DEL PLEBISCITO A LA CONSULTA POPULAR (II)
https://elpais.com/america-colombia/2025-03-25/del-plebiscito-a-la-consulta-popular-ii.html
https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/del-plebiscito-a-la-consulta-popular-2/
Hernando Llano Ángel.
La Consulta Popular es un
mecanismo de participación política y decisión ciudadana directa, no tanto un
dispositivo electoral para la confrontación y la polarización política y social.
Ese manejo táctico del presidente Petro lo puede conducir a un callejón sin
salida. El callejón de la ingobernabilidad presidencial y pérdida de su
credibilidad personal, por ser tan proclive a la radicalización y las
confrontaciones retóricas, en desmedro de la eficacia gubernamental. Pero
también puede favorecer a la oposición para invocar la fórmula del
autoritarismo populista en defensa, supuestamente, de la democracia, la
seguridad y hasta la salvación de la Patria en las elecciones del 2026. Con
mayor razón ahora, cuando esta Consulta Popular se desarrollará en medio de una
coyuntura electoral que definirá no tanto quiénes nos gobernarán, sino también
quiénes somos los colombianos. En efecto, nos definirá como ciudadanos con
capacidad para convivir y decidir democráticamente o, por el contrario, como
dos bandos hostiles que se recriminan, odian y bloquean mutuamente, cada uno
asistido de muy “buenas razones”, en defensa de sus intereses, banderías
políticas e identidades sociales. Como lucidamente lo advirtiera el
expresidente Belisario Betancur, en su posesión en 1982, los colombianos debemos
dejar de “ser federación de rencores y archipiélago de egoísmos para ser hermandad de iguales, a fin de que
no llegue a decirse de nosotros la terrible expresión del historiador, de haber llevado a nuestra gente a que
prefiera la violencia a la injusticia”, que es lo que está en juego en
la Consulta Popular sobre la Reforma Laboral.
Del Plebiscito por la Paz a la Consulta Popular por la Reforma Laboral
Ya lo vivimos en el 2016 con el
Plebiscito que nos convocó a refrendar la paz política -- presupuesto
existencial de cualquier democracia: “aquella
forma de gobierno que permite contar cabezas, en lugar de cortarlas-- y lo
ganaron quienes salieron a “votar
verracos” e indignados por cuestiones que no contenía dicho Acuerdo y
fueron manipulados con el miedo a la venezonalización de Colombia y el peligro
inminente del gobierno de las Farc. Por eso es inimaginable lo que podría
suceder durante la campaña de la Consulta Popular sobre la reforma laboral.
Incluso, ya algunos congresistas muy “demócratas”, miembros de partidos que
promueven el cambio radical de las costumbres políticas y siempre han dicho que
la abstención es la peor corrupción de la democracia, ahora piensan promover
que los ciudadanos no salgan a votar para que no se alcanza el umbral legal
exigido, superior a los 13 millones y medio de votos y la Consulta fracase
estrepitosamente. Pero cínicamente saldrán a hacer campaña para que sí voten
por ellos al Congreso. En fin, esa
división irreconciliable entre bandos recorre nuestra historia y es contingente,
hasta caprichosa. Pero depende en gran parte de los líderes que los dirigen,
definir si arrastran o no a sus seguidores de la arena política al campo de
batalla. El presidente Petro lo sabe muy bien y por eso en sus últimos
discursos la historia siempre está presente. En ocasiones, esa evocación
obsesiva del pasado glorioso le impide gobernar en el presente y no atiende
diligentemente problemas agudos, como la degradación de la “Paz Total” en paz
letal[i]
y la escasez de medicamentos[ii],
que desdice los objetivos de atención oportuna y de prevención, invocados en su
proyecto de reforma al sistema de salud.
Del Chicoral a la Plaza de Bolívar
En Chicoral, nos recordó la
confrontación entre las sociedades democráticas de los artesanos versus los
librecambistas, que culminó con el efímero golpe de Estado del general José
María Melo en 1854 en defensa de los primeros, los llamados liberales draconianos
contra los liberales gólgotas. Un antecedente histórico irrepetible, pero que
Petro evoca anacrónicamente en el presente para escenificar la lucha del
“pueblo” contra la oligarquía política enquistada en el Senado, reacia a tramitar
sus reformas progresistas de salud y laboral. Por eso, su discurso en la Plaza
de Bolívar, que marcó el inició de la campaña de la Consulta Popular, se
convirtió en una arenga épica[iii]
con el telón de fondo de la campaña libertadora de Bolívar, hasta proclamarse
como un oficial bajo su mando, que conducirá al triunfo del SÍ en la Consulta y del
pueblo trabajador contra la oligarquía política del Congreso, que lo ha
traicionado.
¿El Senado contra la Ciudadanía?
Pero surge una pregunta
inquietante ¿Hasta qué punto esa evocación de las luchas fundacionales de la
República en clave de confrontación y polarización entre el “País Político” y el “País Nacional” contribuye hoy al
trámite aprobatorio en el Senado de la Consulta Popular o, por el contrario, la
va impedir y frustrar? Sin duda, la apuesta del presidente Petro es audaz y
desafiante, pues si el Senado no aprueba las preguntas formuladas por el
presidente con la firma de todos sus ministros, que luego se presentarían a
nuestra consideración, nos negaría como ciudadanos un derecho reconocido en la
Constitución vigente en los artículos 3, 40 y 103, reglamentados por la ley
estatutaria 1757 del 2015. En tal evento, no quedaría duda alguna de que el “País Político”, como lo denunciaba Gaitán, tiene caminos
diferentes al “País Nacional”, pues
el primero solo “piensa en sus empleos,
en su mecánica y en su poder”, contra el
“País Nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura,
desatendidos por el país político”. Tal decisión del Senado sería una
afrenta política, social y económica vergonzosa e inadmisible, considerando los
elevados honorarios de los senadores, cuarenta veces superiores al salario
mínimo de millones de trabajadores colombianos. Honorarios que, además de
profundizar el abismo entre los senadores y el pueblo, son un agujero negro que
devora la ética pública, pues la mayoría de congresistas, salvo contadas
excepciones, se comportan como unos cacócratas y cleptócratas de la voluntad
ciudadana. Pero, además, si los senadores niegan la Consulta, probablemente
estarían incursos en violación del artículo 133 de la Constitución que ordena: “Los miembros de cuerpos colegiados de
elección directa representan al pueblo,
y deberán actuar consultando la justicia
y el bien común”. Y, sin duda, todos los ciudadanos tenemos el derecho
y la capacidad para pronunciarnos sobre la justicia y el bien común, no solo
los congresistas, que pocas veces lo hacen, pues la normativa laboral vigente,
promovida por el presidente Uribe y sus mayorías en el Congreso, recortó
lesivamente los ingresos de los trabajadores por horas extras, dominicales y
días festivos, que el actual proyecto pretender restituirles para honrar la
justicia y el bien común.