miércoles, diciembre 20, 2023

EL CARMEN DE VIBORAL, UNA PROVINCIA UNIVERSAL

 

EL CARMEN DE VIBORAL, UNA PROVINCIA UNIVERSAL

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/carmen-viboral-una-provincia-universal

Hernando Llano Ángel.

El pasado martes 12 de diciembre tuve la fortuna de celebrar en El Carmen de Viboral una nochebuena adelantada, singular y extraordinaria. Las carmelitanas y carmelitanos recibieron tempranamente un regalo de navidad digno de su espíritu literario y poético, cultor de la belleza telúrica plasmada en la arcilla de sus cerámicas[1] y en la creatividad de su juventud, pues en el Instituto de Cultura del municipio se inauguró formalmente la biblioteca “Carlos Jiménez Gómez”[2]. Una biblioteca con más de 4.000 volúmenes, donada por uno de sus hijos más representativos, Carlos Jiménez Gómez, un hombre de provincia con proyección universal –como lo es su terruño—que durante su vida conjugó e integró creativamente su formación de jurista con la poesía, la literatura, el arte y las ciencias sociales, legándonos con su pluma y mente prodigiosa más de 21 libros. En ellos plasmó su inteligencia, su sensibilidad y crítica perspicaz sobre nuestra realidad política, social y cultural, a los que hay que agregar la recopilación de sus principales decisiones y actuaciones como Procurador General de la Nación entre 1982 y 1986, en 5 volúmenes, bajo el título “Los Documentos del Procurador”. Volúmenes que todos los colombianos y colombianas deberíamos consultar, pues ellos contienen claves precisas y premonitorias para comprender el convulsionado y deplorable presente que vivimos.

Carlos Jiménez Gómez, un carmelitano lúcido y clarividente

En los 5 volúmenes encontramos sus informes sobre el MAS (Muerte a Secuestradores), germen del naciente paramilitarismo, que no cesa de mutar en múltiples organizaciones criminales; su rigurosa y documentada investigación sobre los hechos del Palacio de Justicia del 6 y 7 de noviembre de 1985, que culminó con la denuncia ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes del entonces presidente Belisario Betancur y su ministro de defensa, general Miguel Vega Uribe, por graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario y violaciones a la Constitución Política; además de su postura insular e incomprendida por el rechazo al Tratado de Extradición con Estados Unidos con solidos argumentos jurídicos y políticos. Al respecto, me permito citar apartes de dichos informes, pues de haber sido atendidos en su profundidad y clarividencia, otra muy distinta sería la realidad actual y nos habríamos evitado miles de víctimas mortales, así como la insensata fragmentación política y social en que nos debatimos por fanatismos y anacronismos ideológicos a la derecha e izquierda de nuestro espectral mundo político. Por ejemplo, sobre el MAS tenemos esta lúcida caracterización: “Propiamente hablando, el MAS no es una organización única sino una mentalidad de crisis y un tipo de delincuencia, manifestadas originalmente bajo la forma de una encubierta justicia privada y luego como instrumento de venganza, de castigo desproporcionado y gratuito, hasta de frivolidad en la criminalidad, en todos los órdenes de la actividad privada. La sigla con que se denomina surgió hace apenas un año, a propósito de las peripecias de un caso de secuestro y al servicio de un plan concreto de rescate de la secuestrada, dentro de una idea precisa de represalia. Que haya logrado su objetivo de forma más o menos fulminante fue lo que, en el ambiente de confusión y desconcierto en que vivía y vive aún el país, hizo de él un modelo que terminó cundiendo aquí y allá, en cuantas regiones y lugares parejas circunstancias reproducían las razones y el marco de su popularidad […] Para apreciarlo así basta mirar hacia el martirizado campo colombiano, sembrado de mil riesgos detrás de cada hoja y ampliamente justificativo del diagnóstico global de las dos Colombias, la una amenazada y obsesionada por el secuestro, la otra por todos los males y peligros de la crisis económica y social. A este mecanismo criminal de contraofensiva social, económica y política, han venido paulatinamente cediendo y apelando en forma cada vez más recurrente y masiva, distintos sectores de nuestra población, en la ciudad y en el campo, para combatir las más diversas manifestaciones del conflicto social”. (Jiménez, 1987, volumen I, pp. 154-155).  Respecto de lo acontecido en el Palacio de Justicia, señaló: “En el Palacio de Justicia hizo crisis en el más alto nivel el tratamiento que todos los Gobiernos han dado a la población civil en el desarrollo de los conflictos armados”, por ello “la invocación del Derecho de Gentes y del Derecho Internacional Humanitario es un complemento indispensable de toda política de defensa de los Derechos Humanos”, según aparece en el volumen titulado “El Palacio de Justicia y el Derecho de Gentes”. Y, por último, sobre el fenómeno del narcotráfico y su responsabilidad como Procurador, tuvo el coraje y la valentía de ir contracorriente, abogando por una salida política al problema, pues tenía muy claro que: “Ya el problema del narcotráfico no es un negocio de dos o tres capos, sino un ingrediente normal y masivo de la economía y la vida colombiana; ya no se trata de romper una moral o una ilegalidad sino algo más profundo: un estilo de vida, y un patrón cultural como el de la economía informal… Sus negocios crecen, su base social se ensancha y multiplica, sus medios de acción se diversifican y desinhiben más todos los días”, por lo anterior tuvo la osadía de proponer que “En materia de Justicia y de Gobierno hay que tomar en cuenta la realidad y saber que sin ella el Derecho no funciona, que, por eso al Derecho hay que darle bases reales y herramientas operativas, pues no se puede gobernar sobre supuestos inexistentes ni con instrumentos inservibles […] Que el Estado no se puede apegar a una soberanía meramente teórica y nominal, sino que tiene que vivir siempre en marcha hacia una institucionalidad operante. Que es precisamente lo que intenta hacer el actual gobierno del Pacto Histórico con su política “Sembrando Vida, erradicamos el narcotráfico”[3] y la “Paz Total”, contra la incomprensión absurda y criminal de organizaciones como el ELN y el oportunismo comprensible de una oposición maniquea que, en su obcecación por persistir en la fracasada “guerra contra las drogas”, lo único que profundiza es la degradación del conflicto armado interno, pues permite que organizaciones ilegales continúen usufructuando el narcotráfico para financiar sus ejércitos y cometer innumerables atrocidades contra la población civil.

Biblioteca “Carlos Jiménez Gómez”

Por todo lo anterior, que la alcaldía de EL Carmen de Viboral y el Instituto de Cultura hayan acogido la generosa donación de su hijo, Carlos Jiménez Gómez, al albergar los 4.000 libros en la biblioteca que ahora lleva su nombre, es un homenaje que empieza a rendir un tributo de gratitud a su vida y obra, pues la élite del Establishment político y cultural de esta nación centralista fue incapaz de hacerlo por su estulticia intelectual, mediocridad cultural y mezquindad política. La inauguración y funcionamiento de la biblioteca ha sido posible gracias al empeño de su hija Marta María Jiménez Tobón y de su familia. Marta María en la inauguración de la biblioteca definió con justicia a su padre como un “hombre renacentista”, reconociendo su inagotable curiosidad intelectual y fina sensibilidad poética y plástica, condensada en ensayos y libros dedicados a poetas como Porfirio Barba Jacob, Carlos Castro Saavedra y artistas como Fernando Botero y Aníbal Gil. También se debe a la receptividad y el esfuerzo de la administración municipal, precedida por el alcalde John Freddy Quintero, pero especialmente al entusiasmo y la dedicación del director del Instituto de Cultura, Yeison Castro Trujillo y a la pasión e inteligencia de la joven Elizabeth Jiménez Gómez[4], quienes se consagraron a la recuperación y adecuación de la sala que actualmente alberga la biblioteca en el segundo piso del Instituto. Para culminar felizmente la semana y, en cierta forma, recibir los carmelitanos anticipadamente el regalo de nochebuena, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de Colombia declaró sus cerámicas como Patrimonio Inmaterial de la Nación[5], como bien lo señala Yeison Castro Trujillo, director del Instituto Cultural: “Esta es una muy buena noticia para un municipio que tiene más de 120 años de tradición ceramista. Se viene una tarea muy grande para apropiarnos y proyectarnos como patrimonio nacional”. No me cabe la menor duda que El Carmen de Viboral proyectará el patrimonio nacional en el ámbito internacional, pues cuenta con una juventud vibrante y creadora, como lo pude disfrutar el mismo martes 12 de diciembre en la entrega del libro “Página en Blanco. Compilación de Cuentos 2009-2022”, que reúne la imaginación y el talento de 20 jóvenes entre escritoras y escritores que cada año presentan sus obras al concurso “Página en Blanco”.  Felicitaciones y gratitud a El Carmen de Viboral por haberme invitado a la inauguración de la biblioteca “Carlos Jiménez Gómez” y el honor de haberla compartido junto al maestro, pintor y escultor Aníbal Gil[6], amigo entrañable de Jiménez Gómez y compañero juvenil de sus obras artísticas y murales. Sin duda, la Biblioteca con su dimensión universal, inspirará a esa juventud inquieta y crítica, además de acompañar la hermosa laboriosidad plasmada en las cerámicas[7] carmelitanas, obras de arte de sus mujeres y hombres, que con finas pinceladas sobre el barro telúrico eternizan la belleza del oriente antioqueño y de sus pobladores[8].



jueves, diciembre 07, 2023

PLEGARIA NAVIDEÑA CONTRA LA GUERRA: !POR LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PAZ POLÍTICA!

 

PLEGARIA NAVIDEÑA CONTRA LA GUERRA:

¡POR LA VIDA, LA LIBERTAD Y LA PAZ POLÍTICA!

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Digo que la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo”. Amos Oz[1]

Hernando Llano Ángel

La navidad ya no existe. No es lo que era en nuestra infancia. Fuimos expulsados, sin darnos cuenta, del reino de la inocencia y arrojados al espejismo del mercado y la alienación del consumo. La carta al niño Dios fue hackeada y robada por un mercader de ilusiones llamado Papá Noel. El rustico pesebre de navidad, con sus figuras chuecas y monstruosas, fue desplazado por el metálico y simétrico árbol de navidad. La piadosa novena de navidad familiar con sus villancicos destemplados fue acallada por los celulares y su algarabía de singles navideños con anuncios publicitarios. Ahora, las pantallas deslumbrantes y fugaces de los celulares ocultan y desfiguran los rostros familiares. Un clic nos distancia y enajena todo lo entrañable y cercano. Nos aproxima y pone en contacto con lo lejano y arcano. Dejamos de estar con los presentes para conectarnos con los ausentes. La inmediatez de sus mensajes y el vértigo de sus vídeos nos impiden reconocernos con los prójimos y nos niegan sus miradas y abrazos. Nos convertimos en adminículos de los celulares, sin ellos ya no podemos comunicarnos, tampoco orientarnos, basta tener Waze[2] para saber en dónde estamos. Es más, no precisamos ni siquiera saber dónde vivimos y menos cómo llegaremos a nuestro destino. Éste ya está prefijado por la inteligencia artificial. Perdemos poco a poco, en forma inadvertida, nuestra propia humanidad, libertad y empatía. Hasta nuestra sensibilidad la delegamos en un emoticón y terminamos siendo cibernautas, extraviados en el insondable y frío mundo de Internet. Casi nada nos importa de lo que acontece en el mundo real, mejor nos refugiamos en el virtual para vivir y ser felices, así sea en medio del horror y la aniquilación del real. Solo aceptamos como verdadero aquello que nos afirma en nuestra complacencia y narcisismo. Solo nos comunicamos con nuestro entrañable grupo de amigos y nuestra vida se agota en sus estimulantes mensajes de WhatsApp. Rechazamos como inexistente y falso todo aquello que nos cuestiona o incordia. Nos basta con la moral de nuestras simpatías, la prosperidad de nuestros intereses y la seguridad de nuestras vidas y seres queridos.  

De la Natividad a la Mortandad

Por ejemplo, qué sentido tiene preguntarse por el lugar en donde empezó la navidad. ¿Fue en Belén o en Nazaret donde nació el niño Jesús? ¿Por qué se dice Jesús de Nazaret[3] y no de Belén? ¿Belén y Nazaret están en Palestina? ¿Hacen parte de la franja de Gaza o están en Cisjordania[4]? Ahora ya no precisamos de esa leyenda y narrativa tenebrosa que nos recuerda el edicto infanticida y la matanza de los inocentes ordenada por Herodes[5] y nos cuenta que José y María huían sobre una mula con destino a Belén. Esa leyenda hoy es superada en forma implacable, indiscriminada y criminal por Netanyahu con sus letales bombardeos que han cobrado la vida de más de cinco mil niños palestinos[6]. Todo en venganza de la terrorífica acción de Hamás del 7 de octubre[7], donde al menos fueron asesinados 29 niños israelíes. ¡Cómo si las vidas de todos los niños y niñas no fueran iguales de sagradas y valiosas, sin importar su procedencia, padres, creencias y número! Hoy ni siquiera el pesebre del niño Jesús estaría a salvo, pues se sospecharía que oculta el albergue de un futuro terrorista, por lo cual hay que apresurarse a “cortar el césped”[8], según reza el criminal lema y la actuación del ejército israelí en incursiones anteriores como la de Castlet en 2008-2009 y la de Edge en 2014 que dejaron cientos de niños palestinos asesinados. Para comprender mejor semejante ignominia, basta ver en Netflix el documental “Nacido en Gaza”[9]. En Gaza ya casi no queda un hospital seguro en donde pueda nacer un niño, solo es seguro que allí puede morir. Hoy, José y María serían espectros que deambulan y huyen de la furia de Netanyahu que, obnubilado por el odio y la venganza, solo piensa en aniquilar a Hamás sin considerar las víctimas inocentes de las que es responsable por infringir deliberadamente las reglas de la guerra y el Derecho Internacional Humanitario. Pero Netanyahu, como Herodes, olvida que las víctimas inocentes, los niños, nunca mueren, ellos siguen vivos en la memoria de sus progenitores y familiares. De alguna manera “resucitan” todos los días --sin precisar siquiera un tercer día como Jesús de Nazaret-- en el dolor inextinguible y las exigencias inclaudicables de justicia de quienes les sobreviven. Seguramente Netanyahu se apresurará a devastar la franja de Gaza antes del 24 de diciembre y en ese empeño criminal de “tierra arrasada”[10] es probable que la vida de muchos rehenes israelíes también sea sacrificada, como ya ha sucedido con 15[11] de los 137 que continúan cautivos en Gaza, según un informe oficial de Israel. En este caso, sin duda, Netanyahu será arrastrado y condenado por el repudio y el dolor de sus compatriotas, que nunca olvidarán que el aleve y criminal ataque de Hamás fue advertido desde al menos hace un año, como lo reveló el diario New York Times[12], sin que los servicios de inteligencia israelí le dieran credibilidad al estimar que serían incapaces de llevarlo a cabo.

Amos Oz contra el infanticidio

Pero la clarividencia y la lucidez, propia de la sensibilidad de los artistas y escritores, como el novelista israelí Amos Oz, ya había vislumbrado este horror de criminales infanticidas en ambos bandos, tanto en Hamás como en el ejército israelí, en su libro “Contra el fanatismo”[13], cuando narró la siguiente anécdota de su amigo y colega judío Samy Michael. La transcribo en su totalidad, para constatar que lo que sucede en Gaza supera con creces esta tenebrosa ficción: “Un querido amigo y colega mío, el novelista israelí Sammy Michael, tuvo una vez la experiencia, que de vez en cuando tenemos todos, de ir en un taxi durante largo rato por la ciudad con un conductor que le iba dando la típica conferencia sobre lo importante que es para nosotros, los judíos, matar a todos los árabes. Sammy Michael lo escuchaba y, en lugar de gritarle: “¡Qué hombre tan terrible es usted! ¿Es usted nazi o fascista?”, decidió tomárselo de otra forma y le preguntó: “¿Y quién cree usted que debería matar a todos los árabes?” El taxista dijo: “¿Qué quiere decir? ¡Nosotros! ¡Los judíos israelíes! ¡Debemos hacerlo! No hay otra elección. ¡Y si no, mire lo que nos están haciendo todos los días!” “Pero ¿quién piensa usted exactamente que debería llevar a cabo el trabajo? ¿La policía? ¿O tal vez el ejército? ¿El cuerpo de bomberos o equipos médicos? ¿Quién debería hacer el trabajo?” El taxista se rascó la cabeza y dijo: “Pienso que deberíamos dividirlo entre cada uno de nosotros, cada uno de nosotros debería matar a algunos”. Y Sammy Michael, todavía con el mismo juego, dijo: “De acuerdo. Suponga que a usted le toca cierto barrio residencial de su ciudad natal en Haifa y llama usted a cada puerta o toca el timbre y dice: ‘Disculpe, señor, o disculpe, señora. ¿No será usted árabe por casualidad?’ Y si la respuesta es afirmativa le dispara. Luego termina con su barrio y se dispone a irse a casa, pero al hacerlo, oye en alguna parte del cuarto piso del bloque llorar a un recién nacido. ¿Volvería para dispararle al recién nacido? ¿Sí o no?” Se produjo un momento de silencio y el taxista le dijo: “Sabe, es usted un hombre muy cruel”. Las últimas noticias recibidas de Gaza superan el horror del taxista, que rechazó mancharse sus manos con sangre infantil. Hoy continúan los bombardeos israelíes destrozando cuerpos tiernos y sonrisas balbucientes –cortando a ras el césped de la vida y la inocencia infantil—pero también enardeciendo el odio y la venganza de cuerpos adultos ultrajados y de almas humilladas, que probablemente querrán perpetuar la violencia de Hamás y tomar su relevo. Ni siquiera Herodes imagino tanta sevicia y terror: la natividad convertida en mortandad. Sin duda, Netanyahu pasará a la historia no solo como un criminal de guerra que promovió un infanticidio genocida, sino como el estratega militar más incompetente en los anales de la historia. Aquel que convierte un triunfo militar en la mayor derrota política y moral de un Estado y logra menoscabar y mancillar la admiración de gran parte de la humanidad por el pueblo judío ante el terror sufrido por la barbarie nazi, que se empecinó sistemáticamente en su eliminación, pero terminó generando las condiciones para la creación del Estado Israelí. Exactamente lo mismo sucederá con el pueblo palestino. De los escombros y las cenizas de la franja Gaza surgirá, probablemente con el apoyo de la comunidad internacional para expiar su culpa, un auténtico Estado Palestino que, junto al Estado israelí ya liberado de Netanyahu y sus cómplices genocidas de extrema derecha, deberá empeñarse en el reconocimiento de la convivencia y la paz entre dos pueblos hermanos. Toda la razón tenía Amos Oz cuando en 2015 afirmó “que la supervivencia del Estado de Israel requiere la creación de un Estado Palestino independiente y que la coexistencia de ambos Estados es el camino hacia la paz en la región: «No hay otra solución porque los palestinos no se van a ir, no tienen adónde. Los judíos israelíes tampoco nos vamos a ningún lugar, no tenemos adónde. No podemos ser una gran y alegre familia porque no somos una familia. Somos dos familias muy infelices. Debemos dividir la casa en dos apartamentos más pequeños. No hay otra opción.» Y esa división deberá hacerse lo antes posible, antes de que Netanyahu dejé en ruinas toda la franja de Gaza y continúe “recortando el césped” de las próximas generaciones de palestinos. Algo que ni siquiera Hitler logró contra sus antepasados judíos, pues en lugar de eliminar la portentosa cultura y tradición judía, propicio la creación del Estado israelí. Pero todo parece indicar que Netanyahu está empeñado en superar a Hitler cuando se propone aniquilar a Hamás bombardeando a Gaza y asesinando niños. Es decir, convirtiendo a Palestina en un inmenso campo de aniquilación, sin campos de concentración y cámaras de gas, todo ello en natividad y frente a los ojos de toda la humanidad. Ante semejante horror somos impotentes y no lo podemos evitar, pero simbólica y ritualmente lo podemos rechazar si encendemos miles de velas este 7 de diciembre en memoria de los niños palestinos y judíos asesinados, haciendo de la novena de navidad una plegaria por la vida, la libertad de los rehenes judíos y la paz entre ambos pueblos. Pero también por nuestros 157 líderes sociales[14] y defensores de derechos humanos asesinados durante este año, sumados a los 33 firmantes de la paz y las 90 masacres[15] cometidas, que dejan 289 víctimas. Haciendo que cada vela encendida demande al ELN la libertad inmediata de todos los secuestrados. ¿Será que el ELN está tan obcecado con sus secuestrados como Hamás con los rehenes israelíes y es tan belicista y cruel como Netanyahu al ignorar el sufrimiento de sus familiares? ¿Será incapaz de reconocer el ELN que sin libertad es imposible alcanzar la paz política y que el secuestro es sumisión y humillación, es decir, la negación radical de la dignidad humana y de la participación ciudadana que tanto exige y reclama en la mesa de conversaciones? Si no lo hace, no puede reclamarse como Ejército de Liberación, pues sería un Ejército liberticida de la ciudadanía, un extorsionista y secuestrador inadmisible de la paz política que todos los colombianos exigimos y necesitamos, en cumplimiento del artículo 22 de la Constitución Política: «La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento


lunes, diciembre 04, 2023

¿Es posible un Acuerdo Político Nacional?

 

¿Es posible un acuerdo político nacional?

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Hernando Llano Ángel

La mayor dificultad para alcanzar un acuerdo político nacional estriba en que las partes que deben promoverlo y acordarlo tienen concepciones incompatibles sobre el acuerdo, la política y la nación. Ello obedece a que cada parte vive en su propio universo político nacional, lo define y defiende a ultranza y considera que el suyo es el único válido. De alguna forma, somos un cúmulo de universos políticos en disputa, que impiden la existencia de una comunidad política nacional entendida y vivida como un pluriverso. Un pluriverso[1] es “un mundo en el que caben muchos mundos”. Ya lo decía el presidente Belisario Betancur en su discurso de posesión: “Colombia es una federación de odios y un archipiélago de egoísmos”.  El pluriverso nacional es imposible bajo la visión hegemónica de uno de esos mundos, que impone su orden económico, político, cultural y existencial. Lógica y ontológicamente el pluriverso solo puede existir bajo la condición sine qua non de la pluralidad. Es decir, que ninguno universo pretenda eliminar violenta o simbólicamente la existencia de los otros. Es más, que la hegemonía o el dominio de uno de ellos no aparezca como una amenaza inminente para la existencia de otros diversos universos. Tal es la disputa universal entorno a la crisis climática, que se aborda de nuevo en la COP28, Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Dubái. Una disputa vital y mortal entre los negacionistas de las funestas consecuencias climáticas y ambientales de este capitalismo depredador, cuya codicia no conoce límites, y los ecologistas y conservacionistas a ultranza, que claman por cambios urgentes y reales para contener y evitar el apocalipsis planetario. En este caso, lo más grave es la incapacidad de los negacionistas climáticos de reconocer que tenemos una sola tierra sobre la cual existen múltiples pluriversos que conviven en la naturaleza en simbiosis perfecta, pero que el afán y la codicia de dominarlos y explotarlos nos está conduciendo a la extinción de millones de especies y eventualmente a la nuestra propia por esa obsesión consumista de convertir toda vida en solo mercancías comerciables, intercambiables y desechables. A propósito, sería interesante saber como en esta temporada navideña aumentan sideralmente los niveles de contaminación y depredación del planeta en aras de satisfacer nuestra avariciosa felicidad mercantil. Que ironía, ¡la época de la natividad –del pesebre y la austeridad-- convertida en un festín de mortandad! Y la tierra santa, en la franja de Gaza e Israel, reducida a escombros, dolor y muerte por la imposibilidad de compartirla en un pluriverso de convivencia entre dos Estados de pueblos hermanos enceguecidos por el odio y el fanatismo de sus respectivos líderes.

Colombia, entre la derecha siniestra y la siniestra criminal

Esa disputa por la vida también está presente en nuestro país, pero en universos más dramáticos y turbios, pues se da en medio de alianzas y coaliciones insospechadas entre una derecha siniestra y una siniestra criminal. La derecha siniestra es aquella que, en nombre de supuestos principios y valores superiores como la seguridad, la autoridad, la moralidad y la salud, promueve con ciega y absoluta certeza una guerra perdida contra la naturaleza y la humanidad, la “guerra contra las drogas”. En su cruzada salvífica, esa derecha de los “buenos” contra los “malos” de la izquierda, declara una guerra sin cuartel contra la naturaleza y convierte plantas maravillosas como la marihuana, la coca y la amapola en enemigas de la humanidad a las que fustiga y persigue con una parafernalia de convenciones internacionales y normas nacionales bajo el estigma de cultivos ilícitos. Así la derecha en su pensamiento único logra una proeza perversa, de la que no es consciente en su universo maniqueo, pues convierte la naturaleza en objetivo militar. Permite, cuando no promueve con campañas oficiales y el presupuesto público, su fumigación y devastación hasta su casi aniquilación. Es la cruzada fanática de los prohibicionistas. En la década de los 80 varios presidentes lo hicieron con el paraquat[2] contra la marihuana, que entonces llamaban hierba maldita, pero hoy es reconocida como una hierba bendita[3] por la farmacología y su tratamiento de múltiples dolencias. Ahora, esa derecha virtuosa, continúa empeñada en su guerra contra la coca, a la que estigmatizó como la “mata que mata” con su fundamentalismo y maniqueísmo mendaz, para así adelantar con absoluta impunidad e irresponsabilidad los oficialmente llamados Planes Colombia y Patriota, verdaderos “pogromos ecocidas” contra la biodiversidad y la salud de campesinos y comunidades étnicas. Una especie de parricidio patriótico, persecución y represión de miles de “raspachines”[4] en nombre de la democracia y la seguridad contra el narcoterrorismo y la narcoguerrilla, que a la postre salieron fortalecidos y se expandieron por nuevos territorios, estableciendo enclaves y abriendo rutas en otras regiones, lo propio del llamado efecto globo[5].

La siniestra criminal

Pero de la otra parte tenemos la siniestra criminal, que deriva gran parte del sostenimiento de sus filas y su supuesta guerra de liberación nacional mediante el control territorial de economías ilícitas como la coca y de minerales valiosos, además del secuestro liberticida, asesinando a diestra y siniestra a todo aquel que se oponga a la prosperidad de sus enclaves criminales o, si es necesario, combinando el plomo con la plata, para comprar la complicidad oficial de servidores públicos. Paradójicamente, esa derecha siniestra y esa siniestra criminal, se dan la mano y terminan siendo aliados estratégicos en la degradación del conflicto armado interno, pues no conciben otra forma de enfrentarlo que con el plomo y la plata. Entonces el conflicto se ensaña contra los campesinos, las comunidades indígenas y negras, pero especialmente contra sus valientes e inclaudicables líderes sociales y defensores de derechos humanos, cuyo número de víctimas mortales aumenta cada semana. Según los reportes de INDEPAZ[6] hasta el 25 de noviembre de este año van asesinados 151 líderes sociales y defensores de derechos humanos, a los que hay que sumar 33 firmantes de la paz y esas cifras macabras crecen cada semana. En la mayoría de estos crímenes aparecen involucrados el ELN, el llamado Estado Mayor Central, la Nueva Marquetalia y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, según la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo. Para salir de este laberinto sangriento en que estamos extraviados, nos fragmenta como nación, confina con paros armados a la población rural y nos divide entre “buenos” y “malos” ciudadanos, derecha e izquierda, el actual gobierno ha propuesto un giro copernicano en la guerra contra las drogas con su política “Sembrando Vida desterramos el narcotráfico[7].

“Sembrando Vida desterramos el narcotráfico”

Dicha política centra la atención en las personas y la exaltación de la vida en todas sus dimensiones, dejando atrás la criminalización de las poblaciones y de la misma naturaleza. Poblaciones marginadas y excluidas de campesinos y comunidades étnicas que en realidad son convertidas en víctimas por la codicia de organizaciones criminales y de políticas erráticas como el prohibicionismo. Un prohibicionismo que, como lo expresó un pontífice del neoliberalismo, Milton Friedman: “si analizamos la guerra contra las drogas desde un punto de vista estrictamente económico, el papel del gobierno es proteger el cartel de las drogas. Eso es literalmente cierto”, puesto que a mayor control, persecución policiva y represión judicial mayor es el precio de las drogas prohibidas. Por lo anterior, la política que implementará el actual gobierno: “Sembrando Vida desterramos el narcotráfico”[8] pone énfasis en la regulación y control estatal del cultivo de la la coca, amapola y cannabis, para impedir que continúe en manos criminales que se lucran violentamente con su cultivo, procesamiento letal y tráfico ilegal. Dicho monopolio criminal lo ejerce ese enjambre de organizaciones armadas de derecha e izquierda a través del plomo y la plata, los asesinatos, los confinamientos de la población rural y la corrupción. Es decir, mediante la guerra, el crimen e innumerables negocios legales, que permiten la purificación de la sangre y la expoliación de la naturaleza a través de inversiones bursátiles, lavado de activos como la operación POLAR CAP contra el Banco de Occidente en Panamá y Colombia que lavó cerca de 1.200 millones de dólares entre 1987 y 1988 para AVALAR[9] emporios financieros y un sector inmobiliario cada vez más suntuoso en ciudades capitales donde crecen como hongos apartamentos de miles de millones de pesos. Si el gobierno nacional logra sembrar dicha política de regulación estatal en los territorios que en la actualidad controlan organizaciones criminales, más allá de su discutible membrete de insurgentes o narcotraficantes, sin duda se podrá cosechar paz con seguridad y legalidad, que es la mejor plataforma para impulsar el Acuerdo Político Nacional y conectar polo a tierra a la celestial, etérea y hasta ahora mortal “Paz Total”. Quizá así se pueda consolidar el pluriverso nacional de una paz democrática y territorial, donde las cosmovisiones indígenas sobre la Mama Coca no solo sean respetadas y protegidas por el Estado, sino incluso eventualmente convertidas en fuentes de ingreso y prosperidad para sus comunidades, como en la actualidad lo hacen con enormes dificultades muchos emprendimientos[10], entre los que cabe destacar COCA NASA[11] que le ganó una batalla legal a Coca Cola con su producto COCA-SEK[12], “bebida energizante enlatada a base de hoja de coca”, gracias a la iniciativa y el coraje de la lideresa Nasa, Fabiola Piñacué