EL TIGRE, UN PRESIDENTE ESPECTACULAR
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“La primera regla del poder es perseverar en
los errores, no mostrar la menor fisura en el muro de la autoridad”,
Giuliano Da Empoli en El Mago del Kremlin.
Hernando
Llano Ángel.
Debo admitir
que al principio no lo creí. Era demasiado espectacular. Supuse que había sido
un acto más de su campaña, en pleno mundial de fútbol, al verlo eufórico desde
una camioneta lanzando balones a niños y jóvenes en Buenaventura, marcados con
el logo de su campaña presidencial. Que era otra de sus espectaculares jugaditas
antes de comenzar un partido de la Selección Colombia. En fin, otro golazo de
su ingenio y sus publicistas, como el haberse apropiado la camiseta de la
Selección, que llevó a sus seguidores al borde del paroxismo triunfalista,
fascinados con esa fusión carnavalesca de la política con el fútbol. De hecho,
ya en vallas aparecía que en la segunda vuelta ganaría el Tigre por goleada, aunque
el picado terminó con un pírrico resultado a su favor. También llegué a pensar
que era una jugada sucia de los mamertos, amargados y resentidos por haber
perdido en primera vuelta. Pero pronto salí de mi error cuando vi en Instagram
que integrantes de su manada reivindicaban esa patraña futbolística, realizada
en medio de los escombros y de necesidades mucho más apremiantes de los jóvenes
bonaverenses, como un motivo de alegría por atenuar su tristeza y motivarlos a
divertirse, en una actualizada fórmula de circo sin pan. Que convertían
semejante autogol presidencial en una proeza mayor que el gol que anotó
Maradona con la “mano de Dios” contra Inglaterra. Entonces comprendí porque el
Tigre se definía como un outsider no solo en la política sino también en el
fútbol, que poco le gusta, pues no se puede recurrir a ese tipo de “milagros lúdicos”
para atender a la población damnificada por el terremoto. Semejante autogol del
Tigre más bien parece anotado con la mano del diablo.
Máxima (In) Coherencia en la emergencia
Los fanáticos
de su manada lo celebran como una brillante intuición de optimismo del Tigre,
un uso hedonista de la pirámide de Maslow[i]
sobre las necesidades humanas y hasta de la psicología positiva para alentar a
los niños y jóvenes de Buenaventura en medio de la tragedia. Un gesto magnánimo,
incomprendido por los amargados mamertos que todo lo politizan y generando
odio. Para reforzar más tan loable acción, el mensaje se acompaña con la
canción “los niños no se tocan, la infancia no tiene partido, ni bandera, ni
condición”[ii].
De manera que quien se atreviera a discrepar de tan sublime acto a favor de la
felicidad de los niños, inmediatamente quedaba fustigado como un resentido
social y condenado al infierno por “progre mamerto”. Antes ya habían utilizado
un argumento similar contra quienes informaron sobre la exclusión de los Topos
de México, ayuda ofrecida oportunamente por la presidenta Claudia Sheinbaum, pero
descartada por la elección del Tigre de las brigadas de rescatistas
estadounidenses e israelíes, que llegaron al filo de las 72 horas de ocurrido
el terremoto, cuando las posibilidades de salvar vidas ya eran ínfimas y casi
milagrosas. ¿Será acaso una premonición de la suerte de la “Patria Milagro”?
Semejantes decisiones y actuaciones del Tigre están más allá de su brillante
consigna de “Máxima Coherencia”,
como sello distintivo de su gobernabilidad. Una gobernabilidad casi totalmente
ausente en desarrollo de la actual emergencia telúrica, atendida oportunamente
por la eclosión de solidaridad ciudadana, social y hasta empresarial. Esas decisiones
y actuaciones del Tigre son la más clara expresión de las manidas argucias de
la ultraderecha en su llamada “Guerra Cultural”. Argucias que se pueden resumir
en su obsesión por inventar y a la vez negar la realidad, proyectando en la
mente del mayor número de personas la misión de salvar el mundo y la humanidad
de la monstruosa y perversa influencia de los “comunistas y la ideología Woke”.
La “Guerra Cultural” salvífica
Para ello
llaman comunismo e ideología Woke a todo aquello que afirma identidades
personales y colectivas, que están más allá de sus valores, creencias
religiosas, prejuicios insuperables y cosmovisiones mediáticas. Por eso se
lanzan en una cruzada salvífica contra quienes promueven y defienden los
derechos humanos, la Carta de las Naciones Unidas, el multilateralismo y la
ONU. También la emprenden contra quienes cuestionan sus creencias y prejuicios
que les sirven para legitimar como naturales e insuperables la existencia de
las desigualdades sociales; la discriminación racial fundada en la superioridad
y supremacía de los blancos; la dominación, el tutelaje y el ultraje de los
hombres sobre las mujeres y ni hablar del exorcismo que demandan contra todas
aquellas mentes que consideran enfermizas y delirantes porque hablan de
diversidad de géneros y orientaciones sexuales. Todo lo anterior lo consideran
diabólico, “progre y mamerto”, izquierdista, decadente, deplorable y
vergonzoso, que debe ser destripado y extinguido lo más pronto posible de la
faz del planeta para salvar la humanidad y su “genes naturales”: la familia, la
tradición, la fe, la Patria y la propiedad. En esa cruzada también la emprenden
contra el “ecologismo Woke”, pues a quién se le ocurre defender los derechos de
un río, como si él fuera una persona. Mucho menos tener que consultar a
comunidades indígenas y afros para explorar y explotar las riquezas de nuestro
subsuelo, que son de la Nación y nos pertenecen a todos y no solo a esas
minorías. Comunidades inmersas en una ignorancia atávica insuperable, pues
todavía creen que existe una supuesta “Pachamama” la cual debemos respetar y
cuidar como si fuera una deidad o nuestra propia Madre, en lugar de perforar,
perforar y perforar para beneficio de toda la humanidad. No es posible hablar
con semejante gente, mucho menos alcanzar acuerdos, simplemente hay que
someterlos y si se resisten, descargar sobre ellos “todo el peso de la ley”,
desalojarlos y desplazarlos de esos territorios donde cultivan la “mata que
mata”, fumigándola y exterminándola para salvar la humanidad. Ese es el nuevo
credo de los exterminadores y depredadores, perdón, salvadores de la libertad,
la fe y la civilización occidental, liderados por dos iluminados que rigen dos
pueblos supuestamente elegidos por Dios: Trump y Netanyahu.
Contra el sacrilegio de las guerras
religiosas
Ambos han
convertido la fe y creencias de sus ciudadanos en estandartes para ordenar y
perpetrar crímenes de lesa humanidad. Por eso le asiste toda la razón al padre
Pacho de Roux S.J en su entrevista con Marta Ruiz en la revista Cambio[iii],
cuando casi en tono de súplica le pide: “presidente no use a Cristo para justificar
la guerra”, pues el núcleo del mensaje de Jesús de Nazareth a la
humanidad fue todo lo contrario: la paz, la reconciliación y el perdón. Por
algo su prédica inequívoca de “mi reino no es de este mundo”, pues
quienes hoy reinan son depredadores del planeta y genocidas impunes, salvo
contadas y honrosas excepciones. Para colmo, el Tigre les dio prioridad en sus
tareas de rescatistas a brigadas de militares de Estados Unidos e Israel por
encima de la experticia de los Topos mexicanos, en una clara decisión política
e ideológica, contrariando así el principio de la urgencia humanitaria. Han
llegado a nuestras ciudades y campos, militares cuyos Ejércitos son expertos en
sembrar el planeta de escombros y víctimas, como lo siguen haciendo impunemente
en Palestina, Líbano e Irán, supuestamente en defensa de sus pueblos, su
seguridad, sus creencias religiosas y hasta la civilización occidental. ¿Quiénes,
entonces, están politizando y demeritando la solidaridad de millones de
colombianos, el surgimiento de esa inconmensurable “Patria Solidaria” en nombre
de una fantasmagórica “Patria Milagro”? ¿Por
qué llamar “Fondo Milagro” a lo que es producto de la solidaridad y el esfuerzo
de millones de colombianos? ¿A su generosidad y trabajo cotidiano, más allá de
sus creencias religiosas o afiliaciones partidistas? Ese fondo debería llamarse
Fondo de Solidaridad Ciudadana para ser justos con su origen y no
instrumentalizar políticamente los aportes desinteresados de la ciudadanía, de
miles de Oenegés y cientos de pequeñas y medianas empresas. Porque hay que
empezar por restituir el valor de las palabras y no encubrir con ellas
proyectos partidistas, confesionales y militaristas con esa fraseología
religiosa que nos impide reconocernos como ciudadanía con toda nuestra
diversidad de creencias y de intereses. Además, porque la política es una
actividad eminentemente secular y terrenal, que no puede diluirse en
metarrelatos religiosos en donde los milagros solo ocurren por obra y gracia de
seres superiores y no por las obras transformadoras, si se quiere redentoras de
nuestra condición humana, producto de nuestras acciones y del esfuerzo
mancomunado de nuestro poder civil, como efectivamente está sucediendo en todo
el país. Porque de continuar tolerando esa fraseología encubridora pronto
llegarán a nuestros cielos los drones y las aeronaves teledirigidas, como
ángeles metálicos, a lanzar y sembrar nuestros campos con bombas de las que
brotarán “milagrosamente la vida y la paz”. Claro está, si lo permiten el
concepto del Consejo de Estado y lo autoriza el Senado, de conformidad con
nuestra Constitución, que en su función de controlar y regular el poder del
Ejecutivo puede frustrar y retrasar la llegada de esos ángeles liberadores en
nombre de los “Defensores de la Patria”. No tiene ninguna importancia que ellos
lleguen del norte, tengan la otra nacionalidad del Tigre y actúen en
representación de Maga, de las ambiciones e intereses inconfesables de America
First, portando su “Escudo de las Américas” y en cumplimiento de la “Doctrina
Donroe”. Incluso que lo hagan en nombre de Cristo Rey y la gloria eterna de
Trump con la ayuda invaluable y la complicidad necesaria del Tigre. Porque como
bien lo escribió Giuliano Da Empoli en su magnifica novela “El Mago del
Kremlin”: “La primera regla del poder es
perseverar en los errores, no mostrar la menor fisura en el muro de la
autoridad”. Solo que en nuestro caso habría que agregar que es también
perseverar en más horrores que terminaremos pagando como población civil y con la
claudicación de nuestra autonomía como Nación, ese anacronismo llamado
soberanía nacional, que reside exclusivamente en el pueblo, otra invención de
la ideología Woke que hay eliminar.
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