martes, agosto 29, 2023

PRIMER DOCTORADO EN ESTUDIOS PARA LA PAZ EN COLOMBIA.

 

PRIMER DOCTORADO PARA LA PAZ EN COLOMBIA

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/primer-doctorado-la-paz-colombia

Hernando Llano Ángel.

Suena exagerado, casi inverosímil, que apenas el pasado miércoles 16 de agosto de 2023, en el Centro Cultural de Cali, se haya presentado en sociedad el primer doctorado en Estudios para la Paz[1] en nuestro país. Ha sido posible gracias a la intensa colaboración académica de las universidades Javeriana de Cali, entonces bajo el rectorado del padre Luis Felipe Gómez, S.J y la Universidad del Valle, dirigida por Edgar Varela, con los valiosos aportes de un colectivo de docentes de ambas universidades coordinados por Manuel Ramiro Muñoz, del Instituto de Estudios Interculturales de la Javeriana[2] y Adolfo Álvarez, del Instituto de Investigación e Intervención para la Paz[3]. La presentación del mismo estuvo a cargo de quien ha consagrado su vida y pasión al servicio de la paz y la dignidad de todas las víctimas del conflicto armado interno, el padre Francisco De Roux, S.J, hoy empeñado en la tarea más urgente y necesaria para evitar la repetición incesante de las víctimas y la impunidad de sus victimarios, como es la reconciliación política nacional. Como coloquialmente lo pregona, salir del “modo guerra” y entrar en el “modo paz”. Por ello, cabe decir, sin exageración alguna, que el padre Pacho –tal como es conocido y llamado popular y cariñosamente—es un hombre de Verdad, Paz y Reconciliación.

Un hombre de Verdad, Paz y Reconciliación.

Por serlo, el padre Pacho, ha sido injustamente estigmatizado e incluso perseguido desde las orillas extremas de la derecha y la izquierda. Fue secuestrado por el ELN en el Magdalena medio, cuando estaba al frente del Programa de Desarrollo y Paz en esa violenta y convulsa región. Incluso estuvo a punto de ser ejecutado por recibir ayudas de USAID, la agencia de cooperación norteamericana, pero fue milagrosamente dejado en libertad por una llamada providencial de mandos superiores del ELN. También tuvo que abandonar el país cuando fue director del CINEP, pues su vida corría riesgo por graves amenazas, procedentes de ese turbio e indescifrable mundo de la inteligencia del establecimiento, que gradúa de enemigo de la “democracia” a quienes investigan y denuncian con rigor los agujeros negros de la misma, que devoran impunemente a quienes promueven y defienden los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Es más, todavía recae sobre él la sombra de ser un simpatizante de la guerrilla, que se extiende incluso a la Compañía de Jesús y la Universidad Javeriana en Bogotá y Cali, por haber promovido el Acuerdo de Paz del 2016 y haber sido presidente de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición (CEV). Especialmente por su trabajo denodado a favor de la dignificación de todas las víctimas, sin importar la identidad de los victimarios, teniendo siempre como horizonte la reconciliación política nacional, precedida del reconocimiento de la responsabilidad, la plena verdad y la no repetición de dichos actos atroces por parte de sus ejecutores. Irónicamente, hoy en Nicaragua, Daniel Ortega, “dictador sandinista”, cierra la Universidad de Centro América, la UCA[4], regentada por los jesuitas, tildándola de promover el terrorismo. Seguramente por todo ello, el padre Pacho, dejó la siguiente constancia y aclaración personal en el anexo del Informe Final de la CEV: HAY FUTURO SI HAY VERDAD[5], titulado “Constancias y Aclaraciones de los Comisionados”[6]: “Personalmente nunca estuve de acuerdo con la lucha armada. Colombia tenía que hacer, tiene que hacer, cambios estructurales profundos pero la guerra que los alzados en armas consideraron que era el único camino posible, lejos de conseguir los cambios los hizo casi imposible. Solo los intervalos de paz trajeron esperanza. Hago esta aclaración para reconocer mi responsabilidad personal de no haber tomado una posición crítica clara, en los primeros años del conflicto contra los crímenes de la guerrilla, mientras criticábamos con toda razón los crímenes por las violaciones de derechos humanos por el Estado. Hoy, después de millones de víctimas de todos los lados, quiero resaltar la reflexión de la Comisión que pone en evidencia los errores y los crímenes de todos los lados en el conflicto armado interno y deja claro que estamos ante la guerra inútil y llama a pararla desde todos los lados. Y personalmente quiero reiterarles a los insurgentes que continúan con armas lo que ellos bien saben: que cada día de conflicto armado en el que ellos se mantienen acrecienta el sufrimiento del pueblo y destruye los ideales que se propusieron conseguir con fusiles; y celebro la decisión del nuevo gobierno de tomar la iniciativa para poner en marcha y liderar el proceso de paz grande, sin exclusiones.  Pero esta aclaración personal, está precedida también por su juicio sobre los llamados “falsos positivos”: “Por otra parte, no estoy de acuerdo en afirmar que se trató de una política de Estado para matar a inocentes. Las normas premiaban las muertes en combate y daban incentivos para ello. Dentro de esas normas y aprovechando los incentivos se montaron las mentiras de los falsos combates y de los “falsos terroristas dados de baja” con la ayuda de paramilitares y civiles pagadosEl punto de esta aclaración es mi convicción de que no estamos ante una política de Estado, como no son política de Estado la corrupción y la impunidad analizadas también por el Informe Final como crímenes gravísimos que contribuyen a perpetuar el conflicto. Estamos ante una ruptura ética devastadora sobre la cual no pueden construirse leyes ni normas y ante la cual, de no producirse un cambio de conciencia personal e institucional, de poco sirve la Constitución”. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las anteriores aclaraciones del padre Pacho, pero lo que no se puede desconocer es su integridad ética y coherencia personal, que en forma maniquea sus críticos continúan empeñados en ignorar y por lo tanto están en mora de rectificar públicamente y deberían cesar ya su campaña calumniosa de estigmatización y desprestigio. Es probable que no se den por aludidos, pero si continúan empeñados en esa campaña, deben saber que así jamás contribuirán a la paz y la reconciliación política en nuestro país. Pues ambas requieren lo que el padre Pacho nos ha demostrado con creces: ser hombres y mujeres de verdad, paz y reconciliación.

Doctorado en Estudios para la Paz

Dimensiones que inspiran el Doctorado en Estudios para la Paz, que parte de reconocer un principio fundante de la paz en todas las sociedades, y es que ella precisa el reconocimiento de una verdad ontológica. La verdad de que solo el poder político hace posible la existencia de una paz perdurable y sostenible. La esencia de ese poder político, como lo definió claramente Hannah Arendt, es que “solo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades”. Un poder que confunden con frecuencia ciertas políticas estatales, como la “seguridad democrática”, con la violencia de la Fuerza Pública y que los grupos armados ilegales todavía creen equivocadamente que nace de la punta del fusil y no de la palabra empeñada, cumplida y honrada con hechos. En tanto ambas partes persistan en semejante error, que se convierte en el horror de la guerra, no avanzaremos en el logro de una paz estable y duradera, si acaso alcanzaremos una efímera paz que nace de la imposición de la victoria y la humillación de los vencidos, que más adelante buscarán la revancha en nombre de la justicia. Con razón el Dhammapada[7] budista nos dice en 15, 201: “El que vence engendra odio. El que es vencido sufre; con serenidad y alegría se vive más allá de la victoria y la derrota”. Por eso la reconciliación política es imprescindible, pues ella, como lo señala Raimon Panikkar[8], “viene de conciliación y guarda relación con ekklesía[9]: convocar a los otros y a todos hablar con los otros”, pues en “la verdadera reconciliación no hay vencedores ni vencidos. Todos salen ganando, porque el todo, del cual todos formamos parte, se ve respetado”.  Son, precisamente, esas concepciones y prácticas del poder y la reconciliación política las que ha impartido con su ejemplo el padre Pacho durante toda su vida y las que constituyen el legado más valioso que nos deja la Comisión de la Verdad. Un legado que el Doctorado en Estudios para la Paz espera profundizar y hacer realidad, a partir de enero del 2024. Los y las interesadas pueden consultarlo en  https://www.javerianacali.edu.co/programas/doctorados/doctorado-en-estudios-para-la-paz#:~:text=El%20Doctorado%20en%20Estudios%20para,reconciliaci%C3%B3n%20y%20la%20b%C3%BAsqueda%20de

 

 

martes, agosto 15, 2023

CÉSAR GAVIRIA TRUJILLO, DE ESTRATEGA POLÍTICO A EMBAUCADOR INSTITUCIONAL.

 

CÉSAR GAVIRIA TRUJILO, DE ESTRATEGA POLÍTICO A EMBAUCADOR INSTITUCIONAL

https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/cesar-gaviria-trujillo-estratega-politico-embaucador-institucional

Hernando Llano Ángel.

El expresidente César Gaviria Trujillo[1] ha declarado que lo fundamental para superar la actual crisis política que enfrenta el presidente Gustavo Petro y sortea como un funámbulo que oscila entre la ingobernabilidad y la ilegitimidad, es conservar y fortalecer la estabilidad institucional. Incluso ha dicho que la financiación de las campañas electorales es un “asunto oscuro en todas partes[2] y que  no hay "ninguna campaña" que haya entregado información exacta al Consejo Nacional Electoral sobre la financiación, ya que, según él, todo lo acomodan un poco,  que "las dudas sobre la financiación de una campaña no pueden automáticamente llevar a un juicio que tenga un carácter de esa naturaleza, o que nos pueda llevar a algo penal”, circunstancias por las cuales “se debe actuar pensando en la permanencia de la democracia” y el país está "obligado a luchar para que Petro termine su periodo"[3]. Para muchas personas, estas declaraciones expresan la capacidad camaleónica de Gaviria para aprovechar la actual crisis y obtener ganancias políticas, descollar como protagonista y cancerbero[4] imprescindible del statu quo y la estabilidad del Establishment. Ante todo, como ese dirigente sensato que apuesta por las salidas institucionales, seguras y estables, en lugar de los radicales y oportunistas opositores políticos que revestidos de ira moralizante piden la cabeza del presidente Petro y son una legión de maniqueos. Al frente de ellos, están los líderes del Centro Democrático, quienes azuzan al ciudadano ingenuo e indignado por tanta corrupción para que salga a las calles y precipite una inestabilidad institucional con desenlaces impredecibles.  Al lanzar Gaviria semejante flotador político al presidente Petro se convierte en un aliado estratégico de su gobierno, su nuevo mejor amigo, neutralizando inmediatamente al ministro del interior, Luis Fernando Velasco, cuestionador incisivo del liderazgo del expresidente en el partido liberal. Incluso, como habilidoso estratega político, Gaviria pretende convertir ese flotador en una nueva plataforma de coalición para negociar y recortar los aspectos más polémicos de las reformas sociales del gobierno del Pacto Histórico, limitando así notablemente los alcances del cambio político y social. En este escenario, Petro pasaría de ser ese líder de la transición y la transformación democrática de este régimen electofáctico[5] y cacocrático[6] -cuya superación es su máximo cometido histórico—para convertirse en un “estadista” de la transacción política, asegurando su estabilidad y gobernabilidad durante sus tres años restantes en nombre de la “democracia”, como lo aconseja el expresidente Gaviria. Petro pasaría de luchar por la utopía del gobierno del cambio, con sus tres grandes componentes: 1- la Paz Política, desarmando y desarticulando a las guerrillas y las organizaciones criminales de alto impacto, mediante su hasta ahora fallida estrategia de la “Paz Total”; 2- la Paz Social, con la realización de ese cúmulo de reformas que van desde la rural, la laboral, la pensional, la sanitaria, la educativa, la política y judicial; 3- la más ambiciosa, la Paz Ambiental, con su descarbonización de la economía y la transición a las energías limpias y renovales: solar, eólica y del hidrógeno. Ante la dificultad de avanzar en esas reformas, sometería ese trípode progresista y catalizador del cambio histórico a la transacción y negociación con sus contradictores a cambio de la estabilidad institucional que le permita culminar su período.

Gaviria y Petro, ¿maestro y discípulo del Gatopardismo?

Sería la versión progresista del Pacto Histórico de la fórmula del Gatopardismo[7]: “cambiar todo para que nada cambie”. Si tal metamorfosis acontece, el Gobierno del Cambio se convertiría en una tramoya de funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden, partidarios de capar al cochino para que engorde”, como canta Serrat en Utopía[8]. Y, sin duda, el expresidente César Gaviria antecede a Petro en la práctica del gatopardismo. Gaviria es el líder nacional del “gatopardismo”, pues con la Constitución del 91 logró ese objetivo: cambio toda la institucionalidad para que todo continuará igual o incluso hasta peor, con su desastrosa y neoliberal apertura económica[9]. Lo hizo magistralmente, como el cancerbero del régimen, ese “perro de tres cabezas que guardaba las puertas del infierno”, según Dante en la “Divina Comedia”. Esas tres cabezas fueron durante su gobierno: Primera, la cabeza de la Parajusticia, con la denominada política de “sometimiento a la justicia”, que logró desarticular a los extraditables y dar de baja a Pablo Escobar, pero sin tocar sustancialmente el infierno del narcotráfico. Segunda, la cabeza de la Parainstitucionalidad letal de los Pepes[10] (Perseguidos por Pablo Escobar) y luego las Convivir[11], embriones de las AUC,[12], que nos enseñaron a los colombianos más pasajes del infierno y la Tercera cabeza, que todavía Gaviria no reconoce y delega toda la responsabilidad en los militares, es la llamada Guerra Integral[13], que comenzó con el bombardeo a Casa Verde el día 9 de diciembre de 1990, y aún se prolonga sangrientamente, pese al Acuerdo de Paz de Santos con las Farc-EP. Dicha guerra ha mutado de tal forma que ya es casi imposible discernir entre organizaciones políticas rebeldes, organizaciones del narcotráfico y del crimen organizado, meandros del laberinto en que se encuentra violentamente extraviada la Paz Total. Por todo lo anterior, es que vivimos en el actual infierno, cuyos cancerberos están empeñados en convencernos que somos la “democracia más antigua y estable de Latinoamérica”, para que continuemos votando en forma masiva y entusiasta el próximo 29 de octubre. Igual puede suceder en el Ecuador el próximo domingo 20 de agosto que, con el magnicidio del candidato Fernando Villavicencio[14], parece empezar a recorrer la senda infernal que nos marcó el magnicidio de Luis Carlos Galán[15] el 18 de agosto de 1989 y luego los de Bernardo Jaramillo[16], 22 de marzo de 1990 y Carlos Pizarro[17], 26 de abril, en un lapso de apenas 8 meses. Desde entonces padecemos la estabilidad de estas instituciones que nos condenan a vivir a todos en un infierno en medio de la violencia, la inseguridad, la criminalidad y la realización ininterrumpida de elecciones, que es lo más parecido al averno dantesco y lo más lejano de la democracia real. Pero eso no importa: ¡para salir de esta crisis hay que conservar la estabilidad de esas instituciones!, como lo aconseja el expresidente Gaviria: ¡hay que seguir votando sin dejarnos intimidar por los terroristas y la violencia, así hasta la eternidad y la hora del juicio final! Todo lo contrario, afirmaba Gaviria en 1990, cuando recién electo presidente expresó: “Las instituciones no son más que los instrumentos necesarios para enfrentar los problemas. Y si esos instrumentos resultan inapropiados, si frente a ellos crece el descontento y surge la rebelión, si no conseguimos que se respeten los derechos humanos, si crece la criminalidad, es evidente que el país tiene que despertar y asumir la responsabilidad de transformar esas instituciones, de sustituirlas y dar un vigoroso paso adelante en defensa de los principios civilizados”. Sin embargo, hoy Gaviria como expresidente es un defensor a ultranza de esas instituciones que no funcionan y favorecen a las minorías en la economía, la salud y el sistema político, que aumentan el descontento y la vulneración impune de los derechos humanos cada día. Al promulgar la Constitución del 91, Gaviria nos anunciaba exultante a todos los colombianos: ¡Bienvenidos al futuro!  Ahora sabemos lo que significa ese futuro y su “estabilidad institucional”. Pasó de ser un estratega del cambio institucional a un embaucador institucional, aquel que engaña o alucina, prevaliéndose de la inexperiencia o el candor del embaucado”, según define la RAE el verbo embaucar.

 

 



miércoles, agosto 09, 2023

PETRO EN LA ENCRUCIJADA: ¿DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA AL JUICIO POLÍTICO?

 

PETRO EN LA ENCRUCIJADA HISTÓRICA ¿DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA AL JUICIO POLÍTICO?

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Hernando Llano Ángel.

En víspera de cumplir su primer año en la Presidencia de la República, Gustavo Petro Urrego enfrenta la mayor crisis política de su administración. Una crisis mayúscula. No es solo una crisis de gobernabilidad, al perder el Pacto Histórico sus mayorías en el Congreso, incluso la presidencia de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes. Es el comienzo de una crisis de legitimidad y credibilidad en la figura presidencial, derivada de las revelaciones de su hijo Nicolás Petro Burgos ante la Fiscalía sobre el supuesto ingreso de dinero de origen ilícito a su campaña presidencial. Ingreso que, según Nicolas, ignoraba su padre y el gerente de Campaña, Ricardo Roa. Por lo anterior, no fue reportado en la contabilidad y tampoco en el informe legal al Consejo Nacional Electoral. La suma de estas dos crisis, sin duda, afectará enormemente el margen de maniobra de su gobernabilidad, pero sobre todo su ambicioso proyecto político de liderar la transición histórica del régimen político actual y de la sociedad colombiana hacia una auténtica democracia, afianzada en el Estado Social de Derecho proclamado en el artículo 1[1] de la Constitución del 91, pero ausente en la vida de la mayoría de colombianos. Una transición precedida del lema: “Colombia, potencia mundial de la vida”, para dejar atrás el deshonroso puesto de ser la nación con más víctimas civiles de todo el continente americano y la única donde persisten organizaciones armadas ilegales en guerra contra el Estado, ensañadas además contra la población civil y especialmente sus líderes sociales, cuya cifra en este año ya es de 93 asesinados, según INDEPAZ[2]. También la que posee el mayor número de hectáreas de coca y ocupa el primer lugar en el mundo como exportadora de cocaína. Por todo ello, una sociedad corroída por la ilegalidad, el crimen y la violencia, que la banalidad de muchos analistas resumen con el nombre de corrupción política y la inmensa mayoría de colombianos le echan la culpa de todos sus males, eximiéndose así de toda responsabilidad personal, aunque en cada elección vuelvan a votar por los mismos políticos corruptos que denigran y detestan por las redes sociales, pero a los que acuden cuando los necesitan para un empleo, subsidios o incrementar la prosperidad de sus negocios, obteniendo gabelas y favores.

Un régimen político electofáctico

Ese simplista diagnóstico ignora precisamente que dicha corrupción no es otra cosa que la simbiosis estructural e histórica de la política con la ilegalidad, el delito y el crimen, que se expresa a través de múltiples poderes de facto y de formas inimaginables. Simbiosis que constituye la esencia de nuestro régimen político que, en virtud de elecciones periódicamente realizadas desde 1957, la mayoría cree democrático, pero en la realidad funciona y es un régimen político electofáctico[3], pues en el orden nacional siempre terminan ganando aquellos candidatos que logran en forma más o menos sutil y velada el respaldo de esos poderes de facto, gracias a los cuales llegan a la Presidencia y muchos partidos logran las mayorías en el Congreso. En ocasiones esos poderes de facto son prestigiosas empresas, como Odebrecht o entramados bancarios como AVAL, que financian con generosidad a los candidatos con mayor opción para triunfar. En otras coyunturas son los narcotraficantes, como sucedió con el proceso 8.000[4] y el triunfo de Ernesto Samper. Así como también lo fueron los grupos paramilitares, decisorios en las dos presidencias de Álvaro Uribe Vélez y en su coalición mayoritaria en el Congreso con la parapolítica[5], según lo han contado varios comandantes paramilitares, entre ellos Salvatore Mancuso[6]. Hasta las FARC-EP fueron decisorias con su respaldo explícito en la segunda vuelta a la candidatura de Andrés Pastrana, asesorado entre otros por Álvaro Leyva y Rafael Pardo, que propiciaron esa táctica de cambiar votos por la zona de distensión del Caguán, como lo anunció Pastrana en su discurso en el hotel Tequendama antes de la segunda vuelta, pues en la primera le ganó Horacio Serpa. Algo semejante sucedió en la segunda administración de Santos (2014-2018), donde estaba en juego nada menos que el Acuerdo de Paz con las Farc-Ep y su desmovilización, contra los cuales se expresaba el entonces candidato Oscar Iván Zuluaga del Centro Democrático, quien también le ganó en primera vuelta. Y si continuamos con este recuento de influencias decisorias de poderes de facto, el triunfo de Iván Duque en el 2018 está ensombrecido por la Ñeñepolítica[7], escándalo archivado oportunamente por el Consejo Nacional Electoral, igual que lo hizo con Odebrecht patrocinador de las candidaturas de Santos y Zuluaga. Solo que éste último nunca sospechó que su aliado electoral, Daniel García Arizabaleta[8], protegido personal de Álvaro Uribe, lo estuviera grabando y entregará semejante prueba a la Fiscalía. Una prueba que lo involucra inexorablemente en varios delitos, junto a su hijo David Zuluaga[9], un filósofo egresado de Harvard extraviado en el sórdido mundo de la mercadotecnia electoral con el pago de más de 1 millón de dólares al publicista Duda Mendonça,[10] aportados por Odebrecht y también sin reportar su ingreso a dicha campaña. Y así llegamos al actual escándalo político-familiar, adobado con historias de amor traicionadas[11] y dramas familiares cruzados por la ausencia paternal de Gustavo Petro en la crianza[12] de su hijo mayor y la reciente cuenta de cobro filial de Nicolas Petro Burgos contra un frio y distante padre-presidente, según lo cuenta en la revista SEMANA[13] a la insidiosa Vicky Dávila, ensañada en esas deplorables intimidades familiares.

Hay que tumbar el Régimen Político Electofáctico

Dado este contexto histórico, que involucra a todas las fuerzas y sectores políticos relevantes, hay que concluir que el problema de fondo es la existencia de ese régimen político electofáctico. Un régimen que goza de enorme estabilidad en virtud de la poderosa raigambre de dichos poderes de facto en la mentalidad y las tácticas de importantes líderes políticos, que los utilizan astutamente, tanto a los poderes ilegales como a los legales, para alcanzar sus fines políticos y triunfar impunemente, ante la imposibilidad de encontrar pruebas reinas sobre su responsabilidad. Ya lo decía Álvaro Gómez Hurtado durante el proceso 8.000: el problema entonces no era tumbar al presidente Ernesto Samper, sino tumbar al régimen, que lo describía así en editorial de El Nuevo Siglo[14]: “La política se ensució hace ya dos décadas, cuando cayó bajo el dominio del clientelismo y se sometió a la preponderancia del dinero. Desde entonces se quedó sucia. Es la forma de dominio que ha tenido el Régimen imperante para poder doblegar la opinión pública y aprovecharse de las oportunidades de mando y de los gajes del poder. El Régimen necesita que la política sea sucia porque es la manera de conseguir la amplia gama de complicidades que se necesitan para mantener su predominio…Forma parte del establecimiento y es el vehículo contaminante de todo lo que a éste pertenece: el Congreso, los partidos, la prensa, los grupos económicos, los sindicatos, la policía y la enseñanza. Todo tiene algo de política porque ésta ya no es un manejo de los conceptos sobre el Estado, sobre la libertad y sobre el orden, sino un enmarañado sistema de compromisos adquiridos. Se explica, entonces, que no haya opiniones políticas, puesto que todo se reduce al tráfico de las componendas”. En fin, la política convertida en una red de complicidades criminales con un alcance insospechado, pues llegó al extremo de involucrar en forma inadvertida a quienes la combatían sin concesiones por sus relaciones con la ilegalidad y el narcotráfico, como le sucedió al inmolado ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, a quien el narcotraficante Evaristo Porras[15] aportó 1 millón de pesos a su campaña política, sin que el líder del Nuevo Liberalismo tuviera conocimiento. Esta relación simbiótica de la política con el narcotráfico está en la médula del régimen electofáctico.

El narcotráfico depende simbióticamente de la Política

Por eso no es correcto decir que el narcotráfico sea un delito conexo con la política, sino más bien todo lo contrario. El narcotráfico es una actividad que simbióticamente depende de la política, pues sus siderales ganancias se originan en su carácter ilegal, ganancias fijadas precisamente por la política prohibicionista. Una vez más es inevitable citar al premio nobel de economía en 1976, Milton Friedman: “Si analizamos la guerra contra las drogas desde un punto de vista estrictamente económico, el papel del gobierno es proteger el cartel de las drogas. Eso es literalmente cierto”. Sin duda, pues sus ganancias aumentan proporcionalmente con la persecución y represión del negocio ilícito. Algo que seguirá sucediendo hasta el momento en que la política a través del Estado decida regular legalmente la producción, el comercio y consumo adulto de sustancias estupefacientes, así como lo hizo el Estado norteamericano al eliminar en 1933[16] la ley seca que prohibía el consumo del licor. Prohibición que mientras existió fortaleció a la mafia en ciudades como Chicago, desató la inseguridad y la violencia en toda la nación, además de corromper a la Policía y la vida política norteamericana. Por eso, no deja de ser una paradoja que el ingreso de dineros a la campaña presidencial de Petro, supuestamente  procedentes del narcotráfico y de negocios oscuros, haya catalizado la actual crisis, siendo él un promotor internacional de la urgencia de la regulación legal de dicha actividad y de poner fin al prohibicionismo en tanto política fracasada por sus costos irreversibles en vidas humanas, inestabilidad institucional, inseguridad humana y ecocidios ambientales, todo ello evitable o mitigable al ser regulada por el Estado. Más aún, que esta crisis fortalezca las posiciones más radicales y oportunistas de una oposición furiosa, empeñada no solo en torpedear en el Congreso la aprobación de las principales reformas sociales del Pacto Histórico, sino incluso de intentar enjuiciar al presidente Petro ante el Senado para impedir la culminación de su mandato. Frustrar así la transición democrática y enterrarla con un juicio político contra Petro en el Senado. Una oposición cuyos principales líderes siempre han tenido una curiosa tasa de cambio moral muy flexible, pues consideran el delito de narcotráfico más grave que asesinar, despedazar con motosierras a cientos de personas y despojar de su terruño a millones de campesinos e indígenas, como lo permitió el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez al extraditar a Norteamérica la plana mayor de los paramilitares para contener y ocultar la deslegitimación de su gobierno dadas las verdades que alcanzó a revelar Salvatore Mancuso en un noticiero de RCN y sus estrechas relaciones con el establecimiento político y empresarial, como se puede ver y escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=sf4XNpHbwOk . Verdades que seguramente terminará de contar Mancuso ante la JEP si regresa a Colombia, como incluso lo ha respaldado en un concepto reciente la Procuraduría General de la Nación[17]. Su presencia permitiría continuar desenredando ese tejido de complicidades criminales entre algunos miembros de la fuerza pública y connotados empresarios con el paramilitarismo, respaldados tácitamente por políticas como la “seguridad democrática”, la “confianza inversionista” y hasta una supuesta “cohesión social”. Todo parece indicar que entramos en una incierta coyuntura de revelación de verdades sobre el régimen político colombiano y sus principales protagonistas. Lo que está en juego, entonces, es si avanzamos hacia la transición del actual régimen político electofáctico, donde la política está atrapada en esa densa red de complicidades criminales, y poco a poco nos desplazamos hacia una auténtica democracia donde la política se libere progresivamente de ese “enmarañado sistema de compromisos adquiridos” y vuelva a recobrar su decencia y dignidad en función de intereses públicos y la justicia social. “Enmarañado sistema de compromisos” y complicidades del cual es un vocero destacado el expresidente César Gaviria Trujillo. En recientes declaraciones a Caracol Televisión señaló que la financiación de las campañas en todas partes del mundo es bastante oscura y que “no hay "ninguna campaña" que haya entregado información exacta al Consejo Nacional Electoral sobre la financiación, ya que, según él, todo lo acomodan un poco[18].  En cierta forma, Petro es un rehén en esa encrucijada, pues la transición política promovida por el Pacto Histórico puede terminar naufragando en un juicio ante el Senado y su eventual suspensión presidencial. Por lo pronto, el próximo 29 de octubre tendremos una nueva oportunidad para intentar en nuestras ciudades y departamentos vencer con nuestro voto responsable e informado esa red de complicidades políticas y criminales. Ojalá esta vez escuchemos la voz de Serrat cuando le cantaba a su pueblo catalán: “Que la ignorancia no te niegue, que no trafique el mercader con lo que un pueblo quiere ser[19]. De lo contrario, corremos el riesgo de seguir atrapados en esa fina, oscura y extensa red del clientelismo, la corrupción y la criminalidad política, que son la quintaesencia y el sustento del actual régimen político electofáctico, negación sutil y cotidiana de la democracia, perfeccionado impunemente en las urnas por la influencia decisoria y condicionante de los poderes de facto legales e ilegales.