MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES (I)
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Dichas fórmulas son mucho más que un asunto de táctica y estrategia
electoral. Ellas tienen encarnadura programática y horizonte de nación.
Hernando Llano Ángel.
La reciente definición de las
fórmulas vicepresidenciales es mucho más que una “jugadita electoral”, aunque
dicha finalidad esté en el principio de su escogencia y conformación. Dichas
fórmulas son mucho más que un asunto de táctica y estrategia electoral. Ellas
tienen encarnadura programática y horizonte de nación. De hecho, dichas duplas
no solo fueron integradas para llegar a la Casa de Nariño, sino que ellas
mismas son la expresión de los cambios sustanciales generados por el Pacto
Histórico y la presidencia de Gustavo Petro. Y, sin duda, el principal cambio
es haber puesto la llamada “cuestión
social” en el centro del debate electoral, disputándole incluso a la
seguridad el primer lugar en la agenda de los demás candidatos. Salvo Abelardo con
su gesto patético y ridículo del saludo militar y la elección primaria de un
tigre como su mascota de campaña. Ambas son enseñas bestiales de la fuerza y la
depredación para supuestamente “salvar la Nación”. Enseñas que entusiasman a
millones de sus seguidores obnubilados por esa propaganda, semejante a la
simbología de Trump con su AMERICA FIRST y su MAGA criminal, junto a la
motosierra “libertaria” de Milei para despedazar el sentido social del Estado
de derecho. Dichos cruzados de la extrema derecha no solo están desmantelando
el frágil Estado de derecho para convertirlo en la punta de lanza de su codicia
mercantil y sus delirios de grandeza megalómana, sino que avanzan como
locomotoras sin control arrasando con el Derecho Internacional Público. A ese equipo de gánsteres estatales y su
vocación insaciable de mercaderes pretende sumarse Abelardo. Probablemente por
ello escogió como compañero de fórmula al exministro de hacienda José Manuel
Restrepo para así dar confianza a los conglomerados económicos y difuminar Abelardo
su penumbrosa imagen de destacado abogado penalista de un par de delincuentes
económicos de cuello blanco, David Murcia y Alex Saab, éste último al parecer
ad portas de ser extraditado a Estados Unidos. Cuanta falta le estará haciendo
Abelardo en esta encrucijada.
¿Una Paloma multicolor con alas de Arco Iris?
Ni hablar de Paloma con su
escogencia de Juan Daniel Oviedo como compañero de fórmula. De un momento a
otro, por efecto mágico de la competencia electoral, la blanca y pura Paloma ahora
despliega unas alas multicolores de arco iris y su canto se vuelve cósmico,
plural y progresista. Se declara defensora de lo distinto y tolerante;
justiciera y amiga del salario vital. A su lado, Oviedo, quien parecía líder y
símbolo de la irrupción de nuevas ciudadanías y sensibilidades, más allá de la
jaula tradicional y patriarcal del llamado Centro Democrático, y quien fuera otrora
defensor del Acuerdo de Paz y la JEP, ahora se funde en un abrazo con la hija política
predilecta de Uribe, también súbitamente respetuoso de la intimidad y la
diversidad sexual. Su conversión “progresista” es más inverosímil que la de esa
nueva especie de “Paloma Arco Iris”, pues como presidente la emprendía contra
la libertad sexual de los jóvenes a quienes exigía que se “aguantarán el gustico” antes de casarse. A tal punto que la misma
Lina, ella tan prudente y discreta como primera dama, lo regañó públicamente y
lo reconvino por meterse en la intimidad de los jóvenes. Ahora, en su otoño
político patriarcal y electoral, es otro Uribe, pero no deja por ello de
expresar sus prejuicios homofóbicos, pues en la misma proclamación de Oviedo
envió un mensaje ambiguo y tranquilizador a las familias colombianas diciendo
que para el Centro Democrático los “niños y las niñas seguían siendo lo más
importante a cuidar”. Quizás recordó sus simpatías por las arengas contra la
supuesta ideología de género para torpedear y ganar votos contra el Acuerdo de
Paz de la mano de supuestos pastores y predicadores evangélicos, que tan buenos
resultados arrojó con miles de votos y devotos manipulados por eso falsos
defensores de la moral y las buenas costumbres. ¿Volverán ahora esos
“ciudadanos de bien” a votar por Paloma acompañada del “distinto” Oviedo?
¿Promoverán los pastores y líderes de las virtudes patriarcales y familiares el
voto por esa singular dupla? Ya el
pulquérrimo exministro del interior de Uribe, Fernando Londoño, lo rechazó así:
“No voto por el señor que no sabe si
apoya, o no, el aborto; si apoya, o no, a la marihuana. Respeto las tendencias
sexuales de todo el mundo. Las respeto, infinitamente, pero que ese hombre sea
jefe, que sea el jefe de mis hijos y de mis nietos, no. Eso no lo acepto”.
El lapsus del Patriarca
Ese mensaje de Uribe en defensa
de la infancia parece un lapsus fuera de lugar, pues ya esa monstruosa amenaza
de las “Far” que se tomaría el poder si se refrendaba el Acuerdo de Paz ni
siquiera tiene personería jurídica, pues su partido Comunes no alcanzó en las
elecciones el umbral del 3% de votos exigidos para conservarla. Sus cerca de
18.000 niños reclutados y los abusos sexuales a los que muchos fueron sometidos
los condenó a la extradición de la competencia electoral y el repudio de la
inmensa mayoría de ciudadanos. Pero volviendo al tema, Paloma y Oviedo forman una
dupla digna del inteligente y corrosivo humor de Tola y Maruja. Más aún ahora
como abanderados de la reconciliación y la fraternidad entre todos los
colombianos, con sus mensajes contra el odio y el pasado, llaman a cerrar
heridas y formar un solo tejido nacional, cuyo trasfondo no es otro que
deslegitimar el trabajo investigativo y judicial de la JEP, para así ocultar la
responsabilidad política de Uribe y sus inmediatos colaboradores en miles de
ejecuciones extrajudiciales mal llamados “falsos positivos”. Todo ello en
nombre de la “Seguridad Democrática”, una bandera tan deleznable como la
“justicia social” enarbolada por la extinta Farc-Ep para la comisión de sus
crímenes atroces, los que al menos tienen el valor de reconocer. Sucede lo
contrario con miles de crímenes de servidores públicos, mucho más infamantes y
deleznables, pues arrastraron a muchos oficiales y miembros de la Fuerza
Pública a cometerlos en nombre de la “democracia”, la seguridad ciudadana y la
obediencia debida, violando flagrantemente la Constitución, las leyes y el
honor militar por desconocer el principio básico del Derecho Internacional
Humanitario, la distinción entre combatientes y personas civiles protegidas. Pero
esa cruzada criminal es incapaz de reconocerla Uribe y sus seguidores,
prevalidos de una supuesta superioridad moral de “ciudadanos de bien”, que
ahora Oviedo parece también compartir. De alguna manera su rostro jovial y
alegre, tan distinto al adusto y desgastado del patriarca, incapaz de sonreír, parece
llamado a ocultar y lavar ese rostro tenebroso del pasado reciente.
Oviedo y la vanidad del poder
Por eso no dejar de ser muy
preocupante que Oviedo, un hombre en quien confiaron millones de electores por
su carácter, civilidad y preparación, se haya dejado seducir por la vanidad y
futilidad del poder vicepresidencial, encajando en una táctica electoral
oportunista que desdice de su auténtica identidad, valor y talento. Un valor y talento para ganar con méritos y
holgura la próxima elección para la alcaldía de Bogotá. Estoy seguro que un
número no insignificante de sus más de millón de votos no lo respaldará en
compañía de esa nueva especie de Paloma policroma, tan falsa como inexistente
en la ornitología y la vida política, el próximo 31 de mayo. Quizá la mayoría
de esos votos no sean endosables. Es muy probable que le quiten ese respaldo
que lo convirtió en el “Rara Avis” de la llamada “Consulta Amplia por
Colombia”. No cabe en la decisión de personas con un juicio político y moral
coherente depositar sus votos por quien los defraudó al aceptar tal nominación.
Esos ciudadanos carecen en su mayoría de una tasa de cambio moral al vaivén de
cálculos electorales y oportunistas para ganar la Presidencia de la República.
Una dupla coherente
Todo lo contrario, sucede con la
dupla del Pacto Histórico conformada por Iván Cepeda y Aída Quilcué, donde lo
que hay es una apuesta por la coherencia política y social, desafiando en forma
audaz el simple cálculo de la búsqueda de más votos en otros sectores de la
sociedad. Algunos avezados analistas y expertos en marketing electoral ya le
auguran un fracaso, pues consideran que ha sido una típica y errática decisión
de un filósofo, como lo es Iván Cepeda, ajeno por completo a los cálculos propios
de un líder político en campaña electoral, guiado por la búsqueda pragmática de
un mayor número de votos. Más aún en una
sociedad profundamente racista y clasista, que convirtió a la actual
vicepresidente, Francia Márquez, en objeto de burla y desprecio. La derecha ya celebra y Paloma vuela con alegría por
esa arriesgada escogencia de Aída Quilcué, que supone le da una ventaja
considerable para el próximo 31 de mayo, día en que sufrirá el Pacto Histórico
una derrota a manos de duplas tan “profesionales y competentes” como las de
Paloma y Abelardo. Duplas que ya cuentan con el respaldo desembozado de los
grandes medios de comunicación, que las promueven y celebran ampliamente en sus
noticieros de radio, televisión y programas de opinión, con el corifeo de
analistas del sentido común con sus prejuicios de clase y raciales. Pero ya no
hay espacio para el análisis de las otras duplas en competencia, las que abordaré
en la próxima entrega, comenzando con el Pacto Histórico.
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