domingo, enero 01, 2023

 ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, NANO!

Hernando Llano Ángel.

El martes 27 de diciembre cumplió Joan Manuel Serrat
 79 años  –ya casi hace 40 años tuvo 40, como cuando cantaba «Hace 20 años que tengo 20 años»
— y el viernes 23 de diciembre se despidió de los escenarios en el Palau Sant Jordi
 de su natal Barcelona. Culminó así  una gira alrededor del mundo, como en su canción “El titiritero”
, por cerca de 70 escenarios. En esa canción ya nos anunciaba su destino: “su patria es el mundo, como un vagabundo va el titiritero… de feria en feria, siempre risueño canta sus sueños y sus miserias. Vacía su alforja de sueños que forja. En su andar tan largo nos baja una estrella que borra la huella de un recuerdo amargo. Canta su romanza al son de una danza”. Sin duda, el Nano bajó de los escenarios, pero se quedó instalado y enclavado en la vida y el corazón de muchas generaciones, en el escenario inexpugnable de los recuerdos y la memoria, del cual nunca saldrá. Su legado es mucho más que musical y poético. Logra integrar el sentido develador de la poesia con el excitante de la música. Es un legado que enriquece la vida de todos confiriéndole mayor sentido y valor, dotándola de alegría y exaltada belleza, con plena coherencia ética y compromiso indeclinable por la dignidad de los pueblos y la libertad personal. Lo demostró en su último concierto, donde alternó canciones en su natal catalán y el universal castellano. Empezando con una canción identitaria del pueblo catalán “Temps era temps” (“Erase una vez”), en donde evoca a la delantera del Barça de la temporada 51-52: “Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón”, hasta la inmarcesible “Mediterráneo”, que toda España considera como la mejor canción de su historia.

Serrat vital, poético y ecológico

Sin por ello, dejar Serrat de denunciar en otra canción, “Plany al mar”(“Lamento al mar”) , que lo hemos dejado convertir en un basurero: “Parece mentira que en su vientre se hiciera la vida. ¡Ay, quién lo diría sin rubor! Miradlo hecho un basurero, herido de muerte. De la manera que lo desvalijan y lo envenenan, ¡ay, ¡quién lo diría que nos da el pan! Miradlo hecho un basurero”. Y señalar que ello ha sucedido y continúa aconteciendo cada día “por ignorancia, por imprudencia, por inconsciencia y por mala leche. ¡Yo que quería que me enterrasen entre la playa (¡ay, quién lo diría!) y el firmamento! Y seremos nosotros (¡ay, ¡quién lo diría!) los que te enterremos”. Pero antes de interpretarla, recordó a todos los asistentes en el Sant Jordi que el Mediterráneo hoy está convertido en un sarcófago de miles de migrantes africanos cuyos sueños reposan en el fondo. Quizá por ello, en tono grave, ya cantaba desde 1971 que el mediterráneo tiene en su piel “el sabor amargo del llanto eterno que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul” y que “a fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura”. Difícil encontrar otra canción que logre una fusión tan perfecta de lo más íntimo, nostálgico y romántico: “Y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya”, con lo más trágico e inexorable: “Ay, si un día para mi mal viene a buscarme la parca, empujad al mar mi barca con un levante otoñal y dejad que el temporal desguace sus alas blancas, y a mí enterradme sin duelo entre la playa y el cielo”, para  agregar aquello que define lo mediterráneo como expresión vital y hedonista: “Soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero. Qué le voy a hacer, si yo nací en el Mediterráneo, nací en el Mediterráneo”. Por eso “Mediterráneo” alcanza una dimensión popular y universal, pues no existe ser humano ni pueblo alguno que no se sienta identificado con esa lírica, romántica y hasta épica descripción. Dimensiones que, por lo demás, están casi siempre presentes en todas sus canciones, variando obviamente en su contenido e intensidad. Esta versatilidad le permite a Serrat ser intergeneracional, porque le canta al amor desde la ternura de los adolescentes, en “Palabras de Amor”
, pasando por el amor inolvidable de la imaginaria “Lucía”
hasta la desdichada “Penélope”.
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Un poeta cantor de poetas

De allí también su profunda afinidad con la obra de Miguel Hernández, quien cantó a la Libertad y el Amor en poemas intensos, hermosos y desgarradores como “Nanas de la cebolla” y “Para la libertad”
, en los que fusiona la pasión personal, conyugal y paternal por su hijo recién nacido, estando entonces el poeta encarcelado, con la lucha colectiva de su pueblo contra la brutalidad liberticida del bando franquista. De la misma naturaleza es la afinidad de Serrat con Antonio Machado, en su popular y hermosa  versión de “Cantares”,  que “toma como punto de partida tres estrofas de los “Campos de Castilla” del poeta sevillano, en torno a los cuales compone el resto de la canción”. Una canción que resume bien el periplo musical y poético de Serrat, pues al igual que Machado, podría el Nano afirmar: “Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción”. Pero ambos lograron algo superior, nos dejaron versos sabios e inmortales como: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar” y “caminante, no hay camino, se hace camino al andar, golpe a golpe, verso a verso. Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”.  Solo falta que el Nano, ahora ya liberado de escenarios y giras, vuelva los ojos hacia la obra de Pedro Salinas, y nos regale en su voz algunos de los poemas de «Razón de Amor», «La voz a ti debida»o «Largo lamento». Sería Fántastic.
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Posdata: Para disfrutar el cumpleaños con el Nano y escuchar sus canciones, cliquear los enlaces que aparecen en rojo.

2023: ENTRE PACES, TRANSICIONES Y TRANSACCIONES POLÍTICAS

 

2023: ENTRE PACES, TRANSICIONES Y TRANSACCIONES POLÍTICAS

https://blogs.elespectador.com/politica/calicanto/2023-paces-transacciones-transiciones

Hernando Llano Ángel.

2023 será un año política, social y económicamente crucial. El año de las paces, las transiciones y las transacciones. Todas ellas, como una trinidad pagana, son distintas, pero configuran una sola realidad compleja, que determinará el futuro de varias generaciones. El gobierno nacional ha llamado “Paz Total” a ese proyecto histórico. Una denominación tan ambiciosa, como ambigua y desafortunada, pues si algo es consustancial a la vida política y social es que siempre discurre a través de paces parciales y transitorias, que nunca son totales y mucho menos definitivas. No es realista apelar a una “Paz Total” pues ella evoca en la mayoría de personas una sociedad casi armoniosa y bucólica, donde se convive feliz y fraternalmente. Tras esa búsqueda utópica se puede desembocar en una distopía total: una sociedad sin conflictos, contradicciones y tensiones. Es decir, sin vida, casi totalmente celestial. Algo no solo indeseable sino, afortunadamente, también inalcanzable. Si las cosas se desarrollan así, la “Paz total” no pertenecería al mundo político sino al de los delirios utópicos, que suelen terminar en catástrofes históricas. Ya lo advertía sabiamente el maestro Norberto Bobbio: “La vida política se desarrolla a través de conflictos jamás definitivamente resueltos, cuya resolución se consigue mediante acuerdos momentáneos, treguas y esos tratados de paz más duraderos que son las Constituciones. Consciente de ello, el presidente Petro ha ido precisando el alcance de la paz total, desagregándola en tres paces. La paz política, la paz social y la paz ambiental. Para avanzar en la ruta de la paz política, ya cuenta con las competencias que le otorga la ley 2272 de 2022[1], que lo habilita para alcanzar acuerdos con organizaciones guerrilleras como el ELN, la llamada “Nueva Marquetalia” y las disidencias de las Farc, pero también con “grupos armados organizados o estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto, con el fin de lograr su sometimiento a la justicia y desmantelamiento”. Para la paz social, ya cuenta con la reforma tributaria, cuya ejecución debe centrarse en la justicia social y la redistribución de la riqueza, cuyo trasfondo es siempre de carácter colectivo y nacional, no solo privado y empresarial, por eso precisa la regulación legal y eficaz del Estado, sin sombra o sospecha de corrupción o dilapidación.

Una criminalidad ubicua

Entre las organizaciones criminales de alto impacto, quizá la más conocida es la AGC, “Autodefensas Gaitanistas de Colombia”, pero según “el Observatorio de Conflictos, Paz y Derechos Humanos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), “en Colombia actualmente delinquen 93 grupos armados ilegales entre los que se encuentran narcoparamilitares, disidencias de las Farc, ELN y bandas criminales. Según se conoció, 10.210 personas hacen parte de las estructuras armadas en departamentos como Norte de Santander, Arauca, Antioquia, Nariño, Cauca, Meta, Córdoba, Bolívar y Chocó[2]. Pero la criminalidad social difusa, generadora de cientos de miles de robos, asaltos, extorsiones, violencia sexual, sumada a las riñas letales entre particulares en ámbitos laborales y familiares para enfrentar o “resolver” conflictos menores y diferencias anodinas, proyecta en nuestra mente una violencia criminal que nos parece ubicua. Que está al mismo tiempo en todas partes. Basta ver cualquier noticiero o sintonizar una emisora, para quedar con la sensación de no estar seguros en ninguna parte. Es más, la mayoría de investigaciones y estadísticas sobre la violencia contra las mujeres, niños y ancianos nos demuestran que ellas y ellos son víctimas en sus hogares[3], más que en las calles y el espacio público. De allí, que haya que poner en duda aquella expresión maniquea, tan frecuente en los llamados “ciudadanos de bien”, según la cual “los buenos somos más” y por tanto debemos defender como sea nuestros bienes, vida y dignidad, apelando a nuestra autodefensa, comprando más armas y enfrentando sin miedo a los malos y despiadados criminales. Ya sabemos cómo y en dónde termina esta fórmula de los supuestos “buenos” contra los irredimibles “malos”. Empezó con el MAS[4] contra el secuestro, siguió con los PEPES[5] contra Pablo Escobar, se institucionalizó con las Convivir[6] contra la inseguridad, se metamorfoseo en las AUC[7], y hasta se legalizó con la directiva 029[8] de 2005 --bajo la “seguridad democrática”—que auspició y fomentó en miembros de la Fuerza Pública los mal llamados “Falsos Positivos”[9]. De esta forma se ha venido consolidando nacionalmente la certeza, entre importantes sectores políticos y sociales que con orgullo se proclaman de centro y democráticos, la idea de que hay una violencia buena, legítima, justa y necesaria contra otra violencia mala, ilegítima e injusta que debe ser combatida sin cuartel y aniquilada. Este simplismo político, profundamente maniqueo, es incapaz de reconocer que todo intento por legitimar la violencia arrasa de tajo la convivencia política y social, mina la respetabilidad y la legitimidad del Estado y tiende a convertir a muchos miembros de la Fuerza Pública en potenciales delincuentes, amparados en sus uniformes. Esa violencia “buena y legítima” produce, en otros sectores, como un reflejo, la certeza de que es legítimo y justo responder a esa violencia institucional y legal con mayor violencia en defensa de sus vidas y en la lucha por sus reivindicaciones sociales. Ese choque de violencias que se disputan la legitimidad social nos dejó en el paro nacional del 2021 un saldo todavía incierto de víctimas mortales[10] y una catástrofe económica que sumió en escombros miles de empresas y sectores vitales de muchas ciudades. De allí que la Paz Total enfrente un desafío enorme para generar paz social, pues mientras prevalezca en mentalidades de derecha e izquierda la legitimidad de sus respectivas violencias, será muy difícil avanzar por la senda de la convivencia social. Para ello, este gobierno apela a la figura de los “gestores de paz” o “voceros de paz” que, desde el maniqueísmo propio de los buenos, es visto como un premio a la criminalidad y consagra el reino de la impunidad. En su empeño por desvirtuar este intento gubernamental de conversión en voceros de paz de algunos jóvenes radicales detenidos durante las protestas, muchos con endebles pruebas, la oposición miente y tergiversa, pues en ningún caso dicha iniciativa cobija e incluye a quienes cometieron graves delitos, están siendo procesados y se encuentran encarcelados[11]. Si lo anterior sucede en el ámbito de la violencia social, mucho más complejo y difícil será la superación de las objeciones, descalificaciones y críticas de quienes se oponen a la paz política con organizaciones como el ELN, las disidencias de las Farc y la “Nueva Marquetalia”, para no hablar de las “estructuras criminales de alto impacto”, con su sometimiento a la justicia y desmantelamiento. Será un difícil proceso lleno de transacciones en donde lo que está en juego es la transición de la violencia política insurgente a la competencia política legal --en el caso del ELN, las disidencias de las FARC y la Nueva Marquetalia-- pero también de la economía ilegal y criminal de la coca y la depredación minera a su regulación y control estatal. En últimas, se trata de desmontar un régimen político cuyas entrañas están carcomidas por la ilegalidad de múltiples formas de corrupción pública-privada –la más reciente y escandalosa Odebrecht, pero también Reficar- junto a la criminalidad política con sus inimaginables formas de mutación, que van desde la narcopolítica del proceso 8.000[12] y el “Plan Colombia”; el narcoparamilitarismo  de los Pepes;  la parapolítica “De la curul a la cárcel”[13]; el terrorismo estatal de los “Falsos Positivos”[14], hasta el inconcluso y fallido “Acuerdo de Paz”[15] con las FARC-EP. Para conocer y comprender la complejidad de semejante transición de poderes electofácticos[16] y de ese Estado cacocrático[17] hacia un régimen democrático y un verdadero Estado social de derecho, es preciso consultar y leer el reciente libro del senador Ariel Ávila: “El mapa criminal en Colombia. La nueva ola de violencia y la paz total”[18]. Esta compleja transición demandará del presidente Petro una enorme capacidad para transar, sin transigir en principios vitales, pues de alguna forma la política es el arte de las transacciones sin claudicar en aquellos valores e intereses que una sociedad requiere para su convivencia transformadora y creadora: la vida, libertad y dignidad, sin exclusión de sector social o político alguno, lo cual exige el diseño y ejecución de políticas públicas generadoras de inclusión, justicia y equidad social. Por eso la paz total tiene que empezar por la paz política[19], avanzar con la paz social y asegurar la paz ambiental, una trilogía que exige sincronización y sobre todo ejecuciones con realizaciones prontas y verificables, para comenzar así una transición política irreversible hacia la democracia y la convivencia social. Transición que demandará el esfuerzo de varias generaciones, pues no es un asunto de un gobierno, sea de izquierda o derecha, sino una responsabilidad estatal y un compromiso social e histórico de toda una Nación.

 

 

 



¿QUÉ PASÓ CON EL VAR DEL MUNDIAL DE QATAR?

 

 ¿QUÉ PASÓ CON EL VAR DEL MUNDIAL EN QATAR?

(Por la vida de Amir Nasr-Azadani[1])

https://blogs.elespectador.com/politica/calicanto/paso-var-mundial-qatar

Hernando Llano Ángel.

Todos los partidos del mundial en Qatar tuvieron la asistencia invaluable y precisa del VAR[2]. Sus decisiones fueron cruciales en más de un partido. Pero Qatar, como sede del mundial, no tuvo VAR. Las denuncias sobre miles de obreros que murieron en accidentes de trabajo parecen condenadas al olvido y a una polémica estadística macabra[3]. Para ellos no hubo VAR. El sistema de cámaras solo se instaló y funcionó durante los partidos del mundial como asistencia técnica para el correcto arbitraje. Lo que significa que la vida de un obrero vale menos que un gol. No existió, ni existe un VAR para el registro de accidentes de trabajo y hubiese sido horripilante ver como muchos obreros murieron y ello se podría haber evitado. Lo que si permitió el VAR fue anular los goles anotados fuera de lugar o con faltas graves, para que el juego continuará sin irregularidades. Pero un mecanismo para la previsión de esos accidentes mortales no existió, no obstante Qatar inundar con sus cámaras de vigilancia todos los lugares y espacios relacionados con el mundial. A tales extremos de pérdida de sentido y del valor de la vida humana hemos llegado. Es inadmisible que la FIFA y Qatar se cubran con el manto de impunidad del éxito del mundial para no responder por el crimen de lesa insensibilidad que está detrás de la muerte de los trabajadores migrantes. Un crimen con el que todos terminamos siendo complacientes, admirando la belleza y majestuosidad de los estadios y ahora en medio de la celebración exultante del triunfo de Argentina. Esas vidas de obreros migrantes se sacrificaron porque estaban fuera de lugar, de sus países de origen, carentes de protección legal y del foco de atención de los medios de comunicación y de la supervisión de la FIFA. Así las cosas, la FIFA se sitúa por encima de todo control de legalidad, es una organización suprasoberana que viola impunemente la Declaración Universal de los Derechos Humanos con la complicidad de todas las Federaciones de Fútbol de los Estados que la integran. Pero, además de impune es inmune, pues se protege con la alienación emocional y ética en que naufraga nuestra conciencia por el fanatismo que despierta el fútbol. Un fanatismo que al menos debería movilizarnos para evitar que sea ejecutado por el Estado Iraní el jugador de fútbol Amir Nasr-Azadani[4], apoyando la campaña que promueve con valor y sensibilidad Shakira por las redes sociales. Según los informes de la prensa internacional, Amir es “un futbolista profesional iraní que fue condenado a muerte luego de apoyar las masivas protestas en su país, a raíz de la muerte de una joven a manos de la "Policía de la moral", luego de detenerla por tener mal puesto su velo, hace ya casi 2 meses. El deportista fue acusado de "traición a la patria". Valdría la pena que los millones de argentinos que reciben mañana martes a su selección en el Obelisco en Buenos Aires, no solo vitorearan a Messi y sus compañeros de equipo, sino que también elevaran sus voces para salvar a Amir. Con toda razón, Shakira señala: “El mundial no puede ser más importante que la vida”. Pero todo parece indicar que ya hemos perdido el valor y el sentido de la vida, al extremo que Argentina está a punto de convertirse en una especie de “República Teocrática del fútbol”, regentada por una santísima trinidad: Maradona, Messi y hasta el mismo papa Francisco, vicario de Dios en la tierra. Ojalá esos dioses pedestres en que han convertido los millones de argentinos a Maradona y Messi, sumaran su voz a la de Shakira para salvar la vida de Amir, y el mismo papa Francisco intercediera ante el líder supremo, Ali Jamenei[5]. De lo contario, como una terrible ironía, Argentina terminaría siendo cómplice, por su fanatismo atávico al fútbol, de la ejecución de Amir a manos de otro fanatismo, el religioso del Estado Iraní. Quizá la única forma de evitar que el fútbol siga siendo cómplice de la muerte y se convierta en un aliado de la vida sea instalando en nuestra conciencia el VAR de la sensibilidad y la dignidad de todo ser humano, para impedir que los mercaderes de la FIFA y los autócratas se perpetúen en el campo de juego y lo arruinen por completo con sus jugadas de cinismo y ambición. Ya va siendo hora de que los Messi, Mbappé, Neymar y demás pléyade de estrellas dejen de ser ídolos y se comporten como humanos, se bajen de ese pedestal de dioses pedestres y exijan el respeto a la vida de su colega Amir Nasr-Azadani, como ya lo hicieron Marc Bartra, Radamel Falcao y Diego Godín.

 

ÚLTIMA NOTICIA: La embajada de Irán en Colombia, ha emitido el siguiente comunicado, en respuesta a la petición del presidente Gustavo Petro de «no matar el fútbol» “El juicio todavía no se ha llevado a cabo. Por lo tanto, la noticia de pena de muerte es pura mentira”, ha indicado la embajada iraní en Colombia[6].

 

 

 

 

  

sábado, diciembre 17, 2022

UNA FINAL CHAUVINISTA

 

UNA FINAL CHAUVINISTA

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Hernando Llano Ángel

Este domingo la final del mundial en Qatar entre Argentina y Francia será el mayor duelo chovinista[1] en la historia del fútbol, el deporte que exacerba las expresiones más fanáticas y extremas de nacionalismo. Curiosamente, ambas naciones son en sus respectivos continentes las campeonas del chovinismo: “la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero”. No es la modestia propiamente un rasgo de identidad nacional de argentinos y franceses. Es casi imposible discernir, entre un argentino y un francés y saber cuál de los dos siente más orgullo por su propio país, sus carnes, vinos y quesos. No por casualidad chauvinisme[2] proviene de la lengua francesa. Pero, paradójicamente, los mejores jugadores de ambas selecciones, Messi y Mbappé, no padecen de chovinismo futbolístico. Ese título es propiedad exclusiva de la soberbia de Cristiano Ronaldo[3]. Un narcisista enfermizo que en este mundial recibió una lección dolorosa, viendo desde el banco como su propio reemplazo, Gonçalo Ramos[4] de 21 años,  anotaba un triplete de goles frente a Suiza. También le tocó cerrar los ojos para no ver la eliminación de su propia selección en los pies de los corajudos, habilidosos y modestos marroquíes, eliminados por Francia con goles de Theo Hernández[5] y Randal Kolo Muani[6], nacidos en tierra gala pero de ascendencia española y congoleña respectivamente. Sin duda, todos los pueblos proyectan en su selección de fútbol la ilusión de ser los mejores del mundo, aunque sus protagonistas procedan de otras naciones. El fútbol se convierte en algo más que en el opio de la humanidad, es la esperanza de la redención o la confirmación para millones de personas comunes y anónimas de ser las mejores del mundo, porque 11 de sus compatriotas ganan la copa y se llevan para su nación el trofeo más codiciado y disputado del planeta. Un consuelo pueril, que exalta el chovinismo hasta límites inimaginables. El domingo, bien en el Obelisco de Buenos Aires, o en el Arco del Triunfo de París, exudaran orgullo, chovinismo y narcisismo miles de fanáticos. Messi o Mbappé eclipsaran, al menos por un día, todas las glorias anteriores, incluso a Maradona y Just Fontaine[7], curiosamente nacido en el entonces Protectorado francés de Marruecos, quien anotó 13 goles en el mundial de Suecia en 1958. Pero también será una fortuna para la humanidad que por un día un par de futbolistas y sus demás compañeros sean las figuras más celebres, admiradas y queridas en el mundo. Que por fin de los noticieros desaparezcan esos funestos jugadores del poder que eliminan sin remordimiento a miles de seres humanos, en nombre supuestamente de los intereses superiores de sus naciones, como lo hace Putin en Ucrania. Que por un día se conviertan en un eco de alegría los gritos de los goles y no los agónicos de las víctimas, sin que dejemos de escuchar y menos olvidar los lamentos de cientos de trabajadores que murieron construyendo los hermosos estadios de Qatar. Porque no hay que ocultarlo, la FIFA[8] y los intereses políticos de Estados como Rusia, Qatar y la otrora dictadura de la Junta Militar Argentina en 1978 han mancillado y ensangrentado la fiesta del fútbol. Han pretendido convertir canchas y estadios en mamparas de sus crímenes, negociados y violaciones a los derechos humanos. No es posible que como espectadores y humanos permitamos semejantes autogoles contra la dignidad de un deporte como el fútbol y la integridad moral de sus jugadores. No deberíamos tolerar, como sucede con frecuencia en la FIFA, que el juego sucio de directivos corruptos, como Luis Bedoya[9], expresidente de la Federación Colombia de Fútbol, degraden los mundiales a casinos de apuestas y lupanares de lujo. Conviertan las canchas de fútbol en un lodazal de ambiciones personales e intereses empresariales.

El fútbol es más que un mundial

Es un deporte pedestre como pocos, que se hace con los pies, pero se gana con la inteligencia y la pasión. Por eso en él no triunfan los impostores, como sucede con frecuencia en la política, donde suelen ganar los jugadores más tramposos y habilidosos, excepcionalmente los más competentes y honestos. Aquellos que ladinamente ponen zancadillas a sus adversarios, anotan goles con sus manos corruptas y engañan a los electores con sus mentes torcidas y promesas demagógicas. En la cancha de fútbol es más difícil que esto suceda. Es casi imposible ganar a punta de juego sucio y astucia, salvo que un equipo compre al árbitro, como algunos políticos lo hacen con la justicia o los electores. Pero en esta era de tecnología aplicada, con las ayudas milimétricas del V.A.R[10], es casi imposible que la trampa triunfe. Maradona no podría haber contado con “la mano de Dios”[11] para anotar su gol contra Inglaterra. Si en la política dispusiéramos del V. A. R y viéramos todos los acuerdos y mangualas que tras bastidores hacen los políticos profesionales, los compromisos que realizan con sus financiadores y potenciales votantes, ellos no ganarían ninguna elección y probablemente la mayoría de los partidos serían sancionados y expulsados por competencia desleal.  No asistiríamos ingenuamente al festival de las elecciones y seríamos mucho más responsables y exigentes en el ejercicio de nuestra ciudadanía. Al menos, eliminaríamos fulminantemente del juego del poder a quienes se dedican a robarse nuestra confianza, impuestos y violan las reglas del juego limpio. Esto no sucede en una cancha de fútbol porque la competencia es transparente y pública, se juega ante millones de espectadores, donde lo que cuenta es la velocidad, habilidad y resistencia de todos los jugadores, como el cumplimiento de las reglas y de las decisiones del árbitro. El domingo 18 de diciembre veremos si la habilidad e inteligencia de Messi[12] podrá vencer la velocidad y fuerza de Mbappé[13]. Si una selección totalmente gaucha podrá superar la intercultural del seleccionado francés. De alguna manera, Argentina juega contra Francia y casi media África. ¿Ganará el chovinismo criollo argentino o el interculturalismo cosmopolita francés? Más allá del ganador, todos viviremos, disfrutaremos y sufriremos una final vibrante, donde comprobaremos una vez más que somos una especie radicalmente lúdica y pasional, subyugada por este juego pedestre que nos paraliza cada cuatro años. Un juego donde 20 atletas, utilizando sus extremidades más torpes y con grados diferentes de habilidad, velocidad, precisión y fuerza buscan vencer, literalmente a patadas, a dos arqueros que solo con sus frágiles e inteligentes manos saltan y vuelan como ángeles para atrapar o rechazar el balón y evitar que se anide en sus redes. Quizá por eso el fútbol es tan irresistible y su atracción incontenible: es la disputa de 20 jugadores a ras de tierra por el control de un esquivo balón que los eleva al cielo de la gloria cuando termina en el fondo de la red del adversario o los arrastra al infierno de la derrota si se escapa de las manos de su arquero y de los botines de sus delanteros. Por eso la definición de un mundial desde el tiro penal es la agonía del purgatorio para los delanteros y la consagración del cielo para los porteros. Ojalá ni Messi ni Mbappé vivan esa agonía y la copa se defina en franca lid y no con un tiro de gracia desde los once metros[14]. El fútbol no precisa de héroes ni de villanos, tampoco la política, para celebrar victorias o derrotas. Ambas precisan es de buenos jugadores y líderes competentes al mando de sus equipos y partidos, pero sobre todo de entrenadores exigentes y de ciudadanos conscientes, no de furiosas hinchadas, menos de fanáticos seguidores o militantes fundamentalistas, dispuestos a morir o matar por su equipo, selección o partido. Con esos comportamientos todos perdemos y nadie gana, tanto en el fútbol como en la política. Algo que deberíamos tener presente todos los colombianos y colombianas si queremos clasificar al próximo mundial y transformarnos en una potencia vital, venciendo limpiamente en el campo de juego de la política a la violencia, la guerra, la exclusión social, la mentira chovinista de los líderes partidistas y la corrupción. Contamos con menos de 4 años para ello. Cabezas, manos y pies a la obra. No hay tiempo para la improvisación, ni el juego sucio y menos los autogoles. De todos depende la clasificación y la convivencia nacional. Estamos en vilo todos, la Selección y la Nación.