martes, abril 19, 2022

POR UNA COLOMBIA SIN VÍCTIMAS NI VICTIMARIOS

 

POR UNA COLOMBIA SIN VÍCTIMAS NI VICTIMARIOS

https://blogs.elespectador.com/politica/calicanto/una-colombia-sin-victimas-victimarios

Hernando Llano Ángel

Este 9 de abril, día consagrado nacionalmente a conmemorar[1] las víctimas de la violencia política, coincide con un ambiente preelectoral que pretende de nuevo dividirnos entre víctimas y victimarios en esta letal democracia[2]. Ello sucede porque en la mente y la estrategia electoral de las fuerzas políticas defensoras del Statu Quo predomina una concepción antagónica y confrontadora de la democracia, en lugar de pensarla y vivirla en clave de concertación política transformadora, mediante reformas sociales estructurales, que posibiliten la reconciliación nacional con justicia y dignidad para las mayorías. Desde la campaña de Fico ya se anuncia que la democracia está en inminente riesgo. Para Fico y quienes lo acompañan, la democracia es concebida como una fortaleza económica inexpugnable para la defensa de la propiedad privada y la seguridad de ganancias exorbitantes en beneficio de una elite financiera codiciosa e indolente que, en plena pandemia del Covid-19, alcanzó utilidades por 11.7 billones[3] de pesos. Una elite tan ambiciosa que parte de su prosperidad ha sido AVALada mediante transacciones ilegales y hasta criminales con fortunas procedentes del narcotráfico, financieramente blanqueadas. Al respecto, hay antecedentes del banco de Occidente sancionado en octubre de 2019 por un superintendente delegado para el Riesgo de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo[4], condenándolo “a una multa de $500 millones por eludir obligaciones en el control de lavado de activos y ocultar a las autoridades información sobre el asunto en mención”. Pero el mismo banco de Occidente, en su sucursal de Panamá, ya había sido implicado en 1989 por el procurador general estadounidense, Richard Thornburgh, el jefe de la agencia antidrogas norteamericana, DEA, John Lawn, y las cabezas del FBI, la administración de impuestos (IRS) y la aduana, por estar incurso en el lavado de más de 1.200 millones de dólares procedentes del narcotráfico entre 1987 y 1988, como se puede leer en la siguiente crónica policiaca de la revista Semana[5] en su edición del 30 de abril de 1989. Esa elite banquera y empresarial cuyo prestigio continua inmune e impune, igual que el de su dirigencia política, pese a evidencias criminales como las anteriores, a las que hay que sumar la más reciente de Odebrecht, es incapaz de reconocer que la perpetuación de sus privilegios ilegales está llegando a su fin. Incluso, así el gobierno de turno destine subsidios y políticas asistencialistas –que Fico llama ahora oportunidades- para contener la desesperación de la pobrería que se expresa espasmódica y episódicamente en estallidos sociales, como nos sucedió en 2019[6] y 2021[7]. Estallidos que dejan una estela incalculable de víctimas[8] y victimarios, tanto más dolorosa como aniquiladora del más elemental vestigio democrático[9] . Si hoy existe un consenso nacional es que ya es insostenible, tanto para las mayorías como las minorías, la continuidad de una democracia que no garantiza los derechos fundamentales de todos, sin discriminación alguna de carácter social, étnica, cultural o religiosa. No hay que olvidar –en estos días dedicados a la memoria y la reconciliación-- que la democracia renace en la vida moderna proclamando, en el artículo 2 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano del 26 de agosto de 1789, que: “La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”. Derechos arrasados completamente durante las recientes eclosiones sociales y vulnerados aún más por la pandemia: comenzando por el natural a la vida, siguiendo con la libertad, la seguridad y la propiedad. Y si hay algo que no tolera la democracia es precisamente la perpetuación impune de generaciones de víctimas y victimarios mediante la negación crónica de sus derechos fundamentales. Negación histórica que suele convertir hoy en víctimas a quienes ayer fueron victimarios en su intento desesperado por resistirse a la opresión. Así nos sucede en el presente con el número creciente de víctimas mortales entre los firmantes del Acuerdo de Paz, que ya supera la cifra de 312[10] miembros del Partido Comunes asesinados. Todavía más antidemocrático e intolerable es el número de líderes, lideresas sociales y defensores de derechos humanos que, precisamente el segundo punto del Acuerdo de Paz[11] se proponía proteger y evitar, pues ya supera el número de 1.327[12] demócratas asesinados desde noviembre de 2016 hasta marzo 17 de 2022. Al anterior panorama letal, que el presidente Duque olvidó y ocultó en su informe sobre la implementación del Acuerdo de Paz ante el Consejo de Seguridad de la ONU, se suma la reciente masacre perpetrada por el ejército de 11 civiles inermes en Puerto Leguízamo[13] que, con un cinismo comparable al de Putin en Ucrania, Duque llama “operación legítima” contra disidentes narcoterroristas de las Farc. Entre esos supuestos disidentes se encontraba un indígena de 16 años, Brayan Pama, además del gobernador indígena del resguardo Bajo Remanso, Pablo Panduro Coquinche, el presidente de la Junta de Acción comunal de Alto Remanso, Divier Hernández y su esposa, “Ana María Sarrias, una mujer de 24 años en estado de embarazo, madre de dos niños de 2 y 6 años», según este descarnado relato de la periodista Valentina Parada Lugo en El Espectador Colombia + 20[14].

Las víctimas siempre resucitan y los victimarios nunca son olvidados

Más le convendría al presidente Iván Duque, que se precia de ser un católico piadoso, que recuerde en estos días de semana santa que las víctimas nunca mueren del todo, pues siempre viven y resucitan en la memoria de sus descendientes y creyentes –como le sucedió a Jesús de Nazaret– mientras que los victimarios, como Poncio Pilato[15], prefecto de Judea, nunca son olvidados y son condenados históricamente a la ignominia, así se laven muy bien las manos y su conciencia ante sus coetáneos. También nos convendría a todos reflexionar que la democracia no se puede crucificar en defensa de privilegios e injusticias, pues ella resucitará y vivirá solo cuando todos seamos responsables de su existencia y no la deleguemos en forma irresponsable cada 4 años en manos de muchos Pilatos, empeñados en esta campaña en dividirnos y seguir confrontándonos como víctimas y victimarios. Para evitarlo, debemos actuar como ciudadanos que no toleramos más que en nombre de la democracia se continúe crucificando impunemente a nuestros más auténticos demócratas: los líderes, lideresas y defensores de derechos humanos, como nos está sucediendo bajo este gobierno de “la paz con legalidad”, con la ingenua complacencia de millones de “ciudadanos de bien”, tan parecidos a los que hace más de dos mil años vitorearon la crucifixión de Jesús de Nazaret y la salvación de Barrabás[16]. Ninguna democracia existe cuando la mayoría de sus ciudadanos son víctimas, pues se les desconocen y vulneran cotidianamente sus derechos fundamentales a una vida digna, el trabajo, la salud, la seguridad y prosperidad, mientras los restantes ciudadanos, bien por indolencia, comodidad o ignorancia, se convierten en cómplices de privilegiados victimarios, custodiados por ejércitos de escoltas, que eluden las normas y sus responsabilidades políticas, proclamándose cínicamente en sus campañas electorales y en foros internacionales como los auténticos defensores de la democracia, cuando en la realidad son sus sepultureros y los gestores históricos de este vergonzoso régimen electofáctico[17] y su Estado cacocrático[18].



[1] Hacer memoria con otros sobre las circunstancias y los factores históricos que perpetúan la existencia de generaciones de víctimas y victimarios en nuestra sociedad.  https://www.unidadvictimas.gov.co/especiales/9deAbril2021/index.html#:~:text=El%20d%C3%ADa%209%20de%20abril,victimizado%20a%20millones%20de%20colombianos

 

lunes, abril 11, 2022

Pasiones letales contra la democracia

 

Pasiones letales contra la democracia

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Hernando Llano Ángel

En la política y en el amor las pasiones son inevitables. Pero también suelen ser letales. En el amor sucede cuando alguno de los amantes se obsesiona de tal modo, que le resulta imposible continuar su vida sin ella o sin él. Entonces corre el riesgo de morir de amor o incluso de matar por “amor”. Hay quienes se suicidan por un amor no correspondido o traicionado. Pero también los que matan por pasión, los feminicidas cuyos celos reclaman una posesión absoluta y exclusiva de la amada. Aunque  también existen mujeres, por cierto menos numerosas, que incurren en mariticidio[1], cuando asesinan a su esposo o novio.  Según “las estadísticas del FBI desde mediados de 1970 hasta mediados de 1980 de cada 100 maridos que mataron a sus esposas en los Estados Unidos, alrededor de 75 esposas mataron a sus maridos, indicando una ratio de 3:4 de mariticidio a uxoricidio”. ¿Será que en nuestra política sucede algo parecido? ¿Existirán los políticos suicidas, feminicidas y las políticas mariticidas? ¿Aquellos que se quitan su propia vida por amor a sus ideas cuando no son correspondidas en las urnas o son traicionadas por sus seguidores? Obviamente no me estoy refiriendo a los candidatos que mueren metafóricamente al no ser electos. Ellos suelen resucitar en las siguientes elecciones, no una sino muchas veces, hasta que alcanzan el cielo de su curul o el cargo anhelado. Es muy difícil, casi imposible, encontrar un político suicida, menos en nuestra inverosímil Colombia. Aunque son frecuentes los candidatos que terminan suicidándose varias veces en las urnas. Pero los auténticos políticos suicidas no existen porque ellos saben bien que sus vidas valen mucho más que sus fútiles ideas, efímeros y demagógicos programas de gobierno. Aunque si es muy frecuente lo contrario. Encontrar políticos que hacen matar por sus ideas y excepcionalmente mueren por ellas. Están y viven en las extremas, a la derecha y la izquierda, con sus fantasmagorías de siempre: la democracia, la libertad y la justicia, que ni ellos mismos se las creen y las niegan con sus crímenes. Algunos los llaman estadistas, otros les dicen patriotas, héroes y hasta revolucionarios. Incluso llegan al extremo de autodenominarse demócratas y con la mejor buena conciencia envían a otros a matar y morir en nombre de la democracia, la libertad, la igualdad y la Patria, mientras ellos cómodamente promueven la confianza, la seguridad inversionista, la intocable propiedad privada y sus ganancias ilimitadas, que hoy llaman orden y oportunidad. Propiedad y orden que priva a las mayorías de seguridad, libertad, oportunidades y dignidad, sin las cuales no existe democracia alguna. En otras palabras, dichos adalides de la democracia sienten por ella una pasión tan absoluta, que la poseen sin límites y cuando les place, como un objeto de su propiedad privada, en forma exclusiva y excluyente. Y en cuanto su amada democracia osa reclamar algo de autonomía y libertad para amar y compartir su vida con otros, entonces la repudian, la intimidan y hasta proclaman su inminente desaparición. Por eso, valdría la pena preguntarse ¿Se puede llamar demócrata a quien cela, amenaza y aterroriza así a su amada y venerada democracia? Más bien, ¿no estará muy cerca de convertirse en un “demócrata feminicida”? Las respuestas a este par de preguntas, que parecen absurdas en el ámbito político, las conoceremos próximamente en las urnas. Pero todos sabemos que en el terreno amoroso no se puede llamar amante a un feminicida. Lamentablemente ello nos sucede en nuestra “democracia”, pues quienes la han seducido y conquistado se consideran predestinados a ser su amante exclusivo, su celoso y tirano protector, en cuya defensa descalifican y si es preciso eliminan a los demás pretendientes. Al igual que hacen los numerosos y apasionados feminicidas colombianos. Sucede algo semejante en política a quienes reclaman de la democracia más justicia, protección y dignidad para todos y menos libertinaje, codicia y privilegios para unos pocos. Contra ellos, unos contados y privilegiados caballeros, amantes exclusivos de la democracia, han promovido, cometido y continúan perpetrando incontables felonías bajo el pretexto de la defensa de la integridad y libertad de su amada “democracia”. Incluso ahora esos caballeros levantan las banderas de la reconciliación y el fin del odio, al tiempo que el Ejército proclama victorias ignominiosas contra civiles inermes[2], como la reciente masacre de 11 en Puerto Leguízamo[3], Putumayo. Por eso en esta peculiar “democracia” lo que prevalece es el odio y no el amor, no se afirma la vida sino la muerte, igual que en los numerosos feminicidios[4] que cometen apasionados amantes colombianos. Como lo escribió y vivió letalmente Miguel Hernández durante la guerra civil española: “Tristes guerras si no es el amor la empresa. Tristes, tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes, tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes, Tristes”, cuya versión musical de Evohe vale la pena escucharla[5], junto a la más descarnada versión de “Canción del esposo soldado”, en la voz de Sole Candela & Sitoh Ortega[6]. ¿Será que nos damos la oportunidad de forjar y vivir en Colombia la democracia que la guerra civil española le negó a Miguel Hernández[7], muerto encarcelado en Alicante con apenas 31 años? La respuesta no depende solo de quién gane las elecciones y sea presidente, pues la democracia no es un botín, sino una exigente amante de todos los colombianos y colombianas, que solo es fiel y generosa cuando es tratada con justicia, respeto, libertad y dignidad, como lo exige y merece todo ser humano.

Por una democracia ciudadana, social y telúrica

 

POR UNA DEMOCRACIA CIUDADANA, SOCIAL Y TELÚRICA

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Hernando Llano Ángel.

La democracia liberal y representativa está agónica, corroída por el mercado, que dicta sus mandatos e impone los intereses de los banqueros[1] y mercaderes sobre las necesidades, derechos y reivindicaciones de los ciudadanos, profundizando así su crisis histórica. Cada día es menos democracia y más una mercadocracia que representa y acrecienta las ganancias de minorías[2] y exacerba la desesperación de las mayorías. Por eso con mayor frecuencia la democracia vive hoy en las calles y en las plazas públicas. Los partidos y sus líderes políticos son repudiados y fustigados por una inmensa mayoría de ciudadanos, que cada vez creen menos en sus demagógicos programas y promesas electorales. Y es apenas lógico, pues ellos son los principales responsables del orden social excluyente e injusto, así como de la falta de oportunidades. Sin embargo, no dejan su cinismo y vuelven, como Fico, a presentarse como los adalides del orden y las oportunidades en compañía de los responsables del caos y la negación de oportunidades para las mayorías. Todos proclaman su lucha contra la corrupción, pero en sus filas pululan políticos investigados o sancionados por la Procuraduría o ellos mismos están cuestionados por sus graves errores en la gestión pública, como sucede con Fajardo y Petro. Fajardo, con el desacertado empréstito en dólares cuando se desempeñó como gobernador de Antioquia[3], que terminaron pagando todos los paisas, sin desestimar sus responsabilidades en la crisis de Hidroituango[4]. Por parte de Petro, fueron desastrosas sus improvisadas decisiones en la crisis desatada por la gestión de las basuras en Bogotá, aunque posteriormente “el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, le ordenó a Daewoo Truks S.A.S. pagar un poco más de 1.500 millones de pesos a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá por el incumplimiento del contrato para la reparación preventiva, correctiva y puesta en punto para el funcionamiento de los 39 vehículos compactadores. Además, ordenó a Seguros del Estado S.A. a pagarle a la Empresa de Alcantarillado y Aseo la suma equivalente al 3 % del valor total de la condena que corresponde a 47.053.061 pesos”[5]. En ambos casos, si bien hasta ahora han salido airosos disciplinaria y penalmente, es deplorable su incapacidad para la autocrítica, el reconocimiento de errores y la oportuna rendición de cuentas ante la ciudadanía. Ni hablar de Rodolfo Hernández, que se presenta como el Savonarola[6] nacional, habiendo sido sancionado por la Procuraduría debido a la falta de cordura y ecuanimidad en el trato a sus críticos y opositores[7], además de tener una investigación en curso por “presuntas irregularidades en la modificación del Manual de funciones para los empleos en la Alcaldía[8]”. En cuanto a Ingrid, ella misma con sus incoherencias y soberbia narcisista nos demuestra que no conoce límites éticos en la búsqueda de votos, pues en su primera candidatura a la Presidencia llamaba a Uribe en el 2001 el candidato del paramilitarismo[9] y ahora lo considera un ejemplo de liderazgo contra la corrupción, cuando el “presidente eterno” dejó una estela vergonzosa de funcionarios condenados por crímenes de lesa humanidad[10], concierto agravado para delinquir con grupos paramilitares, asesinatos[11], cohechos[12] y delitos de “clase” como Agro Ingreso Seguro[13].  Por todo lo anterior, es imperioso reinventar la democracia en clave ciudadana, social y telúrica, pues los políticos profesionales la tienen moribunda y amenazan con destruir el planeta al entregarlo a la depredación de las empresas dedicadas a las energías fósiles, el fracking[14] y la extracción de minerales raros[15] y valiosos. Y la única forma de hacerlo es asumiendo como ciudadanos nuestras responsabilidades. La democracia es vital para dejarla en manos de mercaderes del interés público y el bienestar colectivo.

Por una gobernanza ciudadana

Es un compromiso con la política y el bien común que se está extendiendo progresivamente por todas las latitudes. En nuestro subcontinente la vanguardia está en Chile, cuya ciudadanía está embarcada en la reinvención de la democracia en su Convención Constitucional[16], la primera en la historia con composición paritaria de mujeres y hombres, integrada por ciudadanas y ciudadanos corrientes, representativos de liderazgos sociales, étnicos, comunitarios y académicos, más allá de cualquier militancia o afiliación partidista. Es decir, que viven la política como un ejercicio de ciudadanía con fuerte raigambre social y telúrica, comprometidos con la vigencia de los derechos y la igualdad de oportunidades para todas las personas, en lugar de estar comprometidos fundamentalmente con la seguridad para el mercado y las inversiones privadas. En otras palabras, su propósito central es socializar y ciudadanizar la política, desmercantilizándola y desburocratizándola de políticos, mercaderes y mercenarios del interés público. En nuestro país son numerosos los esfuerzos de Organizaciones No Gubernamentales y de consorcios con el mismo fin, como Viva la Ciudadanía[17], Foro Nacional por Colombia[18], CINEP[19],  junto a diversas iniciativas en marcha, entre las que cabe destacar la Construcción de Agendas Ciudadanas para la Coexistencia Pacífica en Democracia para la Colombia Pos-Covid 19, con el apoyo financiero del Fondo Nacional para la Democracia, NED (por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos y la Corporación LA PAZ QUERIDA, LPQ[20]. Con la dirección del profesor Gabriel Murillo y Alberto Heredia, director ejecutivo de LPQ, el pasado 23 y 24 de marzo de 2022 se llevó a cabo el último ejercicio dialógico del proyecto en la ciudad de Cali, acompañada por el Instituto de Estudios Interculturales de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, el Capítulo Territorial de LPQ de la misma ciudad. Como lo resalta el profesor Murillo, en la siguiente relatoría síntesis, “a este encuentro de carácter diverso e inclusivo asistieron setenta (70) personas que acogieron la invitación de los anfitriones Entre otros, participaron activamente líderes comunitarios juveniles, académicos, educadores, funcionarios públicos, empresarios, líderes y lideresas pertenecientes a diferentes organizaciones de la sociedad civil y de asociaciones de interés cívico de Cali, comunicadores, miembros de la pastoral social y de organizaciones de la cooperación internacional. El evento fue facilitado por miembros del equipo técnico de LPQ y se basó en la implementación de dos (2) metodologías dialógicas complementarias: En primer lugar, la conversación generativa, orientada hacia la construcción rigurosa de visiones colectivas sobre el pasado y el presente de la sociedad territorial. En segundo lugar, el método deliberativo para construir y compartir una visión realista de futuro a través de una prospectiva con la cual se busca la creación de acuerdos ciudadanos plurales para soportar una agenda viable conducente al señalamiento realista basados en opciones alternativas de solución a un conjunto de cinco (5) ejes problemáticos interrelacionados y determinantes de la actual coyuntura de crisis que hoy se vive en Colombia: 1. Clientelismo y corrupción, 2. Pobreza y desigualdad, 3. Paz y verdad, 4. Conflicto y violencia y, 5. Medio ambiente y sostenibilidad. Frente a cada una de estas problemáticas, se adelantaron sendas lluvias de ideas y se sopesaron varias opciones, complementadas con la formulación de compromisos factibles proclives a la implementación de un plan de acción ciudadana. Para esto se concertó un esquema de gobernanza colaborativa a ser desarrollado y evaluado grupalmente en lapsos temporales de cortísimo, corto, mediano y largo plazo. Este proyecto de LPQ culminará en un gran Foro Nacional a realizarse próximamente en Bogotá. En él participarán voceros de cada una de las siete (7) AGENDAS CIUDADANAS TERRITORIALES donde se desarrolló este ejercicio: los departamentos de Nariño, Santander, Caquetá y Chocó; las ciudades de Cartagena y Cali, y la provincia del occidente de Boyacá. Como innovación sin precedentes en el país, estas agendas han sido construidas de abajo hacia arriba (bottom-up). Con ellas, los pobladores de cada territorio le presentarán a la opinión pública nacional el resultado del sus conversaciones generativas y deliberativas para la coexistencia pacífica y democrática territorial, sin exclusión alguna. Esto, bajo la clara certeza de que cada uno de estos compendios dialógicos y propositivos resume con rigor el conocimiento incomparable, la civilidad y el compromiso colectivo de los pobladores de cada uno de los territorios en donde se construyeron estas agendas conducentes a la conquista de una nueva ética social con dignidad humana y sostenibilidad medio ambiental. Esta será la primera vez que en el país se manifestará integralmente el producto de la inteligencia, la responsabilidad social y la sabiduría colectiva y plural de los pobladores de cada uno de estos territorios colombianos. Complementariamente, los voceros de cada una de estas agendas conversarán con connotados expertos públicos y privados especializados en cada uno de los cinco (5) ejes problemáticos eslabonados y arriba mencionados. También se busca que sus propuestas para el cambio territorial transformador sean conocidas y utilizadas por las candidaturas presidenciales en competencia que puedan estar interesadas en incluir la voz de los territorios en sus respectivos programas de gobierno”. Sin duda, transitando por esta senda con el capital social y ciudadano presente en todas las regiones de nuestro país podremos forjar una gobernanza democrática que se consolide y vaya mucho más allá de los liderazgos políticos partidistas y personales, independientemente de quién ocupe transitoriamente la Presidencia de la República.