miércoles, septiembre 20, 2023

FERNANDO BOTERO EN FINAS PINCELADAS DE CARLOS JIMÉNEZ GÓMEZ

 

FERNANDO BOTERO EN FINAS PINCELADAS DE CARLOS JIMÉNEZ GÓMEZ

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Hernando Llano Ángel.

Solo dos años largos separan la partida de Carlos Jiménez Gómez[1] de la de Fernando Botero de este convulso mundo, donde se conocieron en Medellín siendo muy jóvenes, en 1947, “cuando los dos hacíamos tercero de bachillerato”.  Así lo rememora el exprocurador general de la Nación[2] (1982-1986) en su libro “Frente al Espejo de nuestra Transición”[3], publicado en septiembre de 2005 por la editorial Kimpres, Ltda. El libro está ilustrado en su carátula y reverso con una escenografía diseñada por Fernando Botero en 1951 para la obra de teatro “Cuando los Generales Vienen”, escrita por el entonces joven Jiménez Gómez. En su preámbulo agradece a “mi gran amigo y gran actor Fausto Cabrera su representación y protagonismo en el Teatro Bolívar de Medellín con su Grupo de Teatro Experimental y las escenografías de un talento entonces desconocido llamado Fernando Botero, en el mes de julio de 1951”.  Sin duda, dos grandes antioqueños, con vidas paralelas ejemplares, cada uno en su ámbito, el político-jurídico y el artístico, que vivieron un momento de transición histórica, descrita con profundidad por Jiménez Gómez así: “La coyuntura de cambio que desde el medio siglo XX está el mundo viviendo no es cualquier giro visto al azar, sino el sismo cultural más grande y vertiginoso que haya visto la historia, y está haciendo deslizarse masas enormes y produciendo reacomodos y reasentamientos gigantescos”. Exactamente lo que estamos presenciando hoy en forma dramática y fatal con los miles de migrantes que se internan en el tapón del Darién y también con aquellos que mueren en el mediterráneo intentando llegar al continente europeo y naufragan en islas como Lampedusa en Italia. Esa fina sensibilidad de Jiménez Gómez y su profunda intuición, nos sirven para comprender mejor la obra del maestro Fernando Botero, cuyo nacimiento y proyección global vivió de cerca como compañero de colegio y luego en el trayecto de sus longevas y creadoras vidas.  Por ello, considero que vale la pena divulgar sus apreciaciones y juicios, dado el número limitado de impresiones del libro “Frente al Espejo de nuestra Transición”.

El comienzo de una amistad eterna

Al respecto, nos dice: “Fui amigo de Botero en Medellín en una edad ya remota y compartí con él las primeras horas de una vocación artística e intelectual de inolvidables fulgores. En aquel tiempo, el país empezaba apenas a asomar de entre la espesura de la manigua sacudiéndose la hojarasca y grandes interrogantes nos asediaban a cada rato” (p.105). A renglón seguido, caracteriza así su generación: “Botero y su generación son interesantes no sólo por sus valores intrínsecos sino también como oportunidad y derrotero para mirar por dentro, en un caso concreto, el siempre vasto y difuso tema del cambio histórico. Al fin y al cabo, ya parece un hecho que este artista logró, diría yo que, sin proponérselo, ganar la órbita en que se definen los creadores de verdad, dotando de cuerpo y alma una visión peculiar del mundo, de su mundo. Es eso lo que le ha permitido salvar en el Arca de Noé de su pintura, tomándolos del inconsciente colectivo, una constelación de sentimientos amables que fueron el alma del pasado, y de la serenidad de los campos y de los pueblos extraer para el futuro formas y colores de la sicología de una cultura hoy engullida por el diluvio” (p. 121). El diluvio de la fugacidad del consumo y las ilusiones del mundo intangible de la virtualidad, tan distante de la corporeidad y monumental voluptuosidad de la obra de Botero. Una obra que en su aparente provincianismo pintoresco revela con humor y dramatismo nuestras mayores imposturas: la violencia política y la criminalidad sin límite de la codicia, ocultas bajo frondosas y voluminosas capas de una supuesta institucionalidad democrática, develada por Botero en cuadros icónicos sobre la Violencia, Manuel Marulanda y Pablo Escobar, acompañados de una parafernalia de obispos y políticos complacientes e impunes. En otra de sus evocaciones, Jiménez Gómez nos da la clave para comprender la originalidad de la obra de Botero: “A todas estas ¿qué hizo Botero? Dejó atrás las efímeras influencias del muralismo propio y extraño, la idea de un arte latinoamericano, que para nosotros era la expresión de un mito social y político. Dejó atrás todo lo demás, lo literario y lo extrapictórico en general, para volcarse en cuerpo y alma sobre el taller y el oficio de pintar. Empacó sus pínceles y se fue a refrescar su paleta a la orilla del mar, en Tolú y Coveñas, de donde saldría ansioso de búsqueda y renovación hacia la Capital, primero, y luego a su definitivo encuentro con Europa, y en ella, con lo que lo apasionó siempre: las ráfagas de eternidad de su gran Renacimiento, en cuya grandeza aprendió a reírse de tanta paparrucha y tanto mamarracho con los que unas cuantas celebridades y otros tantos talento experimentales abarrotan de tiempo en tiempo el mercado de la extravagancia” (p.131).

Por último, en forma profética, nos cuenta Jiménez Gómez cómo fue su despedida en el aeropuerto de Medellín: “De Botero recuerdo, como nota de fondo, una cosa sobre todas las demás, la que siempre más me ha impresionado en él y la que demuestra que, lejos de ser el triunfo casual de un hombre fungible que mezcla al azar virtudes y circunstancias, la suya fue no menos una proeza de su talento, que una hazaña de la voluntad… yo intuí desde entonces que su extraordinaria fuerza interior dibujarían en el firmamento una parábola muy alta. Por eso, el día que partió de Medellín definitivamente y cuando nos dábamos en el aeropuerto el gran abrazo de despedida, le entregué un libro con esta dedicatoria: “A Fernando, en el comienzo de su carrera mundial” (p. 202-203). 

Seguro que ahora ambos se estarán dando un abrazo de reencuentro, celebrando un nuevo comienzo de una amistad imperecedera, que perdurará eternamente en la memoria de quienes amamos la verdad de la justicia y la belleza del volumen, más allá de la fugacidad del poder y la falsedad del éxito.

 

REFLEXIONES CIUDADANAS Y TRIBULACIONES ELECTORALES

 

REFLEXIONES CIUDADANAS Y TRIBULACIONES ELECTORALES

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Hernando Llano Ángel.

En estas fechas preelectorales, cuando el horizonte de nuestras ciudades y departamentos se oscurece y se oculta tras miles de vallas publicitarias de candidatos y candidatas que nos prometen paraísos de seguridad, justicia, dignidad y convivencia, conviene reflexionar sobre el sentido de las elecciones y el alcance de nuestro voto. Así corra el riesgo de que estas reflexiones ciudadanas terminen siendo tribulaciones contra las elecciones, en lugar de ser motivaciones para concurrir a las urnas. Incluso, que sean consideradas como elucubraciones de un soñador extraviado en los laberintos de una democracia prescriptiva, más cercana a una utopía académica que a la prosaica realidad. Pero hay que tomarse la democracia en serio. Solo así ella algún día tendrá vida y el sentido público conferido por una ciudadanía deliberante y participativa. Entonces esta vanagloriada “democracia” dejará de ser el negociado actual de empresas electorales en beneficio de hábiles mercaderes que manipulan necesidades, aspiraciones y sueños de ingenuos electores. Millones de electores que periódicamente concurren a las urnas y dejan en el fondo de ellas sus esperanzas y frustraciones como en una Caja de Pandora. Así sucede en este tiempo de crisis global de la democracia, donde los favoritos para gobernar son aquellos que tienen más prontuario delictivo y se ufanan de despreciar la política y adorar el mercado, como sucede con Donald Trump en el norte y Javier Milei[1] en el sur del continente. Pero también donde las elecciones son convertidas y pervertidas en un juego para perpetuar en cargos a ciertos autócratas “invencibles” en nombre del pueblo y la revolución, como sucede en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Allí, la mayoría de ciudadanos pierden casi por completo su autonomía y no tienen posibilidades reales de elegir, solo pueden refrendar a los gobernantes existentes o los postulados por el partido oficial.  

Nuestras elecciones de Cambalache

Pero en nuestro caso, las elecciones suelen ser algo mucho más complejo, pues sus resultados en lugar de afirmar la voluntad ciudadana se convierten en una burla de la misma. Son un tinglado confuso parecido al tango Cambalache[2], donde se mezclan ilusiones, mentiras, violencia y negociados, la vida y la muerte de millones de electores, subastadas en el altar de una “democracia” que legitima a ganadores cuyo perfil termina siendo el de timadores profesionales, que desde el gobierno suelen hacer lo contrario de lo prometido en campaña. Tan es así que cada cuatro años los mismos o diferentes candidatos en nombre de sus “partidos”, o camuflados en firmas de miles de ciudadanos, para disfrazarse de antipolíticos incorruptibles, vuelven a ofrecer aquello que nunca han cumplido en su vida pública: transparencia, seguridad, honestidad, confiabilidad, eficiencia y justicia social. Incluso, llegan al cinismo de hacer publicidad con consignas como: “Sabemos hacerlo”, “Experiencia y Autoridad”, “Transparencia y Legalidad”, “independencia de políticos” “Otra ciudad posible”, en fin, se proclaman voceros auténticos de los ciudadanos a quienes supuestamente van a redimir de sus penurias y dificultades, como si fueran taumaturgos[3] capaces de cambiar la realidad una vez ganan las elecciones y están en el gobierno. Lo paradójico es que todos sabemos que ello no es posible. Que todo es una mentira solemne, llamada demagogia, pero millones vuelven a la las urnas y votan por los “mismos con las mismas”. De allí, la inmensa responsabilidad de aquellos electores que votan por interés personal, por necesidades acuciantes o codicias insaciables, y eligen a quienes les garantizan sus expectativas y ganancias, sin importar el costo y el daño que ello genera en el interés general y el bien público. Desde el que vende su voto por una suma en efectivo, su futura estabilidad burocrática, los subsidios o incentivos del caso, hasta el que invierte en probables contratos y generosas concesiones públicas, tipo Odebrecht, que con seguridad obtendrá de su socio gobernante. De allí, que por esta época circulen en las redes sociales los mensajes más despreciativos y degradantes contra los políticos, considerados delincuentes profesionales, cacos diestros en robar y defraudar la confianza ciudadana depositada en las urnas. Por eso mismo nuestra “democracia” ha degenerado y parece haberse convertido en una auténtica cacocracia[4]: “el gobierno de los malvados y los ineptos”.  No por casualidad el expresidente del Congreso, Arturo Char[5], del partido Cambio Radical, acaba de ser capturado por graves cargos, sustentados en una rigurosa investigación de la Sala de Instrucción Criminal de la Corte Suprema de Justicia, sospechoso de incurrir en “concierto para delinquir agravado” y “corrupción al sufragante”, según indicios y pruebas aportadas por la exsenadora Aida Merlano[6], condenada a 15 años de cárcel por “concierto para delinquir agravado, corrupción al sufragante en calidad de coautora y tenencia ilegal de armas”. La importancia de la captura del expresidente del Congreso estriba en el poder político regional y nacional, hasta ahora inexpugnable, del clan Char, que tiene en Alex Char el candidato favorito para ganar la alcaldía de Barranquilla, cuya saga familiar puede conocerse en el libro “La Costa Nostra”[7] de la periodista Laura Ardila, para así comprender esa relación ubicua y penumbrosa que existe entre la política, los negocios, la ilegalidad y hasta la criminalidad del bajo mundo, que sustenta la cacocracia en los territorios y llega hasta el Congreso Nacional e incluso hasta órganos de control como la Procuraduría General de la Nación.  Con razón, la investigación de la fundación Paz y Reconciliación, PARES[8], en su reciente informe sobre candidaturas cuestionadas para estas elecciones del próximo 29 de octubre señala a “los clanes políticos Char, Blel, Gnecco, Rey, Nueva Fuerza Guajira, Villamizar, Barreto y Dilian Francisca Toro[9], como los de mayor riesgo para perpetuar la cacocracia. En efecto, dicho informe contiene revelaciones preocupantes sobre algunos candidatos a gobernaciones como los siguientes: “El nombre que lidera el “top” de precandidatos cuestionados a gobernaciones es el de Nebio de Jesús Echeverry, exgobernador del Guaviare en dos ocasiones (2001 - 2003 y 2016 - 2019). Varias investigaciones lo han señalado como un hombre con posibles nexos con grupos paramilitares de los Llanos Orientales. Según Pares, “paramilitares de grueso calibre como “Otoniel” lo han mencionado en sus declaraciones asegurando cercanía entre ellos”. Además, en sentencias de Justicia y Paz su nombre aparece mencionado como uno de los ganaderos que participó de una reunión para crear la primera estructura del Frente Pedro Pablo González o el “Grupo Paratebueno”. En el radar de Pares también está Dilian Francisca Toro[10], la presidenta del Partido de la U y exgobernadora del Valle del Cauca, que aspira a repetir mandato en ese departamento. De acuerdo con Pares, el episodio más “lesivo” en su vida política fue la investigación que le abrió la Corte Suprema en 2012, por lavado de activos, “al haber adquirido unos predios que resultaron siendo de Víctor Patiño Fómeque, líder del cartel del Valle”, dice el documento. Meses después, la Sala Penal de la Corte ordenó medida de aseguramiento en su contra y un año más tarde, en 2013, renunció a su curul como Senadora de la República. Quedó en libertad tras pagar una fianza”[11]. Por eso, nuestras elecciones son un verdadero Cambalache, allí nuestro voto termina “revolca'o en un merengue y, en el mismo lodo, todos manosea'os”. Quizá la mejor forma de garantizar que ello no suceda, es votando en blanco, pues este sí tiene poder decisorio cuando alcanza la mitad más uno de los votos válidos. En este caso, debe repetirse la elección por una sola vez con nuevos candidatos para cargos uninominales, como son las alcaldías y gobernaciones. “Así lo dice el parágrafo 1º del artículo 258 de la Constitución Política (modificado por el artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009), el cual, sobre la posibilidad de repetir las votaciones, añade: “Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras que en las de corporaciones públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral”[12].

PD: Para mayor información y comprensión, abrir y leer enlaces en rojo.

 

 



martes, agosto 29, 2023

COLOMBIA, ENTRE EL NARCISISMO INSTITUCIONAL Y EL CATASTROFISMO POLÍTICO Y SOCIAL

 

COLOMBIA, ENTRE EL NARCISISMO INSTITUCIONAL Y EL CATASTROFISMO POLÍTICO Y SOCIAL

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Hernando Llano Ángel

Todo parece indicar que los colombianos siempre nos hemos debatido entre el narcisismo de la estabilidad institucional y el catastrofismo político y social. Sucede desde la “Patria Boba”[1], cuando la disputa entre centralistas y federalistas en la recién proclamada Primera República de la Nueva Granada (20 julio 1810-1816), derivó en la reconquista española bajo el régimen de terror de Pablo Morillo. Esa pugna por cuál debería ser la forma de organización institucional más conveniente y segura, terminó siendo el germen de la catástrofe política y social de esa efímera República. En cierta forma, allí está el “gen político” del narcisismo institucional, que terminó convirtiéndose en una especie de síndrome nacional catastrófico.

Neofeudalismo político y electoral

Hoy se expresa en un neofeudalismo político y social que fragmenta la República en un archipiélago de violencia, ilegalidad e inseguridad, disputado por numerosas organizaciones armadas ilegales, que controlan vastos territorios convertidos en enclaves de economías criminales. Pero, en aras de la sacrosanta estabilidad institucional, ello supuestamente no afectará en absoluto el desarrollo ininterrumpido de las elecciones regionales. Aunque la Defensoría del Pueblo advierta que 113 municipios están en alerta máxima por hechos de violencia que podrían afectar elecciones regionales”[2]  y el mismo Registrador Nacional del Estado Civil, Alexander Vega, informe: “Si el mapa de riesgo se mantiene, y no se da la logística, y no se toman las decisiones para que nuestras Fuerzas Militares y de Policía actúen se verá afectada la votación en 79 municipios, 600 puestos de votación, y se verán afectados 1.400.000 colombianos”[3] Tal es el mayor mérito de nuestra loada y exaltada “democracia”, la más antigua y estable de Latinoamérica. La que solo tuvo en el siglo XX un dictador, Gustavo Rojas Pinilla, entre 1953 y 1957, pero sin él haber dado dicho golpe de Estado, pues según el prohombre liberal, Darío Echandía, en realidad fue un “golpe de opinión”, que contó incluso con el respaldo de la fracción del partido conservador liderada por el expresidente Mariano Ospina Pérez. “El ex presidente Darío Echandía calificó de "golpe de opinión" el golpe militar de Rojas debido a la confianza y a la reconciliación que cambiaban la situación general del país, y al vasto y multitudinario respaldo nacional al nuevo presidente”[4]. Con tan eufemística expresión logró legitimar un gobierno de facto. Sin duda, Echandía, fue un gramático del poder casi insuperable, pues durante el Bogotazo, cuando el pueblo liberal estaba ad portas del Palacio Presidencial, formuló su filosófica pregunta “el poder, ¿para qué?”, cuya falta de respuesta oportuna nos ha condenado a más de 70 años de una violencia políticamente atroz, impotente e impune, justamente por la irresponsabilidad histórica de líderes políticos incapaces de conducir democráticamente la República.

El Frente Nacional y el narcisismo “democrático”

En lugar de ello, esos líderes tuvieron la genialidad de concebir una fórmula política llamada “Frente Nacional”, ideada por quienes nunca asumieron políticamente responsabilidad alguna por la catástrofe de la Violencia, los directores de dos facciones violentas y sectarias, los partidos históricos Conservador y Liberal, representados por Laureano Gómez Hurtado y Alberto Lleras Camargo. Con dicha fórmula respondieron la pregunta de Echandía: el poder es para gobernar oligárquicamente bajo el eufemismo de la democracia, instrumentalizada como coartada perfecta durante 16 años. Desde entonces, se fue fraguando el narcisismo institucional de esta supuesta democracia civilista, afianzada en un solido Estado de derecho, con separación de las ramas del poder público, elecciones ininterrumpidas, Fuerza Militares respetuosas y siempre leales al poder civil, que jamás volverían a incurrir en aventuras golpistas, como frecuentemente lo hicieron sus colegas en el Cono Sur y casi todo el subcontinente. Pero ese narcisismo democrático se sustentó en un casi ininterrumpido Estado de sitio durante 15 años, según investigación de la Comisión Colombiana de Juristas[5], que cerró con broche de oro en abril de 1970, el presidente Carlos Lleras Restrepo[6], desconociendo la más elemental y mínima regla democrática, como fue el triunfo electoral de la ANAPO y su candidato presidencial Gustavo Rojas Pinilla sobre Misael Pastrana Borrero, candidato del partido Conservador. El precio que hoy continuamos pagando por ese latrocinio electoral ha sido demasiado alto, es el catastrofismo político y social al que nos hemos acostumbrado y continuamos AVALando elección tras elección. Lo más grave es que ese narcisismo de la estabilidad institucional se extendió a todos los ámbitos de la vida nacional, empezando por el económico, el cultural, el deportivo, el familiar, el personal y el militar, para no hablar del ilegal, donde todavía deslumbra a millones de personas la impronta criminal de Pablo Escobar y el legado interminable de la mafia. Incluso, está presente en quienes se levantaron en armas contra ese narcisismo político democrático, pues se sienten orgullosos de la anacronía de envejecer con las armas en sus manos, como le aconteció a Manuel Marulanda Vélez y hoy a los históricos comandantes del ELN. Con ironía, el exguerrillero y expresidente de Uruguay, Pepe Mujica, les aconsejó a los entonces comandantes de las FARC-EP en La Habana, que ya era hora de pensionarse. Un ejemplo que están en mora de seguir los del ELN. Tanta estabilidad y longevidad revolucionaria resultan insoportables e improrrogables por más tiempo.

EL NARCISISMO GREMIAL

En el mundo gremial, es proverbial la frase del dirigente histórico de la ANDI, Fabio Echeverri Correa: “El país va mal, pero la economía va bien”, cuya indolencia y cinismo continúa resonando. El reciente congreso de la ANDI en Cartagena concluyó con este sempiterno llamado: “es el momento de arropar la institucionalidad, confiar en su transparencia y objetividad”. La pregunta obvia es ¿Cuál institucionalidad? ¿Cuál transparencia y objetividad? Pues la institucionalidad económica de muchos gremios sobresale por su opacidad y poca objetividad. Tal como está sucediendo en la agria y obscura controversia entre el Ministerio de Salud con tres grandes EPS como lo son SURA, SANITAS Y COMPENSAR[7]. Ni hablar de la transparencia del prestigioso y admirado grupo AVAL, que ha sido sancionado nuevamente por la justicia norteamericana por violar la ley de prácticas corruptas en asocio con ODEBRECHT en la inconclusa Ruta del Sol, con una multa de 80 millones de dólares. Sanción que se suma a su penumbrosa ruta de lavado de activos, iniciada con la sucursal del Banco de Occidente en Panamá en la llamada operación Polar Cap[8] en 1989 que, según declaraciones del entonces procurador general de los Estados Unidos, Richard Thornburgh, fue "el mayor golpe dado por nuestro gobierno al lavado de dólares provenientes del narcotráfico por el lavado de más de 1.200 millones de dólares entre 1987 y 1988”. 

El ESPEJO ROTO DE LA VERDAD

Lo más grave de todo lo anterior, es que nos cueste tanto trabajo vernos el rostro en esa especie de espejo roto que es la verdad. Un espejo quebrado en miles de pedazos, que nos reveló la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición en su Informe Final, Hay Futuro si hay Verdad[9] a partir “112 bases de datos aportadas por 42 instituciones del Estado, organizaciones de víctimas y organizaciones de la sociedad civil”[10]. Una verdad violentamente astillada y rota, que se refleja en las siguientes macabras cifras.

                                                                         Homicidios

    • “450.664 personas perdieron la vida a causa del conflicto armado entre 1985 y 2018.
    • Si se tiene en cuenta el subregistro, la estimación del universo de homicidios puede llegar a 800.000 víctimas.
  • La década con más víctimas: entre 1995 y 2004, se registró el 45 % de las víctimas (202.293 víctimas).
  • Principales responsables de homicidios:
    • Grupos paramilitares: 205.028 víctimas (45 %),
    • Grupos guerrilleros: 122.813 víctimas (27 %).
    • Del porcentaje de guerrillas, el 21 % corresponde a las FARC-EP (96.952 víctimas), el 4 % al ELN (17.725 víctimas) y el 2 % a otras guerrillas (8.496 víctimas).
    • Agentes estatales: 56.094 víctimas (12 %).

Masacres

·         Según el CNMH, entre 1958 y 2019 se registraron al menos 4.237 masacres.

·         Entre 1998 y 2002 ocurrió el mayor número de estos hechos, con 1.620 masacres.

·         Las masacres se han presentado en el 62 % de los municipios del país y han cobrado la vida de 24.600 personas.

Ejecuciones extrajudiciales (muertes violentas realizadas por agentes del Estado o por particulares con su apoyo o aquiescencia)

·         Según la JEP, entre 2002 y 2008 se registraron por lo menos 6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales bajo la modalidad de ‘falsos positivos’, en 31 departamentos del país.

·         El período entre los años 2002 y 2008 agrupa el 78 % del total de las ejecuciones extrajudiciales de las que hay registro.

·         En el período comprendido entre 1978 y 2016 hubo por lo menos 8.208 ejecuciones extrajudiciales”.

Víctimas civiles y combatientes (CNMH):

·         Cerca del 80% de personas muertas en el conflicto fueron civiles y el 20% combatientes.

·         A las cifras se suman homicidios, desapariciones forzadas que fueron letales, personas muertas en el cautiverio y víctimas mortales de minas.

·         De cada diez personas muertas de manera violenta en el conflicto armado, ocho eran civiles”.

 

Las anteriores son apenas algunas de las cifras más relevantes de un conflicto armado interno que continúa desangrándonos y degradándonos a todos por igual, pero que preferimos no ver, porque como en el mito de Narciso[11] estamos extasiados mirando la estabilidad política institucional y la transparencia económica de nuestras instituciones privadas, en las que estamos atrapados y podemos morir ahogados, como le sucedió a Narciso por su extrema vanidad y soberbia.