domingo, noviembre 06, 2022

¿Del Palacio de Justicia a la paz total?

 

¿DEL PALACIO DE JUSTICIA A LA PAZ TOTAL?

Hernando Llano Ángel.

Hoy, 6 de noviembre de 2022, se conmemoran 37 años de la violenta y terrorífica toma del Palacio de Justicia por la compañía “Iván Marino Ospina”[1] del M-19, cuyo alucinante propósito era someter al presidente Belisario Betancur a un juicio político, acusándolo de traicionar los acuerdos de cese del fuego de Corinto y Hobo[2]. Dicho juicio político estaría a cargo de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y la demanda armada del M-19 emplazaba al presidente Betancur a presentarse personalmente o enviar un abogado defensor. Para completar esa dimensión inverosímil de una justicia intimidada por las armas, el operativo se denominó “Antonio Nariño, por los Derechos del Hombre”. Y como si semejante puesta en escena no fuera lo suficientemente dantesca, en el frontispicio del Palacio estaba inscrita la célebre sentencia de Francisco de Paula Santander, "colombianos: las armas os han dado la independencia, pero solo las leyes os darán la libertad". Todos conocemos el desenlace fatal. La negativa del presidente Betancur a dialogar, so pretexto del estricto cumplimiento de la ley, no les dio la libertad sino la muerte a numerosos rehenes. El fuego cruzado entre guerrilleros y miembros de la Fuerza Pública dejó al menos 95 víctimas mortales y 14 desaparecidas. El Palacio quedó convertido en escombros, aunque todavía la versión oficial denomine a semejante devastadora operación militar “retoma del Palacio de Justicia”. Mentira oficial que año tras año repiten todos los medios de comunicación. ¿Cómo se puede llamar retoma a la incineración y destrucción de la sede de la cúpula de la rama Judicial?  Un hecho tan escabroso y una realidad tan mortífera no soporta la denominación o interpretación de “retoma”, así Nietzsche nos haya dicho que “no hay hechos, sino interpretaciones.” Al extremo que el Palacio no se pudo restaurar, sino demoler. Solo quedaron ruinas. Y la decisión oficial fue desaparecer el mismo Palacio, derruirlo y construir uno nuevo, como para borrar de la memoria colectiva lo sucedido. No bastó solo con el crimen atroz de la desaparición física de por lo menos 14 rehenes y de la guerrillera Irma Franco Pineda[3], sino que también se intentó desaparecer la monumental evidencia del Palacio de Justicia calcinado y destruido, como para que todos olvidaremos más fácilmente semejante barbarie. Incluso se nos ocultó lo que estaba sucediendo, transmitiendo por la televisión un partido de fútbol entre Millonarios y Unión Magdalena, al parecer por orden de la brillante ministra de comunicaciones Nohemí Sanín[4]. Todavía más inverosímil es que todo ello sucediera en el epicentro del poder político nacional --en plena Plaza de Bolívar— a escasos 100 metros del Congreso de la República --la rama legislativa— y unos pocos metros más de la Casa de Nariño, sede del poder Ejecutivo. En un radio de menos de un kilómetro cuadrado, la cúpula de la rama judicial, su presidente Alfonso Reyes Echandía junto a 15 magistrados más y 16 auxiliares de la justicia, fueron asesinados, sin que el presidente Betancur detuviera el operativo, pese a los ruegos públicos de Reyes Echandía[5] de un cese del fuego. Y lo más absurdo y cínico es que todo lo anterior se haya llevado a cabo en nombre de la democracia, de su defensa, como lo expresó el entonces coronel Alfonso Plazas Vega a los periodistas en desarrollo del operativo: “mantener la democracia maestro[6]… Y ese mantenimiento significó el arrasamiento de la cúpula de la rama judicial, es decir la desaparición del Estado de derecho, el presupuesto institucional de la democracia. Y ello continúo sucediendo, bajo otras sofisticadas normas, como las que crearon las CONVIVIR[7]  en 1994 con César Gaviria y más recientemente la Directiva 029 [8]del ministerio de defensa en 2005 que incentivó, bajo la “Seguridad democrática”, miles de ejecuciones extrajudiciales o “Falsos Positivos”[9]. Tal es el prontuario criminal y legal de nuestra flamante “democracia”. En la noche del 7 de noviembre de 1985, el presidente Belisario asume toda la responsabilidad de lo acontecido, en alocución televisiva, diciendo “que esa inmensa responsabilidad la asumió el presidente de la República, que para bien o para mal suyo, estuvo tomando personalmente las decisiones, dando personalmente las órdenes respectivas, teniendo el control absoluto de la situación, de manera que lo que se hizo para encontrar una salida dentro de la ley, fue por cuenta suya, por cuenta del presidente de la Republica”, según lo vemos en YouTube[10]. Desde entonces, la versión que predomina es que el presidente Betancur fue rehén de los militares y no tuvo otra opción que aceptar ese desenlace fatal del Palacio. Una versión que difícilmente se sostiene o deduce de las innumerables investigaciones realizadas, tanto judiciales, como la disciplinaria de la Procuraduría de entonces, presidida por el doctor Carlos Jiménez Gómez, además de las comisiones oficiales nombradas para esclarecer lo sucedido, sin dejar de mencionar cerca de 10 libros, entre los que sobresalen  “El Palacio de Justicia, una tragedia colombiana”[11], de Ana Carrigan; “Noche de humo”[12], de Olga Behar y el más reciente, “Mi vida y el Palacio”[13], de Helena Urán Bidegaín, que revela como su padre, el magistrado auxiliar del Consejo de Estado, Carlos Horacio Urán, fue rescatado con vida por miembros del Ejército, pero luego es asesinado y llevado su cadáver al interior del Palacio. Tan doloroso y escabroso crimen fue aclarado por la valiente y persistente fiscal Ángela María Buitrago, según lo cuenta Helena Urán[14]: “Las mentiras se desmoronaron cuando la fiscal Ángela María Buitrago y el resto de su equipo encontraron la billetera de mi papá con toda su documentación en una bóveda secreta del Cantón Norte. Cuando exhumaron el cadáver, se comprobó, no solo que había sido ejecutado con un disparo en la sien proveniente de un arma utilizada por el Ejército, sino que lo habían torturado”. Por lo anterior, el coronel (r) Alfonso Plazas Vega[15] ha sido demandado civilmente en Estados Unidos por las hijas del magistrado asesinado. Otra investigación, publicada bajo el título “Noche de Lobos”, del abogado y periodista Ramón Jimeno, concluye “que las Fuerzas Armadas no le impusieron ninguna decisión al presidente y que él, libremente, fue quien decidió no negociar. Jimeno también reconstruye los diálogos de los comandantes que dirigieron la operación de retoma. Su libro es una investigación periodística objetiva, con escasos juicios de valor y muchos datos”. Pero, sin lugar a dudas, la investigación disciplinariamente más relevante y rigurosa fue la adelantada por la comisión especial de la Procuraduría General de la Nación, conformada por el doctor Carlos Jiménez Gómez, quien denunció ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes al presidente Belisario Betancur y su ministro de defensa, Miguel Vega Uribe, por violación del artículo 121 de la Constitución Política de 1886 y por graves infracciones al Derecho de Gentes, hoy más conocido como Derecho Internacional Humanitario. De dicha acusación cabe resaltar los siguientes apartes: “En el Palacio de Justicia hizo crisis en el más alto nivel el tratamiento que todos los Gobiernos han dado a la población civil en el desarrollo de los conflictos armados  y su caracterización: “El problema que aquí se plantea es político, en primer lugar, y solo en segundo lugar es de carácter jurídico; y puede resumirse en los conceptos y reflexiones que suscitan los siguientes interrogantes: ¿Puede el Estado envolver en una misma acción represiva a unos ciudadanos fuera de la Ley y a otros ciudadanos inocentes, antes de haber agotado todos los medios a su alcance para tratar de rescatarlos a estos sanos y salvos? ¿Es esa decisión de aplicarles de inmediato, por cualquier razón, un mismo tratamiento, legítima?” y, unos párrafos más adelante, concluye: “La Procuraduría no puede responder a dichos interrogantes sino negativamente”. De allí su denuncia, que lamentablemente fue archivada con ponencia de los miembros de la Comisión de Acusaciones: Horacio Serpa Uribe (Q.E.P.D), Carlos Mauro Hoyos (Q.E.P.D) y el conservador Darío Alberto Ordoñez, con el peregrino argumento de que se trató “de un típico acto de Gobierno, ejecutado por quien sólo podía hacerlo, es decir, el señor Presidente de la República y el señor Ministro de Defensa. […] Proponemos: “Declárese que no hay lugar a intentar acusación ante el Senado de la República contra el Presidente Doctor Belisario Betancur Cuartas y su Ministro de Defensa, general Miguel Vega Uribe, por razón de los hechos ocurridos durante los días 6 y 7 de noviembre de 1985 en relación con la toma por parte del M-19 del Palacio de Justicia, y en consecuencia archívese el presente informativo. Una conclusión espeluznante: “un típico acto de gobierno” que, en lugar de garantizar la vida de los rehenes, los condenó a muerte, absolviendo totalmente de responsabilidad política a sus máximos determinadores. Típico acto de una “democracia genocida[16], como la llama el padre Javier Giraldo.  Cabe esperar que, en este gobierno, en un acto de justicia y responsabilidad política retroactivas del presidente Gustavo Petro Urrego, que en 1985 contaba apenas con 25 años y estaba en la cárcel pagando una condena de 16 meses por porte ilegal de armas[17], su política de PAZ TOTAL esté al servicio de la vida y por fin podamos transitar hacia una auténtica paz democrática. Es la mejor y quizá única forma de honrar la memoria de todas las víctimas del Palacio de Justicia y de este interminable conflicto armado interno, evitando su repetición y perpetuación. 



viernes, noviembre 04, 2022

PETRO, ENTRE TRANSICIONES HISTÓRICAS Y TRANSACCIONES PRAGMÁTICAS.

 

PETRO, ENTRE TRANSICIONES HISTÓRICAS Y TRANSACCIONES PRAGMÁTICAS

https://blogs.elespectador.com/politica/calicanto/petro-transiciones-historicas-transacciones-pragmaticas

Hernando Llano Ángel.

Transcurridos un poco más de 80 días de Petro en la Presidencia y del Pacto Histórico en el Congreso, queda claro que durante estos cuatro años nos debatiremos entre transiciones históricas y transacciones pragmáticas, como fórmula de gobernabilidad predominante. Una fórmula que demandará a Petro un esfuerzo constante por conciliar sus obsesiones programáticas y trascendentales metas históricas, como la Transición Energética[1] y la Paz Total[2], con enormes dosis de pragmatismo económico y social. Metas históricas imposibles de alcanzar en 4 años. Lo estamos viendo en sus transacciones de la reforma tributaria en el Congreso, cuyo objetivo de justicia tributaria cada vez se diluye y aleja más, pues ya retiró el impuesto a las pensiones de más de 15 millones mensuales, lo que constituye una claudicación vergonzosa. Pero solo así puede asegurar gobernabilidad, contener el miedo y el sabotaje de los defensores a ultranza del statu quo que, bajo el falaz argumento de la defensa de la democracia y el Estado de derecho, resguardan sus privilegios intocables. Petro asume, entonces, el riesgo de incumplir metas sociales, aumentar la impaciencia y la frustración popular[3], que incluso puede desembocar en oleadas esporádicas de protestas sociales violentas. Sin duda, tal es el mayor desafío que enfrenta todo gobernante que sea algo más que un simple administrador y contemporizador de la actual decadente y violenta cacocracia[4], sustentada en la simbiosis de la política con la criminalidad, la ilegalidad, la corrupción y la inequidad social. Para desmontar semejante entramado de privilegios e intereses, Petro y el Pacto Histórico están empeñados en el logro de la Paz Total. Una paz que pretenden alcanzar mediante la integración de la paz política con la paz social, que sería el producto de las reformas tributaria, agraria y laboral, sumadas a la paz ambiental con la transición energética y el eclipse progresivo del petróleo y el carbón. Recursos energéticos por ahora insustituibles, proveedores de cuantiosos ingresos fiscales que precisa para cumplir con las políticas y reformas sociales que contendrá el Plan Nacional de Desarrollo[5], avalado en los publicitados Diálogos Regionales Vinculantes. [6]De allí, sus anuncios de nuevos contratos para la exploración petrolera y de gas, probablemente más exigentes en cuanto a la conservación del medio ambiente y el respeto al entorno de las comunidades afectadas, así como beneficiarios de un tratamiento tributario menos gravoso para estimular nuevas inversiones. De esta forma tratará de equilibrar, como un funámbulo en la cuerda floja de la gobernabilidad, sus proyectos de transición energética con el pragmatismo y el realismo que demanda el modelo energético extractivo predominante, insustituible en el corto plazo.

Petro ¿De gobernante a estadista?

Si Petro logra combinar e integrar sus metas de mediano y largo plazo, tanto en la búsqueda de la Paz Total como en la Transición Energética, no solo garantizará la gobernabilidad democrática durante su cuatrienio, sino que estará más cerca de alcanzar dichos objetivos históricos. Objetivos que le permitirían ir desmontando progresivamente este régimen electofáctico[7] y su respectivo Estado cacocrático. De lograr semejante proeza histórica, Petro dejaría un legado de estadista a quienes lo sucedan, pues habrá sentado las bases para desarticular este entramado de patrones persistentes que prolonga hasta nuestros días un conflicto armado interno. Un conflicto que nos degrada y debería avergonzarnos a todos, especialmente a sus negacionistas y máximos responsables institucionales e ilegales, como bien lo demostró el Informe Final[8] de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición. Un entramado donde se entrecruzan y refuerzan factores persistentes que perpetúan el conflicto interno como la relación de la política con las armas, con el narcotráfico y con la corrupción administrativa, sumada a la codicia de conspicuos empresarios y banqueros, que forman el actual nudo gordiano de criminalidad, ingobernabilidad e impunidad. Un nudo que nos impide vivir dignamente y forjar una auténtica democracia, despojada de taras y atavismos culturales y políticos como el racismo, el clasismo, el machismo y la devastación de la naturaleza, que refuerzan cotidianamente esta frenética y absurda forma de vivir que condena a millones a la violencia social de la exclusión económica y a miles de colombianos y emigrantes a los confines de la criminalidad y la degradación de nuestro sistema carcelario. Para liberarnos de ese entramado, no solo se precisará audacia y prudencia del actual gobierno, sino también responsabilidad, paciencia, sacrificios y civilidad de toda la ciudadanía, sin dejarnos arrastrar por los promotores de la polarización y la confrontación violenta, que abundan en ambos extremos del espectro político. En la extrema derecha, exigiendo a la Paz Total una justicia draconiana imposible de alcanzar, pues de cumplirse también cobijaría a quienes fueron máximos responsables en el pasado del auge del paramilitarismo y la parapolítica, fenómenos todavía existentes al lado del narcotráfico, las Autodefensas Gaitanistas, el ELN, las disidencias de las Farc y la Nueva Marquetalia.  Y, en la extrema izquierda, a quienes exigen con impaciencia la paz con justicia social, presionando al gobierno actual a mayores concesiones y casi a realizar la revolución por decreto, como llamaba López Michelsen a las pretensiones de la desmovilizada Farc-Ep, que hoy desde el partido Comunes está comprometida con la democracia, no obstante haber sido asesinados 316 de sus miembros hasta el 13 de agosto de 2021, según el siguiente informe de la JEP[9], 115 de ellos en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Nariño, nuestra martirizada región.



UNA HISTORIA DE VERDAD

 

UNA HISTORIA DE VERDAD

“Que cada hombre diga lo que considera verdad y la verdad misma encomendémosla a la divinidad”, Lessing.

 Hernando Llano Ángel

Por razones que ignoro y atribuyo a la fortuna del azar, este sábado 22 de octubre a las 4 de la tarde en el estand de El País, junto a la Ermita, estaré presentando en la Feria Internacional del Libro de Cali una interesante y maravillosa obra, escrita por el profesor Mauricio Nieto Olarte, titulada: “Una historia de la verdad en Occidente. Ciencia, arte, religión y política en la formación de la cosmología moderna”[1], publicada por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de los Andes en el 2019, reimpresa por segunda vez este año. Debo confesar que acepté la invitación con reticencia, pero su sugerente título, entre la modestia y la ambición, me persuadió. Modesto título, puesto que su autor, doctor en Historia de las Ciencias por la Universidad de Londres y en la actualidad profesor titular en la Universidad de los Andes, nos cuenta en 560 páginas solo “una historia” y no pretende revelarnos la Historia de la Verdad en Occidente. Solo aspira, como lo escribe en el primer renglón de la Introducción, a demostrarnos una tesis: que “la verdad tiene historia”. Es decir, que toda verdad es de carácter contingente, demostrable, refutable y cambiante, según los avatares de las épocas, sus desafíos, necesidades e imperativos de carácter social, económicos, culturales y políticos. Y dicha tesis está demostrada con creces en su libro. Y, por si fuera poco, está bellamente ilustrada con más de 157 imágenes y dibujos que nos permiten comprender, con la ayuda de la estética y la interpretación, las vicisitudes de las diversas verdades en disputa en el curso de la historia de occidente. Verdades en los principales ámbitos de la vida humana: la ciencia, el arte, la religión y la política. Por ello, es también una obra ambiciosa, sin ser pretenciosa. El profesor Nieto asume semejante desafío y lo supera, pues logra conjugar las virtudes propias de un maestro de la divulgación científica sin caer en el facilismo de la vulgarización superficial. Logra semejante cometido porque suma al rigor argumentativo la profundidad y claridad de un estilo literario más propio de una novela que de la aridez de un manual científico y enciclopédico. Siendo una extensa investigación, contenida en un libro sólido y voluminoso, se lee con deleite, curiosidad y hasta suspenso. Es, pues, una investigación científica y literaria sobre nuestra condición y cambiante identidad humana, moldeada y también deformada por la búsqueda obsesiva de la verdad, el poder y el dominio entre las diversas naciones del continente europeo. Desde Portugal y España, con sus expedicionarios, que supuestamente descubren “un nuevo mundo al otro lado del mar”, proceso descrito en forma crítica y esclarecedora en el capítulo X del libro, que nos demuestra como la cruz y el Astrolabio[2], religión y ciencia, fueron instrumentos de dominación y expoliación mediante los cuales “Europa se transformó y construyó su propia identidad”, de cuyo eurocentrismo apenas empezamos a tomar distancia gracias a los aportes críticos de los estudios decoloniales y poscoloniales[3]. Por eso, uno de los más representativos exponentes del eurocentrismo científico, Francis Bacon, afirmó: “Así, los dos objetivos gemelos, la ciencia y el poder humanos, vienen a ser en realidad lo mismo”, como aparece en el capítulo XVI sobre el “Empirismo” y su influencia determinante en la vida moderna. Aserto de Bacon que, en el siglo pasado, Michel Foucault nos demostraría en forma crítica y demoledora con su reflexión sobre el saber y la “microfísica del poder”, develándonos la imposibilidad de verdades ajenas a las dinámicas del poder político, la disciplina y la dominación de la conducta humana. En tanto se avanza en la lectura de sus 21 capítulos, aumenta nuestro deseo y curiosidad por continuar, pues sus renglones nos proporcionan la alegría de comprender la mayor aventura que como especie hemos emprendido. La aventura de conocer el Cosmos, su naturaleza y funcionamiento para dominarlo y ponerlo a nuestro servicio. Aventura en la que nos hemos convertido en aprendiz de brujo, pues la ciencia y la tecnología occidentales han desatado fuerzas que amenazan la existencia misma del planeta y la vida de todos sus seres. Así las cosas, esa verdad instrumental y depredadora, se ha impuesto a la verdad ontológica de nuestra propia existencia, subordinándola a un consumo desaforado de los recursos planetarios. Esa verdad eurocéntrica ha degradado nuestra condición humana y sus dimensiones superiores: la sensibilidad, la espiritualidad, la creatividad y la búsqueda de la convivencia a una competencia despiadada por la dominación económica entre naciones, hombres y mujeres, en la que cada día perdemos más valores como la justicia, la solidaridad, la cooperación y la fraternidad. Se ha impuesto el mercado y su implacable ley de la ganancia sobre la vida y la dignidad humana. A tal punto que las patentes de las compañías farmacéuticas sobre la vacuna contra la pandemia del coronavirus subordinaron el derecho a la vida y la salud a las leyes del mercado. Por todo ello, como lo demuestra el profesor Nieto Olarte, la obsesión por la verdad en occidente es indesligable del ejercicio del poder económico, político y militar por someter y controlar a quienes desafíen sus intereses dominantes. Esto ha sucedido desde Sócrates hasta nuestros días y afecta a toda la legión de sus sucesores y sucesoras que, conscientes que no lo saben todo y de los límites de su ignorancia y falibilidad, nos advierten sobre el peligro mortal de la soberbia de ciertos científicos, el pragmatismo de casi todos los técnicos y la prepotencia predominante entre muchos políticos y todos los autócratas, más allá de su afiliación ideológica, partidista o credo religioso. Ese es uno de los mayores aportes del libro, su espíritu crítico y su profunda inspiración humanística, que reclama una convergencia entre la búsqueda de la verdad y la reivindicación de nuestra libertad, dignidad, igualdad y fraternidad, en tanto hombres, mujeres y animales, que somos parte del Cosmos, no sus amos despiadados y mucho menos dueños exclusivos, que se lo reparten y saquean en proporción directa a sus ambiciones y recursos de poder político, científico, ideológico y militar.  Sin duda, es gracias a los herejes y rebeldes del conocimiento, siempre insobornables contra las verdades de su tiempo, que hoy sabemos un poco más sobre el cosmos, sobre quiénes somos, cómo queremos y podemos llegar a ser más, pero también sobre cómo nos podemos degradar y ser menos que humanos. Para esa legión de iconoclastas del conocimiento, no es tanto la verdad la que nos hace libres, sino más bien lo contrario, es la libertad la que nos permite desentrañar y conocer un poco mejor la verdad, sin que jamás termine esa travesía por el océano de las dudas y las críticas, y mucho menos conozcamos de antemano el puerto de llegada. Al fin de cuentas, todas las verdades son hijas legítimas de la duda y de los continuos errores que el nuevo y crítico conocimiento corrige de las anteriores y venerables “verdades”. Este proceso interminable en la historia de la ciencia, es presentado por el profesor Nieto Olarte con el rigor y la maestría de un crítico divulgador científico en cuatro grandes acápites o partes y en 21 capítulos. La primera parte está referida al Cosmos y en 5 capítulos examina como se avanza desde “el mito a la razón o la problemática pregunta por el origen de la filosofía”, pasando revista crítica a la tesis del origen político de la filosofía y sus figuras más representativas, desde los pitagóricos, los presocráticos, los sofistas y el debate entre la Episteme o conocimiento defendido por Platón y Aristóteles contra la Doxa u opinión deliberante en el ágora. La segunda parte del libro lleva por título: “Un solo Dios, una única verdad”, que disecciona en 3 capítulos la problemática del monoteísmo a partir de Razón y Fe (capítulo VI); “Teología y filosofía natural” (VII) y “El Islam y la ciencia en el medio oriente” (VII). La tercera parte aborda “La caída del hombre natural”, desde el capítulo IX: “La magia del Renacimiento: una nueva relación”, hasta el capítulo XVIII: “Isaac Newton, sobre hombros de gigantes”. La cuarta y última parte versa sobre “La Ilustración y el sueño europeo de una hegemonía global”, que comienza con el capítulo XIX: “La Ilustración y el problema del conocimiento”, y culmina en el capítulo XXI con “Cosmopolítica y eurocentrismo”. Desde luego, no podían faltar las reflexiones finales del autor, entre las cuales destaco dos. La primera: “El problema de la verdad está muy lejos de ser un asunto que se pueda resolver en la historia de las ideas o con la simple aparición de un nuevo método filosófico o científico”, y la segunda, es la referencia a la reflexión de Arif Dirlik: “quien nos recuerda que el verdadero poder de una mirada eurocéntrica no está en la exclusión de los otros, sino, por el contrario, en su inclusión, en la inclusión del mundo entero dentro de un orden y un único sistema”, que de no ser capaces de cuestionar y transformar creativamente, marcará el final de todas las verdades y las vidas de sus portadores y las nuestras. Para conversar con el profesor Mauricio Nieto Olarte sobre estos vitales y apasionantes temas, los invito a visitar esta tarde a las 4 el estand de El País, justo al lado de “La Ermita”, en el bulevar del río y así llevar su libro para disfrutar una lectura plena de conocimientos, dudas y verdades durante el final de este incierto 2022.

lunes, octubre 17, 2022

SAQUEO ACTIVO DEL ESTADO (SAE)

 

SAQUEO ACTIVO DEL ESTADO (S.A.E)




Hernando Llano Ángel.

Todo parece indicar que el significado real de la sigla S.A.E, la Sociedad de Activos Especiales[1], es Saqueo Activo del Estado. La Sociedad de Activos Especiales es la mutación del Consejo Nacional de Estupefacientes[2]. Su carácter legal e institucional, según figura en el portal oficial, es la de una “Sociedad de economía mixta vinculada al Ministerio de Hacienda y Crédito Público, autorizada por la Ley, de naturaleza única”, cuya función principal es “administrar bienes especiales que se encuentran en proceso de extinción o se les ha decretado extinción de dominio”. Sin duda, es una sociedad de “naturaleza única”, cuya incompetente y corrupta administración la ha convertido en una “sociedad de economía mixta”. La economía mixta de la Sociedad de la corrupción integrada por funcionarios públicos y ciertos políticos -- todos aún por identificar, procesar y condenar-- Asociada con emprendedores particulares que se han enriquecido con la Escoria (SAE) de billonarias fortunas procedentes de la economía ilícita del narcotráfico. Así las cosas, SAE, significa realmente Saqueo Activo del Estado en beneficio de particulares: una auténtica sociedad del crimen tan sofisticada que ha logrado saquear impunemente la riqueza de los narcotraficantes más codiciosos, violentos y criminales que reinan en esta “democracia” de “naturaleza única”. Sin duda, la máxima expresión de la Cacocracia[3]: “el gobierno de los malvados y los ineptos”, de “kakós (‘malvado, malo’) y el elemento -cracia (‘gobierno, poder’)”. Según la comunicación y petición por Twitter del presidente Gustavo Petro al Fiscal General de la Nación, Francisco Barbosa, estamos ante uno de “los peores hechos de corrupción de la historia”: “Le agradezco al fiscal general de la Nación que reconstruya el inventario de bienes en extinción de dominio que se le entregó a la Dirección Nacional de Estupefacientes, hoy SAE. Podemos estar ante uno de los peores hechos de corrupción de la historia”[4]. Quizá un hecho que sobrepase la cuantía de la corrupción de REFICAR que “estaba inicialmente planeada por un valor de 3.777 millones de dólares y terminó costando 8.326 millones de dólares”[5]. Refinería de Cartagena iniciada bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, cuya bandera estelar fue la “lucha contra la corrupción y la politiquería”, y que terminó siendo construida bajo la presidencia de Juan Manuel Santos. REFICAR[6] es otra especie de SAE, con un significado más preciso y contundente Saqueo Asociado del  Estado en beneficio de compañías extranjeras como la “constructora suiza Glencore y la estadounidense CB&I (Chicago Bridge & Iron Company)”, entre otras, gracias a “pulcros” y “competentes” tecnócratas como “Carlos Eduardo Bustillo,  Andrés Virgilio Riera Burelli, Reyes Reinoso Yáñez, Orlando José Cabrales, y Magda Nancy Manosalva, quienes fueron hallados responsables por la Contraloría General de la Nación, junto a varios miembros de la junta directiva de la refinería para ese momento: Javier Genaro Gutiérrez, Pedro Alfonso Rosales, Diana Constanza Calixto Hernández, Henry Medina González y Hernando José Gómez Restrepo”[7], según noticia de EL TIEMPO del 22 de septiembre de 2021. En agosto de este año un juez de Bogotá sentenció a una pena de cinco años y tres meses de cárcel y al pago de una multa de 66 salarios mínimos a los “expresidentes de la Refinería de Cartagena S.A.S. (Reficar), Felipe Castilla Canales y Orlando Cabrales Martínez, a quienes el togado declaró penalmente responsables del delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales”[8], pero sus abogados apelaron la decisión que será revisada  por el Tribunal Superior de Bogotá. “De acuerdo con la investigación de la Fiscalía, Castilla Canales, presidente de Reficar entre el 29 de abril y el 1 de octubre de 2009, y Cabrales Martínez, presidente entre el 2 de octubre de 2009 y el 21 de noviembre de 2012, intervinieron en el direccionamiento del contrato de Project Management Consultant (PMC) con la compañía Foster Wheeler”.  En la actualidad, Orlando Cabrales Martínez[9] tiene la casa por cárcel por su edad y sufrir una grave enfermedad, según decisión del juez, quien también ordenó la captura de Felipe Castilla Canales. De manera que el escándalo de la S.A.E entrará a disputar a REFICAR el primer puesto en el listado de esta corrupta cacocracia. Razón tenía García Márquez en su Proclama “Por un País al alcance de los niños[10] cuando escribió que esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Una encrucijada forjada por esa relación simbiótica entre el crimen, la política, la ilegalidad y la impunidad, consolidada especialmente desde 1991 hasta la fecha, bajo el hipnótico sueño de una Constitución que proclama un supuesto Estado Social de Derecho y una ilusoria Democracia Participativa, pero que en la realidad oculta un régimen político electofáctico[11], reforzado por una Sociedad Anómica[12] Excluyente (SAE) y su correspondiente Estado cacocrático. Contra semejante realidad se enfrenta el Pacto Histórico y el presidente Gustavo Petro. Seguramente por ello la arriesgada desmesura de sus propuestas reformistas, cerca de diez: Tributaria, Energética, Política, Rural, Salud, Laboral, Educativa, Cultural, Policial y de Justicia, que se resumen en la grandilocuente Paz Total y desatan tal nivel de esperanzas populares que fácilmente se pueden convertir en un maremágnum totalmente incontenible. Por lo anterior, vuelvo a parafrasear una sensata advertencia de la politóloga norteamericana Terry Lynn Karl sobre los procesos de transición a la democracia: “Los democratizadores deben aprender tanto a unir como a dividir y no solo a dar esperanzas, sino también a desalentar expectativas”. Valdría la pena que este gobierno, cuyo espíritu es profundamente democratizador, la tuviera en cuenta, pues de lo contrario continuará dando demasiadas oportunidades a la legión de retardatarios y reaccionarios que hoy se frotan las manos por su desmesura reformista y ambición histórica, que puede trocar la Paz Total en un fracaso descomunal, para desventura de esta incierta transición democrática, la vida, la justicia y prosperidad de todos.