viernes, marzo 04, 2011

DE-LIBERACIÓN


Marzo 3 de 2011



SERRAT EN CALI

Hernando Llano Ángel.


Regresa con tres verdades: Vida, Libertad y Dignidad. Ellas forjaron la identidad de Miguel Hernández como hombre, poeta y combatiente, hace ya más de cien años. Y de nuevo tendremos la fortuna de escucharlas en la voz vibrante de Serrat, la próxima semana en el teatro Jorge Isaacs, cuando nos presente su último trabajo: “Hijo de la luz y de la sombra”, a propósito del centenario del natalicio del poeta de Orihuela., celebrado el año pasado.

Después de 38 años de haber grabado algunos de los poemas inmortales de Hernández, como Nanas de la Cebolla, Para la libertad y Elegía, con una voz fresca y lírica inolvidable, acompañada de una música con tonalidades íntimas y épicas en plena armonía con dichos versos, ahora Serrat nos maravilla con otros 13 poemas de Hernández donde le canta a su figura de poeta total y vital.

En “Hijo de la luz y de la sombra” nada se escapa a la sensibilidad y lucidez de Serrat. Desde la pasión amorosa del esposo encarcelado y desconsolado que encuentra alivio en las cartas que recibe de su amada: “Tus cartas apaciento metido en un rincón y por redil y hierba les doy mi corazón”, hasta la angustia del combatiente que acepta como inevitable el destino fatal de la guerra: “Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo. Es preciso matar para seguir viviendo”.

Si bien este trabajo poético musical de Serrat aparece 38 años después, no es una segunda parte de la obra de Hernández, sino más bien expresión de su profunda y rica unidad. Como en el primero, encontramos de nuevo la voz íntima y amorosa de Hernández junto a la épica y combativa, en poemas y canciones apasionadamente cósmicas, como la que da nombre al disco: “Hijo de la luz y de la sombra”, donde la voz de Serrat se escucha firme y con alegre vitalidad: “Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos, seguiremos besándonos en el hijo profundo. Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos, se besan los primeros pobladores del mundo. Eres la noche esposa. Yo soy el mediodía”.

Pero también escuchamos la desoladora denuncia contra “El hambre: “Tened presente el hambre. Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos donde la vida habita siniestramente sola. Reaparece la fiera. Recobra sus instintos, sus patas erizadas, sus rencores, su cola…Entonces solo sabe del mal, del exterminio. Inventa gases, lanza motivos destructores, regresa a la pezuña, retrocede al dominio del colmillo, y avanza sobre los comedores.”

En las canciones escuchamos todos los registros de la sensibilidad y la genialidad creadora e intuitiva de Hernández, reflejados en un poema como “El mundo de los demás”, que contiene la quintaesencia de la moderna fenomenología: “El mundo es como aparece ante mis cinco sentidos, y ante los tuyos que son las orillas de los míos. El mundo de los demás, no es el nuestro: No es lo mismo… Pero las cosas se forman con nuestros propios delirios. Ciegos para los demás, oscuros, siempre remisos, miramos siempre hacia adentro, vemos desde lo más íntimo…Nadie me verá del todo. Ni es nadie como lo miro. Somos algo más que vemos, algo menos que inquirimos…Nadie nos ha visto. A nadie ciegos de ver, hemos visto”.

También están presentes los poemas telúricos y trascendentales, aquellos que celebran la unión pagana y mística del espíritu con el placer y de la vida con la muerte, en una trilogía formada por las canciones: “La palmera levantina”, “Cerca del agua” y “Dale que Dale”. En ésta última, la armonía y la melodía entre el poema y la voz de Serrat van in crescendo, con acompañamiento del coro, desde lo más modesto y terrenal: “Dale al aspa, molino, hasta nevar el trigo. Dale a la piedra, agua, hasta ponerla mansa” y culmina en una eclosión de alegría personal y sublime: “Dale, Dios, a mi alma, hasta perfeccionarla”, cuyas notas quedan resonando en los pliegues de cada uno como un himno pagano y a la vez celestial. Pero en medio de tanta gravedad, también crece la gracia de “La Palmera levantina”: “La que atrapa la primera ráfaga de primavera. La primera golondrina. La que araña a los luceros y se ciñe los encajes de las nubes a los Zancos datileros”. Para cerrar este ciclo con un canto a la sensualidad y la vitalidad del agua marina, aparece como un susurro “Cerca del agua: te quiero llevar, porque tu arrullo trascienda del mar. Cerca del agua te quiero tener, porque te aliente su vívido ser. Cerca del agua te quiero sentir, porque la espuma te enseñe a reír. Cerca del agua te quiero, mujer, ver, abarcar, fecundar, conocer. Cerca del agua perdida del mar, que no se puede perder ni encontrar”, como en el amor suele suceder.

Y no podían faltar los poemas combativos, que afirman la vida y la libertad sin odio y mucho menos venganza, porque en ellos está en juego la dignidad de la propia humanidad. Como en la canción que abre el disco: “Uno de aquellos, un himno a la solidaridad internacional con los republicanos contra la criminal codicia de los nacionalistas durante la guerra civil española: “Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, tu eres uno de aquellos. Las patrias te llamaron con todas sus banderas, que tu aliento llenara de movimientos bellos. Quisiste apaciguar la sed de las panteras, y flameaste henchido contra sus atropellos”. Pero donde más fuerte y digna resuena la voz vibrante de Serrat es en la trilogía formada por “La canción del esposo soldado”, “El hambre” y “Si me matan, bueno”: “Ante la vida sereno y ante la muerte, mayor; si me matan bueno: si vivo, mejor… Aquí estoy vivo y moreno de mi especie defensor…Traidores me echan veneno y yo les echo valor…El corazón traigo lleno de un alegre resplandor”.

Sólo nos queda disponernos la próxima semana al goce estético, musical, ético y nostálgico de escuchar y ver a Serrat con su insustituible banda de amigos, en el teatro Jorge Isaacs, sin olvidar estas palabras cuando presentó su primer LP con poemas de Miguel Hernández en México, hace 38 años y entonces casi no teníamos pasado:

Quisiera que los que escuchen estas canciones recuerden que su autor fue un poeta perseguido, condenado y encarcelado. Un hombre que murió en prisión por el delito de pensar y escribir cosas como las que aquí pueden oír. Fue un pastor de cabras, fue una persona comprometida con su gente y con su tiempo. Un hombre sencillo y sensible que amaba la libertad y decía: “Soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vida”…, y se la quitaron. Que el destino mantenga fresca la memoria y nos libre de aquellos que asesinan a los poetas y a la poesía”.










lunes, febrero 14, 2011

DE-LIBERACIÓN

(Febrero 13 de 2011)

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Hannah Arendt en Egipto

Hernando Llano Ángel.

La forma vertiginosa como la rebelión ciudadana está cambiando la historia en África del norte, demostrando que sátrapas como Ben Ali, en Túnez, y Mubarak, en Egipto, no son más que “tigres de papel” parapetados tras descomunales e impotentes máquinas de violencia, vuelve a traer a la primera página del debate político la obra de Hannah Arendt, especialmente su célebre ensayo “Sobre la violencia”. Como se recordará, dicho ensayo lo escribió en otra coyuntura mítica, el famoso “mayo del 68”, cuando cientos de miles de estudiantes en Europa –con epicentro en Francia- pero también en Estados Unidos se levantaron con “la imaginación al poder” contra regímenes que, prevalidos de una impecable formalidad democrática, imponían en forma autocrática y violenta sus políticas en el ámbito educativo (Francia, con De Gaulle) y en el contexto internacional (Estados Unidos y su inicua guerra contra el pueblo de Vietnam).

Poder, mucho más que Violencia.

Entonces Arendt se propuso analizar el papel de la violencia en los asuntos políticos, aquellos asuntos que dependen de todos y todas, no de la voluntad y los intereses de unos pocos -como la paz y la guerra, el agua y el aire, pero en especial la justicia y la legitimidad de quienes gobiernan y la dignidad de quienes somos gobernados, nuestro pan y libertad- y ajustó cuentas magistralmente con quienes desde la derecha y la izquierda confunden el poder político con las instituciones en donde éste se representa y encarna, pero en especial contra aquellos que sin comprender a Weber y Marx asimilan el poder con la violencia. Entonces repiten en forma irresponsable y fatal que “el Estado es el monopolio legítimo de la violencia” y que “la violencia es la partera de la historia”, como si en ese par de consignas lapidarias se agotara toda la sabiduría política de Occidente. Desconocen así que quienes pretenden “tomarse el poder” suelen morir ahogados en su propia sangre y que quienes se aferran a él y lo defienden con violencia, desde el Estado, terminan siendo condenados a la ignominia y el escarnio público.

Ejemplos abundan en nuestro pasado reciente y en la actualidad, tanto en el bando de quienes matan y secuestran en nombre de la justicia social como de quienes lo hacen con las coartadas de la seguridad y la democracia. Lección que todavía no parece aprender el Uribismo y menos el Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, empeñado en defender a quienes mancillaron el honor militar en la violenta retoma del Palacio de Justicia y en condenar a quienes murieron como protagonistas del desvarío de una revancha homicida, sin otro horizonte que el sacrificio de la Justicia y los derechos humanos, que cruelmente reclamaban para su causa, como sucedió con el grupo de guerrilleros del M-19 que a sangre y fuego se tomó el Palacio.

Lo que Túnez y Egipto han demostrado con creces –al igual que la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS a partir de 1989- es que la violencia del Estado con sus descomunales ejércitos y cuerpos de Policía se torna impotente e inocua cuando carece de legitimidad y sus ciudadanos les quitan todo su apoyo y respaldo. En palabras de H. Arendt: “Es el apoyo del pueblo el que presta poder a las instituciones de un país y este apoyo no es nada más que la prolongación del asentimiento que, para empezar, determinó la existencia de las leyes… Todas las instituciones políticas son manifestaciones y materializaciones del poder; se petrifican y decaen tan pronto como el poder vivo del pueblo deja de apoyarlas”.

El poder es público, de todos y todas

Túnez y Egipto lo demuestran en forma elocuente. Allí, el “poder vivo del pueblo” les quitó a Ben Alí y a Mubarak todo su respaldo y se derrumbaron, porque sus principales instrumentos de violencia, Ejército y Policía no los obedecieron. De nuevo Arendt: “Donde las órdenes no son ya obedecidas, los medios de violencia ya no tienen ninguna utilidad; y la cuestión de esta obediencia no es decidida por la relación mando-obediencia sino por la opinión y, desde luego, por el número de quienes la comparten. Todo depende del poder que haya tras la violencia.” Por eso no existe poder más valioso y preciado, incluso eficaz, que el simbólico de la credibilidad y la legitimidad, expresado en la hegemonía de una doctrina y una cosmovisión de la vida, como lo es hoy ese poder críptico y casi mítico de la democracia. En efecto, la opinión y acción mayoritaria de tunecinos y egipcios, así como la de los integrantes de sus respectivos Ejércitos, no toleró y menos consintió que Ben Alí y Mubarak, junto a sus más cercanos cómplices, continuaran en sus cargos institucionales -no en el poder, como no se cansa de advertirlo Arendt, puesto que “el poder nunca es propiedad de un individuo; pertenece a un grupo y sigue existiendo mientras el grupo permanezca unido”. De allí la resistencia de los cairotas a no abandonar la plaza Tharir, que significa Liberación, hasta expulsar a Mubarak de la Presidencia.

¿De la rebelión ciudadana a la revolución democrática?

Ahora que lo han logrado y están abandonado la plaza, su poder está disperso y se halla en una especie de limbo, pues para expresarse y tomar forma institucional en un nuevo Estado, depende en gran parte de que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que se ha comprometido a convocar unas elecciones libres y justas, cumpla con dicha promesa. Podría decirse que ha triunfado la rebelión ciudadana, pero que no está asegurado el triunfo de la revolución democrática, entendida como el ejercicio de una libertad política que además de asegurar la autodeterminación del pueblo egipcio, permita el disenso de sus minorías y la competencia legal por el ejercicio del poder político institucional. Tal transición hacia la democracia es demasiado incierta, pues el pueblo egipcio está bajo la tutela de un poder militar que tiene demasiados intereses en el mercado (“controla entre el 33% y 45% de la economía nacional” ) y compromisos internacionales, que ha prometido cumplir.

Sin duda, se inicia una fase de transición política tan incierta como interesante, donde todo va a depender de la competencia y habilidad de quienes se reclaman portadores de los sueños, las frustraciones y las expectativas de millones de egipcios que, como ya lo han demostrado, han alcanzado la mayoría de edad para autogobernarse sin la tutela de los militares y mucho menos de poderes imperiales que, como el norteamericano, es más experto en sostener y promover autócratas y cleptócratas, que en propiciar el surgimiento y la consolidación de auténticas democracias. Por eso lo que está en juego en Egipto es nada menos que la instauración de un Estado democrático moderno, capaz de superar la hegemonía del mercado y los intereses corporativos del complejo industrial militar egipcio-norteamericano, pero también el riesgo abismal de la instauración de nuevas hegemonías nacionalistas más o menos religiosas, que impidan el pluralismo y la secularización de su vida política y social, arrastrando así a todo el Medio Oriente a una vorágine de guerra y destrucción apocalíptica. Ojalá sea un despertar democrático y no la pesadilla de una nueva hegemonía islámica, sólo para los “hermanos musulmanes”, que hasta ahora han demostrado más espíritu de conciliación y construcción democrática que aquellos que ya proscriben su participación el las futuras elecciones, como la Presidenta del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Ileana Ros-Lehtinen, del opositor partido Republicano norteamericano, que desde ya propugna por su exclusión. Obviamente con demócratas así, que desde el exterior pretenden imponer su hegemónica e imperial “democracia”, difícilmente asistiremos a una transición democrática en Egipto.

lunes, enero 31, 2011

DE-LIBERACIÓN

(Enero 31 de 2011)




COYUNTURA “REBELADORA”

Hernando Llano Ángel.



Estamos presenciando en el norte de África momentos de revelación y rebeldía ciudadana que, con licencia ortográfica, merecen el titular de Coyuntura “Rebeladora”. Una coyuntura “rebeladora” de dimensión histórica, puesto que en Túnez y Egipto la vida ya no volverá a ser la misma y con toda seguridad sus regímenes políticos mañana serán otros, inspirados por vientos populares y libertarios que barren el hermetismo, el lujo, la arbitrariedad y la criminalidad de los sátrapas que hasta hoy han gobernado impunemente. Pero sobre todo es una coyuntura “rebeladora”, porque en cada esquina y calle de Túnez y Egipto la rebeldía se revela incontenible y nos recuerda que nada ni nadie puede contener la indignación de un pueblo. Que la violencia de los sátrapas y su corte de privilegiados resulta impotente contra el poder de los desesperados, tanto más insobornable e incontenible cuando se expresa en forma espontánea y caótica, como un torrente de vida que no teme a nada, ni siquiera a la misma muerte. No por casualidad la chispa que desató semejante incendió fue el cuerpo inmolado del joven tunecino, Mohamed Bouzizi, que optó por incinerarse antes de continuar viviendo sin el fuego interior de la libertad y la dignidad que le eran negadas.

Revelaciones históricas

La coyuntura revela que un pueblo se rebela, cuando además del pan, se le ha usurpado su libertad por varias generaciones. Es también lo que está sucediendo en Egipto, donde Hosni Mubarak lleva cerca de 30 años como sátrapa “electo”, en gran parte consentido por los Estados Unidos y la misma Unión Europea por ser funcional a sus intereses y conservar el equilibrio geoestratégico en el medio oriente. Pero ahora esa realpolitik cínica y criminal, ciega y sorda a la violación consuetudinaria de los derechos humanos del pueblo egipcio, revela la impotencia de toda política divorciada de la ética, sin sustento y apoyo popular. Por eso Hillary Clinton apela con urgencia más a la sensatez del pueblo egipcio, que a la cordura de Mubarak, ya casi abandonado a su propia suerte. Se busca así una transición que aborte el principio de una revolución popular incierta, para lo cual probablemente el hombre providencial sea Mohamed El Baradei, premio Nobel de paz y ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, en sustituto de Mubarak. Tal transición podrá hacerse aparecer como democrática, convocando unas elecciones sin Mubarak, pero asegurándose al mismo tiempo que no haya riesgo o sorpresa alguna de un ganador diferente a El Baradei. Así la cosas, el bálsamo de las elecciones poco a poco adormecerá la rebeldía de quienes, por no haber ejercido nunca su poder en forma pública y organizada, creerán ilusamente que han conquistado la democracia, como nos viene sucediendo en Colombia desde el famoso plebiscito de 1957, cuando la mayoría enajenó su voluntad en expertos usurpadores de la confianza y las ilusiones ciudadanas.

Revelaciones sin rebeldía

Desde entonces una especie de cleptocracia de lo público nos gobierna en Colombia con destreza. Cada cuatro años renueva la fórmula que le permite gobernar (robar) con la coartada de la democracia, aunque siempre la abstención sea la ganadora. Ayer la fórmula mágica era la “seguridad democrática”, hoy es la “prosperidad democrática”. Y son fórmulas tan exitosas, que poco importa que la realidad demuestre todo lo contrario, como nos sucede hoy con la “seguridad democrática”, cuando el mejor policía del mundo, el mismísimo general Oscar Naranjo, Comandante de la Policía Nacional, nos advierte que las eufemísticamente llamadas “Bandas Criminales” son la mayor amenaza para nuestra convivencia y seguridad.

Dichas bandas están presentes “en 27 de los 32 departamentos del país, operan a sus anchas y traban alianzas con la guerrilla bajo una sola causa: el narcotráfico”. Un alto oficial de la policía calcula que dichas bandas “lograron reclutar un ejército de cerca de 8.000 hombres, el mismo número de integrantes que tienen las Farc, y eso que la guerrilla va a ajustar casi medio siglo de existencia” .

Democracia mítica y mitómana

Para acabar de reforzar el mito de nuestra democracia, incluso un experto investigador del fenómeno de los “señores de la guerra”, el profesor Gustavo Duncan, de la Universidad de los Andes, en reciente artículo publicado en El Tiempo bajo el sugerente título de “Los mitos urbanos de la parapolítica” , después de demostrar objetivamente que toda la gobernabilidad de la “seguridad democrática” uribista estuvo sustentada en alianzas explícitas o implícitas de sus correligionarios en el Congreso y algunos mandatarios regionales y locales con las bandas paramilitares, concluye en forma surrealista y mitómana que: “Paradójicamente Colombia es un estado fuerte. La crisis de seguridad de los últimos 30 años no ha puesto en riesgo la existencia de las instituciones democráticas”. Lastima que a estudiantes de biología de su universidad, como Mateo Matamala y Margarita Gómez, dicho Estado e instituciones democráticas no les haya garantizado su vida. ¿Tendrá sentido hablar en Colombia de un “estado fuerte y de instituciones democráticas” con el mayor número de desplazados del continente, con el más alto índice de desapariciones forzosas, de “falsos positivos” y de impunidad? ¿Merecerá el nombre de “seguridad democrática” una política que produce semejante resultados? Son preguntas que al menos deberían concitar nuestra indignación y rebeldía ciudadana, como sucede en Túnez y Egipto, pero probablemente ello no sucede porque vivimos en la “más estable y profunda democracia de América Latina”, como lo pregona el ex presidente Álvaro Uribe en todos los foros internacionales donde interviene y en sus actuales “talleres democráticos”, rodeado de cleptócratas de la talla de Andrés Felipe Arias e inteligencias superiores como las de Alfredo Rangel y José Obdulio Gaviria. Por eso es que tiene tanto sentido que llegue pronto el juez Baltazar Garzón, para que asesore al gobierno actual en materia de derechos humanos y crisis humanitaria, y podamos así empezar a conocer lo que significa y es en la realidad un Estado de derecho, sin el cual jamás podrá existir democracia alguna en nuestra sufrida Colombia.




martes, enero 11, 2011

DE-LIBERACIÓN


(Enero 4 de 2011)



WIKILEAKS: REVELA, DEVELA Y DESVELA EL ARCANO IMPERIO


Hernando Llano Ángel.


Sin duda, WikiLeaks no sólo fue el acontecimiento político-mediático del 2010, sino de toda la década, pues se convirtió en el caballo de Troya del arcano imperio al revelar y develar cientos de miles de cables de las embajadas norteamericanas enviados a su Departamento de Estado. Por eso mismo desveló no sólo a Hillary Clinton, sino a todos los protagonistas de la política internacional, pues nos reveló sus prejuicios, intereses y más íntimas preocupaciones, como insumos esenciales en la toma de decisiones imperiales.

Se ha querido minimizar y hasta ridiculizar a Julian Assange y la misma labor de WikiLeaks, señalando que los cables publicados por los principales periódicos del mundo no informaron nada nuevo y que todo ya era materia conocida, como sucede en nuestro caso con los reportes sobre los mal llamados “falsos positivos” y las “chuzadas del DAS”. Pero es exactamente lo contrario, ya que los cables de la embajada norteamericana reportan que en ambos casos las responsabilidades son de orden político, pues respondían a directrices y políticas que tuvieron origen en la misma Casa de Nariño y en los asesores más cercanos a Uribe, como Bernardo Moreno Villegas y José Obdulio Gaviria.

Cables positivos

En el caso de los “falsos positivos”, es el mismo general Oscar Suárez, encargado de la investigación de los jóvenes de Soacha asesinados y reportados luego como presuntos guerrilleros, quien señaló que “el problema de las ejecuciones extrajudiciales estaba extendido y crearon la falsa ilusión de éxito”, así como “observó que el presidente Uribe continúa viendo los éxitos militares en términos de muertos”. Sin olvidar que el pago de recompensas a informantes civiles por bajas de guerrilleros y otros incentivos, como días de descanso al personal militar, tuvieron origen en la Directiva 029 del Ministerio de Defensa, en desarrollo y aplicación rigurosa de la política de “Seguridad democrática”, producto de la “inteligencia superior” de Uribe. Incluso un cable reporta la preocupación del entonces vicepresidente Francisco Santos “porque el presidente Uribe no había entendido por completo la profundidad de la crisis provocada por el escándalo de las “chuzadas del DAS y le pidió al embajador norteamericano que le hiciera ver la gravedad de la situación personalmente”.

Para completar el cuadro de verdades develadas y confirmadas oficialmente desde la cúspide de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, aparecen respectivamente los insólitos reportes del general Freddy Padilla informándole al embajador que “mantenía el compromiso de sacar a los militares involucrados en violaciones a los derechos humanos y le pregunta si su gobierno (el norteamericano) podría ayudar a identificar a esos individuos”, por su parte el general Oscar Naranjo no sólo le dijo al embajador que “creía que Bernardo Moreno y José Obdulio Gaviria habían ordenado los seguimientos ilegales del DAS”, sino que además le alertaba que “el ministro de defensa, Gabriel Silva y el comandante Freddy Padilla no se hablaban y que el Ejército estaba a la deriva”, por lo cual “urge a Estados Unidos a poner atención a la disfuncionalidad del Ministerio de Defensa”.

Se podría concluir que todo lo anterior no aporta nada nuevo a la realidad, públicamente reconocida, de la dependencia y la sumisión creciente del Estado colombiano a la tutela del norteamericano. Sin embargo, antes de los cables dicha versión no era más que una fantasía de la oposición o calumnias trasnochadas de los “mamertos”, cuando no un juego que algunos idiotas útiles hacían al terrorismo al insistir que los “falsos positivos” y las “chuzadas” tenían su origen en la Casa de Nariño. Ahora que es develado todo lo anterior por sus mismos protagonistas, entonces se minimiza en forma cínica la importancia de las revelaciones de WikiLeaks. Dicha actitud, propia de la mayoría de los medios masivos de comunicación en nuestra sociedad, no sólo revela su complacencia y en ocasiones connivencia con la criminalidad oficial, que sólo se atreven a denunciar extemporáneamente y cuando ya está fuera de las esferas del poder institucional, sino algo mucho más grave como es su impostura e incompetencia periodística frente a temas vitales de interés publico, que hoy devela y desvela el nuevo periodismo de WikiLeaks, reconfirmando así dos grandes y graves verdades.

Verdades Públicas

La primera, que en los llamados modernos y avanzados Estados democráticos, en todas las latitudes, quien gobierna es el arcano imperio, con sus decisiones secretas y ajenas a la voluntad de los ciudadanos, pero tomadas en despachos públicos y presentadas como legítimas en nuestro nombre y como supuesta garantía de nuestras vidas y seguridad. En otras palabras, que unos pocos, ocultos a los ojos y el juicio público, deciden la suerte de todos y usurpan así en nuestro nombre el poder público que nos pertenece. Lo que desafía WikiLeaks es el poder anónimo de esos encubiertos burócratas y reivindica nuestro nombre y poder de ciudadanos comunes y visibles, que padecemos las decisiones de ese poder arcano, casi totalmente intocable e inefable, antes de las famosas filtraciones.

Y la segunda, que internet, surgido en las mismas entrañas del complejo industrial militar, es hoy su caballo de Troya, cuya presencia y amenaza permanente no podrá eludir, por más procesos y condenas que profiera contra sus transitorios guerreros y ocupantes, como Julian Assange, procesado por penetrar en Suecia, sin la debida protección pero con el consentimiento tácito de dos ciudadanas, sus espacios y tejidos más íntimos y personales. Irónicamente, se busca la condena de Assange por supuestos ilícitos menores que afectan a dos jóvenes mujeres, mientras los crímenes mayores e irreversibles cometidos por Jefes de Estado, como George W Bush y sus colegas en otras naciones, que cobran cientos de miles de vidas y víctimas, no sólo permanecen en la impunidad, sino que son objeto de admiración y de libros que se convierten en best Sellers mundiales. Paradoja de nuestro tiempo: se sacraliza lo íntimo y se depreda lo público. Tal fenómeno explicaría también la saga exitosa de libros escritos por secuestrados, con la exposición de su dolor personal e íntimo, mientras se condena al olvido a las víctimas de crímenes aún más atroces como la desaparición forzada, que es la máxima expresión de anulación de la vida en el espacio público, para no mencionar a los desplazados que apenas sobreviven expuestos en la misma vía pública, casi sin ser vistos por el poder ejecutivo, de no ser por la insistencia de la Corte Constitucional en el respeto y la vigencia de sus derechos humanos y ciudadanos.







lunes, noviembre 22, 2010

DE-LIBERACIÓN


(http://calicantopinion.blogspot.com)

COLOMBIA ANEGADA

¡Vive Colombia, Navega por ella!

(Noviembre 21 de 2010)

Hernando Llano Ángel.

La nave de “Colombia” está anegada y naufraga en medio de un sedimento de escándalos acumulados por el gobierno de la “seguridad democrática”, bajo la heroica y acertada conducción del “libertador” Uribe, ubérrimo en complicidades y tramas delictivas. En apenas 100 días de transparencia y “prosperidad democrática”, las compuertas de complicidad que contenían esta avalancha de corrupción y crimen se rompieron y la Nación quedó inundada. Colombia hace agua. Las fétidas e incontenibles aguas de los negociados y de innumerables ilícitos arrasan con todo, como los arroyos en Barranquilla. Colombia se ahoga en las profundidades del éxito fraguado por Uribe con su ejemplar gabinete y la inteligencia obtusa de sus asesores. Incluso ya ha comenzado la fuga de algunas inteligencias menores, gracias a las esclusas y canales de complicidad abiertos por el presidente Martinelli de Panamá que, honrando la amistad con Uribe, concedió asilo de impunidad a la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado.

Una verdad profunda

De nuevo, la verdad se va al fondo y sólo con buzos y equipos especializados de salvamento judicial podremos conocer algún día el entramado criminal dirigido desde la Casa de Nariño para ocultar y minimizar su fórmula de gobernabilidad, basada en la simbiosis de la política con el crimen del paramilitarismo, que se empezó a concertar desde la ley 975 y la frustrada conversión de criminales de lesa humanidad en delincuentes políticos, bajo la tipificación de un imposible delito de sedición. Todo ello terroríficamente adornado con el telón de fondo de las acciones criminales de las FARC, que aportaron así la dosis de miedo requerida por Uribe para legitimar su maniqueísta “seguridad democrática”, según la cual quien no la respaldara se convertía auxiliar del terrorismo, como incluso tildó a los magistrados de las altas Cortes.

Esa es la verdad profunda que apenas está saliendo a flote. Allí se encuentra el origen del famoso choque de trenes entre el Ejecutivo y la rama Judicial, que no es otro que la fracasada estrategia uribista y sus mayorías en el Congreso de politizar el crimen contrainsurgente del paramilitarismo, fijando penas benignas a sus comandantes de entre 5 y 8 años. Estrategia que fue frustrada por fallos en derecho de la Corte Constitucional y la sala penal de la Corte Suprema de Justicia. Por eso da la impresión de que la justicia se hubiese politizado, cuando sucedió exactamente lo contrario: el crimen se politizó y por consiguiente la política se criminalizó y se reveló como parapolítica. Por eso la Casa de Nariño acogió amable y subrepticiamente a protagonistas del bajo mundo del crimen, como Job, para urdir tramas contra la Justicia. Por eso el mismo presidente Uribe ordenó a sus copartidarios votar rápidamente sus proyectos, antes de que fueran trasladados del Parlamento a la Picota. Por eso hundió la llamada silla vacía, para que la curul del congresista sub judice continuara ocupada por otro testaferro del crimen y no perder así su “gobernabilidad” parapolítica, todo ello en nombre de la sacrosanta “seguridad democrática”. De allí que la rama judicial, los políticos no cooptados y atrapados por esa red de complicidades y los periodistas independientes se convirtieran en el objetivo del DAS, pues había que impedir a toda costa que se conociera la verdad. Por eso es oportuno preguntarse ¿Todavía no te DAS cuenta que esa es la realidad? La verdad profunda de una gobernabilidad criminal camuflada bajo una fórmula libre de toda sospecha como la “seguridad democrática”.

El milagro de Santos

Ahora le corresponde a Santos hacer un milagro y desempeñarse como un insuperable cirujano estético para ocultar los estragos del paso del Tiempo, que termina por revelarlo todo, como las ejecuciones extrajudiciales, mal llamados “falsos positivos”, que siguen saliendo a flote, y el más reciente escándalo de Fondelibertad, cuando se desempeñaba como exitoso ministro de defensa uribista. Quizá por ello ahora recurre a una fórmula de gobernabilidad aún más falsa y mentirosa que la de su antecesor, como es la “Prosperidad democrática” y está promoviendo por todo el país “Acuerdos de prosperidad”, en lugar de impedir que las aguas de la profunda desigualdad económica y social continúen ahogando cotidianamente a más de 20 millones de compatriotas.

Porque no es el invierno la causa de nuestras mayores calamidades, sino la conversión de la política en una actividad paralela al crimen, vale decir paracriminal, la que nos tiene anegados en sangre y vergüenza desde hace más de 60 años. Y la única forma de superar semejante diluvio de ignominia es recurriendo a la conciencia y la decencia de la ciudadanía para que en las próximas elecciones condene al ostracismo de la derrota a todos aquellos que han convertido a Colombia en una mortífera laguna donde navegan impune y orgullosamente piratas disfrazados de políticos, que han hecho del crimen y el odio sus divisas y banderas para gobernar, bajo lemas tan atractivos como la seguridad y la prosperidad democráticas. Por eso hoy se celebra más la muerte que la vida y los partes oficiales exhiben con orgullo el listado de las bajas, así como las FARC secuestran la libertad en nombre de una supuesta revolución, reclutan la inocencia y asesinan a los campesinos, indígenas y lideres que defienden la autonomía de sus territorios y la dignidad de sus vidas.





domingo, octubre 31, 2010

DE-LIBERACIÓN

(Octubre 31 de 2010)

El prohibicionismo: Una política criminal.

(http://calicantopinion.blogspot.com)

Hernando Llano Ángel.

A dos días de celebrarse el referéndum en California sobre la llamada proposición 19, donde la ciudadanía tendrá la oportunidad de decidir si se avanza hacia un reconocimiento y tratamiento legal, vale decir responsablemente racional de la producción, distribución y consumo de la marihuana, no está de más repetir que el prohibicionismo es una política auténticamente criminal, antiliberal y antidemocrática. Una política criminal, pues ella en lugar de contener y desestimular el auge de las bandas de narcotraficantes y sus secuelas de inseguridad social, corrupción de los funcionarios estatales y aumento de las tasas de homicidios y de la población carcelaria, ha sido objetivamente funcional a los propósitos y fines del crimen organizado en todas las latitudes.

Empezando por la degradación del orden público en los países productores, rápidamente militarizado y cooptado por la deletérea penetración del dinero, hasta la desintegración acelerada de los lazos familiares, que comienza cuando uno de sus miembros es estigmatizado como una “oveja negra” que debe ser lanzada al ostracismo del repudio y el desafecto, sin interrogarse sobre el sentido de su evasión a un paraíso alucinante, menos árido y crudo que la normalidad y la felicidad promovidas por la realidad. Sin duda, el prohibicionismo persiste y parece ser una política inmodificable, porque el reconocimiento de su fracaso implicaría que la narcisista y ejemplar familia de consumo mirase su rostro decadente reflejado en las vitrinas relucientes del mercado, por sí solas incapaces de dar sentido y serenidad a la vida humana, atrapada en la adicción del consumo y la incomunicación de la soledad.

No gratuitamente Milton Friedman, ese adalid de la no intervención del Estado en el mercado, sentenciaba en este caso que: “Si analizamos la guerra contra las drogas desde un punto de vista estrictamente económico, el papel del gobierno es proteger el cartel de las drogas. Eso es literalmente cierto.” En efecto, porque a mayor represión, mejores precios en el mercado ilegal. Todo lo contrario persigue la proposición 19, mayor regulación legal para disminuir los costos que implica la política criminal de persecución y represión. Incluso para convertir un filón de ingresos entregado a la criminalidad en una suculenta fuente de recursos fiscales para políticas públicas de prevención, educación y tratamiento de los potenciales consumidores, como sucede en el Estado de California que tiene el mayor déficit presupuestal entre todos los Estados de la Unión. Según los promotores de la proposición, “La Junta de Ecualización Estatal de California ha estimado que la imposición de un impuesto tributario de 50 dólares por onza en la venta de marihuana podría generar unos ingresos fiscales de 1400 millones de dólares anuales. Esto representa una gran cantidad de ingresos en un momento en el que el Estado se encuentra experimentando una presión financiera.”2

Por último, es una política profundamente antiliberal y antidemocrática, porque desconoce que todo adulto --pues la proposición sólo aplicaría para personas mayores de 21 años-- es autónomo en las decisiones que afectan su propia vida y personalidad, siempre y cuando no pongan en riesgo la seguridad o vida de terceros y menores de edad. Asunto este que está claramente regulado en la proposición 19, cuando establece restricciones y sanciones severas como las siguientes:

• “Mantiene las leyes existentes contra la venta de drogas a menores de edad y la conducción bajo sus efectos.

• Mantiene el derecho del empresario a tratar el consumo de marihuana en caso de afectar el rendimiento laboral de un empleado.

• Mantiene las leyes existentes contra el transporte interestatal o internacional de marihuana.

• Cualquier persona que posea una licencia, permiso o autorización para la venta de marihuana y venda o entregue deliberadamente marihuana a menores de 21 años, tendrá como consecuencia la prohibición a poseer o dirigir un establecimiento autorizado de marihuana durante un año o a ser empleado del mismo.

• Cualquier persona que posea una licencia, permiso o autorización para la venta de marihuana que a sabiendas venda o entregue marihuana a una persona mayor de 18 años pero menor de 21, será encarcelada en la prisión de su condado por un período de tiempo de hasta seis meses y una multa de hasta 1.000 dólares por cada delito.

• Cualquier persona que posea una licencia, permiso o autorización para la venta de marihuana que a sabiendas venda o entregue marihuana a menores con edades comprendidas entre 14 y 17 años, será encarcelada la prisión estatal por un período de tres, cuatro, o cinco años.

• Cualquier persona que posea una licencia, permiso o autorización para la venta de marihuana que a sabiendas venda o entregue marihuana a menores de 14 años, será encarcelada en la prisión estatal por un período de tres, cinco o siete años” .

Pero obviamente los anteriores aspectos no son reconocidos por los fanáticos del prohibicionismo, que obtusamente desconfían de la responsabilidad de sus ciudadanos y los tratan como menores de edad y cretinos morales, salvo cuando reclaman sus votos y lealtad para ser electos como legisladores y estadistas. Porque estos políticos, que posan de estadistas y moralistas, en realidad son unos vulgares maniqueístas, que fustigan como vicioso o corrupto a quien no los acompañe en sus cruzadas de miedo y guerra contra el narcotráfico. Cruzadas que sólo han servido para alimentar las ganancias de la industria militar norteamericana y la burocracia represiva, bajo eufemismos como el “Plan Colombia”, con la degradación de la política en narco-para-política y la perpetuación de la guerra en una simbiosis inimaginable entre las FARC y las llamadas BACRIM, sin olvidar las cuentas bancarias de los criminales y sus aliados en los paraísos fiscales.

Para todos los anteriores el prohibicionismo es funcional a sus intereses, aunque sean antagónicos entre sí, y además proporciona a los Estados Unidos la coartada perfecta para perpetuar su tutelaje sobre gobiernos dóciles e inmaduros en América Latina. Ellos niegan lo que todos sabemos, que la guerra contra el narcotráfico no se libra ni se ganará en los vastos territorios ricos en biodiversidad, como los de la Amazonía, que están siendo depredados y degradados, sino en una región más frágil, portentosa y esquiva: la mente y la voluntad humana, que poco entiende de prohibiciones y castigos y mucho más de razones y estímulos.







lunes, septiembre 27, 2010

DE-LIBERACIÓN
Septiembre 26 de 2010

El Mono Jojoy: Más allá del símbolo del terror

(http://calicantopinion.blogspot.com)

Hernando Llano Ángel.

El presidente Juan Manuel Santos anunció en tono exultante, desde las Naciones Unidas, que con el abatimiento del Mono Jojoy se aniquilaba el símbolo del terrorismo en Colombia. Ante una reunión con empresarios y potenciales inversionistas en Colombia, comparó la muerte de Jojoy con una hipotética aniquilación de Osama Bin Laden por parte del ejército norteamericano.

Más allá de los símbolos

Ambas apreciaciones denotan, por decir lo menos, una comprensión ligera del terrorismo. Si bien es cierto que los símbolos en los conflictos políticos juegan un papel determinante, también lo es que ellos no agotan toda la realidad de la que hacen parte y apenas son su expresión más extrema. Particularmente en el caso de Jojoy, el mejor exponente de la violencia y el revanchismo belicista de las Farc, cuyas acciones en la mayoría de los casos fueron retaliaciones mortales que expandieron una onda de destrucción, muerte, miedo y terror en toda la población. Por entrevistas que concedió en el Caguán, ahora sabemos que si no hubiera sido guerrillero habría estudiado Ciencia Política. Entonces seguramente hubiese comprendido, leyendo a Hannah Arendt, que la máxima preocupación de esa disciplina es el estudio del poder para contener la más peligrosa y mortal de todas las amenazas que se cierne sobre la vida y el progreso de las comunidades, como es la violencia arbitraria e indiscriminada, que precisa tanto más de armas cuanto menos gente convoca para su causa.

De la violencia estructural a la directa

Lamentablemente la violencia estructural, aquella que determina el mayor o menor acceso de la población a recursos cruciales, como la educación, y el entorno familiar en que creció Víctor Suárez Rojas --hoy sabemos que su madre le preparaba la comida al Secretariado de las Farc-- lo convirtieron con el correr de los años en el temible y odiado Mono Jojoy. Se transformó así en un habilidoso estratega de la violencia directa y en un torpe aprendiz del poder político, pues sus relaciones con la gente siempre estuvieron mediadas por las armas y las órdenes, antes que por la deliberación y la concertación. Su aprendizaje fue el de la obediencia y luego el ejercicio del mando, el del orden cerrado propio de la violencia eficaz de los ejércitos, no el de la discusión abierta y la controversia con el contrario, consubstancial a la política. Quizá por eso su obsesión fue más vencer que convencer, no tanto conciliar sino más bien negar y someter al contrario, como lo hizo en forma despiadada mediante la práctica sistemática del secuestro de políticos. Su periplo vital y mortal estuvo determinado por la violencia, al punto que su identidad era indisociable de la tenencia y el uso de las armas, como se lo expresó a la periodista María Cristina Botero: “El día que entregue el fusil nadie va a querer hablar con nosotros, ni los periodistas. Sería un pobre pendejo. Sería la paz de los muertos, porque nos bajarían de una vez. Si estamos vivos es porque tenemos fusil”. Su violento final, demuestra el error mortal en que vivió.

La impotencia de la violencia

Una muestra más de la impotencia de la violencia cuando está divorciada del poder político, pues como bien lo expresó Arendt la esencia del poder es “la capacidad humana para actuar concertadamente” y por lo tanto él no pertenece a nadie en particular, mucho menos a caudillos o vanguardias iluminadas o armadas, sino a toda la comunidad, que lo ejerce tanto más efectivamente cuanto más es fruto de múltiples acuerdos y no de la imposición de voluntades minoritarias. Por eso todos aquellos que aspiran a “tomarse el poder” terminan ahogados en sangre, al igual que quienes pretenden conservarlo y retenerlo por la fuerza, como los Batista, Somoza o Duvalier. Por lo anterior, cuanto más poderosa es una comunidad menos violencia requiere para su seguridad y prosperidad, pues su orden está basado en la confianza generada por palabras y promesas que se cumplen y no en el temor a los castigos o el premio a las recompensas y las delaciones, como lamentablemente nos sucede en Colombia.

La violenta demagogia electoral

Precisamente por la crónica demagogia electoral de varias generaciones de Presidentes liberales y conservadores hablando de equidad, democracia, participación y paz, pero gobernando en sentido contrario, es que hoy tenemos como contrapartida un gasto militar exagerado en seguridad, en pago de recompensas y en subsidios para comprar ese déficit de poder político de unas mayorías que todavía no concurren a las urnas, porque sus intereses y reivindicaciones mas vitales han sido burladas históricamente. No hay que olvidar que los magnificados nueve millones de votos de Santos, apenas son el 30% del censo electoral, que es de 30 millones de ciudadanos. Así las cosas hemos terminado malviviendo entre dos extremos: el de un poder institucional que cada vez derrocha más en violencia, bajo el eufemismo de la “seguridad democrática”, y el de unas minorías revanchistas que cada vez recurren más a la violencia por ausencia de poder, bajo la coartada de la “justicia social”. Hemos alcanzado tal extremo de degradación política, que su semántica oculta lo que los hechos revelan: al asesinato de civiles se lo llama “ajusticiamiento” o “falso positivo” y al secuestro “retención” o “prisionero de guerra”. Por eso hoy se busca la paz a través de la guerra y la institución que goza de mayor credibilidad y reconocimiento es la Fuerza Pública, mientras la más desprestigiada y repudiada es el Congreso. Una especie de venganza y triunfo póstumo de la doctrina Jojoy, pues las armas y la violencia terminan imponiéndose sobre la política y el poder, con todo lo efímero que tiene un triunfo militar sin amplio sustento político y social. De profundizar semejante dinámica pronto llegaremos a pensar que nuestro principal problema, la violencia política degradada, se solucionará con más fuerza y más heroísmo de nuestros abnegados policías y soldados, sin importar el costo en vidas humanas, hasta vencer o eliminar el último terrorista, pues ya se ha ultimado a su máximo símbolo.

¿El fin o el comienzo del terrorismo generalizado?

Por todo lo anterior, vale la pena citar a Michael Walzer y su lúcido análisis sobre el terrorismo, cuando advierte que: “En la guerra, el terrorismo se asocia con la exigencia de una rendición incondicional y, del mismo modo, tiende a descartar cualquier clase de arreglo mediante compromiso” . Tal parece ser el punto en que nos encontramos, pues desde las páginas de la gran prensa, analistas y columnistas de opinión demandan el abatimiento de “El que sigue” (revista Semana, edición actual), en tanto “la experiencia muestra que toda rendija para la negociación alienta a los grupos terroristas” (Humberto De la Calle, en El Espectador). Cabe esperar que predomine la razón y no sólo la fuerza en la consigna presidencial y que el Secretariado de las Farc tenga la suficiente lucidez para enmendar su error y horror histórico de confundir la violencia con el poder y empezar así a salir de la manigua de la guerra en la que están extraviados, cuyo único horizonte vital es la política y no el mortal del terror y el secuestro. La mejor forma de hacerlo sería liberando a los miembros de la Fuerza Pública, con la mediación del CICR y la Iglesia Católica, pues la condición previa para la existencia de la política es la libertad. Pero si ambas partes persisten en lo contrario, no estaremos en el comienzo del fin, sino más bien en el principio de un terrorismo generalizado, al estilo del auspiciado por Pablo Escobar, que paradójicamente culminó cuando coronó en el artículo 35 de la Constitución su máxima aspiración: “prohibir la extradición de colombianos por nacimiento”.

Hace ya casi 25 siglos, en el Dammapada (XV, 5, 201), se escribió la siguiente admonición: “El que vence engendra odio, el que es vencido sufre; con serenidad y alegría se vive si se superan victoria y derrota”. Si bien no es realista aspirar a este misticismo ético en la política, también lo es que la política deja de existir cuando ella se ejerce como una doctrina de odio y aniquilación, pues toma su lugar la denominada guerra contra el terrorismo y basta mirar sus resultados en Irak, Afganistán y todo el Oriente Medio. ¿Será inevitable degradarnos más en nombre de una supuesta superioridad moral para vencer el terrorismo? ¿Acaso una victoria militar significa por sí sola superioridad moral? En tal caso el triunfo sería un horror y el vencedor sería el terror, no la democracia y mucho menos la paz. No olvidemos que Jojoy es un hijo histórico de esa paz proclamada por Guillermo León Valencia en su gobierno de 1962 a 1966.

lunes, septiembre 13, 2010

DE-LIBERACIÓN
(Septiembre 12 de 2010)

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DIATRIBA DE UN CÍNICO RABIOSO CONTRA UN ASCETA DE LA PAZ

Hernando Llano Ángel.

Sin proponérselo, Fernando Londoño Hoyos se retrató de cuerpo entero en su última columna, titulada “Marx no ha muerto”, escrita contra el padre Francisco de Roux y su homilía del pasado 30 de Julio, pronunciada en la celebración del día de San Ignacio. Homilía dedicada a los cínicos y su nefasta influencia en la realidad nacional, de quienes literalmente el actual Provincial de los jesuitas expresó lo siguiente:

“La Javeriana está en el corazón de la clase dirigente de Colombia, que es desde hace décadas una mezcla de escenarios de intereses, compromiso y ambigüedades, donde hay muchos cínicos, y en la mayoría de los escenario los cínicos controlan. Por eso el 65 por ciento de los campesinos colombianos siguen en la pobreza. Por eso hay en el país 7 millones de miserables con hambre. Por eso hay cuatro millones de hectáreas en manos de la mafia. Por eso se roban cada año cerca de 4 billones de pesos en corrupción. Por eso la comunidad internacional se pregunta por qué otros países solucionaron en una o dos décadas la desigualdad social, la guerra de guerrillas, los secuestros, la grandes bandas criminales, el desfalco del tesoro público, las sillas de senadores criminales y la dominación de la droga…y en Colombia se prolongan por más de medio siglo el espectáculo inhumano de una crisis irresuelta, mientras dirigentes brillantes, entre cócteles, congresos y publicaciones, disfrutan una vida de seguridad que se derrocha en satisfacciones sobre la misma crisis. Por eso muchos se preguntan si la prolongación de la crisis colombiana no es causada por los mismos cínicos que quieren prolongarla porque se benefician de ella”.

Como bien lo define el Diccionario de la Real Academia Española, el cínico se caracteriza por su “desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Difícilmente se puede encontrar una mejor descripción de lo que es y representa Fernando Londoño en la vida política nacional. Basta recordar que fue sancionado por la Procuraduría con destitución e inhabilidad de 15 años para el desempeño de cargos públicos “por realizar gestiones a favor del consorcio italiano Recchi, del que fue apoderado judicial, haciendo uso de sus poderes como Ministro del Interior y de Justicia. La Procuraduría consideró que el ex ministro incurrió en conflicto de intereses y usó abusivamente su autoridad como segundo hombre más importante de la República después del Presidente. Tiempo después se presentó un conflicto en el contrato y el señor ex ministro sugirió la conformación de un Tribunal de Arbitramento del cual no hizo parte y que en el 2001 falló en contra del Estado colombiano por algo más de $13.958 millones de pesos, decisión que fue confirmada por el Consejo de Estado. Por su gestión el ex ministro recibió poco más de 74 millones de pesos como honorarios”. (http://www.procuraduria.gov.co/html/noticias_2004/noticias_381.htm.)

Londoño, encarna, pues, la quintaesencia de la utilización de ley y los procedimientos como una coartada perfecta para burlar la justicia y hacer prevalecer el interés particular sobre el general, la excepción sobre la norma. Apela a la moral y la ética como una estratagema para afirmar la dominación de los elegidos sobre los demás mortales, esos vulgares plebeyos que ahora reclaman sus derechos. Afianza así la rancia tradición conservadora de estirpe laureanista, imbuida de un narcisismo maniqueo y racista que divide a Colombia desde la noche de los Tiempos entre gente con “clase y distinción”, los autodenominados “ciudadanos de bien”, “blancos y católicos”, predestinados para gobernar, constantemente amenazados por una “chusma insolente y alzada”, que les falta al respeto cuando ella osa afirmar su autonomía y dignidad mediante el ejercicio de sus derechos. Por eso Londoño ha sido un enemigo acérrimo de la acción de tutela y de los principios fundamentales de la Constitución del 91, salvo en aquellas ocasiones que las invoca para defender su insaciable codicia de rábula, como astutamente lo ha hecho para oponerse a la devolución de las acciones de invercolsa al patrimonio de todos los colombianos. Así nos ha dado una muestra pública de “la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”, en la cual quizá sólo es superado por su maestro, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien en nombre de la “seguridad” profundizó y refundió (que jamás refundo) nuestra “Patria” en un campo de trincheras, “falsos positivos”, parapolítica y fosas comunes. Ambos, aupados por el miedo y el terror engendrados por la violencia revanchista y criminal de las Farc, degradaron la política a una escuela de odio y desconfianza, estigmatizando como aliado del terrorismo a todo opositor. La solidaridad ciudadana la prostituyeron en el mercado de las recompensas y en una difusa red de cooperantes, a la postre cooptada por criminales. Incluso llegaron a señalar a magistrados de la Corte Suprema de Justicia como auxiliadores del terrorismo y, como cada día se nos revela en forma más escandalosa, convirtieron al DAS en una agencia con licencia para delinquir.

Por todo lo anterior, era apenas obvio que Londoño se sintiera aludido por la homilía del padre de Roux, para su desgracia hoy Provincial de los jesuitas, como reconocimiento de su compromiso indeclinable de toda una vida con esa “chusma insolente y alzada”, desde sus tiempos remotos como director del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) y los más recientes como coordinador del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio. Quizá por ello en su rabiosa diatriba contra el padre de Roux, Londoño le reprocha que no revele los nombres de los cínicos: “El padre se guarda sus nombres, como el de los beneficiarios jactanciosos de la miseria de tantos, y el de los escenarios que controlan. Lo que es una lástima. Un educador, así eduque para el odio, debe ser claro, como él mismo lo pregona”. Ante semejante cargo, en tono de propia inculpación, no hay mejor respuesta que la bíblica: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7,20). Y sin duda, los frutos del padre de Roux son los de un asceta por la paz, reconocido por ello con el Premio Nacional de Paz de 2001, además de recibir la condecoración de “Caballero de honor de de la Legión Francesa”, otorgada por Francois Miterrand, que lo convierte en miembro de la Legión Francesa. Honores que, desde luego, el padre De Roux oculta como buen asceta.





viernes, agosto 06, 2010

DE-LIBERACIÓN
(Agosto 6 de 2010)

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Álvaro Uribe Vélez: Un Presidente paradójico

Hernando Llano Ángel.

En víspera de abandonar la Casa de Nariño, el signo de la paradoja parece marcar los ocho años de Uribe Vélez en la presidencia de la República. Al menos se pueden destacar ocho grandes paradojas. Veámoslas, en forma vertiginosa, comparadas con las principales metas de su “Manifiesto Democrático” y los resultados obtenidos durante estos dos periodos. Para empezar, ya desde el punto 98 del Manifiesto consideraba insuficientes los primeros cuatro años y anunciaba con voz profética su prolongación en un gobierno de Unidad Nacional: “Insistiré que el País necesita líneas estratégicas de continuidad; una coalición de largo plazo que las ejecute porque un Presidente en cuatro años no resuelve la totalidad de los complejos problemas nacionales. Pero avanzaremos. Por eso propongo un Gobierno de Unidad Nacional para rescatar la civilidad”. Es evidente que tampoco le alcanzaron estos últimos cuatro años, pero hay que reconocer que avanzó notablemente en la profundización de los “complejos problemas nacionales”, como a continuación se puede apreciar en las siguientes ocho paradojas:

1- Avanzamos del conflicto armado interno a uno de carácter regional.

La primera paradoja y la más insólita, es que en su obsesión por negar la existencia del conflicto armado interno, terminó ampliándolo y profundizándolo hasta transformarlo en un conflicto de carácter regional, que hoy afecta no sólo la región andina sino que compromete a todo el continente americano. Con el agravante de haberlo internacionalizado en un horizonte de guerra y no de paz, como consecuencia de su cruzada contra el terrorismo, que desconoció el mismo Derecho Internacional y la soberanía territorial del Ecuador. Cruzada que a su vez catalizó la más grave y profunda crisis humanitaria de orden político y social en el continente, para transitar así de la promesa de la paz a la pesadilla de la hecatombe humanitaria.

2- Pasamos de la paz a la hecatombe humanitaria.

En efecto, en el punto 2 de su célebre Manifiesto Democrático consignó: “Sueño con una Colombia en la que todos podamos vivir en paz, resolver nuestras diferencias pacífica y creativamente, gozar en familia de nuestras carreteras, paisajes y ríos”. Es una lástima que dicho sueño se haya convertido en una pesadilla para cerca de tres millones y medios de desplazados, que no han podido regresar a disfrutar sus “paisajes y ríos”. También que tengamos el mayor número de víctimas de minas antipersonal en el mundo; la más incierta cifra de desapariciones forzadas; el más alto índice de sindicalistas asesinados y “un patrón sistemático de ejecuciones extrajudiciales” o “falsos positivos”, según Philip Alston, Relator de las Naciones Unidas, que implica a un alto número de miembros de la Fuerza Pública. Todo ello, bajo la impronta de la “seguridad democrática” y la Directiva 029 del Ministerio de Defensa, a la cual dieron exitoso cumplimiento los entonces ministros Camilo Ospina y Juan Manuel Santos, desde mañana Presidente en ejercicio.

3- Del Estado Comunitario al Plutocrático y Cacocrático.

En el punto 4 del Manifiesto expresa otro sueño, que lamentablemente cumplió al revés: “Sueño con un Estado al servicio del pueblo y no para provecho de la corrupción y la politiquería. Hoy el Estado es permisivo con la corrupción, gigante en politiquería y avaro con lo social”. La primera parte la cumplió con creces, otorgando a personas de escasos recursos, como Luis Carlos Sarmiento Angulo, incentivos de Agro Ingreso Seguro por apenas12 mil millones de pesos. Igual generosidad tuvo con otras 46 personas que hicieron aportes a su campaña presidencial por 600 millones y coincidencialmente recibieron de su ministro de agricultura Andrés Felipe Arias (Uribito) 45 mil millones de pesos para mejorar la competitividad de sus modestas agro-empresas. En cuanto al “Estado permisivo con la corrupción y gigante en politiquería”, sobresalen los estímulos a congresistas como Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, gracias a los cuales se reformó un “articulito” de la Constitución que le facilitó continuar en la Casa de Nariño por otros 4 años, para no mencionar la degradación de la carrera diplomática, convertida en refugio de “buenos muchachos” como Salvador Arana y Jorge Noguera, habilidosos cacos del entramado criminal de los paramilitares. Hoy el primero está condenado por la Corte Suprema de Justicia a 40 años de prisión por el asesinato del exalcalde de “El Roble”, Edualdo Díaz y el segundo está ad portas de serlo por el asesinato del profesor de sociología Alfredo Correa de Andreis, en Barranquilla.

4- De la buena administración pública al delito de “lesa comunidad”.

Continuando con el punto 17 del famoso Manifiesto, tenemos otra profecía autocumplida: “Necesitamos crear la cultura de buena administración de lo público. Las empresas estatales son las empresas privadas más importantes porque pertenecen a toda la comunidad. Es un delito de lesa comunidad hacer fiesta con lo estatal. Para salvar al Seguro Social, al Sena, al Bienestar Familiar, al Sisben y la educación pública, cero politiquería. Cuando los politiqueros se sienten amenazados salen con el cuento de que las van a privatizar.” En efecto, el Seguro Social fue liquidado y transformado en la fantasmagórica “NUEVA” EPS, que según el reciente informe de la Defensoría Nacional del Pueblo se encuentra en el último lugar en la percepción de los usuarios sobre la calidad de sus servicios, con 58.43 puntos sobre 100, “siendo la única que no pasó el mínimo aceptable”. A los delitos de lesa humanidad ya señalados, habrá que añadir el de “lesa comunidad” del Manifiesto, inventado por la inteligencia superior de Uribe cuando era candidato en el 2002 y perpetrado por la NUEVA EPS en su postrera administración presidencial. En cuanto a la “cultura de la buena administración de lo público”, según la Auditoría General de la República, en Colombia por causa del fraude y la corrupción se pierden 4.2 Billones de pesos al año, que equivalen a dos veces el presupuesto de Coldeportes, el Sena y 1.8 el de Bienestar Familiar. En la clasificación de Transparencia Internacional y su índice sobre percepción de la corrupción, siendo 0.00 la peor calificación y 10 la mejor, Colombia se raja con 3.7 en el 2009. Y según la percepción ciudadana, se pasó del 72.6% en el 2008 al 77.3% el año pasado sobre el aumento de corrupción en la administración pública.

5- Del Congreso Visible a la Picota.

En el punto 19 del Manifiesto se lee: “Necesitamos un Congreso Visible. Que la gente conozca por nombre propio a los congresistas. Que sepa a qué hora entran y a qué hora salen, qué proyectos presentan, qué debates impulsan”. En efecto, gracias a la tenacidad del poder judicial y a los testimonios de los comandantes paramilitares, antes de que fueran extraditados para contener y aplacar un poco el escándalo de la parapolítica, hoy se encuentran 91 congresistas procesados de los elegidos en el 2006, y el 79% de ellos son miembros de partidos que pertenecen o pertenecieron a la coalición uribista. Al respecto, no hay que olvidar el consejo del propio presidente Uribe: “voten, mientras puedan hacerlo”, pues muchos de sus copartidarios pasaron rápidamente del régimen parlamentario al carcelario. Sin duda, Uribe quedará registrado en la historia política nacional como el artífice impune de la más perversa mutación que pueda experimentar una sociedad, la simbiosis del crimen con la política, bajo la forma de coaliciones insospechadas entre paramilitares y destacados políticos regionales y nacionales. En la actualidad hay 101 figuras regionales procesadas, entre ex gobernadores, ex alcaldes, diputados y concejales.

Semejante proeza fue posible gracias a su manipulación maniquea del miedo ciudadano infundido por el terror de las FARC, que le permitió en dos ocasiones ser Presidente sin tener partido y con el respaldo de millones de firmas de ciudadanos, al mismo tiempo que canalizaba todos los votos aportados por una vasta red mutante de políticos y criminales, camuflados bajo las más curiosas siglas y letras del alfabeto, desde la “U” hasta el PIN, incluyendo tránsfugas liberales y conservadores, que hoy se confunden y cubren en el abrazo de la Unidad Nacional, santificados y transubstanciados por la reciente victoria electoral.

6-“De una Colombia sin guerrilla ni paramilitares” a las nuevas Bandas Criminales.

“Es la garantía de la seguridad ciudadana durante el conflicto y después de alcanzar la paz”, reza el punto 26 del Manifiesto, pero la realidad nos demuestra que ha sucedido algo peor e inesperado, pues según el Inspector General de la Policía, general José Roberto León, los miembros de las denominadas oficialmente nuevas Bandas Criminales (Bacrim) pasaron de 2000, al comienzo de 2009, a cerca de 3.700 a finales del año y están presentes en 19 Departamentos y 159 Municipios, en forma de “1.170 pequeñas redes que se dedican al microtráfico y a ejecutar todo tipo de crímenes”. Como si lo anterior fuera poco, el éxito de la llamada “seguridad democrática” ha acelerado las coaliciones más insólitas en diversas regiones del país entre la guerrilla y los narcotraficantes, incubándose así una nueva metamorfosis de los actores armados, que profundiza la politización del narcotráfico y la degradación de la política.

Todo parece indicar que la gallinita Rumbo se desorientó y no empolló los huevos esperados por el Presidente, sino los de la famosa serpiente que no ha podido matar a pesar de los más de 21.12 billones de pesos destinados a la Fuerza Pública en el presupuesto actual para cortarle la cabeza. Dicha cifra equivale al 14.2% del PIB y es superior al presupuesto actual para la educación, que es de 20.58 billones.

7- De la fraternidad en el campo y la reforma agraria al despojo de más de 5 millones de hectáreas.

El punto 63 del Manifiesto proclama: “Necesitamos a los campesinos y a los empresarios. Fraternidad en la tenencia de tierras, sin feudalismo ni lucha de clases. Adelantaremos una política de tierras encaminada a mejorar las condiciones sociales y productivas de nuestros campesinos pobres. La tierra que se compre para reforma agraria deberá ser buena y productiva”. Pero la cruel realidad del despojo a sangre y fuego de la tierra campesina demuestra lo contrario: cerca de 5.5 millones de hectáreas arrebatadas por la acción conjunta del narcoparamilitarismo, la guerrilla y el desarrollo de ambiciosos proyectos agroindustriales, como el cultivo de la palma africana, ha condenado a millones de campesinos a deambular como fantasmas por nuestras ciudades. Sin olvidar el escándalo de la hacienda Carimagua, inicialmente destinada a campesinos desplazados, para luego pretender ser asignada a la agroindustria so pretexto de garantizar su adecuada explotación.

8- Por último, del fallido Estatuto antiterrorista a la política del terror.

En el punto 33 del Manifiesto aparece la más reveladora de todas las paradojas, pues anunciaba la urgente necesidad de: “Un estatuto antiterrorista que facilite la detención, la captura, el allanamiento”, en su momento declarado inexequible por la Corte Constitucional. Estatuto sustentado así por el entonces candidato Uribe: “A diferencia de mis años de estudiante, hoy violencia política y terrorismo son idénticos. Cualquier acto de violencia por razones políticas o ideológicas es terrorismo. También es terrorismo la defensa violenta del orden estatal”. Con semejante declaración del candidato Uribe no parece necesario esperar el título que la historia le conferirá como Presidente, si es que antes no lo hace la justicia nacional o internacional.

Pero falta la mayor y más temible paradoja de todas a los ojos de Uribe, que explica en gran parte la forma como precipitó la actual crisis con Venezuela, y es que el gobierno de Santos cometa el sacrilegio de abrir las puertas del diálogo con las FARC y abandone así su política de culebrero del terror que tantos dividendos le ha reportado, como vehementemente lo advirtió en su despedida ante la cúpula militar: “sabemos que la culebra del terrorismo, cuando siente que está asfixiada y le tenemos una horqueta en el pescuezo, ahí mismo pide procesos de paz, para que le aflojemos la horqueta, tomar oxígeno y volver a envenenar (...) Y muy hábiles como quieren internacionalizar la solicitud de oxígeno; ahora quieren internacionalizar la solicitud de que les levantemos la horqueta, para seguir envenenando a los colombianos. En esa trampita no vamos a caer”.

Moraleja: Razón tenia Max Weber en su célebre conferencia “La política como vocación”, cuando señaló: “Es una tremenda verdad y un hecho básico de la Historia, el que frecuentemente o, mejor, generalmente, el resultado final de la acción política guarda una relación absolutamente inadecuada, y frecuentemente incluso paradójica, con su sentido originario”, pues la obsesión de Uribe por matar la culebra le está dando vida política gracias al auspicio de Hugo Chávez, su alter ego presidencial y mayor adversario político internacional. Tal parece que el estratega político siempre vence al militar. Quizá vuelva a cumplirse el refrán de nuestras guerras civiles del siglo XIX: “Colombia es una tierra de cosas singulares, dan la guerra los civiles y hacen la paz los militares”, aunque en este caso se trate de un simple cadete de la Armada Nacional, sin subestimar que cuenta con la ayuda de Angelino, la Conferencia Episcopal y hasta el señor de los Milagros de Buga.





miércoles, julio 14, 2010

DE-LIBERACIÓN
11 de julio de 2010
(http://calicantopinion.blogspot.com)
DE POLÍTICA Y FUTBOL: ENTRE CABEZAZOS Y PATADAS
Hernando Llano Ángel.
La política y el fútbol tienen mucho en común. Para empezar, ambos se hacen con la cabeza, pero en ellos casi siempre gana el que más patea y golpea al adversario. Claro está que en este mundial los goles decisivos fueron anotados de cabeza: Pujol contra Alemania y Khedira contra Uruguay. Pero en la política internacional y doméstica parece que siempre ganan los que patean más fuerte a sus adversarios, hasta literalmente sacarlos de la cancha. Así se confirma que lo hizo Nixon contra Allende, cuando utilizó las extremidades de la bestia pinochetista para terminar el juego democrático y aniquilar el capitán del equipo ganador. En nuestro campo sucede algo similar con las víctimas del desplazamiento forzado, pues son pateadas sin misericordia por la extrema derecha, la extrema izquierda y los narcos, según varían las relaciones de fuerza y los acuerdos entre dichos bandos en las diferentes regiones del país. De no ser por el arbitraje de la Corte Constitucional y su famosa sentencia T025, alertando sobre el estado de cosas inconstitucional en que discurre la vida de más de tres millones de desplazados, el gobierno nacional no les garantizaría ni siquiera un lugar bajo el sol. Por todo ello la vida de millones de personas depende cada día más de los resultados en el campo de juego y en las elecciones. Desde el 11 de Junio hasta hoy, durante un febril mes, la alegría o desdicha del mundo corrió tras un balón y la habilidad de 22 jugadores empeñados en alcanzar una esquiva victoria en el mundial de Sudáfrica. Pero existen más diferencias que semejanzas entre la política y el fútbol, para desgracia de todos. Sin duda, el fútbol es una actividad más vital y noble que la política, a pesar de todas las triquiñuelas y trampas que comparte con ésta. En gran parte se debe a que en el fútbol sus protagonistas exponen públicamente sus habilidades y limitaciones. En la política sucede todo lo contrario: sus protagonistas ocultan al público sus debilidades y defectos. En la cancha resplandece la transparencia de las jugadas y la penumbra de las faltas. En la política sólo se exhiben los aciertos y se ocultan, casi hasta desaparecer, las mentiras y las trampas de quienes la protagonizan.
Transparencia Vs Tramparencia
Se puede afirmar que en el fútbol prevalece una épica de la transparencia, mientras en la política predomina una antiética de la trampa, pues se hace aparecer como victorias colectivas las que en muchas ocasiones no son más que triunfos de minorías. Valga como ejemplo el reciente triunfo de Juan Manuel Santos, elevado al paroxismo de la mayor votación presidencial en nuestra historia, pero se oculta que la abstención aumentó y fue del 55% del censo electoral. En otras palabras, los 9 millones de votos por Santos apenas representan el 30% del censo electoral, que hoy es de 30 millones de ciudadanos. En términos futbolísticos, el picado de la política nacional lo ganó la abstención por 7 goles contra 3 de la participación. Lo grave de lo anterior es que dicho resultado permitirá que quienes anoten los goles y continúen ganando sea una minoría del 30% contra el 70% de la mayoría nacional. Es decir, el país político contra el país nacional, como bien lo denunció hace ya 62 años un brillante y plebeyo futbolista de la política nacional, Jorge Eliecer Gaitán, físicamente ejecutado en la cancha por encarnar, aunque sólo fuera por una vez, la probable derrota del país político frente al país nacional.
El país político entonces ordenó su asesinato antes de correr el riesgo de perder el poder en el campo del juego electoral. Y aquí estriba la mayor diferencia entre el fútbol y nuestra política, pues ésta lleva ya más de sesenta años atentando contra las mayorías y la democracia, que no puede existir sin respetar la libertad y la vida de sus adversarios, así como su eventual triunfo. Jamás toleraríamos un mundial donde siempre ganara el mismo equipo. Mientras el fútbol es un juego incierto y vital, entre nosotros la política se ha convertido en un juego que siempre gana el mismo equipo, el país político de los privilegios y el crimen impune --aunque cambie con frecuencia de uniforme y capitán-- contra el país nacional de las mayorías y las víctimas. Nuestra política no es una competencia vital de ganadores inciertos, sino un combate mortal que deja insepultos a perdedores eternos, sin derecho a revancha, pues sus vidas y sueños quedan en la cancha corrompiéndose a la vista de todos.
Contra las ayudas técnicas y la memoria histórica
Por eso en nuestra política se suele eliminar violentamente al adversario, utilizando la combinación de todas las formas de lucha, táctica instaurada por las facciones liberales y conservadoras desde el siglo XIX y perfeccionada el siglo pasado durante la Violencia y después con la fórmula del Frente Nacional. Así sucedió en 1989 con el asesinato de Galán y en el 90 con los de Bernardo Jaramillo, de la UP, y Carlos Pizarro de la AD-M19, sin olvidar las miles de vidas de jugadores anónimos, aniquilados por el fuego cruzado de los vengadores de todos los bandos. Incluso también con la vida de destacados jugadores del mismo establecimiento, como Álvaro Gómez Hurtado, en 1995. Porque la política colombiana jamás ha dejado de ser un campo minado, donde sus protagonistas no respetan otra norma distinta a la de su triunfo y la consolidación de su hegemonía. Por eso, como también sucede en el fútbol, los políticos nacionales temen sobre todo a que se conozca la forma como obtienen sus victorias. Así como la FIFA es renuente a las ayudas técnicas que impedirían aquellos triunfos alcanzados con goles anotados violando las reglas de juego y con el concurso de los errores arbitrales, en nuestra política nacional se teme sobre todo que se conozca la historia truculenta y violenta que está detrás de tantas victorias electorales. Nada temen más los políticos ganadores que a la memoria, por eso impiden por todos los medios un juicio histórico de sus victorias, para no mencionar el juicio sobre sus culpabilidades penales. Igual que en el fútbol, una vez validado el gol por el árbitro, en la política después de la victoria electoral ya no importa cómo ésta se haya alcanzado, es irrelevante que haya sido con violencia, cohecho o fraude electoral. El éxito y la victoria legitiman todos los resultados. Nadie puede acallar el grito victorioso del gol anotado.
Jueces y árbitros incómodos
Esta grave semejanza, que amenaza tanto al fútbol mundial como a la política nacional, tiene un límite en la probidad y la competencia de los jueces, cuando falla la memoria y el juicio de los ciudadanos. Precisamente por ello un jugador tan victorioso y mañoso como Uribe no tolera la existencia de jueces independientes, que estén señalándole que sus triunfos fueron el resultado de jugadas sucias, como el cohecho de Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, además de las alianzas criminales de sus copartidarios de la “U” con los comandantes paramilitares. Por eso es tan peligroso para la política que los ciudadanos se comporten como fanáticos y sólo les interese que gane su equipo, despreciando los medios que utilice para alcanzar la victoria, pues consideran que su adversario es un enemigo repudiable que debe ser eliminado y expulsado de la cancha. Así las cosas, el juego sucio está justificado, desde la persecución ilegal de las interceptaciones telefónicas hasta el asesinato de los “falsos positivos”.

Después de la algarabía del triunfo, es un traidor aquel que insista en que el gol fue anotado con la mano o que el héroe estaba fuera de lugar. Nada puede un árbitro o las ayudas técnicas contra cientos de miles de gargantas. Ahora sólo hay tiempo para celebrar en UNIDAD NACIONAL. Esa es la jugada maestra que pretende realizar Santos, no sólo jugando de local sin oposición o equipo adversario, sino también en las canchas internacionales. Por eso trata de conseguir la asesoría de árbitros independientes como el juez Baltazar Garzón. También por ello se reúne con las altas cortes nacionales. Sin duda, lo que busca es congraciarse con aquellos que en un futuro eventualmente puedan juzgar sus actuaciones y revisar sus jugadas como ministro de defensa, donde aparecen cerca de 507 “falsos positivos” ejecutados durante su gestión.
Que viva la pluralidad
Pero ya ha terminado el mundial de Sudáfrica y España es campeona con méritos. Su triunfo, como pocas veces sucede en la política, no es el de un Estado sino el de un “pueblo de aluvión, crisol de culturas”, capaz de reconciliar el talento de jugadores catalanes como Pujol e Iniesta con el valor y la emoción de Iker Casillas y de muchos otros procedentes de diversas regiones y equipos. Ojalá fuera así en la política y la pluralidad y la memoria se convirtieran en la mayor fortaleza y riqueza de los pueblos, pues la unanimidad y el olvido bajo la coartada de una supuesta unidad nacional sólo favorecen el triunfo de los verdugos sobre la memoria de las víctimas. Triunfo que termina siendo tan efímero como la victoria de Italia en el pasado mundial, obtenida con trampas y juego sucio, que a la postre pagó con su rápida eliminación y descenso hasta el puesto 26 entre los 32 equipos que compitieron en Sudáfrica.

sábado, junio 19, 2010

SEGUNDA VUELTA PRESIDENCIAL: LA POLÍTICA Y LA DEMOCRACIA
PIERDEN POR DOBLE “U”
Hernando Llano Ángel.
Es el titular que me parece mejor resume los resultados de las elecciones de mañana, donde la ausencia de la mayoría de los electores en las urnas terminará por conceder un lánguido triunfo a Juan Manuel Santos y su partido de la “U” sobre Mockus y los verdes. Un triunfo que no alcanzará siquiera el respaldo del 30% de los casi 30 millones de colombianos habilitados para votar. Por eso mismo será una derrota inobjetable de la política y la democracia frente al triunfo irrebatible de la politiquería y la cacocracia, diestras y también siniestras en manipular y robar la esperanza ciudadana desde la noche de los tiempos.

Todo Positivo
Y ese resultado confirma de nuevo la sabia advertencia de Edmund Burke: “Los gobernantes corruptos son elegidos por ciudadanos honestos que no votan”, a los que habría que sumar el casi 70% de colombianos que apenas reciben el 30% del PIB. Tal parece que en este terreno las estadísticas sobre la distribución del PIB guardan una proporción matemática con el porcentaje de los que son políticamente representados, si tenemos en cuenta el arrastre de programas asistencialistas como “Familias en Acción” (cerca de 3 millones) y el tamaño de la burocracia pública, especialmente de las 800 mil familias que tienen al menos un miembro en la Fuerza Pública o las empresas de seguridad privadas, cuya convicción y lealtad son incondicionales con la “seguridad democrática”. Para cerca de cuatro millones de votantes Santos es totalmente positivo, según la expresión castrense, y no tiene nada negativo. No importa que durante el 2007 el propio informe del relator de las Naciones Unidas para investigar las ejecuciones extrajudiciales, Philip Alston, haya documentado 507 “falsos positivos” bajo la intachable gestión del entonces ministro de defensa Juan Manuel Santos. Claro está que él demostró en los debates televisados, con aplomo y cinismo, que no tuvo ninguna responsabilidad en dichos crímenes, como tampoco en la ejecución de la apertura económica, cuando fue ministro de Comercio Exterior bajo el gobierno de Gaviria. Por eso es que su triunfo sella la derrota en línea de la política y la democracia, pues consagra el triunfo de la irresponsabilidad gubernamental hasta los confines de de la impunidad.

Un Gobierno de impUNIDAD Política

No gratuitamente su gobierno se autodenomina de “Unidad Nacional”, pues así pretende perpetuar, con el apoyo de todos los políticos que rápidamente se le sumaron, el mayor logro del Frente Nacional: la impunidad de gobernar sobre los cuerpos de miles de víctimas sin tener que rendir cuentas a nadie por crímenes de lesa humanidad. Pero los tiempos que corren son otros. Santos y su proclamado gobierno de “Unidad Nacional” olvidan que la Justicia, tanto la nacional como la internacional, dejó de ser cómplice del Príncipe y ya no acude presurosa a sus citas y mucho menos atiende como cortesana todas sus peticiones. No porque la justicia se haya politizado, como la sindica Uribe, sino por todo lo contrario: es el crimen el que se ha politizado y pretende seguir gobernando impunemente. Pero resulta que la gente cada día tolera menos el crimen y cada vez cree menos en razones de Estado para justificar o legitimar delitos de lesa humanidad, así sea en nombre de sacrosantos valores como la libertad o un futuro reino de igualdad social. Cada día es más claro que la dignidad de los fines depende de los medios con que se alcancen y que no habrá un triunfo perdurable alcanzado con medios deleznables. Mucho menos cuando los medios utilizados, como la propaganda política, son una negación de la realidad objetiva, aquella que se nos impone a todos con su insoportable peso de dolor e iniquidad, como los cerca de 4 millones de desplazados; los más de 2000 jóvenes asesinados y presentados como “falsos positivos”; los cerca de 3 millones de desempleados y 7 millones de trabajadores informales, que conforman el más pesado legado de Uribe, del cual se siente orgulloso heredero Juan Manuel Santos.

Por eso su triunfo de mañana es tan inobjetable como efímero, pues para gobernar tan tozudas realidades no le bastará con la retórica de un “Gobierno Nacional” y mucho menos convocar a todos los colombianos a un gran “Acuerdo Nacional”, pues ambas fórmulas lo único que pretenden es ocultar y disimular la realidad nacional, negar una vez más el país nacional en beneficio del país político, del que sin duda es su más eximio y destacado representante. Para tratar de conjurar esa realidad ya invoca nuevos embrujos bajo nombres seductores como la “prosperidad democrática” y la “reconciliación nacional”. Aquellos que no comulguen con tan nobles propósitos serán declarados apátridas, personas llenas de rencor, odio y envidia, y no habrá lugar para su mendaz oposición. ¿Puede alguien oponerse a la prosperidad, a la fraternidad y la felicidad de la familia nacional? En caso de existir será considerado un Caín corroído por la envidia de la prosperidad de su virtuoso hermano Abel y no un miembro de la familia colombiana. Deberá, entonces, abandonarla o exponerse a su juzgamiento por traidor o incluso a una eventual estigmatización como aliado de la narcoguerrilla. Pero siempre habrá tiempo para rectificar y las puertas estarán abiertas para ser parte del “Acuerdo Nacional”, porque Juan Manuel es tan magnánimo que ya incluyó los puntos de Petro y Antanas en su programa de “Gobierno Nacional”, demostrando así la versatilidad propia de un camaleón. Nada ni nadie puede escapar a su voracidad de consenso y unanimidad nacional, exceptuando a los obcecados narcoterroristas de las FARC, para quienes incluso ya ofreció una justicia especial a cambio de que no disparen contra el “Acuerdo Nacional”. Es probable que hasta eventualmente hagan parte del “Gobierno Nacional”, porque Juan Manuel no es excluyente y estará al servicio de todos los colombianos.

Un Régimen Parlamentario de ImpUNIDAD Nacional

Para consolidar semejante escenario de “Unidad Nacional”, promoverá una nueva reforma constitucional, para liquidar ese desprestigiado y corrupto Congreso de la República, infiltrado y cooptado por perversos narcotraficantes y paramilitares, contra la voluntad de los abnegados políticos de la coalición uribista, hoy arbitrariamente perseguidos por la Corte Suprema de Justicia y recluidos en cárceles sin garantía alguna de apelar a una segunda instancia. Será una reforma purificadora, moralizante y modernizante que instaurará un verdadero régimen Parlamentario (nada que ver con el penitenciario), para garantizar hasta más allá del 2019 el reino de la “prosperidad democrática” y el retorno de su instaurador, Álvaro Uribe Vélez, quien celebrará como primer ministro el bicentenario de nuestra independencia. De esta forma, por fin, podrá cumplir algunas de sus más caras metas anunciadas en el famoso “Manifiesto Democrático” del 2002, como la que aparece en el punto 18: “El número de congresistas debe reducirse de 266 a 150... Que haya audiencias públicas para los reclamos regionales, pero no auxilios parlamentarios que corrompen la política. Si los eliminamos, con cada $10 millones de ahorro, podemos financiar una pequeña empresa y crear 2 puestos de trabajo”. Curiosamente suena como a una música familiar. Pero, sobre todo, podrá cumplir lo prometido en el punto 98: “En mis manos no se defraudará la democracia. Insistiré que el país necesita líneas estratégicas de continuidad; una coalición de largo plazo que las ejecute porque un Presidente en cuatro años no resuelve la totalidad de los complejos problemas nacionales. Pero avanzaremos. Por eso propongo un Gobierno de Unidad Nacional para rescatar la civilidad”.
Queda claro que Santos será algo más que el heredero de Uribe, encarnará una nueva especie de actor político, será un Presidente Testaferro o, para continuar con las metáforas avícolas, será una incubadora de huevos de serpiente, pues la “seguridad democrática” en lugar de rescatar la civilidad fortaleció como nunca antes el militarismo y su casi impune espíritu de cuerpo; en vez de generar empleo produjo la hecatombe de más de 3 millones de desempleados y la cohesión social la redujo a una red de familias en acción que convirtió en millones de-votos para Santos. Pero no hay motivo para preocuparse. Toda la nación reconoce en Juan Manuel al mejor de los camaleones. Incluso es capaz de convertirse en Uribe y no reconocer su propia identidad. Dentro de poco veremos las hermosas criaturas que brotarán de los huevos de la incubadora oficial, probablemente con una voracidad depredadora similar a la de sus socios del “Gobierno Nacional”. Entonces cobrará pleno sentido un ejercicio de oposición y resistencia ciudadana. Será el momento para que los Girasoles dejen de ser ciegos a la necesidad de coaliciones con otras fuerzas políticas y de reafirmar sus convicciones en que la política y la democracia son un asunto de generaciones y no solamente de elecciones.

Un asunto de generaciones, más que de elecciones
Serán cuatro arduos y difíciles años, no de travesía por el desierto de la oposición, sino de acciones y apuestas estratégicas para ganar en las elecciones municipales y departamentales, forjando así ciudadanía y democracia desde la provincia hasta alcanzar en el 2014 el gobierno nacional. Los más de tres millones de ciudadanos que apostamos por la política contra el clientelismo y la picardía, no podemos olvidar que es en nuestras ciudades y departamentos donde se juega el sentido y la identidad de nuestro sistema político. Si es una Para institucionalidad al servicio de clientelas, contratistas y redes de delincuentes de cuello blanco y organizaciones criminales o, por el contrario, una institucionalidad democrática en función de la ciudadanía. Tanto los dirigentes del Polo como del partido Verde tienen que estar a la altura de la historia y de las nuevas generaciones, cada vez más exigentes con los resultados de su gestión pública, la competencia de sus funcionarios y la coherencia de sus actuaciones en los gobiernos locales. Nunca como ahora el futuro de la Nación y de las nuevas generaciones se juega en el campo de las regiones. Durante los últimos doce años hemos visto como más de tres millones de compatriotas perdieron su condición de ciudadanos. En gran parte ello aconteció bajo el auspicio de las mal llamadas “Convivir” y del auge del narcoparamilitarismo, que bajo el embrujo de la seguridad democrática y con el terror infundido por las FARC, llegó triunfante hasta la Casa de Nariño. Ahora Santos pretende hacer el milagro de transubstanciar la sangre de miles de víctimas del paramilitarismo, de la guerrilla y de miembros de la Fuerza Pública que con sus delitos deshonraron su misión, en un “Gobierno Nacional” y un “Acuerdo Nacional” en aras de una demagógica “prosperidad democrática”. La última vez que vivimos una escena parecida fue durante la exultante proclamación del “Frente Nacional” y hoy padecemos sus gloriosas secuelas. Ya va siendo hora de forjar un País de ciudadanos como una tarea que compromete a varias generaciones, más allá de los resultados de las elecciones de mañana, sólo así la política y la democracia dejarán de perder por doble “U” ante falsos y tramposos jugadores con uniformes y credenciales de estadistas.

viernes, junio 04, 2010

DE-LIBERACIÓN
(Junio 3 de 2010)

(http://calicantopinion.blogspot.com)


Fábula de la gallinita Rumbo y la Unidad Nacional

Hernando Llano Ángel

Acaba de llegar a Bogotá la más prestigiosa comisión internacional de teratología del mundo, que como se sabe es la ciencia encargada de estudiar los monstruos y las deformaciones del mundo animal y vegetal, con el fin de dilucidar la especie a la que pertenece un indescifrable monstruo político que habita en Colombia. La controversia gira en torno a sí se trata de una nueva especie avícola, de inteligencia superior o, por el contrario, es un simple truco de un pícaro prestidigitador con dotes de ventrílocuo avezado. Para tratar de esclarecer el misterio, la Comisión ha solicitado la ayuda de la Fiscalía y sus investigadores, pues la última proeza del monstruo tuvo lugar el pasado 30 de mayo, cuando alcanzó un triunfo arrasador en las elecciones sobre todos los demás contendientes, pero especialmente sobre una rara avis de largo vuelo conocida como Mockus. Después de un arduo seguimiento a Juan Manuel, los investigadores de la Fiscalía comprueban que ha ingresado a la Casa de Nariño. Allí presencian una escena insólita entre el presidente Uribe y Juan Manuel, pues ambos se saludan como simples particulares, más allá de todo protocolo oficial o aspiración política presidencial. Un típico saludo de amigos entrañables dispuestos a tratar asuntos personales. Tan personales, que la conversación gira en torno a una gallina muy popular que el Presidente llama “Rumbo” y sobre el futuro de sus tres huevos. Obviamente los de la gallina.

Prueba Reina

En la prueba aportada por los investigadores de la Fiscalía a la Comisión de teratología, se observa la forma como ambos tratan con sumo cuidado cada uno de los huevos, pues el presidente Uribe le insiste en que son muy frágiles. Especialmente el que tiene en su mano derecha, que cariñosamente llama “seguridad democrática”, y que es su preferido. A tal punto que se lo entrega a Juan Manuel para que lo cuide y lo empolle, mientras esté ausente de la Casa de Nariño, pues dentro de poco y contra su voluntad tendrá que abandonarla. Juan Manuel le responde que lo hará con mucho esmero, poniéndolo a salvo de la peste de los “falsos positivos”, inoculada por una temible y mentirosa serpiente llamada “Prensa” y un tendencioso Philip Alston, Relator de las Naciones Unidas para las ejecuciones extrajudiciales. También le asegura que por ningún motivo permitirá que dicho huevo pueda ser manipulado por peligrosos fanáticos de la legalidad y mucho menos abandonado en una verde pradera a disposición de los terroristas. Luego Uribe le enseña el segundo huevo, que es su máximo orgullo y cariñosamente llama “inversión extranjera”. Un huevo enorme, amarillo y reluciente, de cáscara impenetrable, que se lo pasan de mano en mano. Ambos sonríen con satisfacción y se miran a los ojos con emoción. Juan Manuel le recuerda que el empolló muchos de igual consistencia, cuando fue Ministro de Comercio Exterior y después de Hacienda, con enorme éxito en los mercados internacionales, dejando para el mercado interno los más pequeños y de menor calidad. Uribe le celebra tan buena gestión y levanta su dedo índice, diciéndole: “Así se hace Juan Manuel, hay que atraer más inversión extranjera”.

De repente el Presidente mira para todos los lados, como si se sintiera espiado y perseguido por la Justicia, pero Juan Manuel lo tranquiliza y le dice, dándole un par de palmaditas en su hombro, como entrañable amigo: “No te preocupes Álvaro, no te Das cuenta que tengo todo bajo control”. Y Uribe le responde: “Claro, no me preocupa nada, pero es que no encuentro el último huevito, ese de la “cohesión social”, que es tan pequeñito y maloliente, pero tan importante, pues pone a las familias en acción y rinde una barbaridad”.

A Juan Manuel le brillan los ojos, llenos de picardía, y sin disimular una sonrisita, le responde: “Álvaro, ese ya lo tengo aquí en mi mano derecha, pues es ahora el más importante y estoy seguro que el próximo 20 de junio nos rendirá mucho más”.

Así termina el encuentro entre estos dos amigos y su conversación estrictamente personal, sin referencia alguna a temas de interés público o nacional, relacionada sólo con asuntos y negocios avícolas, como se observa en el truculento vídeo realizado por agentes de la oposición infiltrados en la Fiscalía. Video que ha quedado a disposición del Procurador General de la Nación para la investigación y ejemplar sanción de los responsables de semejante ofensa y violación a la privacidad del Presidente de la República y su amigo, Juan Manuel. Por su parte, la Comisión de expertos en teratología ha dictaminado que no se trata de una nueva especie avícola sino de una conocida ave depredadora, hoy popularmente llamada “U”, de plumaje azul y rojo, pero que lleva más de medio siglo alimentándose del Estado y de los colombianos en nombre de la democracia y la “Unidad Nacional”.