañas de Pachamama y extorsionan a los desesperados migrantes y pequeños comerciantes, no nos conduzca a un escenario de terror peor que Apocalypse Now[viii]. Ya no queda espacio y menos tiempo para el paralelo entre Álvaro Gómez Hurtado y su convocatoria a “Tumbar el Régimen”, parecida a la intención del presidente Petro de realizar reformas sociales y económicas estructurales que vayan minando este régimen por dentro, hasta que se quede sin cimientos y caiga por completo. Un empeño tan peregrino y lejano como la Paz Total, que precisa una cuarta y quizá última entrega sobre la esfinge política nacional, cuyas entrañas conoció muy bien Álvaro Gómez Hurtado y hoy tiene en jaque al presidente Petro para beneplácito de quienes viven de esta considerada ejemplar “democracia” y su inexpugnable “estabilidad institucional”. “Democracia y estabilidad institucional” que quizá envidia el cleptócrata electoral, cacócrata gubernamental[ix] y autócrata estatal de Maduro en nombre de un supuesto “socialismo del siglo XXI”, que no alcanza los niveles de legitimidad de nuestra espuria y letal “democracia” con más de 450.000 víctimas mortales entre 1985 y 2018 según cifras del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y No Repetición[x].




jueves, agosto 22, 2024

PETRO, ESFINGE DE LA POLÍTICA NACIONAL (Segunda parte)

 

PETRO, ESFINGE DE LA POLÍTICA NACIONAL (II)

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/petro-esfinge-de-la-politica-nacional-ii/

“El estudio más digno de la política no es el hombre sino las instituciones” John Plamenatz.

Hernando Llano Ángel.

Toda la razón tiene Plamenatz, pues las instituciones perduran y los hombres desaparecen. Sin desconocer que las instituciones también son históricamente contingentes y susceptibles de desaparecer. Al fin y al cabo, son obras de hombres y mujeres comprometidos con su transformación, como nos acontece en la lucha inconclusa contra el racismo, el clasismo, el machismo y la impunidad, para solo mencionar las instituciones informales más resistentes y reaccionarias que aún subsisten en nuestra sociedad y perpetúan desigualdades inadmisibles y violencias injustificables. Justamente por lo anterior tiene sentido intentar comprender y descifrar esa especie de esfinge política que son nuestras instituciones y sus principales protagonistas, haciendo el paralelo entre líderes históricos que intentaron cambiarlas, como Alfonso Pumarejo y Jorge Eliécer Gaitán a mediados del siglo pasado y hoy lo hace denodadamente el presidente Gustavo Petro. Son protagonistas de una larga e infructuosa gesta reformista que continuaron con mediano éxito presidentes como Belisario Betancur, Virgilio Barco y César Gaviria al final del milenio pasado. Sus reformas modificaron el cascarón formal de las instituciones, pero no afectaron sustancialmente el almendrón de las desigualdades, las exclusiones y las violencias, instituciones informales auspiciadas por poderes de facto y líderes de extrema derecha e izquierda al parecer intocables e insustituibles. Contra ellas y esos feroces defensores del Statu Quo lucharon con coraje y coherencia otros líderes como Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Álvaro Gómez, que pagaron con sus vidas la osadía de desafiar sin temor esa simbiosis de la política con el crimen y la ilegalidad, quinta esencia de la esfinge del actual régimen político electofáctico (1). Un régimen que ha logrado simular con cinismo credenciales democráticas bajo el ritual de elecciones periódicas e ininterrumpidas desde 1957. Elecciones que nada tuvieron de competitivas durante los 16 años del Frente Nacional. Tanto que cuando en 1970 fue derrotado el sucesor institucional de esa fórmula espuria y antidemocrática del “miti-miti” estatal, el candidato conservador Misael Pastrana Borrero, el entonces presidente Carlos Lleras Restrepo (2) burló la voluntad popular que votó mayoritariamente por el general Gustavo Rojas Pinilla. ¡Cuánto desearía Maduro contar hoy con la habilidad de Lleras Restrepo y el respaldo que entonces recibió!  Por eso no deja de ser una ironía casi incomprensible que hoy el presidente Petro, hijo legítimo del fraude que originó al M-19, le proponga a Maduro la fórmula del Frente Nacional para compartir el poder estatal con la oposición y superar así la actual crisis venezolana. Una crisis originada precisamente por el latrocinio electoral del que es responsable el mismo Maduro y su actual régimen cacocrático. Semejante argucia política jamás se le hubieran ocurrido a Jorge Eliecer Gaitán, pues con su bandera de la “Restauración Moral de la República” combatió implacablemente la corrupción de las oligarquías liberales y conservadoras, enquistadas en el País Político contra el País Nacional, como está hoy Maduro en Venezuela.

El “País Político” Vs el “País Nacional”

Esa distinción y antagonismo conserva todavía plena validez, tanto en Venezuela como en Colombia, pues el País Político que piensa en sus empleos, en su mecánica y en su poder se encuentra completamente divorciado del País Nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura, desatendido por el país político. El País Político tiene rutas distintas a las del País Nacional. ¡Tremendo drama en la historia de un pueblo!... Para el país político la política es mecánica, es juego, es ganancia de elecciones, es saber a quién se nombra ministro y no qué va a hacer el ministro. Es plutocracia, contratos, burocracia, papeleo lento, tranquilo, usufructo de curules y el puesto público concebido como una granjería y no como un lugar de trabajo para contribuir a la grandeza nacional”. Por intentar superar tan tremendo drama Gaitán fue asesinado el 9 de abril de 1948. En su célebre “Oración por la Paz”, dos meses antes de su magnicidio, le había exigido e implorado al presidente conservador Mariano Ospina Pérez, “una pequeña y grande cosa: que las luchas políticas se desarrollen por los cauces de la constitucionalidad”, la clave de la democracia que todavía no hemos podido descifrar y encontrar, pues el País Político optó por la violencia y el asesinato de quien pretendía resolver semejante drama. Un drama convertido desde entonces en tragedia histórica ya que dicha contradicción existencial entre los dos países no ha sido superada y es uno de los rasgos identitarios de la esfinge política nacional. De alguna forma, guardando las diferencias del contexto político y la impronta insuperable del liderazgo de Gaitán, Petro retoma en su discurso de posesión presidencial el mismo desafío institucional, al decir: “Y finalmente, uniré a Colombia. Uniremos, entre todos y todas, a nuestra querida Colombia. Tenemos que decirle basta a la división que nos enfrenta como pueblo. Yo no quiero dos países, como no quiero dos sociedades. Quiero una Colombia fuerte, justa y unida”.

Petro, rehén del “País Político”

Sin embargo, los compromisos adquiridos por Petro durante su campaña electoral en la costa caribe y otras regiones del país con personajes tan representativos del País Político como Armando Benedetti y Roy Barreras –para solo nombrar dos de los más destacados— han afectado gravemente su independencia política y ética para avanzar por la senda de “una Colombia fuerte, justa y unida”. Ni hablar del lastre que hoy carga por el escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos de Desastres (UNGRD), convertida en una Unidad de Gestión de Robos Desastrosos, que involucra presuntamente desde los ministros de Hacienda y del Interior hasta los expresidentes del Senado y la Cámara de Representantes. Prácticas corruptas que Gaitán fustigaba con su verbo restaurador de la ética pública y su llamado a la “revolución de las costumbres políticas”. Entonces denunciaba como esa “pequeña minoría oligárquica” que “no por el trabajo, sino por las influencias, no por la lucha, sino por la especulación, no por la ardentía en las virtudes, sino al contrario, por la pequeñez sinuosa en los procedimientos, les corresponden ganancias fabulosas y acumuladas, mientras a la gran masa solo le corresponde sufrir la carestía de la vida y de la especulación”, maniobras propias de “la oligarquía conjunta llamada liberal o conservadora, que hace su agosto sobre la miseria y la desgracia de un gran pueblo abandonado”. Dichas prácticas son totalmente inadmisibles en un gobierno de izquierda, que pregona el cambio y cuya enseña diferenciadora de la derecha debería ser precisamente la prevalencia de la ética pública sobre los intereses particulares. Pero tales instituciones informales, propias de la práctica política y la codicia privada, persisten desde entonces porque en la mentalidad de los políticos profesionales, de los ciudadanos que los eligen y sus cómplices privados, la dimensión de lo público no existe y hacen del Estado y el presupuesto nacional un botín para enriquecerse la mayoría de las veces impunemente. Convierten lo público en su empresa particular y el Estado en un mercado para otorgar contratos y concesiones a los financiadores de sus campañas electorales, como en el caso de ODEBRECHT.  Los ejemplos más escandalosos, que ahora olvida la oposición maniqueísta del Centro Democrático, son Agro Ingreso Seguro y Reficar, cuyo desfalco “generó pérdidas por corrupción por más de $8.000 millones de dólares, convirtiéndolo en un escándalo de corrupción peor que otros como el Carrusel de la contratación y Agro Ingreso Seguro. El detrimento patrimonial equivalente fue de un 5% del presupuesto nacional del país en 2016, que se terminaría de pagar en el año 2046, según datos de la entidad fiscalizadora” (3). En contraste, Gaitán siempre reivindicó la dimensión social y pública del Estado y propuso su “intervención en la economía a través de un Consejo Económico Nacional, representativo de todas las fuerzas de producción con énfasis en las pequeñas industrias para incrementar la producción industrial, agrícola y ganadera”. Es similar la propuesta del presidente Petro en el punto noveno de su decálogo gubernamental: “Desarrollaré la industria nacional, la economía popular y el campo colombiano. Priorizaremos a la mujer campesina, a la mujer de la economía popular, indudablemente; al microempresario y al pequeño y mediano empresario de Colombia. Pero nuestra invitación es a producir, es a trabajar, es a ser conscientes de que solo seremos una sociedad rica si trabajamos. Y que el trabajo, cada vez más, en el siglo XXI, es una propiedad del conocimiento, del cerebro, de la inteligencia humana. Vamos a acompañar y a apoyar a todo aquel que se esfuerce por Colombia. El campesino, la campesina, que se levanta al alba. El artesano, la artesana, que mantiene viva nuestra cultura. El empresario, la empresaria, que crea trabajo. El trabajador y la trabajadora cultural que construye la sensibilidad humana. La ciencia, la cultura y el conocimiento es el combustible del siglo XXI. Vamos a desarrollar la sociedad del conocimiento y la tecnología”. Pero todo parece indicar que del dicho al hecho hay un trecho insalvable, no solo por la cerril oposición de los gremios y sus testaferros en el Congreso a las reformas del gobierno con profundo contenido social, sino también por su incapacidad para una gestión eficiente y transformadora, no lastrada y desprestigiada por la incompetencia de numerosos funcionarios y la codicia ilimitada de corruptos como Olmedo López y Sneider Pinilla en la UNGRD (4). Le quedan al “gobierno del cambio” y “Colombia, potencia mundial de la vida”, dos años para enmendar la plana y mejorar su capacidad de gestión, pero también para sacar y arrojar de la nave del Estado a los piratas que amenazan con hacerla encallar en el mar de sargazos de la corrupción y la cacocracia (5). Si no lo hace, entonces una derecha recalcitrante cobrara implacablemente en el 2026 por la ventanilla de las elecciones su revancha ante la inmensa frustración popular que votó por el cambio. Una oposición cínica que hoy posa de incorruptible y demócrata integral, incapaz de reconocer sus responsabilidades históricas en la descomposición del Estado y la existencia de 9.758.045 víctimas registradas formalmente en la Unidad Nacional de Víctimas (6) de las cuales son sujeto de atención de reparación 7.661.300, números similares y hasta superiores a la población desplazada por la dictadura de Maduro. Por su parte, el presidente Petro debería atender con urgencia este consejo de Gaitán y contener su adicción enfermiza a la cuenta X:

 “Pero una nación no se salva con simple verbalismo, con jugadas habilidosas, ni con silencios calculados, sino con obras, con realidades, con el otro aspecto de nuestro criterio, que es el de tener como objetivo máximo de la actividad del Estado al hombre colombiano, cómo va su salud, cómo su educación, cómo su agricultura, cómo su comercio, cómo van su industria, sus transportes y su sanidad” (7).

(1)https://www.academia.edu/120489371/Aproximaciones_al_r%C3%A9gimen_Electof%C3%A1ctico

(2)https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/la-noche-en-que-lleras-restrepo-reconocio-el-triunfo-de-rojas-pinilla-parte-ii-article-417288/

(3)https://es.wikipedia.org/wiki/Esc%C3%A1ndalo_de_Reficar_de_2016

(4)https://www.elcolombiano.com/colombia/ungrd-escandalo-de-corrupcion-quienes-estan-involucrados-DA24423880

(5) https://www.fundeu.es/consulta/cacocracia/

(6) https://www.unidadvictimas.gov.co/

(7) Villaveces, Jorge. “Los mejores discursos de Gaitán”, editorial Jorvi, Bogotá, 1958.

lunes, agosto 12, 2024

Petro, esfinge de la política nacional. (Primera parte)

 PETRO, ESFINGE DE LA POLÍTICA NACIONAL (I)

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/petro-esfinge-de-la-politica-nacional-i/

“El estudio más digno de la política no es el hombre sino las instituciones” John Plamenatz.

Hernando Llano Ángel.

A los dos años de la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño está claro que en ella no se encuentra el epicentro del poder político nacional y que su transitorio huésped oficial está muy lejos de ser el hombre más poderoso de Colombia. Seguramente por lo anterior al presidente Petro no le gusta estar encerrado y menos atrapado en la Casa de Nariño. Allí se siente como un rehén del poder constituido y lo que realmente lo desvela y apasiona es el poder constituyente. Por eso su impuntualidad incorregible a la mayoría de compromisos oficiales. Parece más obsesionado en procurar ser puntual con el poder del pueblo y la historia y lo expresa en giros retóricos tan exagerados como afirmar en su discurso que “en dos años hemos hecho una revolución”. También ha dicho en varias ocasiones que los aposentos de la Casa de Nariño son fríos y fantasmales, meros fetiches del poder político y social real, que acaso lo reflejan en sus paredes como sombras chinescas. Un poder que conoce como líder político antes de ser presidente y sabe muy bien que se encuentra disperso en la sociedad, que por su esencia es cambiante, dinámico y siempre objeto de disputa emocional en las calles, las plazas y en vastos espacios rurales, marginados y sufridos, que hoy controlan múltiples y antagónicos actores armados ilegales, esquivos a la Paz Total. Ese poder ubicuo, que está al mismo tiempo en todas partes y es tan inasible como difícil de regular legalmente, es el poder constituyente. Un poder formado por millones de rostros anónimos que, como presidente, quisiera poner en la primera línea de la historia. De allí su ambivalencia y ambigüedad entre la Asamblea Nacional Constituyente y el Poder Constituyente, espejismos que lo distraen y le impiden gobernar eficazmente. También, su enorme dificultad para reconocerse como la cabeza del poder constituido, es decir, presidente de la República y su empeño en convertirse en ese líder histórico y providencial que va a redimir en el poder constituyente al pueblo colombiano, en su mayoría excluido y marginado por el poder institucional del País Político. Un poder testaferro del poder económico legal, concentrado en pocas manos, y del ilegal que irriga todos los mercados, en especial el de las campañas electorales, que al parecer también infiltró la suya. Por todo lo anterior, la figura de Gustavo Petro Urrego es enigmática, desconcertante y muchas veces incomprensible, objeto de amores incondicionales y de odios viscerales. Es la esfinge --“en la mitología griega, monstruo fabuloso representado generalmente como una leona alada con cabeza y pecho de mujer, que planteaba enigmas irresolubles e indescifrables” -- del poder político nacional. Una esfinge que tiene rasgos de muchos rostros presidenciales y líderes políticos que lo han antecedido, como López Pumarejo, Jorge Eliecer Gaitán, Belisario Betancur y hasta Álvaro Gómez Hurtado. Vale la pena, así sea sucintamente, detenerse en algunos de esos rasgos y perfiles, para intentar descifrar esa esfinge política que encarna Gustavo Petro Urrego como presidente de la República y líder del Pacto Histórico. Pero ello demandará varios Calicantos. En este comenzaré por la figura de Alfonso López Pumarejo (1) presidente de Colombia entre 1934-38 y 1942-45, con quien tiene en común su espíritu reformista y progresista, guardando la distancia de liderazgos tan diferentes y sus respectivas épocas, ambas internacionalmente convulsas e inciertas. Hoy ignoramos hacia donde pueden llevarnos conflictos y guerras actuales como las de Ucrania y el genocidio del pueblo palestino en Gaza, Cisjordania y el reciente asesinato en Irán del líder político de Hamás, con quien se negociaba la libertad de cientos de rehenes, lo que puede desatar catástrofes humanitarias irreversibles e irreparables con repercusiones en todo el mundo, tal como aconteció durante la segunda guerra mundial entre 1939-45.

 

Rasgos sobresalientes de Petro como esfinge política de López Pumarejo

Sin duda, el primer rasgo procede del entonces presidente Alfonso López Pumarejo y su proyecto histórico de la “Revolución en Marcha” (2), quien intento a través de reformas inconclusas, como la política, agraria y laboral, modernizar a Colombia. Su obra quedó trunca por la oposición virulenta y violenta de intereses privilegiados y sectarismos políticos de ultraderecha que aún subsisten. El paralelo con el actual proyecto de “Colombia, potencial mundial de la vida”, no deja de ser sorprendente, como puede verse en el siguiente informe oficial de los logros sociales alcanzados  en estos dos años: https://www.presidencia.gov.co/AvanzandoEnDignidad/index.html. Con la diferencia de que los desafíos actuales de Petro son mayores y casi insuperables, pues no dependen solo de su liderazgo nacional, como sucede con su principal y ambiciosa bandera de la “Paz Total”. Una paz que está naufragando en ríos de sangre por la codicia y los intereses ilegales de sus principales actores armados, como el llamado Clan del Golfo o “Autodefensas Gaitanistas de Colombia” (3), cuyos cabecillas son solicitados en extradición por los Estados Unidos; la criminalidad del Estado Mayor Central de las Farc, sumadas a las dificultades actuales en las conversaciones de paz con el ELN. De tal suerte que el sometimiento y la desarticulación del Clan del Golfo tendrá que concertarse con el poder del Norte –principal consumidor de cocaína-- además de vencer en el Congreso la oposición maniquea y oportunista de un establecimiento político nacional corroído por ese poder ilegal, como lo demostró la parapolítica y el Informe Final de la Comisión de la Verdad (4). Un asunto “interméstico” (5), pues la “Paz Total” no depende solo de decisiones domésticas, sino de la superación de políticas internacionales como el prohibicionismo y la “guerra contra las drogas”, que geopolíticamente son funcionales a los intereses del Norte. Un desafío mucho mayor que el enfrentado por López Pumarejo, quien reconoció al final de su vida que: “Si la obra quedó trunca, el edificio inconcluso y frustradas muchas esperanzas, la culpa fue de quienes no seguimos avanzando y no de las masas, que instintivamente nos reclamaban nuevas reformas” (El Tiempo, noviembre 21 de 1959). Se comprende, entonces, porque la obsesión de Petro con el poder constituyente y su gusto por la política en las calles y no en la Casa de Nariño, cada día más escenario de escándalos de corrupción, intrigas y ambiciosos maleantes, como el desfalco de la UNGRD, al parecer planeado desde el despacho de Carlos Ramón González, entonces director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República.

“La Casa de Nari”

Una Casa que desde hace muchos años se ha convertido en un edificio carcomido por la corrupción y el crimen, como también sucede en el Congreso. Una Casa en donde se han tomado decisiones tan funestas como la operación devastadora del Palacio de Justicia y de gran parte de la cúpula del poder judicial el 6 y 7 de noviembre de 1985 –¡en defensa de la democracia, Maestro! según el Coronel Plaza Vega- (6) sin olvidar el ingreso a la “Casa de Nari” --así llamada por delincuentes-- como alias Job “asesor político de Don Berna” (7) y miembro de la temible oficina de Envigado. Una Casa en donde se urdieron estrategias ilegales como la Yidispolítica (8) para cambiar un “articulito” de la Constitución y permitir la reelección presidencial de Álvaro Uribe Vélez, que llevó a la cárcel a sus ministros de Justicia y Salud, Sabas Pretelt y Diego Palacio (9). Esa casa es hoy nuevamente el epicentro de la corrupción de la UNGRD, según denuncias de su director e incriminado Olmedo López. Con razón López Pumarejo, quien conoció por dentro ese monstruoso establecimiento político, social y económico, sentenció: “Me inclino a creer que la historia de Colombia podría interpretarse como un proceso contra sus clases dirigentes, las cuales se han sentido en todo tiempo dueñas de preparación y de capacidades superiores a las que han demostrado tener en el manejo de los negocios públicos; y pienso, además, que si se engañan sobre su propio valor, atribuyéndose virtudes que no poseen en el grado que ellas pretenden, su equivocación reviste trágicos caracteres cuando desconocen que muchos de los defectos que esas clases atribuyen al pueblo colombiano son producto del abandono implacable a que este ha vivido sometido. Y, habría que añadir, al pésimo ejemplo que han dado al frente del Estado, administrándolo como si fuera una extensión de sus haciendas y empresas privadas, subordinando el interés público a los intereses particulares. Juicio de López Pumarejo que, de alguna manera, suscribe el presidente Petro con pugnacidad sin límite casi todos los días en su cuenta “X” contra los dirigentes empresariales a quienes no cesa de criticar y hacerlos responsables del bloqueo a sus reformas sociales porque los considera cancerberos inexpugnables de privilegios económicos en sectores como la salud y las pensiones. Otro rasgo sobresaliente que incorpora Petro a su compleja e indescifrable identidad de esfinge política, proviene de Jorge Eliécer Gaitán con su dicotómica e irreconciliable distinción entre el País Político y el País Nacional, que abordaré en el próximo Calicanto, por consideración con el tiempo y la desmesurada extensión de esta historia.

(1)    https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonso_L%C3%B3pez_Pumarejo

(2)    https://www.comisiondelaverdad.co/la-revolucion-en-marcha

(3)    https://insightcrime.org/es/noticias-crimen-organizado-colombia/urabenos-perfil/

(4)    https://www.elespectador.com/colombia-20/informe-final-comision-de-la-verdad/hallazgos-de-la-comision-de-la-verdad-el-narcotrafico-esta-insertado-en-el-regimen-politico/

(5)    https://www.resdal.org/producciones-miembros/art-bobea-jun-2011.pdf

(6)    https://www.youtube.com/watch?v=mt9HvpTusFM

(7)    https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Fernando_Murillo

(8)    https://es.wikipedia.org/wiki/Yidispol%C3%ADtica

https://www.elcolombiano.com/colombia/sabas-pretelt-y-diego-palacio-fueron-condenados-por-cohecho-YE1723991

domingo, agosto 04, 2024

Venezuela: ¿Sin elecciones?

 

 

VENEZUELA ¿SIN ELECCIONES?

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/venezuela-sin-elecciones/

"Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia (...)" Rafael Caldera, en el Congreso, sobre el frustrado golpe militar de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992.

Hernando Llano Ángel.

Si algo demuestra la profunda y compleja crisis política y social en que está sumida Venezuela es que la democracia no se agota en las elecciones. Es más, incluso éstas pueden significar el fin de la democracia, en lugar de su comienzo. Tal paradójica situación sucede cuando las elecciones no están antecedidas por un acuerdo sustancial entre sus principales protagonistas sobre aquellos asuntos vitales que están ocultos tras el tinglado de las votaciones. Algo similar sucede en los Estados Unidos, por eso las semejanzas entre Maduro y Trump son tan significativas y peligrosas. Ambos utilizan el mismo lenguaje procaz y amenazante en sus campañas e intimidan a sus contrincantes y ciudadanos con baños de sangre si ellos no ganan las elecciones. Incluso Trump, recientemente, anunció al mundo que de no ganar las elecciones podría haber una “tercera guerra mundial”[1]

Maduro y Trump, forajidos autócratas.

Guardando las distancias, Venezuela y Estados Unidos son ejemplos del eclipse de la democracia. Eclipse que se encuentra en juego en las elecciones de Estados Unidos de Norteamérica desde el surgimiento de Donald Trump con su famoso “Make America Great Again”[2] (Maga), que lo llevó a desconocer su derrota frente a Biden en el 2020 y a promover la violenta toma del Capitolio el 6 de enero de 2021[3]. Tras MAGA se oculta el mayor desafío que enfrenta la democracia estadounidense que es reconocerse como un Estado y una sociedad multicultural capaz de resolver políticamente sus conflictos y diferencias en lugar de negarlos y reprimirlas violentamente en nombre de la supremacía blanca y la hegemonía de un capitalismo agresivo y depredador. Por ello, Trump incluso niega que su contrincante demócrata, Kamala Harris, sea una afroamericana y la trata despectivamente como india, pues dice que "se volvió negra de repente para ganar votos de los afroamericanos”[4]. Así como también es un negacionista de la crisis climática y un defensor a ultranza de la industria petrolera y militar, internamente representada por la poderosa y mortal Asociación Nacional del Rifle[5] (NRA, sus siglas en inglés) de la cual es miembro destacado y ya recibió su apoyo para la campaña en curso, pues “aseguró que ha sido el mandatario que más ha defendido la Segunda Enmienda y dijo que lo seguirá haciendo si vuelve a la Casa Blanca[6]. Pero Maduro lo supera en el apoyo que recibe de las armas, pues cuenta con el valioso legado de su padrino político, el fallecido Teniente Coronel Hugo Chávez, en tanto los militares constituyen una valiosa reserva electoral al concederles la Constitución Bolivariana derecho al voto. Se explica, entonces, que los militares tengan más de un estímulo para votar lealmente por Maduro: su bienestar y poder dependen de su continuidad en la Presidencia. Es más, su impunidad y la de Maduro estarán garantizadas en tanto no pierdan las elecciones. Tal es, quizás, la principal razón para no reconocer el triunfo de la oposición. El miedo comprensible de pasar de carceleros a prisioneros. Sin duda, Maduro gobierna con las bayonetas, el 42% de sus ministros han sido militares[7] y cuenta con una masa electoral cautiva que le proporciona entre 4 y 5 millones de votos, los cuales al parecer no fueron suficientes para derrotar a la oposición y mucho menos lo serán para gobernar democráticamente. Por eso sus anuncios intimidatorios de construir rápidamente más prisiones que Bukele y encarcelar allí a todos los opositores, empezando por María Corina Machado y Edmundo González, bajo el inverosímil cargo de ser peligrosos terroristas. Su fórmula de gobernabilidad: Fuerza Pública más asistencialismo populista y corrupción generalizada está llegando a su fin. Por eso Maduro precisa de poderosos aliados internacionales, como Rusia, China e Irán, interesados, al igual que Estados Unidos, en las insondables reservas venezolanas de petróleo. Con dichas reservas, disponibles para sus aliados más incondicionales y con su implacable “mano de hierro”, que ya descarga sobre la oposición, Maduro pretende gobernar hasta 2031. Todo parece indicar que Venezuela, como Nación y pueblo, ya no tiene más elecciones que las que aparecen en el escenario internacional, pues internamente está bloqueada por el profundo antagonismo que la divide. Un antagonismo irreconciliable que aumentará con la represión y el odio creciente entre las partes, incapaces de reconocerse como miembros de una comunidad política nacional. Una comunidad dividida y extraviada desde la noche de los tiempos por la disputa de la riqueza petrolífera y la codicia de sus gobernantes, ayer cleptocratas distinguidos y hoy cacocratas[8] plebeyos. Lo anterior puede conducirlos al extremo de comprometer en el mercado, con el mejor o varios postores internacionales, sus reservas de petróleo y riquezas minerales. Maduro con quienes le brinden su apoyo para impedir el triunfo de la oposición y continuar gobernando, consolidando su régimen cacocrático en nombre de un supuesto “socialismo del siglo XXI”. Y la oposición, con quienes le ayuden a desalojar de la conducción del Estado al actual usurpador de los votos mayoritarios y llevarlo al cadalso. Una oposición que elude así su responsabilidad histórica por haber convertido la “democracia venezolana” en una cleptocracia administrada impunemente por sus dos desaparecidos partidos tradicionales, COPEI y AD, que propiciaron el Caracazo[9] de 1989 y con ello el surgimiento de Hugo Chávez y su Movimiento V República que lo llevó a la presidencia en 1998. Desde entonces parece confirmarse la eterna anaciclosis[10] de Polibio, según la cual todo régimen político tiende ineludiblemente a degenerar y colapsar. La crisis de la monarquía da paso a la tiranía, luego a la aristocracia, que muta en oligarquía y ésta en democracia que a su vez degenera y culmina en oclocracia, el gobierno de la muchedumbre, que hoy correspondería a los populismos de derecha o izquierda y sus líderes mesiánicos, que siempre dejan una hecatombe política y social en nombre de fantasmagóricas banderas como America Make Great Again o el “Socialismo del Siglo XXI”.

 Escenarios improbables

Solo faltaría, en este desalentador escenario, que Trump gane las elecciones en noviembre y se ponga de acuerdo con Putin para resolver la crisis de Venezuela respaldando a Maduro. Pero a lo mejor sucede lo contrario y Kamala Harris gane la presidencia y respalde a María Corina Machado. En ambos casos, la elección del destino político y social de Venezuela ya no está solo en las manos de los venezolanos. Algo todavía peor nos sucede a los colombianos, pues para salir del laberinto de violencias, criminalidad e ilegalidad en que vivimos precisamos de la comunidad internacional para superar la errática guerra contra las drogas. Sin duda, el prohibicionismo es el principal dinamizador de los grupos armados ilegales y de la corrupción política y ética que nos degrada y beneficia principalmente a la industria militar, el sistema financiero nacional e internacional, junto a burocracias policivas, judiciales y políticas, que medran junto a los nuevos narcos invisibles[11] y respetables empresarios testaferros. Tal es el caso de “Memo Fantasma”, Guillermo Acevedo, y sus relaciones comerciales con la sociedad inmobiliaria de Álvaro Rincón, esposo de la exvicepresidenta Martha Lucía Ramírez, según la investigación del periodista Jeremy McDermott en entrevista con María Jimena Duzán[12]. Toda la razón tenía Leonardo Sciascia[13] cuando expresó: “La mafia es un capitalismo ilegal y el capitalismo una mafia legal”, como lo demuestra Marcelo Colussi en su artículo “El capitalismo es una mafia peligrosa disfrazada de legal”.[14]