La Paz Democrática,
tan querida como desconocida
https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/la-paz-democratica-tan-querida-como-desconocida/
https://elpais.com/america-colombia/2026-01-01/la-paz-democratica-tan-querida-como-desconocida.html
Hernando Llano Ángel.
Nada más urgente y vital para Colombia
en este 2026 que comprometernos todos, como ciudadanía, en forjar una paz
democrática, una paz querida, promovida y cuidada por todos. Una paz que sea
mucho más que un armisticio, una tregua, un sometimiento a la justicia o
incluso un solemne Acuerdo, como en 2016, entre actores armados y el Estado.
Eso es lo que parcialmente hasta ahora hemos conocido, sin que se haya
garantizado a todos los colombianos, especialmente a los líderes sociales y
defensores de derechos humanos sus vidas y el ejercicio libre y no violento de
la política, es decir, la democracia. Y esa paz se llama paz política, paz
democrática porque nace de la deliberación, la participación y el
consentimiento ciudadano, no solo del apaciguamiento transitorio o la
desmovilización permanente de los actores armados. Es una paz fraguada en la
deliberación, no en la manipulación de líderes políticos en trance electoral o
ávidos de protagonismo histórico y vanidad personal, como hasta ahora los hemos
conocido.
La Paz Democrática no se negocia
Es una paz como resultado de
valores concertados, no tan solo de intereses negociados. Es decir, es una paz
sustentada en el respeto, la promoción y garantía de los derechos humanos como
expresión de la igual dignidad de todos, en lugar de esa otra paz negociada que
defiende privilegios de cuna, el color de piel, intereses minoritarios, sean ellos
empresariales, corporativos o sindicales, hegemonías regionales y hasta
clientelas y empresas políticas, autodenominadas partidos, con líderes
mesiánicos que se proclaman salvadores de la Patria. Esta última no es la paz
política, mucho menos la democrática, sino la paz de los políticos y los
mercaderes en beneficio de sus clientelas y promotores legales e ilegales. Por
eso ahora en campaña muchos de ellos casi no hablan de paz y mucho de
seguridad, hasta con tigre incluido, porque están convencidos que la paz se
agota en la defensa a ultranza del statu quo, la confianza inversionista, las
rentas seguras y más ganancias para los mismos de siempre. Suena igual a la
fábula conocida de los tres huevitos, solo que ahora pondrán énfasis, con
absoluto cinismo, en la cohesión social y la fraternidad entre empresarios y
trabajadores (¡pero sin reajustes exagerados al salario mínimo!), la
reconciliación y el abrazo entre todos los colombianos, porque unidos los
“ciudadanos de bien” son más y se impondrán sobre los del mal, como lo han
hecho desde que gobiernan virtuosamente, sin asomo de corrupción y respetando
totalmente los derechos humanos.
Sentido de la Paz Democrática
Por el contrario, la paz
democrática recobra y defiende el sentido de lo público, del Estado Social de
derecho, de la legalidad y de los intereses generales, en lugar de la
apropiación y depredación partidista del presupuesto público mediante el
clientelismo, las prebendas y la contratación corrupta con empresarios y
organizaciones criminales. Como esto último es lo que ha predominado en nuestra
política y el régimen –así lo llamó tardíamente y en forma oportunista Álvaro
Gómez Hurtado-- desde tiempos inmemoriales hasta el presente, la paz
democrática es casi totalmente desconocida. Por eso hay que dotarla de sentido.
No es redundante ni un pleonasmo, todo lo contrario, pues solo mediante el
ejercicio responsable de la ciudadanía ella existe. Lo que nos sucede es que
tenemos más millones de electores cautivos en redes clientelistas y
prebendarías que ciudadanos libres y responsables. Con semejante déficit de
ciudadanía es muy difícil forjar y menos consolidar una paz democrática. Pero
como dice el refrán popular “querer es poder”.
La democracia es más que elecciones
Para empezar, no hay que
confundir la democracia con las elecciones. Si ellas no son libres y se
realizan en medio de la coacción y la violencia, el asesinato de precandidatos
y candidatos, la intimidación y constreñimiento a los electores, la compraventa
de votos, el famoso TLC (techo, ladrillos y cemento) y la financiación ilegal
de las campañas, pues simplemente no hay democracia. En ese contexto siempre terminarán
ganando los poderes de facto y no la ciudadanía. Se consolidará así un régimen
político electofáctico y no uno democrático, bajo la mampara y la tramoya de
las elecciones. Pero solo muchos años después, como ha sucedido desde Gaviria
hasta hoy, sabremos al final de sus mandatos cómo y en cuánto han violado los
topes de financiación sus campañas políticas, quiénes han sido sus promotores
legales e ilegales, las oscuras alianzas tejidas tras bastidores para ganar y gobernar,
como también sus principales beneficiarios. Es una historia por todos conocida
que vale la pena recordar: el magnicidio de Galán; el proceso 8.000 de Samper; el
preacuerdo electoral de Pastrana con las Farc para la segunda vuelta; el
paramilitarismo y su apoyo a Uribe en las regiones bajo su control; Odebrecht
con Santos, la Ñeñepolítica de Duque[i]
hasta la violación de los topes electorales de la campaña de Petro y el Pacto
Histórico y su presunta financiación ilegal[ii].
La Paz democrática es pública, no privada.
Valga la redundancia, la paz
democrática es pública y de todos, con todos y para todos, no es una paz
privada entre pocos y para su exclusivo beneficio, seguridad y prosperidad de
sus personales negocios. Esa paz expropia a miles sus derechos y dignidad en
nombre de la seguridad y la prosperidad de sus inversiones, empresas y
fortunas. Quienes la promueven y afirman que la seguridad es el fundamento de la
paz, olvidan la sentencia de un prudente pontífice que nos recuerda que “la seguridad de los ricos es la tranquilidad
y dignidad de los pobres”. Y por lo general donde predomina el hambre y la
negación de los derechos fundamentales más vitales como la salud, el empleo, la
vivienda y educación no hay tranquilidad, mucho menos dignidad y legalidad. Tiende
a predominar la zozobra, el crimen y la inseguridad. Como gravemente lo expresó
Miguel Hernández en su poema “El Hambre”, en versión musicalizada por Serrat: “Por hambre vuelve el hombre sobre los
laberintos donde la vida habita siniestramente sola. Reaparece la fiera,
recobra sus instintos, sus patas erizadas, sus rencores, su cola”[iii].
La Paz democrática es Política
Lo cual significa que es una paz
entre adversarios que se reconocen mutuamente sus intereses, valores e
identidades, siempre en disputa y tensión, y por eso renuncian a imponerse
sobre el otro como un enemigo a quien se le niega violentamente sus
reivindicaciones, valores, derechos, intereses y hasta su identidad
existencial. No se los deslegitima con epítetos desde la derecha llamándolos “mamertos”
o desde la izquierda “paracos”. Por eso es una paz entretejida todos los días
con argumentos, emociones y gestos, muchas veces contradictorios y antagónicos,
pero sin llegar al extremo de la exclusión simbólica, luego violenta y hasta su
aniquilamiento físico. Será una paz tanto más democrática y ciudadana cuanto
más se sustente en la amabilidad y no en la pugnacidad. Y será tanto menos
democrática cuanto más estimule la enemistad y la hostilidad. Más política y
democrática si promueve la argumentación y la deliberación en busca de acuerdos
y no la unanimidad de los consensos, que anulan el derecho a la pluralidad y el
disentimiento, sin los cuales no hay vida democrática. En ese sentido es una
paz deliberante, civilista y no beligerante, siempre conflictiva y abierta al
debate, por eso es la quintaesencia de la política y de la democracia y puede denominarse
propiamente Paz Democrática.
La Paz Democrática es conflictiva
Por eso quienes pretenden
eliminar el conflicto mediante la violencia, ya sea en nombre de la seguridad y
azuzan el miedo desde la derecha o reivindican con furia la justicia social
desde la izquierda, son su principal amenaza y vale tenerlos en cuenta para las
próximas elecciones. Pero también los partidarios del llamado centro político
poco contribuyen a la paz democrática cuando estigmatizan la controversia y la
consideran una polarización dañina, pues deliran con una reconciliación plena
en una sociedad sin conflictos, que jamás existirá en este mundo terrenal y
“valle de lágrimas”. Quizá por lo anterior muchos los consideran tibios, pues
no son ni chicha ni limoná. Por el contrario, la Paz Democrática exige posturas
radicales en la práctica y no solo en el discurso, como suele suceder en el
centro político, a favor de los derechos humanos, el Estado Social de derecho,
la justicia como igualdad de oportunidades, la defensa de la pluralidad, la
sostenibilidad y protección de la biodiversidad, la vigencia del derecho
internacional y no guardar silencio ante su violación imperial. Por todo ello
es que la paz democrática es tan querida como desconocida y se encuentra amenazada
en estos tiempos antidemocráticos que corren. Es un desafío ciudadano promoverla,
defenderla y afianzarla durante todo el 2026, porque ya abundan candidatos y
candidatas que nos quieren seducir con cantos de seguridad, patriotismo y
fiereza para abusar de ella y sacrificarla de nuevo en campos de batalla.
Ansían, sobre todo, tomar revancha desde el Estado contra sectores sociales que
reivindican democráticamente sus derechos, estigmatizándolos como “populistas”,
“vagos”, “igualados” y hasta “comunistas”. La pregunta es ¿se depositarán en las
urnas del 2026 más votos a favor de una paz democrática con libertad y justicia
social o sufragios a favor de la guerra y la desigualdad en nombre de la
seguridad nacional?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario